Domingo, 23 Abril 2017 09:44

Agricultura, artesanías y poesía, una grata mixtura en la bonita Usiacurí

Los productores agropecuarios reclaman un distrito de riego para evitar tanta dependencia del clima, las artesanías siguen marcando una pauta en esta municipalidad mientras que el verso de Julio Flórez está más vivo que nunca.

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Una población impecable, fértil y amable en las cálidas tierras del departamento del Atlántico demuestra que el trabajo agropecuario, la creatividad y la cultura pueden ir de la mano más cuando la huella de un grande de la poesía colombiana escogió tan apacible sitio para liberar su espíritu y enterrar su cuerpo, eso sí dejando un hermoso legado de sonetos que se tejieron tan inmarchitables como las artesanías que identifican esta región muy cercana a Barranquilla en el Caribe colombiano.

Cuando lejos muy lejos, en hondos mares,
en lo mucho que sufro pienses a solas,
si exhalas un suspiro por mis pesares,
mándame ese suspiro sobre las olas.

Este es un aparte de la poesía del egregio vate boyacense, Julio Flórez, quien nació en Chiquinquirá el 22 de mayo de 1867 y tras una penosa enfermedad, falleció en la población de Usiacurí un siete de febrero de 1923. Quizás esa decisión de buscar un clima de sol extremo en ese rincón del Atlántico, tenía una finalidad, dejar esa herencia cultural que marcó de la mejor manera una comunidad que oronda mira hacia la casona vieja que acogió al poeta.

Este trabajo adelantado por Diariolaeconomia.com, encontró en Usiacurí, un refugio con potencial turístico y con unas oportunidades agrícolas y pecuarias que pueden darle una mano a la región toda vez que tiene las condiciones de despensa, característica que muy bien acompaña con los versos que son declamados por niños y adolescentes al interior de la casa restaurada y que hoy sirve de museo. Este recorrido y compendio periodístico reúne en varios frentes la capacidad atlanticense y la magia de la gran emulsión, tierra, arte y poesía, la de la vida y de la muerte, quizás la irreverente y cruda, pero liberal, amorosa y por momentos yerta, eso sí, sin perder una particularidad solemne, la condición humana.

Oye: bajo las ruinas de mis pasiones,
en el fondo de ésta alma que ya no alegras,
entre polvo de ensueños y de ilusiones
brotan entumecidas mis flores negras.

Es imposible no evocar al poeta mientras se habla con la gente amable y se saborea ese sitio agradable y amañador que arropa el sol ardiente y que baña la lluvia para que broten de la tierra costeña frutos de especial calidad y de igual forma para que engorden ganados de razas genéticamente únicas o toretes y vacas criollas como los romos del Sinú que siguen pastando luego de su llegada en 1538 a tierras americanas en donde impuso su resistencia y rusticidad para fijar un árbol genético del rebaño nacional.

El agro necesita agua y billete, nada más

Usiacurí es municipio rico en cultivos y en pan-coger, es tierra de maíz, yuca, guandul, frutas, ajonjolí, millo, zaragoza y ganadería. De todas maneras los labriegos elevan sus quejas porque no reciben las ayudas que demandan y porque están siendo aporreados por un cambio climático inexorable que cuando puede los deja viendo un chispero.

El señor, Humberto del Carmen Jiménez Meza, de manera exaltada denunció que una minoría de personas deshonestas manipulan dolosamente a los campesinos porque muchos no tienen recursos ni riego, este último, factor adverso porque cuando se acaban las lluvias el problema inicia y pasa una factura muy elevada ya que los cultivos se mueren.

Este hombre recio, pero buena persona, siembra guandul, yuca, plantas medicinales, ciruela, mango, diente de león y otros productos. Quiere ampliar su actividad agrícola, pero eso depende de una plata que está por salir en favor suyo en el Seguro Social lo cual le permitirá tener productos del monte y hacerse a un pozo profundo que le abastezca de agua para las plantaciones.

