Caída en la producción cafetera del Quindío: “La región milagro” Tomada de la Federación Nacional de Cafeteros
Jueves, 19 Febrero 2015 11:55

Caída en la producción cafetera del Quindío: “La región milagro”

Luego de la caída del Pacto Cafetero, el Quindío ha  hecho una transformación productiva con aciertos y tropiezos. 

Por 

Por Germán Enrique Núñez

El departamento del Quindío ha experimentado una serie de cambios como consecuencia del vaivén en los precios del café. Esa región del país tiene una historia relativamente joven, toda vez que hizo parte del “Viejo Caldas”, conformados por los departamentos de Caldas, Quindío y Risaralda y que existió entre 1905 y 1966.
En diálogo con Diariolaeconomia.com, el ex dirigente cafetero y ex senador de la República, Javier Ramírez Mejía, aseguró que la historia del Quindío se divide en dos partes porque todo fue felicidad y progreso hasta 1989 cuando vino la ruptura del pacto de cuotas cafeteras y las décadas venideras, de vacas flacas y desmejoramiento en la calidad de vida.
“Antes de 1989 vivíamos prácticamente del monocultivo del café, distinto a lo que pasaba con departamentos como Risaralda y Caldas que también dependían en su base del café, pero que tenían otro tipo de actividades muy importantes como el comercio, los servicios, la industria, un sector financiero muy fuerte y otras fuentes de ingreso lo cual acompañado de la caficultura les permitió a esos departamentos generar a través del café, el mejoramiento de otras actividades”, declaró el señor Ramírez.
El cafetero explicó que el Quindío fue un departamento en donde se registraba la mayor producción de grano por área sembrada en donde la característica era la excelente calidad de suelos.
Fue tan importante y vital la caficultura en el Quindío que con la riqueza que dio el bebestible se incentivó la inversión en infraestructura y calidad de vida. En esos tiempos el departamento promovía toda una inversión en bienes públicos, educación, salud, infraestructura vial y servicios públicos pues la región contaba con agua, energía eléctrica, telefonía y alcantarillado. En ese momento la comarca cafetera tenía después de Bogotá, el mejor indicador en cuanto a necesidades básicas insatisfechas cubiertas. “Tan bien nos fue, que el departamento del Quindío, a nivel Latinoamérica, contaba con el mayor mejoramiento de vías terciarias y secundarias. El Quindío era de los mejores departamentos del país”.
Las cifras son aterradoras, antes de 1989 este departamento tenía 66.000 hectáreas sembradas con café y luego de la caída del Pacto Cafetero se vino una descolgada productiva de inmensas proporciones que tienen el Quindío hoy con 25.000 hectáreas cultivadas, es decir se perdió en promedio el 66 por ciento de la producción o del área sembrada.
“Aquí producíamos nuestra propia riqueza, el café era el motor de la economía porque jalonaba el tema del comercio, el tema de los servicios, el tema financiero y todo eso se vino abajo. Pasamos de esa riqueza interna y muy nuestra a tiempos difíciles, por fortuna, invertimos bien la plata en la bonanza, lo cierto es que estamos hablando de una plata grande, pero muy grande que dejó de circular anualmente con sus respectivos impactos económicos y sociales”, dijo el ex senador.
En sus cálculos, la pérdida de 40.000 hectáreas sembradas con café puede representar no menos de 200.000 millones de pesos por año. “Si cada hectárea en promedio genera cinco o seis empleos directos, se puede calcular que con 40.000 hectáreas por fuera de siembra se perdieron entre 150.000 y 200.000 empleos directos. Eso es una locura y no nos hemos podido reponer de esa situación”.
Agregó que pese al crecimiento de la oferta turística, no ha habido una actividad que ofrezca la cantidad y calidad de recursos para esa región habitada otrora, en tiempos precolombinos por la cultura Quimbaya.
Las nuevas amenazas
La política cafetera, como todo en economía, depende de la oferta y la demanda, a su vez los precios internos dependen de los precios externos y tal y como va la tendencia, si no se exploran nuevos mercados y si no hay una mayor fortaleza para incursionar en los grandes destinos como China y otros países de Europa, muy seguramente vamos a terminar asfixiados.
“Ahora en lo que no podemos ceder es en la calidad del café, hoy el mercado nos reconoce veinte centavos de dólar por prima de calidad, es por eso que tenemos que seguir trabajando en café tipo especial. Nosotros hablamos mucho de cafés especiales, pero a decir verdad, Colombia exporta entre 300.000 y 400.000 mil sacos de café, lo cual, en doce millones de sacos implica un muy bajo porcentaje, entonces no podemos llamarnos a engañarnos en esa parte porque el gran mercado sigue siendo nuestro café verde, pergamino, de lo contrario, si no conseguimos nuevos mercados y si no defendemos la característica de nuestro grano excelso, nos puede ir peor”, sentenció Ramírez Mejía.
Otro punto a tener en cuenta y que es considerado como bastante delicado es que no hay un relevo generacional. A criterio de Ramírez, en el país cafetero se está envejeciendo la mano de obra y por lo tanto hay que trabajar muy fuerte para evitar que se siga dando ese desplazamiento de la zona rural a la ciudad. “Lo cierto es que sin campo no hay ciudad, pero tenemos que lograr que la gente se quede en el campo y para esto se les debe ofrecer calidad de vida, educación, salud, que la gente encuentre un buen ingreso y sus respectivas prestaciones.
