Domingo, 07 Agosto 2016 22:29

Domecq, un brandy de pura cepa

Todo empezó con la marca Fundador y desde que la Casa Domecq se dedicó al brandy, este nunca tuvo mejor buqué o mejor sabor. Salud, que sea un motivo y que suene el baccarat.

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En 1954 arrancó en Colombia una apuesta empresarial con raigambre europeo que daría de qué hablar en los próximos años y por las siguientes generaciones toda vez que se trataba de hacer de las bebidas espirituosas un mercado especial, autentico, con trabajo y toda la dedicación.

El señor, Rafael Picciotto, nacido en Guatemala, pero de padre italiano y madre inglesa, fue el encargado de hacer la articulación de la marca Domecq e iniciar un plan de expansión de un licor que pronto fabricaría en Colombia con características muy particulares.

El gran señor del brandy en Colombia, don “Rafa” como se le conoce con amor y respeto en las tierras cafeteras que refrescan dos océanos, se siente más colombiano que cualquier nacido en este país rodeado de magia, sorpresas, ingenio y maravillas. Es don Rafa el responsable del desarrollo de una industria muy exclusiva que finalmente está perpetuando los sabores y los aromas que escapan de los oscuros, viejos y únicos barriles en los que se fermenta y se crea el brandy Domecq. Fue entonces don Rafael Picciotto, quien con arrojo y respeto asumió la no fácil tarea de volver perenne la marca Domecq con las mismas características con las que fue concebida.

Para profundizar sobre la empresa y todo un legado de cognición sobre los frutos de la vid, Diariolaeconomia.com hablo con Daniel Picciotto, la otra generación del brandy y quien pletórico de orgullo y pasión narra el ayer y el hoy del Brandy Domecq a tiempo que hace anuncios supremamente importantes sobre expansión y crecimiento del portafolio porque hoy la firma quiere acrecentar sus operaciones e inversiones en agroindustria, sector en el que ve todo un potencial y puntualmente en el café, cultivo que entrará a formar parte de la historia empresarial y comercial de los Picciotto en Colombia.

“El brandy Domecq llega a Colombia de la mano de Don Pedro Domecq Gonzales, quien convence a mi padre que tiene que establecer una empresa para vender vinos y licores, mi padre trabajaba con mi abuelo en un negocio de importaciones, ellos traían de todo, abarrotes, textiles y otros productos, pero una vez la charla con el ilustre y respetable heredero de la casa Domecq, nace I.R Picciotto e hijos que emprende con la comercialización de licores.

El señor Picciotto que había llegado a Colombia en 1936 procedente de Inglaterra también afianzaría la historia del brandy en el país, historia que afortunadamente se sigue contando porque don “Rafa” tiene hoy 95 años los cuales los vive a plenitud y con la fortaleza de los robles de dónde sacó la madera aromática y especial para añejar lo que mejor sabe hacer.

“Mi señor padre está perfecto y se toma su brandy todos los días y personalmente creo que ese es el secreto de una buena salud lo cual se debe acompañar con una vida plena, desarrollada con gusta y con ganas de seguir viviendo”, declaró, Daniel Picciotto.

Daniel es un hombre trabajador, enamorado de los vinos, el Brandy y de todo lo que rodea la vida lugareña en donde todas las formas de consumo y producto tienen esa base indispensable, respetable y determinante del sector primario.

Con nieve sobre su cabello, muestra clara de los años vividos y de la experiencia en una vida grata, Daniel Picciotto evoca los momentos sublimes en los que Domecq ingresa a Colombia tras el encargo del sucesor de una familia exitosa con origen francés. Es una charla en sepia o quizás un viaje al pasado que se hace mientras en la zona rural de Palmira en el Valle del Cauca se prepara el autóctono sancocho valluno o sancocho de gallina para el regreso de épocas amenas.

“En sus albores mi padre comienza a vender brandy importado en el año 1954 y cuenta que salía a degustarlo y no lo podía ni regalar. En esa época se vendía Brandy Génesis, esa es la marca y por lo tanto la gente lo miraba y le decía, su brandy no lo pretendemos, no lo querían ni probar, con el tiempo y con persistencia fue logrando un posicionamiento y empezó a venderlo. Cuando llega el cierre de importaciones, fue cuando decidió que era importante empezar a producir locamente. En aquella época ocurría algo muy particular y es que por el sistema de los monopolios de los departamentos había regiones donde el impuesto al producto nacional era más alto que el del producto importado, entonces puso una planta de producción aquí en el Valle”, comentó el señor Picciotto.

