Jueves, 19 Marzo 2015 06:53

Hotel obelisco de Cali, un emporio exótico y con historia

Este hotel entró en servicio en 1988 y desde ese momento empezó a gozar de un turismo que admiraba las historias del vecindario y de las famosas empanaditas obelisco.

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La ciudad de Cali no solamente es famosa por sus gentes buenas, amables y hospitalarias sino por su empresariado pujante y emprendedor que no conoció la derrota en tiempos del proteccionismo económico en donde ganaba el trabajador con su calidad de vida y la ciudad que notó un desarrollo relativamente acelerado.

Esta hermosa ciudad, “La Sultana del Valle”, se ha caracterizado por una hotelería de calidad en donde la infraestructura y la calidad están a la orden del día. Justo por ese lado a Cali se le conoce por las famosísimas empanaditas Obelisco, hechas con masa de maíz y con un relleno muy particular que le dan ese sabor peculiar del Valle del Cauca.

El Hotel Obelisco, hijo de otros hoteles famosos de la ciudad, abre sus puertas en 1988 y desde ese entonces sus vecinos lo miran con orgullo y admiración porque entró a un duro mercado en tiempos en que la hotelería caleña se afianzaba como de las mejores del país.

Dentro de los valores agregados del hotel, está el componente histórico toda vez que allí se erigió el Obelisco de Cali en plena década de los años veinte, matizados por la depresión económica y todo un efecto dominó en la economía que se originó en Estados Unidos.

Cuentan los que saben de las cuitas caleñas, que esta ciudad, sede de los juegos panamericanos de 1971, vio construir un hotel en un sector histórico y de enormes recuerdos, a tal punto que muchos abuelos de hoy y novios del ayer, evocan sus idilios que paseaban con manos entrelazadas por las orillas del Rio Cali, en lo que en su momento era el balneario de la sociedad de Cali.

Muchos de esos novios y novias, vieron ese obelisco que fue lamentablemente derribado para darle vida a una de las principales vías de la capital del Valle del Cauca, la Avenida Colombia y la eficiente salida al mar Pacífico, a ese inmenso piélago que en 1513 fue descubierto por el adelantado, Vasco Núñez de Balboa muy de la mano de Panquiaco, el indígena de alto linaje.

En la convulsionada década del 50, Cali apenas dejaba ese choque eléctrico que generó el bogotazo afectando frentes tan importantes como la economía, el desarrollo y la misma sociedad. Empero, la ciudad contaba con el ímpetu para dejar atrás los males del pasado reciente y entrar por la senda del verdadero progreso.

A ese adelanto se suma la apuesta de don Jean Basilio Klonis, un griego que migró de la Europa gris de la guerra al trópico colombiano que tanto le habían recomendado. Este hijo del país Heleno, ingresa a Colombia por Barranquilla y allí lo abordó un gran dilema, vivir en el calor extremo de “Curramba la Bella” o matricularse en el frío penetrante de Bogotá, por referencias, don Jean Basilio no lo pensó mucho y optó por las caricias del clima amable de Cali.

En principio hace inversiones en hotelería, pero mira con ambición y ganas de crecer una hotelería más pujante y es cuando le da vida al Hotel Obelisco, vecino del río Cali y de una plazoleta en donde muchos disfrutaron en la década del 50.

Uno de los gerentes de este hotel, erigido en lo más emblemático de Cali, Fredy Victoria, narró en Diariolaeconomia.com que en los albores del hotel, la sociedad miraba con amor, orgullo y felicidad la puesta en marcha del hotel porque no solo era sinónimo de desarrollo sino de valorización y encanto para un sector que concita el interés de esos fantasmas amenos que se ven en sepia con el trasegar del tiempo.

El terrible deceso del desafortunado jumento
Afirmó este entusiasta hombre y enamorado de Cali como el que más, que en alguna ocasión cayó de la montaña un burro el cual encontró su fosa en lo profundo de un charco que formaba el río Cali. “Eso ocurrió por allá en 1954 cuando tras el deceso trágico del borrico, el sitio se convirtió en paraje obligado para nadar y mostrar atributos físicos”.

Cabe recordar que ese paso que le significó la muerte al cargado animal, era un camino de herradura por donde transitaban caballos, mulas y burros con mercancías y enseres para las casas de campo.

Allí nació entonces el “Charco del Burro”, el que nadie socorrió, pero del que todos se acuerdan.
A esa historia se suman las empanaditas de Obelisco, buscadas por propios y extraños porque no en vano las consumen, no solo caleños y colombianos sino, no pocos extranjeros.