El éxodo de campesinos está redundando en desplazamiento, violencia, inseguridad, prostitución y todo el cúmulo de descomposición social urbana. Según el experto, en las décadas del 50 y el 60, el Quindío tenía una población rural del 70 por ciento, la urbana llegaba al 30 por ciento. “Hoy tenemos una tendencia a la inversa, es decir un 70 y hasta 80 por ciento de población urbana y un 20 o 25 por ciento de población rural”.
El conocido Eje Cafetero se descuidó en el tema rural y campesino, anotó Ramírez y aclaró que ese desplazamiento se generó por muchas razones, pero aclaró que es perentoria una acción gubernamental acompañada del sector privado para evitarlo.
Dándole una mirada al pasado, las cosas indudablemente han cambiado, el país o la región pasó de tener un Eje Cafetero famoso, productivo y próspero integrado por Quindío, Risaralda y Caldas a un Eje Cafetero acompañado de Cauca, Nariño y Huila en donde sorprende mucho que las 17 millones de arrobas que al parecer producían los tres departamentos están siendo igualadas y con tendencia a ser superadas por el departamento del Huila que ya está produciendo 17 millones de arrobas. “Un solo departamento superó lo que era el famoso eje cafetero, el que fue el mayor productor de café a nivel nacional”.
Detrás del drama económico está el drama social y es por eso que el ex dirigente cafetero asegura que hay cifras inocultables que desprenden de la crisis cafetera y de la carencia de empresa. Dice que el departamento ocupa el deshonroso primer o segundo lugar en el tema de consumo de estupefacientes, básicamente de heroína. “Aquí se nota la gravedad del microtráfico y surge la pregunta de cajón, ¿Qué debemos hacer?
El turismo como parte de la diversificación
La gente quindiana suele ser recursiva, o aprendió a serlo con la crisis y es por ello que tras la debacle de flacos precios del grano y el impacto en el ingreso optó por el alquiler de fincas para el descanso familiar y por el eco turismo.
“Anteriormente hubo facilismo, simplemente en la casa se esperaba el café, abrían los garajes y el café entraba y se guardaba, aún me acuerdo, vivíamos como reyes, nunca nos preparamos para lo que era la destorcida y eso es algo muy parecido a lo que pasa en el país cuando llegan las bonanzas. Es lo mismo, es como los hijos que reciben la herencia, pero el papá no les enseño a trabajar, muere el papá y Dios mío bendito, de un día para otro, toda esa fortuna termina dilapidándose”, comentó Ramírez Mejía.
Remembró que cuando se rompió el Pacto Mundial de Cuotas, cayeron los precios de manera automática, la cotización llegó a 50 centavos de dólar por libra de café. “Virgen santa, la crisis empieza a darse, nos coge la crisis total y en medio de ese desespero empiezan a darse otras actividades económicas, mire usted que lo del turismo es simplemente una consecuencia de esa crisis”
Señalará la historia que la creatividad de don Guillermo Arango Mora, miembro del Comité Nacional de Cafeteros por el departamento del Quindío, fue determinante para apalancar la coyuntura pues de su cabeza surgió la idea del Parque Nacional del Café en vista que se necesitaba un escenario para narrar la historia del café. Ramírez Mejía anota que Arango Mora prácticamente se adelantó a la gran crisis y le abre espacio a la cultura del turismo, incipiente por demás en esos momentos.
Soluciones hay
Para el cafetero y reconocido hombre de la sana política, la solución está, pero debe iniciar remediando el problema de debilidad institucional, pues ello conlleva a no ser jalonador ni facilitador del sector privado. “Si es débil el papá pues no hay forma de proteger o ayudar a los hijos, y es precisamente eso es lo que nos pasa en el Quindío”.
Instó al gobierno departamental y a las autoridades económicas para darle el mejor uso y aprovechamiento a las regalías, ingreso que no se tenía, pero que con el cambio de política entra a coadyuvar con el presupuesto social.
Inmejorable ubicación
Ramírez precisa que el Quindío tiene todo para salir adelante y una de sus bondades es la posición geográfica del departamento. Anota que una región mejor que el Quindío no se consigue.
“El Quindío está situado en el triángulo de oro nacional, en todo el centro de lo que es Bogotá, Medellín y Cali donde se genera el 68 por ciento del producto interno bruto. Esta región es paso obligado del centro y del oriente al puerto de Buenaventura. Este departamento de 2.000 kilómetros cuadrados está conformado por 12 municipios, el más lejano de Armenia, la capital, es Génova. Este departamento cuenta con una población de 550.000 habitantes que gozan de servicios públicos óptimos en un 97 por ciento.
Ahí está el Quindío, con toda una historia y con unas metas por cumplir que dependen de sus gentes capaces, inteligentes y recias. En su génesis, no en vano, está la cultura paisa que llegó con la Colonización Antioqueña del siglo 19 y que garantiza fuerza, aguante y templanza. Esta zona que en 1857 hizo parte de la provincia de Popayán le apuesta a nuevos cultivos y a nuevos retos. Bajo la Palma de Cera del Quindío, declarado árbol nacional, se añoran los tiempos del café, la cosecha y la abundancia, pero igual se cita el aciago momento de aquel terremoto en 1999 que sacudió a Armenia, dejándola casi en el piso y obligando a sus gentes a repensar su capital como hoy seguro, repiensa su economía.