Domingo, 23 Agosto 2015 07:50

La vereda El Boquerón, un parador turístico para el recuerdo

La obra de la doble calzada Bogotá-Girardot dejó por fuera del desarrollo y del progreso a esta vereda que se había caracterizado por sus ventas y sus continuas visitas turísticas.

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 El paso de El Boquerón, el punto geográfico más movido comercialmente en Icononzo, Tolima, pasa por las más duras vicisitudes a tal punto que está a las puertas de desaparecer. Una de las joyas del 

“Balcón del Oriente del Tolima”, recibe el primer centenario con precarias notificaciones.

Este rincón turístico que ofreció tantas dichas, hoy es un pueblo fantasma en donde ni siquiera es posible entablar una charla, porque el ruido de carros y camiones hace imposible entender al interlocutor.

Los comerciantes y vecinos hablan de la posibilidad de entablar demandas, asunto nada nuevo, por los impactos que la doble calzada Bogotá-Girardot ha tenido en la economía del sector, en la parte ambiental y en lo social.

La situación es tan grave que inclusive muchas personas se quejan de la pérdida del recurso hídrico que se vino a menos con la construcción del túnel de Sumapaz y que dejó a muchas fincas sin agua y con un problema de gran calado porque la falta del preciado líquido es vital para las siembras y la ganadería.

En diálogo con Diariolaeconomia.com, el comerciante, Miguel Manrique, dijo que sus más de 20 años de actividad en el comercio están sepultadas porque la nueva obra espetó las ventas, llevando a muchos a la quiebra y dejando a otros en el limbo porque no alcanzan ni siquiera a pagar los costosos recibos de energía eléctrica que a juzgar por sus tarifas, es la más onerosa del país.

En el sector existían unos diez o doce restaurantes que ofrecían todo tipo de comidas a los viajeros, pero con las condiciones en que quedó la vereda subsisten tres o cuatro con una tendencia terrible y es que pueden desaparecer.

“El problema es que la gente que va bajando hacia Melgar no entra porque no tiene retorno para esta vereda y además porque comercialmente todas las personas miran hacia la derecha y jamás hacia la izquierda y una solución cultural como esa demanda muchos años, pues hablamos de cambio de mentalidad”, afirmó el comerciante.

Fue tajante al precisar que el estado debe mirar de qué manera va a resarcir el tremendo daño que les originó a estas personas que tenían una tradición en las ventas y en la oferta de alimentos y productos de la región como ariquipes, achiras, frutas y otros productos de la región.

Aseveró que la situación de algunos fue tan grave que les toco emigrar para otros municipios aledaños o para ciudades como Bogotá o Ibagué.

En El Boquerón hubo negocios que vendieron entre tres y cinco millones de pesos en un solo fin de semana, pero el escenario de hoy es tan complejo que dichas ventas se desplomaron y no llegan a 300.000 pesos. “Anteriormente la gente paraba y hacía el gasto, hoy eso no se ve, la gente sigue de largo”.

Hay mucho pesar y nostalgia porque El Boquerón fue un sitio emblemático del Tolima y de Colombia así como el mejor recuerdo de los viajeros que solían hacerle el gasto a la puerta del Alto Magdalena y a sus balnearios.

Para redondear el problema, en días festivos la Policía no deja parar absolutamente a nadie dándole muy duro al comercio que ya no capta recursos, pero que recibe facturas de todo tipo como servicios y predial.

A su turno, Hugo Santa, manifestó que la carretera para el sector de El Boquerón es lo peor que ha habido para la región.

“La señora ministra de Transporte salió a decir que esta carretera estaba construida en un 97 por ciento y lo cierto es que si una persona se monta en carro de Bogotá a Girardot, no encuentra sino huecos, obras y retornos mal hechos, bahías con muchos defectos, resaltos en los puentes y hasta daños en el túnel porque este tiene fisuras que no han sido corregidas. El túnel se volvió un problema porque hay unos trancones enormes que acaban de perjudicar el comercio de El Boquerón. Allá cierran para revisar una lámpara y hasta para cambiar un bombillo”, indicó el señor Santa.

El transportador dijo que la obra no está terminada porque en la concesión Bogotá- Girardot hay daños estructurales delicados, a tal punto que la única parte de calzada buena es la que existió anteriormente.

“Esto nos ha perjudicado considerablemente porque con cada trancón la gente o los transportadores acuden a las ventas ambulantes, problema a revisar también por parte del gobierno”, manifestó Santa.

Este vecino de la vereda criticó el sistema de mantenimiento de la vía porque los reparcheos, asegura se hacen con paladas de material asfáltico el cual luego de ser dispersado en el daño es aplastado por las botas de cuatro operarios.

“Los carros que pasan por la carretera terminan el trabajo, es increíble que una empresa tan importante que supuestamente hizo el túnel y la autopista Bogotá-Girardot, pavimente con las uñas, aunque déjeme decirle que esto de autopista no tiene absolutamente nada”.