“Lo que necesitamos con urgencia es un distrito de riego para los productores de esta zona y así quitarnos ese fantasma de encima lo cual incluye engaños y promesas falsas que como es apenas obvio jamás se cumplen”, denunció Jiménez Meza.

El saco de maíz lo están pagando a 30.000 y 40.000 pesos, pero el agricultor precisó que los precios son inestables por las cosechas mundiales, por la devaluación y por las importaciones que fueron creciendo a un ritmo acelerado desde 1991 cuando se hizo la desgravación arancelaria.

Una opción para el campo, dijo, sería volver al esquema de absorción de cosechas como lo hubo con el Instituto de Mercadeo Agropecuario, IDEMA, porque con el nuevo bosquejo de negocio, el dinero se queda en manos de la intermediación y las deudas y el hambre en la casa de los agricultores.

Otro lío es que hay terratenientes que prestan sus predios para siembra, pero lamentablemente en doce meses no es mucho lo que se logra sobre todo si hay verano intenso.

En Usiacurí una hectárea de suelo puede costar diez millones de pesos, pero la calidad de los suelos es tan buena que el precio puede saltar fácilmente a 30 millones de pesos.

Este hombre tan fértil como las tierras del municipio, es padre de diez hijos los cuales concibió con cinco mujeres, una en matrimonio y cuatro uniones libres que lo hacen uno de los usiacureños más dinámico en asuntos de pareja y de procreación.

A su turno el técnico agropecuario de la Unidad Municipal de Asistencia Técnica Agropecuaria, UMATA, Orinson Cera, indicó que el municipio tiene tres frentes de ingreso que les ayudan a los habitantes y al fisco municipal porque se canaliza dinero por turismo, artesanías y por agricultura. Los cultivos de yuca, frijol y maíz se hacen bajo esquemas asociativos y el área cultivada está entre las 400 y las 450 hectáreas aproximadamente. El hato ganadero no es mínimo en vista que cuenta con 1.050 predios en donde pastan más de 9.000 reses, es decir una ganadería extensiva.

La región cría razas bovinas Cebú, Holstein y las resistentes criollas como el Romosinuano que aguanta sequía, escasez de pastos e inclusive algunas patologías por su rusticidad. Unas diez veredas hacen una apuesta importante por este ganado criollo de buen rendimiento en carne.

Usiacurí cuenta con una población de 10.000 habitantes de los cuales 600 son campesinos que viven y producen alimentos en las zonas rurales.

Cera aseguró que la región necesita de manera perentoria reservorios y pequeños distritos de riego porque hay diez veredas que urgen de agua y que por falta del preciado líquido han bajado su productividad, factor que se puede invertir con unas buenas reservas de agua tal y como se habló en el Consejo Municipal de Desarrollo Rural que ve futuro en el plan Colombia Siembra.

Dijo que este pueblo costeño es muy fuerte en la producción de maíz y ajonjolí así como en millo que se produce a una escala importante.

Artesanías con tejido social

En la amañadora y grata Usiacurí hay una “bordadora de encantos” llamada, Luz Márquez Padilla, quien es la representante legal de la cooperativa de artesanos que nació hace 52 años por cuanto el grupo solidario vio la luz en 1965.

Llegó al mundo en 1943 y después de 63 años esta afortunada hija de Usiacurí ha logrado consolidar empresa, cooperativa y un sello muy peculiar porque sus tejidos son muy famosos, a tal punto que han acompañado exigentes casas de moda. Se puede decir que las manos de doña Luz fueron bendecidas por Dios porque de ellas sale arte, belleza y creaciones únicas que llenan la retina invitando a ese sentimiento superlativo de admiración.

