Domingo, 19 Abril 2015 15:13

La dulce y amarga historia de los trapiches de pacho

La fabricación de trapiches en Pacho era apenas consecuente con la realidad del municipio y su potencial siderúrgico. Lo que arrancó con vehemencia se apagó súbitamente con la apertura económica.

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Dicen que todo tiempo pasado fue mejor y ello posiblemente aplique para la economía de Pacho, el cálido y formidable municipio que lidera con merito la provincia de Rionegro en el departamento de Cundinamarca. En tiempos de las famosas y prósperas rentas departamentales, crecía en ese pueblo una industria que dio para reír y para llorar, la siderúrgica.

En Pacho se instaló la primera industria siderúrgica de Colombia y posiblemente la segunda en Suramérica por los antecedentes de Ipanema en Brasil. Por ello el acero dio para dar y convidar. De esa empresa salió la materia prima para la construcción de la nueva Colombia y desde luego para fabricar máquinas y herramientas vitales en las labores agrícolas.

El trapiche es un molino utilizado en los ingenios azucareros para la molienda de la caña al igual que en el trapiche panelero en donde la desintegración se convierte en jarabe o jugo que posteriormente se cristaliza con una cocción a elevadas temperaturas. Anteriormente el trapiche era una herramienta de tracción animal, pero hoy se han sofisticado y su fuerza motriz la hacen precisamente motores por combustión. Hay algunos manuales que se usan en escala inferior.

El empresario, Fabio Eliecer Castañeda, le contó a Diariolaeconomia.com que en la actualidad es propietario de una empresa pequeña, de Industrias Ambaez la cual ha subsistido toda la vida. Llegó a la región hace 53 años y trabajó como empleado 23. Con el correr del tiempo se hizo socio y terminó como dueño. “Aquí genero entre seis y ocho puestos de trabajo permanentes, gracias a Dios, no nos hemos caído, seguimos trabajando sobre pedido”.

El empresario dijo no sabe con exactitud los motivos que presionaron la salida de Pacho de la reconocida empresa, Mecanizados Industriales Gerrey. Aclaró que la empresa no quebró del todo porque sus dueños optaron por vender una parte y el resto de la firma se trasladó a Bogotá en donde goza de buena salud.

Con un tono pausado y con la seguridad que brinda la cognición, Castañeda apuntó que sobrevivió a todos los embates de la apertura trabajando duro y poniéndole el pecho a la brisa. De manera paralela cumpliendo a cabalidad con los trabajos y poniéndole empeño y ganas a la empresa.

Como suele pasar con la minería tradicional de Cundinamarca Y Boyacá, a este hombre de negocios le tocó combinar la actividad industrial con el campo, puntualmente con la ganadería con lo que encontró un complemento ideal a sus ingresos con las ventas de leche. “Esto es como el campesino minero que tiene el carbón abajo y la vaca arriba”.

Fue mejor el Pacho de ayer

Fabio Eliecer Castañeda dice que indiscutiblemente el mejor momento de Pacho en cuanto a industria fue el de hace 40 o 50 años porque en esa época se vivía un apogeo y un momento especial en el que se miraba con respeto a la capital de la provincia de Rionegro.

“Me quedo con el Pacho del ayer, pues en lo que tiene que ver con la industria metalmecánica, hace más o menos treinta o cuarenta años se vendía mucho más que ahora. Hace unos años se vendían trapiches y otras herramientas para el campo, ahora se vende pero no en cantidad como en otra época”, declaró el señor Castañeda.

Sobre la fabricación de trapiches, el empresario afirmó que hoy por hoy la competencia fuerte es con trapiche El Panelero de Nocaima que es una empresa grande con inmejorables ventas aspecto que la consolida como el número uno por cuanto tiene la mayor parte de la torta en el mercado de los molinos.

La empresa, Industrias Ambaez ha pasado fronteras y es así como los trapiches y picapastos han ido a Venezuela y Ecuador. Los trapiches tienen buena demanda en departamentos como Boyacá, Santander, Meta, la costa norte y toda la olla del río Suárez.

La industria del trapiche de caña ha tenido su evolución y el mercado va experimentando cambios en oferta y en líneas de producción. La fabricación doméstica se ha matizado por ser artesanal y por ello el sector no está clasificado como gran exportador.

“Lo que hemos hecho, aunque artesanal, lo hemos hecho muy bien, pero como para exportar no sé qué reportes importantes tengamos. La fábrica de trapiches Apolo de Medellín tuvo auge, pero dejaron de fabricar estos molinos y en la actualidad elaboran maquinaria más grande, más pesada; el otro grande es Penagos de Bucaramanga, pero también cambiaron la línea de máquinas y hacen muy poco trapiche que es mucho más costoso que el de aquí”, enfatizó.

El trapiche es para toda la vida

De acuerdo a los cuidados y al mantenimiento, un trapiche puede durar casi que toda una vida. Hasta no hace mucho en Colombia hubo mucho trapiche de tracción animal que era fabricado por la empresa Campana de Armenia. Esta fábrica tuvo renombre, vendía mucho, pero también se acabó.

