Miércoles, 19 Septiembre 2018 11:17

La quiebra de Lehman cambió todo y nada

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Es importante recordar que durante varios años posteriores a la crisis subprime las economías desarrolladas reportaron un crecimiento mediocre.

Por Andrés Cárdenas Fonseca, Analista de Portafolios Especiales

El pasado 15 de septiembre, se cumplieron 10 años de la quiebra de Lehman Brothers, una compañía de servicios financieros fundada en 1850. Esto fue una sorpresa para el mercado que pensaba que una compañía con tanta experiencia y de un tamaño importante en Wall Street, tendría un respaldo por los poderes públicos para evitar consecuencias sistémicas. También pensaban en ese momento que, con el antecedente reciente de Bear Stearns - BS (6 meses antes), que recibió un crédito de emergencia de la Reserva Federal para evitar su colapso, no tendrían consecuencias desastrosas. A pesar de que esta empresa (BS) no se salvó fue vendida a JP Morgan Chase debido a su gran exposición en titularizaciones respaldados por hipotecas, nuez de la crisis subprime (2007-09).

Lehman no tuvo la ayuda que recibió Bear Stearns y rompió con el concepto económico de “Too big to fail”, que en español traduce muy grande para quebrar por las consecuencias en el sistema. Así, se cumplen 10 años no solo de la quiebra sino también de una serie de eventos que modificó la forma de ver a los grandes peces de Wall Street, quienes pensaban que estaban protegidos por su tamaño y por un respaldo del Gobierno.

Cuando salió la noticia de Lehman, el Gobierno estadounidense también quería enviar un mensaje contundente a las empresas y al mercado del que la hace la paga. Aunque el 16 de septiembre de 2008, el índice accionario de referencia subió 2.82%, luego de acumular una variación de -22% desde el máximo logrado un año atrás (10 septiembre 2007), también en septiembre, el índice de referencia del mercado accionario (S&P 500) cayó desde la quiebra de Lehman un 43% adicional hasta inicios de marzo de 2009 (nivel más bajo de caída del índice en la crisis). El Gobierno pensaba que había sido suficiente ejemplo la quiebra de Lehman pero con el pasar del tiempo se dieron cuenta que el hueco en el mercado era de dimensiones nunca antes vistas, lo que requería una respuesta nunca antes vista.

Luego del anuncio de bancarrota de Lehman, y antes de terminar el 2008, no solo la tasa de intervención de la Reserva Federal pasó de 2% a 0.25% (mínimo histórico) sino que tuvo que reforzar su herramienta no convencional de política monetaria para aumentar la oferta de dinero, a través de la compra masiva de títulos. Lo anterior no logró evitar la recesión en 2009 en varias economías del mundo.

Hoy el índice accionario de referencia de los Estados Unidos (S&P 500) ha registrado un incremento superior a 330% desde marzo de 2009 y la economía muestra gran fortaleza. Sin embargo, esto no necesariamente refleja que en estos 10 años todo se arregló, que tiene un blindaje a nuevas crisis o que la mentalidad de los directivos de Wall Street ha cambiado. Es importante recordar que durante varios años posteriores a la crisis subprime las economías desarrolladas tuvieron un crecimiento mediocre con bajos niveles de precios, que en algún momento incluso preocuparon al mercado por un escenario de deflación.

Hoy, el buen dinamismo de la economía estadounidense es producto de un arduo trabajo de años y años de recuperación de la confianza, respaldo y ayuda a un sistema que se rompió en la crisis. Que tomó varios años en reconstruir y que recientemente ha recibido un empujón por la agresiva reforma tributaria de Trump, la expectativa de un plan de infraestructura y de una promesa de menor regulación y control. Esto último en particular genera gran preocupación porque busca modificar algunos de los controles a las entidades financieras y protecciones a los consumidores establecido en la Ley Dodd-Frank que firmó el Presidente Barack Obama el 21 de julio de 2010. Controles que recuperaron en parte la confianza de los inversionistas para volver a creer en las entidades financieras y en sus productos.

Antes del 14 de septiembre de 2008, buena parte de los inversionistas y personas del común pensaban que el mercado en el tiempo se ajusta y se corrige, que el mercado y sus integrantes calculan bien los riesgos, que los intereses de los banqueros tienen en cuenta las implicaciones de sus actos en la economía y en la sociedad, y en ese sentido, se debía intervenir al mínimo la economía y los mercados. Desde hace 10 años, la avaricia de algunos actores del mercado junto con la desregulación, generaron unos incentivos perversos promovidos también por distintas políticas de gobiernos. Luego de la dolorosa recuperación, el tiempo ha curado algunas heridas, pero una visión más larga no nos ha dado una perspectiva sustancialmente diferente. Es claro que una buena gestión financiera es cuidadosa, mide los riesgos, es responsable pero no puede tener parcialidad ideológica ni interés propio ni pretender que todo lo sabe o lo controla. No podemos luchar contra la naturaleza del hombre y del mercado que se mueve entre el miedo y la avaricia. Ese afán desordenado de poseer riqueza no ha cambiado en estos 10 años y deben buscarse mecanismos para controlar y establecer controles para no perder la confianza nuevamente.

 

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