La artesanía del municipio que tiene más de 100 años, se conoce por ser elaborada con palma de braca y alambre dulce o galvanizado. Esta es una herencia indígena que ha pasado de generación en generación y por ello se hace de la mejor manera porque las artesanías de Usiacurí son hechas por manos prodigiosas que elaboran productos para la moda así como para el hogar y accesorios para gustos exigentes que siempre quieren lo mejor.

“Nosotros hacemos individuales, papeleras, joyeros, cofres, lámparas, adornos, productos utilitarios, canastillas, aretes, pulseras, diademas, abanicos y soluciones para oficina”, narró la artesana.

En su opinión, la artesanía adolece de impulso e incentivos porque tal y como está no es muy rentable. La meta máxima, asegura Luz Márquez, es exportar de manera directa, labor muy posible con el respaldo del gobierno. La artesana ha visto opciones muy grandes por la vía del TLC tanto con Estados Unidos como con Europa.

“En Colombia tenemos buenas ventas, pero nos hace falta ese mercado internacional que es el que verdaderamente queremos y necesitamos porque resulta un reto que muy seguramente podremos superar”, apuntó.

Explicó que la artesanía tiene el mismo problema de los alimentos, es decir, el primario o el fabricante no gana tanto como los intermediarios que ponen un producto final a un elevado precio, haciendo que en muchas ocasiones las personas se queden con las ganas de decorar su casa.

Luz ha participado en ferias internacionales en Bogotá, pero invoca la solidaridad del ejecutivo y de todo un país para que muchas familias que devengan su sustento de las artesanías puedan tener una verdadera utilidad pues a la fecha es poca la importancia que se le presta a esa persona que le da vida a unas creaciones literalmente maravillosas, pero que no perciben renta por la falta de impulso y de valor por lo autóctono.

“La mayoría de los artesanos somos pobres, nosotros hemos tenido la suerte de ir a ferias de la mano de Artesanías de Colombia, entidad que nos apoya, pero hay muchas familias que no se ganan el dinero que merecen. Yo invito a que seamos más organizados y a dejar de trabajar de manera individual porque entre más aislados estemos, menos favores recibiremos”, dijo.

A los ocho años Luz veía a su abuela, Alejandrina Jiménez de Padilla, tejer la fina fibra de la palma y en ese momento recibió toda la instrucción que asimiló muy rápido por su corta edad. Después su señora madre, Amantina Padilla Jiménez se encargó de pulir los conocimientos de Luz y de sus hermanas que paulatinamente fueron creciendo dentro de esta industria a la cual le imprimen un insumo vital, el amor.

Don Rafael Márquez Vallejo, el padre de las jóvenes artesanas también ayudaba con las artesanías puesto que era muy común que los hombres llegaban de cumplir con sus labores agropecuarias y de inmediato asumían tareas artesanales.

Dentro de los retos de la cooperativa está el formar niños en este oficio para que crezcan en ello. La experta ve igualmente en las artesanías una opción para el posconflicto porque muchos niños pueden desarrollar su talento dejando de lado los fusiles y la vehemencia.

La señora Luz recibió la medalla de la Maestría otorgada por Artesanías de Colombia la cual obtuvo con todo el empeño del caso, premio que le regaló uno de los mejores días de su vida porque detrás de ese reconocimiento estaba el otrora ministerio de Desarrollo Económico.

Luz Márquez, una de las diez hijas del matrimonio Márquez Padilla le agradece a Dios la posibilidad de expresar con sus artesanías esa Colombia de múltiples colores que va tejiendo con sus manos delgadas y que finalmente dejan estupefacto al más fuerte crítico o al más desprevenido comprador de cosas bellas porque en cuestión de artesanías el talento en este municipio fue puesto con el pasar del tiempo a toda prueba.

“Quien no vino a Usiacurí no puede decir que visitó el Atlántico”, sentenció la artesana.

Brillaron para los versos la luz perpetua

Sin temor a equivocarnos, se puede decir que Julio Flórez fue el poeta más maltratado del país porque la crítica literaria lo condenó a un ostracismo cruel que no le perdonó sus versos a la muerte y que fue obviando los sonetos inmarcesibles a la vida y a los amores mozos.