Industrias Ambaez tiene tres modelos de trapiches de tracción animal que generalmente no se vende porque ahora está en boga el trapiche horizontal movido por motor a gasolina, de ACPM o eléctrico. Los trapiches de arrastre animal deben esperar meses y hasta un año para su venta, es por eso que los modelos están arrumados.

Castañeda narró que hace treinta o quizás cuarenta años hubo un apogeo para la industria de trapiches porque muchos fueron los que se comercializaron. “Me acuerdo que don Gerardo en la Gerrey hacía contratos de mil trapiches para la Caja Agraria, lamentablemente con la desaparición del ente crediticio se fueron los almacenes de provisión agrícola y con ellos las ventas importantes de esta máquina”.

Con la apertura económica y con los giros que dio el sector agrícola, varios empresarios se fueron del sector y cambiaron de actividad económica. Muchos migraron para otro tipo de empresa y otros se quedaron con el trapiche horizontal que llegó a fabricar hace unos 40 años la hoy su empresa. En esa referencia la que tomó más auge fue la empresa de los señores Rodríguez (El Panelero) de Nocaima que se adueñaron del mercado porque prácticamente es la que surte a Colombia. “Esa empresa tiene cerca de 50 empleados que laboran fuertemente para atender los innumerables pedidos”.

La vida le tenía su guardado a Castañeda y es por eso que al morir el antiguo dueño de Industrias Ambaez, hizo parte de una sociedad que se conformó tras ese deceso, al no ver mayor dinámica, Fabio Eliecer hace un esfuerzo y le compra a sus socios para darle derrotero a la fábrica. Esta empresa surge con una inyección de capital y con la construcción de una bodega nueva y la adquisición de maquinaria. “Yo creo que esta empresa contando los días de su creación, debe estar por el orden de los 80 años”.

Esta es la historia de las fábricas de trapiches de Pacho las cuales sirven de referente para el resto del país. El señor, Fabio Eliecer Castañeda empezó a trabajar a los 14 años e hizo toda una carrera en la empresa toda vez que realizó múltiples oficios dentro de los que recuerda los de tornero, soldador y moldeador. Hoy evoca esos tiempos con alguna nostalgia porque gracias a su insistencia, fe y disciplina logró ser dueño de su sueño. Allí en un pequeño y estrecho rincón de su oficina extraña los días de ardua labor porque los años no llegan solos y esa condición lo obligan a dirigir y responder, pero no a la recordada exigencia física.

Este hombre de empresa no se cansa de remembrar y reconocer las dichas de los años sesenta porque fue en su opinión una época tranquila y muy dinámica en la que se vendía en cantidades y a precios correctos, justos para nada desbordados. “La palabra valía, no se hacían documentos, fue una época muy sana”.

Con un tufillo de preocupación don Fabio Eliecer dice que espera con prontitud su relevo en la empresa y en un oficio que puede terminar porque las nuevas generaciones se han distanciado mucho del negocio. Al parecer hay tranquilidad porque muy ligado a su corazón está quién ha de tomar las riendas del imperio.

Trapiches para todos los gustos

Por estos tiempos un trapiche de mula tiene variedad de precios porque hay tres modelos. Con un valor de 3.2 millones de pesos está en el mercado el conocido número 23 que ya poco se usa y que por lo general es movido con bueyes. El 22 corriente es el que más se vende cuesta 2.6 millones y el 22 A que vale 1.2 millones de pesos.

En motor existe el número dos que tiene un valor de 4.4 millones y el número seis que vale 6.4 millones de pesos. Este último es el más grande y se mueve con motor diésel o eléctrico de nueve caballos o con un motor de gasolina pero mínimo de 10 o 15 caballos.

Cuando don Fabio tenía 14 años un trapiche valía alrededor de mil pesos. “A mí me pagaban a la semana cerca de ochenta pesos”.

Esta es la breve historia del trapiche en Colombia vista desde Pacho la otrora capital de la Ferreira o fábrica de fierro. La gran prospectiva de la época para la industria siderúrgica.

El trapiche hijo del determinante metal, aquel que naciera con el cultivo de la caña de azúcar el cual empezó en Nueva Guinea propagándose luego por India y China, África y Chipre , le dan la razón de existir a este molino. Se cree que en India en tiempos que datan de mucho antes del nacimiento de Cristo se creó el trapiche, ya con las invasiones y conquistas llega a la América de Colón y se expande por todo el trópico. En Colombia el cultivo de caña ingresa en dos etapas, la primera en 1530 por el puerto de Cartagena y en 1540 la segunda por el de Buenaventura.

Es de precisar que la caña la trae al continente, Cristóbal Colón en su segundo viaje en 1493 cuando la desembarca para su siembra en La Española, hoy República Dominicana. Con las semillas de la jugosa y endulzante fibra llegó el trapiche desde las Canarias.

En Colombia se cree, hay 350.000 trapiches que le dan sustento a por lo menos tres millones de familias aunque la creciente demanda y la fuerte competencia han hecho que la tecnología avance y amenace la eterna herramienta de moler.

De la India a Pacho, una historia interesante que le ha puesto sabor amable a la vida de los colombianos. Esta narración dulce nos hace pensar, luego de hablar con los habitantes de la capital de la región de Rionegro, que indiscutiblemente el mejor momento de Pacho fue el de la edad del Hierro.