“Este es uno de los productos gastronómicos y emblemáticos de Cali pues de un producto ancestral que se empezó a fabricar hace más de 54 años se pasó a un producto bandera y con sello propio”, declaró Victoria.

En sus comienzos la fábrica de las pequeñas, pero muy deliciosas empanaditas, quedaba en las orillas de Cali, en un punto en donde terminaba la ciudad por la Quinta y comenzaba la próspera y bella ruralidad.

Esta empanadita casi tiene espacio propio porque cuenta con una plazoleta en donde convergen los gustos gastronómicos más exigentes de la ciudad, del país y del mundo. Este producto le dio identidad a Cali y sabor a toda una comunidad.
“Empanaditas Obelisco es una marca de antaño que le da calidad de vida a muchas personas porque genera empleo y desarrollo”, comentó el señor Victoria.

Un hotel de primera

En sus comienzos el hotel Obelisco cuenta con 70 alcobas en promedio y en un plazo relativamente corto empieza a figurar como uno de los hoteles más famosos y cómodos de la ciudad. Este hotel está cerca del aeropuerto, del centro y de la zona financiera, eso sin contar que es la puerta para salir hacia el océano Pacífico.

En las habitaciones de este agradable hotel se han hospedado figuras de la política, del arte, del deporte y de la actuación, no menos del cine y el canto en toda su expresión. “Aquí por ejemplo se hospedaron Los Panchos y muchos más que se fueron enamorados por el servicio y obviamente por el encanto de la ciudad”.

Victoria dice que hoy del Obelisco queda el nombre de un inmejorable hotel porque esa columna o monumento dejó de existir luego de que fuera derribado por el afán del desarrollo y quedará en el recuerdo de antaño y quizás haciéndole compañía al burro. “Esto pasó en 1958 cuando se inició todo el proyecto de la vía al mar, lamentablemente lo derribaron y no se pudo volver a contar con él ni siquiera con la gestión de los dirigentes”.

Todo eso paso en una Cali que venía de estrenar automotores particulares y de servicio público de manera importante para subirse en las más destacadas marcas.

El Hotel Obelisco se iza orondo desde un tramo exclusivo de Cali, hace parte de la historia y hoy la escribe con servicio, tecnología y proyección. Esta muy vigente en momentos en que la inversión le coquetea a Colombia, pero particularmente a Cali, la gran dama del Pacífico y su promisoria cuenca, esa que ya pasó de ser un proyecto para convertirse en la más rentable realidad.

Este hotel llega en momentos de gloria y éxito de hoteles como el Plaza, el Americana, el Royal Plaza, el Astoria y hasta el Hotel del Mar de Buenaventura. En medio de eso, el hotel se consolida y hoy se muestra como uno de los activos hoteleros de mayor valía en el Valle del Cauca.

En esta torre de 13 pisos se construye progreso, tejido social e inclusión, todo esto sumado y pensando en una mejor ciudad y en un encomiable aporte al país que se quiere.

Aparte de las setenta habitaciones, el hotel está dotado con dos salas de conferencias las cuales cuentan con toda la tecnología. A la fecha se trabaja en una muy confortable sala de convenciones que descrestará a los más encopetados organizadores de eventos.

Ahí está el Hotel Obelisco, creciendo a la par con la bella Cali, esa que huele a caña, a manjar blanco y a empanaditas de Obelisco. La historia dirá que del imperio Helénico llegó una propuesta amable para la ciudad convertida en servicio y desarrollo.

Ahí sigue destacado el Obelisco, en donde los enamorados del ayer les muestran pletóricos de presunción los sitios bucólicos y rupestres más idílicos a los hijos y nietos que gozan con una urbe cálida en clima y en calidad humana. Aman ellos esa sublime capital mundial de la salsa y esa tierra del sancocho de gallina, en donde La María inundó la mente de Jorge Isaac y su paisaje la de otros ilustres.

De manera tal que si usted visita Cali y no va al Hotel obelisco a recordar con el murmullo y la brisa del Rio Cali las anécdotas de los años veinte y cincuenta, si además de eso usted no come empanaditas Obelisco, muy seguramente usted no visitó la ciudad y se perdió de ver correr la historia en un pedacito decorado e iluminado de esta metrópoli que aún escucha el rebuznar agónico de un jumento y las risas de antaño que ya avisaban la grandeza y gracia de tan majestuosa y dulce capital.