Don Rafael producía brandy para unos departamentos e importaba brandy para los otros porque resultaba más barato importar que producir, en el año 1983 ya se regularizo la situación con un proyecto de ley, ley 14 de 1983 que igualo los impuestos a productos importados y nacionales y ahí nació enserio la producción nacional de brandy como la vemos hoy en día.

Ni siquiera en tiempos lejanos cuando las licoreras hacían parte de las rentas departamentales el producto importado y específicamente el brandy estuvo a la par con el aguardiente, esa competencia jamás existió ni existe, sencillamente porque en el país se consumen fácilmente 20 botellas de aguardiente por una de brandy.

“No hemos pretendido tampoco llegar a ese tipo de consumo, pero tenemos un mercado que es muy nuestro, es un dicho muy nuestro, el brandy es un producto de consumo de casa, lo consumen las señoras antes de dormirse, las parejas cuando están es su casa charlando, en la finca, en los paseos, es un producto muy civilizado, es de consumo civilizado, mejor dicho un mercado muy especial”, expuso Picciotto.
Hoy la empresa busca precisamente eso, que el brandy sea una bebida muy hogareña la cual se realiza con el calor familiar y acompañando comidas o ratos muy especiales bajo techo.

Inversiones para sostener un legado

Pedro Domecq en Colombia ha invertido 2.500 millones de pesos o algo más de 2.000 millones en los últimos tres años con lo que se consiguió la planta actual caracterizada por nuevas tecnologías y modernización.

La firma no para y sigue invirtiendo, razón por la cual está considerando comenzar un proyecto para generar energía solar. Según la empresa se trata de una inversión importante. De igual manera serán plantadas cinco hectáreas de viña como piloto modelo para el resto de los agricultores en el curso de dos meses.

En Pedro Domecq Colombia hay modernización de equipos todos los días y por ello la firma sigue importando bienes de capital y maquinaria para optimizar todos y cada uno de los procesos de producción en aras de la eficiencia y la sostenibilidad. En opinión de Picciotto, en un proceso productivo como el del brandy no puede ni debe pararse las inversiones.

“Tradicionalmente invertimos todos los años una parte de lo que va produciendo la empresa”, expresó.

Una empresa con sentido y responsabilidad social

Los responsables de Brandy Domecq consideran que el momento actual es ideal para invertir y desarrollar nuevamente el campo. Hay planes para involucrar a las comunidades campesinas en la producción de uva Isabela, considerada por la casa perfecta para la elaboración de Brandy Domecq.

“Nosotros siempre hemos tenido compra de uva Isabela y eso me hace evocar que cuando el peso estaba tan revaluado, muchas veces resultaba más económico traer el jugo de uva o el vino del exterior que producirlo en Colombia. Eso resultaba muy triste, pero lo cierto es que este es precisamente el momento para volver a apostar por el campo y la economía rural y por eso queremos aumentar las compras y hacer absorción de cosechas de uva de inmejorable calidad, queremos aumentar en esta industria todo el mandato de responsabilidad social y propender así por crecimiento y oportunidades en la ruralidad”, apuntó el experto hombre de negocios.

Actualmente esta industria ubicada en Cali exporta Brandy Noble que es la marca con la que se sale de las fronteras. A la fecha hay ventas de brandy a Ecuador y está próxima una exportación a Chile en dónde ya hay pedidos en serio. Otro mercado que quiere desarrollarse es el de Perú. La marca Domecq entonces no se exporta, pero a la empresa le gustaría poder exportarla, pero ese paso requiere de permisos internacionales.

Daniel Picciotto quien a diario consume una copa de vino, brandy o algo especial afirmó que el Brandy Domecq colombiano es un producto perfecto, para él es el mejor del mundo lo cual lo llena de satisfacción y orgullo porque se sigue cumpliendo con ese complejo, pero amoroso legado de producir el mejor brandy.