Santa dijo que la concesión está llena de demandas y expresó que no se explica porque a una firma que de manera reiterada le quitan la obra, de la misma forma le devuelven el contrato lo cual muestra falta de gestión, vacíos jurídicos y falta de gobierno porque se está permitiendo que una persona haga lo que literalmente le viene en gana.

Lamentó que el gobierno no haya tenido en cuenta el detrimento social, aspecto que tiene a muchos en la ruina y sin actividad porque hubo gente con más de 40 años ofreciendo alimentos y productos a los otrora visitantes de la vereda El Boquerón. A la fecha, comentó, los únicos que visitan el sitio son los delegados de la DIAN cuando llegan a cobrar impuestos o los políticos muy vistos por estos días.

“Para nosotros no hay ayuda, no existe el socorro o el auxilio, aquí en Colombia las ayudas solo van a los bolsillos de los bandidos que tienen un subsidio bien oneroso para el estado, pero más para nosotros porque de la plata que pagamos los formales se remunera a los ilegales y a los perniciosos”, aseveró.

La obra Bogotá-Girardot, agregó, es una obra estéticamente desagradable porque la autopista se quedó en el nombre, razón por la cual la Ministra debe bajarse del avión y pasar por tierra para convencerse que la obra es lo que muchos llaman gato por liebre.

Hay un arreglo que consiste en hacer otra vía, es decir está proyectado hacer un carril de bajada y uno adicional de subida. Este proyecto acarrea nuevos riesgos porque habría necesidad de eliminar nuevos negocios.

La comerciante, Viviana Gómez, aseguró que las ventas del negocio familiar, Asadero Don Pollo, pasaron de 200.000 a 300.000 pesos diarios en un día corriente y de hasta 2.5 millones de pesos en un fin de semana a 30.000 pesos o nada por día actualmente y hasta 400.000 pesos en fin de semana.

El sitio por su condición de curva le dañó la calidad de vida a muchos lugareños y visitantes porque los carros o camiones generan accidentes y riesgos para la vida de quienes transitan o caminan por la tradicional vereda.

“Con las nuevas obras, El Boquerón será un moridero porque jamás se le dijo a las personas que pasaría o cual iba a ser el impacto de las obras en el comercio, la única entrada económica de quienes aquí trabajamos”, añadió la señora Gómez.

Este negocio de 40 años obligó a sus dueños a salir del sector turístico a otras regiones a sobrevivir en el comercio y a pagar arriendos de alto costo en donde la rentabilidad es mínima. Otros se fueron a aventurar y acabaron con la plata que el gobierno les dio en regiones como Melgar, Girardot o Fusagasugá.

Esta mujer con tres hijos quedó viuda y la única opción de tranquilidad económica era el negocio de toda la vida, hoy sola, rema contra la corriente y paga 350.000 pesos por un arriendo en otro sitio para seguir en el comercio sin contar con los recibos de los servicios públicos.

“Anteriormente mi madre y mis hermanas teníamos una vida feliz y muy rica, llena de tranquilidad porque el negocio daba inclusive para contratar personas y pagarles bien, hoy nos tocó entrar al mundo del rebusque, hemos tenido que dañar nuestra calidad de vida y por eso estamos pensando en demandar a la concesión. Lo triste es que esto está pasando en las concesiones de todo el país, están dándole soluciones a muchos, pero parrandeándose la vida de demasiadas personas”, apuntó.

Explicó que los negocios están en una postración total y pronosticó que muchos están en su etapa final dejando a Boquerón como un recuerdo, gracias a una obra que no es para el orgullo sino para la ruina y la vergüenza.

Para la comerciante, hoy la realidad de El Boquerón es más que lamentable porque se perdió la tranquilidad, precisando que no era una vereda rica sino digna, para completar el caos, el recurso hídrico de la quebrada La Turbina fue ambientalmente arrasado generando un lío paralelo y de gran impacto. “Con esta obra nos dañaron la vida”.

El nuevo entorno de El Boquerón les daño la fiesta a muchos proveedores de alimentos y de productos típicos del Tolima, igual suerte corrieron los productores de fruta de la región y de la vereda que hoy tienen que regalar naranjas, limones y mandarinas.

Esta es la cruda realidad de la vereda El Boquerón, esa que guarda historias y mitos por su vecindad con la temible, “Nariz del Diablo”, sitio que sepultó a muchos por los reiterados accidentes de tránsito, pero que divirtió a otros por ser la curva más sabrosa del Tolima en Icononzo en donde se bailó de lo lindo y en donde se hicieron célebres los cantos de Pastor López, Los Hispanos, la Billos Caracas Boys, los Melódicos y tantas orquestas y conjuntos vallenatos que triunfaron y que hicieron parte del paseo bogotano a tierra caliente.

Si bien es cierto que Icononzo data de 1915, la vereda, El Boquerón es joven en materia de turismo, pero hoy tristemente está dejando una huella que muchos de ayer, anteayer y hoy echarán de menos.