La directora de la casa museo del poeta, Julio Flórez, Margarita Macías, consideró que resulta todo un honor para Usiacurí el hecho que el vate se haya enamorado de este tranquilo municipio a donde fue en busca de salud.

Usiacurí le dio la felicidad a Flórez y es por ello que se enamora y contrae nupcias con la señora, Petrona Moreno, la misma que le dio cinco hijos. Quienes rondaron al enorme poeta aseguraron que los mejores versos fueron pintados por su pluma en el elegido pueblo atlanticense en donde encontró refugio de las hegemonías conservadoras y en donde exacerbó su espíritu liberal.

El concurso de la mejor poesía del siglo veinte lo ganó Flórez con su poema “Todo nos llega tarde”.
La vieja casa en donde vivió y falleció Julio Flórez, no solamente es el museo de la gran poesía, sino que sirvió de última morada para el poeta y su amada esposa. Hoy mientras esos críticos lo miran con desdén, la ciencia lo tiene de referente para investigaciones a tiempo que le reconocen el relieve que le dio a Colombia.


Julio Flórez
Príncipe de la poesía castellana, gloria y orgullo de la patria
HA DEJADO DE EXISTIR
Barranquilla 7 de febrero de 1923

La casa-museo, Julio Flórez, restaurada en el año 2000, trabaja con profesionales y con investigadores para reivindicar toda una obra poética. Este sitio, una casa de arquitectura vernácula con ladrillos de barro y con un techo de palma color habano recibe mil visitas por mes, unas 12.000 anuales y la asedian entre 5.000 y 7.000 colegios que poco a poco van retomando una inmejorable literatura.

El reloj marcaba rápido paso, el tiempo acosaba y entre tanto observábamos una población algo quieta y callada, claro, era el “día sin motocarro”, esa moto de tres ruedas cubierta para pasajeros que nos puso a disposición el muy amable señor Jorge. Estábamos saliendo y había un ambiente de pesar y duelo pues a nuestro paso unas caras largas y apesadumbradas mostraban el luto que salía de una casa de piso bajo. El velorio de una persona avanzaba y muchos ojos hinchados y brillantes reflejaban la silueta de los visitantes que ya partían.

Fue todo un espectáculo ver la cara de asombro de Valentina Núñez, que fotografía tras fotografía iba adoptando un visible y creciente asombro. Al término de la jornada, luego de trepar por unas interminables escaleras de piedra, saludamos la hermosa iglesia de paredes blancas con bordes azules, esa imponente construcción de 115 años erigida en una peña alta y sólida que protegen unos portones de madera gruesa de tono café y que acoge la imagen de Jesús Cristo. En una celda ubicada al costado izquierdo del púlpito tuvimos el agrado de conocer a Santo Domingo de Guzmán, patrón del pueblo e inspirador del nombre de la parroquia.

Este santo vestido con una túnica color habano que cubre esa capa carmelita de bordes dorados porta en su mano derecha una vivienda y en la izquierda una bandera blanca en homenaje a la paz. A sus pies un perro café echado en el piso levanta su cabeza y mira al santo como si supiera de su gracia. Esta santidad, este miembro de la corte celestial es la pasión y el apoyo espiritual de los labriegos y habitantes de Usiacurí.

Salimos haciendo reverencia a tan elevada construcción y miramos desde un altillo toda una panorámica de Usiacurí en donde los lugareños pasan pidiendo agua al redentor mientras el aire deja escapar unas voces suaves y melifluas que cantan sonetos bellos y enamorados que desde la casona vieja y recuperada saluda impávido el poeta Flórez.

Ojos indefinibles, ojos grandes,
Como el cielo y el mar, hondos y puros;
Ojos como las selvas de los Andes:
Misteriosos, fantásticos y oscuros

Gracias Usiacurí.