Aportando con todo a la economía

Brandy Domecq emplea de manera directa 300 personas a nivel nacional la empresa cuenta con oficinas en Medellín, Barranquilla, Cartagena, Eje Cafetero y desde luego que está en Cali con la planta y en Bogotá. Independiente de los trabajadores con contrato porque la firma no es amiga de la tercerización laboral, se promueven incontables empleos indirectos.

Para la vigencia de 2016 la empresa espera una producción por el orden de las tres millones de botellas de brandy y de vinos unas 480 mil o 500 mil botellas.

“Estamos creciendo más o menos entre el diez y el doce por ciento respecto al año pasado”, dijo.

La coyuntura económica no golpea a la empresa

Independiente de la contracción de la demanda interna y del elevado costo del dinero como consecuencia e las decisiones del Banco de la República, la empresa no resulta afectada porque maneja un producto muy particular que tiene un dicho distinto al de los demás oferentes de bebidas alcohólicas.

“La devaluación nos ha ayudado porque ha alejado el producto importado que subió sus precios, es decir, nos ha hecho mucho más competitivos, somos un producto casi, ojala fuera, canasta familiar pero es un producto muy particular de nicho y pues la gente compra, se toma una copita de brandy y esta no representa un esfuerzo económico enorme, tan solo la compra de la botella original, pero el consumidor sabe que su adquisición le puede durar un tiempo”, aseveró Daniel Picciotto.

La reforma tributaria debe ser una herramienta productiva

El empresario manifestó que es entendible que el ejecutivo quiera superar sus dificultades fiscales, pero expresó su angustia por lo que pueda venir, teniendo en cuenta que hay movimientos tributarios que contraen la economía y golpean duramente el consumo como ocurre en la actualidad.

A Picciotto le preocupa y no poco que vengan nuevas y considerables equivocaciones porque por citar un ejemplo por fuera de la geografía, debió conocer una reforma tributaria en Chile que se estructuro mal y desincentivo la inversión.

“Me asusta un poco que en el afán que tenemos y con una necesidad legitima que hay de recaudo de impuestos busquemos sistemas que desincentiven la inversión de país, estamos en un momento crítico. Yo diría que un momento muy especial para el país y si hacemos las cosas bien yo creo que podemos disparar a Colombia para hacer un país espectacular en el curso de los próximos diez años, entonces pues lo que estamos haciendo hoy día es absolutamente crítico, es muy particular, hay que hacerlo muy bien”, aseguró el empresario.

Como muchos otros empresarios, Picciotto dijo que la pasada reforma tributaria tuvo sus falencias porque contrajo el consumo y lastimó la economía que se vio seriamente trastocada por esa disminución de la demanda. Indicó que el CREE como idea era muy interesante pero generaba un desequilibrio en las cargas fiscales porque se dio el caso de empresas que generando empleo podrían estar pagando mucho más impuesto que empresas que no ofrecen mayor opción laboral, o sea, una empresa con mil empleados o una empresa con un empleado tiene cargas distintas precisamente porque están bajo el CREE de hoy.

“Yo creo que sí estuvo mal estructurado, creo que se puede corregir, yo no conceptúo que debamos separar el impuesto como se hizo en ese momento, siento que el impuesto al patrimonio es regresivo, hay muchas cosas que se tienen que corregir. Ahora lamentablemente tenemos una situación fiscal en el país que obliga a que nuestro gobierno esté pensando en cómo aumentar el recaudo. Uno tiene que mirar los asuntos y yo como empresario trato de mirar los asuntos desde los dos lados pues me incumbe el mío, pero me importa muchísimo también el del país porque si se hunde el barco, este se hunde con todo el mundo, o sea la primera clase y la clase más económica, entonces es importante mirar el asunto desde los ojos de un ministro de Hacienda, por ejemplo que en este momento no quisiera estar en sus zapatos”, añadió el industrial.

Al redondear el asunto tributario, Picciotto, recalcó que el país tiene una situación fiscal muy apretada con un escenario hacia adelante que puede ser igualmente oneroso y reconoció que el país a la fecha tiene unas empresas que están sobrecargadas de impuestos y que no son viables porque se les eliminó un factor fundamental llamado rentabilidad.

