Viernes, 13 Abril 2018 19:15

Relativo optimismo con un prudente crecimiento

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Defendemos la propiedad privada y la generación de la riqueza pero con una mejor distribución del ingreso. Es claro que habrá ricos, pero la idea es que la fuerza del trabajo no sea tan desproporcionada.

Por Enrique Valderrama Jaramillo, Presidente ejecutivo de FECOLFIN

Pese a que estamos en el primer mes del segundo trimestre de 2018, no sobra recordar para entrar en contexto, que Colombia registró el incremento más bajo en los últimos 10 años, 1,8% a diciembre de 2017, y sin embargo, se percibe un relativo optimismo con un prudente crecimiento entre el 2,3 % y el 2,5 %, unos puntos de más al 2,0% obtenido en el año 2016, y al proyectado para la región latinoamericana por algunos analistas.

Y digo prudente crecimiento, porque ese relativo optimismo que “percibimos” los gremios del país, incluido el solidario, cooperativo y en particular el de ahorro, crédito y financiero que representamos en Fecolfin, se manifiesta entre otros aspectos, en el desempleo, ya cercano al 12%, y en los niveles de pobreza, en 26,9% a diciembre de 2017 cifras preocupantes, pese a la disminución de 1,1 puntos porcentuales frente a 2016 cuando fue 28,0%, según los últimos informes del Dane.

Quiero recalcar que defendemos la propiedad privada y la generación de la riqueza pero con una mejor distribución del ingreso. Es claro que habrá ricos, pero la idea es que la fuerza del trabajo no sea tan desproporcionada.

Las cooperativas son incluyentes, redistribuyen la riqueza, hacen de Colombia un país de propietarios y permiten las correcciones de mercado. Es decir, rectifican las imperfecciones de la economía.

Hoy Colombia tiene menos empresas y una informalidad entre el 58 % y el 66 %. que se traduce, en términos generales, en que sólo el 34% de los empleados son contratados por empresas privadas y cooperativas, ajustadas al cumplimiento de la Ley laboral, lo que implica un riesgo latente para clase media que podría pasar a la pobreza, y la clase pobre en la miseria, que quizás no justifica, pero sí explica la razón de tanta delincuencia e ilegalidad.

En materia fiscal está claro que los impuestos no serán suficientes. El “derroche” en el gasto público, la corrupción y el enorme “hueco” que dejaron los compromisos asumidos por el gobierno en el acuerdo de La Habana, ya están pasando su cuenta de cobro al país.

El próximo Presidente, que esperamos sea elegido en primera vuelta, debe concentrarse en recomponer todo el esquema tributario. Es decir, la manera en que se paga, quiénes pagan, quiénes evaden, y no cargar todo el peso impositivo sobre el trabajador y el empresario, los más impactados con las reiteradas transformaciones al estatuto tributario, razón por la cual, imponer más impuestos para que el recaudo sea más alto sería caótico como solución mediática.

De hecho, recibir una reforma tributaria aprobada en 2016 con un estímulo en reducción de renta a empresas del 40 % a 33% en el 2019, es otra piedra en el zapato que profundizará ese hueco fiscal en permanente aumento.

Desde Fecolfin proponemos al nuevo mandatario de los colombianos, acciones concretas que dinamicen el crecimiento del país. Una de ellas, que mire con urgencia al campo para reactivarlo. No podemos seguir dependiendo del petróleo porque una vez sube el precio del crudo llega el torpor y su consecuente relajamiento malsano, que impide el rigor y vigor necesarios en la gestión que permita reactivar los sectores productivos con valor agregado y que generan empleo.

Necesitamos una economía más productiva, más rentable, que permita volver al sector agropecuario y a las manufacturas que tuvieron un papel importante en otrora, generadoras de riqueza y empleo y que hoy, tristemente, están en vía de extinción.

Insistimos en la necesidad de una verdadera política pública cooperativa que permita una Colombia de más propietarios en las ciudades y en el campo, aprovechando las tierras incautadas o los predios ociosos para hacer unas reformas importantes en la ruralidad, pero sobre pilares de asociatividad que pueden estar representados en cooperativas o en asociaciones, dejando de lado el trabajo individual y entrar por las soluciones integrales y en conjunto.

Es importante que los productores del campo logren afianzar sinergias y asociaciones que les permita hacer inversiones, mercadeo y todo el trabajo que demanda una agricultura productiva, competitiva y rentable.

Esperamos igualmente que el nuevo gobierno sea más sensato y mire a las cooperativas con la importancia que éstas demandan, toda vez que son un vehículo consecuente para apalancar una economía que adolece de justicia social, y que requiere de la experiencia cooperativa para el posconflicto. Que reactive la economía agropecuaria de alto potencial que necesita liquidez y el respaldo del sector solidario, ese que hace presencia en los rincones y sitios a donde nadie llega con servicios financieros.

Queremos contribuir para que Colombia sea más productiva, tenga mayor equilibrio socioeconómico y un alto desarrollo nacional. Es una invitación a adelantar las enmiendas del caso.

Vale la pena Recordar en este preciso momento, que Colombia está en el puesto 55 en la lista de los mejores países del 2018, entre 80 naciones, según el informe de la investigación que sobre los mejores países del mundo adelantaron en conjunto la revista U.S. News & World Report, la agencia BAV Group de Young & Rubicam y la Escuela de Negocios Wharton de la Universidad de Pensilvania, donde ratifican a Suiza como el mejor país del mundo y a Canadá y Alemania en el segundo y tercer lugar respectivamente.

Y traigo a colación este informe, precisamente porque las clasificaciones de Mejores Países 2018 se fundamentan en las percepciones globales, con una serie de características cualitativas, en impresiones que tienen el potencial de impulsar el comercio, los viajes y la inversión que afectan directamente a las economías del mundo entero, a propósito de la confianza que percibimos los colombianos en el momento actual con en el “relativo optimismo para un prudente crecimiento”.

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