Lunes, 20 Febrero 2017 09:58

Nuestra sublime Colombia

Indiscutiblemente hay que aprender a querer y a valorar este país enorme, biodiverso y pluricultural en donde se sufre y se goza al sabor del ron y el sancocho, pero eso sí, pegados del Divino Niño y del Sagrado Corazón.

Por 

Por Valentina Núñez Sierra

Qué lindo es mi país, que hermoso es vivir aquí, tanta diversidad cultural. Colombia es un país en el que, a pesar de todo, se respira algo de felicidad, en medio de tanta violencia y problema que se viven día a día, Colombia es un país repleto de gente maravillosa y de buen corazón.

Dios me bendijo con el privilegio de vivir en tres ciudades, visitar pueblos, municipios y más ciudades de este emblemático y encantador país, debo decir que cada lugar que visité tiene un encanto especial, es cada una de esas partes las que hacen de Colombia un país tan bonito. Sin embargo como en cualquier país existen problemas, problemas con la salud, problemas con los impuestos, problemas de seguridad y de más cosas. No soy experta en política y no estoy al tanto de cada una de las noticias que salen cada día, pero no estoy ciega, todos podemos sentir como esos problemas afectan el diario vivir, de igual manera no vengo a hablar de economía, ni política, vengo a hablar de un tema, que a mi parecer es aún más importante que cualquier otro y es esa falta de respeto y de pertenencia que existe en nuestro país.

Todos vivimos en una competencia constante por sobresalir, por ser mejor que el otro, por ser admirado y robarnos todas las miradas, creo que esa es la condición misma del ser humano, pero considero que se vuelve dañino en la medida que afectamos al otro y eso es lo que sucede a diario en nuestro país. Ese tema que muchos han pasado por alto durante tantos años y que para algunos es hasta divertido, ese regionalismo tan dañino, esa discriminación hacia el otro.

Que deprimente es que, en un país con tanta diversidad cultural, las personas discrimen a otras regiones, intentando sentirse superiores, en vez de lisonjearnos por las virtudes que posee cada región, lo que hacemos es burlarnos y humillar al otro por su manera de hablar o por sus costumbres. Qué triste ver como muchas personas que ni siquiera han visitado otras ciudades se toman la atrevida libertad de criticar lo que no conocen. En pleno siglo XXI aún no logramos entender y aceptar que las diferencias existen.

Yo nací orgullosamente en Bogotá, pero si me preguntan de dónde soy yo diré que soy de Colombia, que tengo mucho de la capital en la sangre como también un poco de la costa y otro poco de mi hermoso Santander y me siento bien con eso. Todos somos hermanos y hacemos parte de un mismo país de la misma tierra, nadie es mejor que nadie, solo somos diferentes, somos Colombia.

Que sería de nosotros sin Bogotá tan bohemia y poética o sin Barranquilla con su calorcito y su alegría, sin la acogedora y hermosa Medellín, sin Cartagena y toda su historia, sin Santa Marta y sus playas, sin el Amazonas con su magnífica fauna y flora o sin la preciosa isla de San Andrés.

Entendamos de una vez que todas estas diferencias nos unen, aprendamos a enorgullecernos de cada región de nuestro país, de las costumbres de cada lugar. Amémonos, que solo amándonos podremos amar a esta tierra que nos vio nacer, a esta tierra en que se respira el aroma del café y de las flores. Tenemos tanto en nuestra patria! Aprendamos a cuidarla y a respetarnos a cada uno de nosotros, cada persona que hace parte de este paraíso en el que vivimos, en esta nuestra cuna, está a la que llamamos COLOMBIA.