Sin los TLC, la empresa exportó

Picciotto testificó que en el pasado hubo exportaciones a Estados Unidos por lo que consideró que no sería extraño ver a la empresa exportando otra vez.

En el pasado la casa tenía una marca propias llamada Brandy Bolívar, Libérate. Con estos productos la fábrica vendió brandy de manera considerable, pero por líos quizás de cambio o impositivos se acabó el negocio lo cual no quiere decir que no se vuelva a hacer.

En la actualidad la empresa trabaja en proyectos distintos de licores y por eso tiene en carpeta el café, jugos y una gama enorme de productos que fortalecerán el portafolio y es por ello que el mercado verá muy pronto más productos nuevos de Pedro Domecq.

“Nosotros estamos cien por ciento comprometidos con el campo, somos agroindustria entonces estamos casados con el agro e independiente de todo a mí me gusta el campo”, señaló.

Esta es la breve reseña de una empresa que vio la luz en Jerez de la Frontera en 1730 que soporta una admirable tradición. Los Domecq son una familia aristocrática del sur de Francia que se mueve a España y se hace cargo de la empresa. Es tan solo en 1800 cuando asumen la producción de brandy y es en ese momento en que nace Brandy Fundador por ser el pionero de los brandis españoles que le dio a Domecq ese prestigio y el reconocimiento de ser el primer productor de brandy más grande del mundo.

Al estar en las instalaciones de Pedro Domecq en Cali, en ese hermoso Valle del Cauca por donde corría la María haciendo suspirar al mozo Efraín, se logra captar historia, se siente la dinámica de los años 50 que fueron determinantes en la creación de una gran empresa.

El brandy Domecq arranca con una uva de calidad que llega de los campos o viñedos con todos los conceptos de buenas prácticas agrícolas, inocuidad y trazabilidad. En la planta es literalmente molida para extraer su jugo que al llegar a unos tanques de acopio pasará por un proceso químico que lo volverá alcohol listo para su selección y destilación.

La destilación o purificación está hecha en alambiques de cobre discontinuo, ese aguardiente de vino o ese brandy en bruto es añejado en barriles de roble americano principalmente, y precisamente ese proceso que es como una especie de receta de la casa de la mama de uno, esa receta de brandy hecha con amor es lo que produce una bebida muy especial.

Hay que citar que la familia Domecq creadora del excelente brandy, proviene de la vetusta provincia del Bearn en Francia la cual limita con Navarra y Aragón región que hoy se conoce como los Bajos Pirineos. La historia y los registros señalan que la casa Domecq es una de las más añejas de la zona toda vez que se habla de ella desde 1385 como un núcleo notable pues no en vano don Juan de Domecq rindió homenaje a Luis XIV en 1666 quien entregó a la casa un par de guantes blancos y una espada.

Después de muchos análisis e investigaciones fue posible establecer que Domecq viene del latín dominium que quiere decir “señor”. Este noble apellido de la provincia Francesa nació para afianzar no solo marca sino todo un ADN en brandy y en los vinos de Jerez. Ese apellido adelantó un plan de expansión exitoso de gran trato y muy encomiable posicionamiento en Colombia.

La historia cuenta que Patricio Murphy, un irlandés tozudo y emprendedor llegó a Jerez en 1725 con la idea de fabricar telas, pero su pasión por la vid y por los vinos lo llevó a cambiar de tercio para darle impulso en 1730 al negocio vinatero que con los años se posicionaría como un paradigma de empresa, producto y excelencia. Con el tiempo entabló una estrecha amistas con el francés, Haurie Nebout, con quien trabajó fuertemente en el tema vinícola hasta que Murphy fallece en 1762 dejándole sus conocimientos y activos al francés quien no tardó en mostrar frutos toda vez que el negocio creció y e hizo dueño de imponentes instalaciones.

En 1791 se crea la empresa, Juan Haurie y Sobrinos y en 1794 nace otra condicionando la existencia de esta a la de todos pues las condiciones cambiarían en caso de que murieran cuatro de los nominados. Vinieron épocas complejas y en 1814 la familia había casi que desaparecido pues tan solo vivía Juan Carlos Haurie.

El entorno fue difícil por la guerra con Francia y en ese momento la empresa moría lentamente. En medio de ese infortunio llega como caído del cielo el señor, Pedro Domecq Lembeye quien tenía disciplina empresarial y poseía un don financiero que cualquiera hubiese envidiado. En 1816 llegó a España el primero de los Domecq el cual traía clara una meta, el triunfo, cualquier otra cosa no encajaba en él.

En 1818 don Pedro pone su rúbrica en la escritura con la que se hace a los derechos de “Juan Haurie y Sobrinos”, la creación de su tío, Juan Carlos Haurie y en 1822 le da vida a la firma Pedro Domecq, empresa que llega a la cima con un músculo financiero considerable, fruto del trabajo, el esfuerzo y la estrategia comercial en el competido mercado de los vinos.

Don Pedro recibió todo tipo de reconocimientos, incluidos los del rey Fernando VII quien no solo lo nombró Gentilhombre de Cámara sino que lo hizo si proveedor oficial con lo que las armas del reinado se unieron a la prestante casa.

Con el matrimonio de sus cinco hijas que unieron sus vidas a la nobleza de Francia, el negocio quedó al garete y es cuando Juan Pedro Domecq Lembeye, entra como colaborador y socio.

A los 52 años de edad tras sufrir un penoso accidente murió Pedro Domecq Lembeye en 1839. En 1869 fallece, Juan Pedro Domecq Lembeye quien le había enseñado a su sobrino, Pedro Domecq Loustau, aspectos del negocio. De hecho a sus 18 año era un hábil empresario que ya vislumbraba lo que venía con “Peter Domecq and Co” sociedad que quedó de la disolución de “Ruskin Telford and Domecq”.

No se puede negar de las calidades empresariales del nuevo Pedro que le dio volumen, mayor prestigio y valor a la empresa, pero la fabricación de brandy llegó por accidente e incumplimiento pues al no poder ceder un aguardiente de excepcional calidad, Pedro Domecq, almacenó el producto por cinco años en barriles e roble, tiempo en el que aquel fino alcohol se transformó en un brandy que dejaría lelo al mundo.

El nuevo hecho mueve la empresa y su caja porque vienen compras de equipo, importaciones desde Inglaterra y es así como en 1874 es lanzado al mercado Brandy Fundador, el primero que produce y vende España.

Domecq Loustau contrae nupcias con la española, Carmen Núñez de Villavicencio, mujer que le da diez hijos que a la postres serían los primeros Domecq nacidos en España. De los diez murieron cuatro, pero los seis que vivieron fueron jerezanos e gran apego por su emporio y su nueva tierra.

Pedro Domecq Loustau, el padre de Brandy Fundador muere en 1894 dejando su definitiva huella y la firma de los Domecq como creadores de brandy de elevada calidad.

Domecq y el siglo 20

En 1941, Pedro Domecq Rivero lleva a cabo la transformación de la sociedad regular colectiva en sociedad anónima, consolidando además la presencia de la empresa en el mercado nacional. Los hermanos Pedro y José Ignacio Domecq González, se ocuparán de potenciar el mercado europeo e implantarán empresas con tecnología propia en varios países de América Latina.

Desde 1950 Pedro Domecq reinventa el negocio por todos los desbarajustes económicos suscitados por el desplome de las exportaciones con destino a Latino américa, ya en 1955 se toma la decisión de fabricar el brandy en México, Argentina, Colombia, Venezuela y Brasil.

Esta es la historia de Pedro Domecq, empresa ejemplar y manejada con inteligencia y sagacidad que demuestra que con trabajo y creatividad todo es posible tanto como mantener una marca que se fortalece con el correr de los siglos.

En Cali, en esa enorme bodega que acopia cientos de barriles, muchos con 120 años o más de antigüedad se siente la presencia de los Domecq, con ese olor fuerte a licor evaporado que llega a los ojos y a la misma garganta, En esa bodega de olor a roble y vino, los Picciotto perpetuaron una saga de buen producto, de ese que tan bien sabe y que hoy en el siglo 21 mira con tranquilidad y con fragancia de brandy el devenir para las otras generaciones de educado y bien formado paladar y todo porque la calidad se paseó y se pasea en esas cavas como Pedro por su casa.