Domingo, 26 Noviembre 2017 01:49

Adiós TIA

Un negocio que abrió sus puertas en 1940 se salvó de la Segunda Guerra Mundial, pero no de la quiebra en Colombia. La marca no aguantó la contracción de la economía y decidió cerrar para siempre.

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La nostalgia invadió a muchos colombianos, a los abuelos, madres de familia y a aquellos nacionales del cuarto o quinto piso que no dejaron escapar esa tristeza tras la notificación del cierre de almacenes TIA. EL pesar llegó inclusive a las nuevas generaciones que crecieron viendo el almacén de nombre lacónico pintado en rojo y en fondo azul.

Muchas personas compraron algo en el TIA, desde unas medias veladas, hasta unos masmelos, un esmalte, una lima para las uñas, el mismo removedor, galletas, vinos y productos de la canasta básica familiar. Cuantas señoras corrieron al mencionado almacén a comprar los polvos faciales Angel Face, la crema Hinds, el pintalabios, los pocillos para el tinto, las galletas Oreo, el vino “Z”, el Moscato Pasito, el sabajón Apolo, la jabonera, el champú Glemo, el Alert anticaspa, un estropajo o un pan de jabón de Reuter, ese que en los ojos hacía brincar al más guapo, así fuera el mejor jabón para la tez.

Quien no compró allí un betún Cherry, o de marca Beisbol así como Búfalo. En esa compra podía ir el cepillo para embetunar y brillar como también la bayetilla roja para embellecer el calzado. Igual fueron adquiridos cepillos para el cabello, peinillas, hebillas y ganchos para el pelo. Como olvidar el paquete de rulos, los platos de pasta, los coge-ollas, la pasta dental, el aguardiente Néctar, pasabocas y cualquier antojo. Allí empezó el final de los piojos con los tratamientos especiales y hasta se compró el almanaque Bristol.

Las madres salían también con desodorante Lander, los polvos Mexana, desde que la costumbre sana venía en un tarro metálico con tapa blanca, las cremas Ponds, las galletas Caravana, los vasos para jugo que se rompían, algunas ollas, las cuchillas de afeitar, los perfumes o estuches de Old Spice aquella fragancia dulce envasada en un frasco blanco con una vela y letras rojas, crema de afeitar, embutidos y muchísimas cosas más.

No pocos fuimos con nuestras madres y abuelas, en esas mañanas o tardes frías de Bogotá a llorar porque no nos compraban el carrito de plástico o la corneta de boquilla blanca y un cuerpo en verde, naranja o rojo fosforescente al igual que las loncheras plásticas o los envaces en forma de pescado para llevar el jugo de guayaba o el fresco que se preparaba para el almuerzo y del que quedaba un cuncho para envasarle al inocente párvulo.

Ah tiempos aquellos del TIA, negocio en banca rota del que tristemente hoy se habla en sepia así como en blanco y negro. Esos almacenes vieron todos los procesos políticos y sociales de Colombia, por ellos pasó el “Bogotazo” y la Junta Militar, el TIA fue testigo de la llegada de la televisión y graduó a millones de colombianos.

La señora Edilma Torres, una de las madres y abuelas que migraron a Bogotá en dónde se ponían a la moda con aquellas faldas ceñidas al cuerpo, algunas a cuadros y otras de un solo tono con accesorios muy europeos o al estilo rocanrolero de los años 50 o 60, dijo que su primera compra en el TIA la hizo a los 17 años y recuerda que las compras eran todo un desvare porque se adquirían medias, prendas, pañuelos y productos para la cartera, diligencia que terminaba con lo imperdible, tomar café y comer empanada, productos “muy ricos” que en los almacenes ponían el punto final a las compras.

“A uno le produce pesar que cierren el TIA porque era un almacén muy antiguo al que uno ya se había acostumbrado. En ese sitio uno encontraba de todo, se compraba desde algo muy necesario hasta cualquier pendejada, en sus góndolas había de todo, champú, jabón, toallas, limpiones, piedra pómez, enjuagues, chocolatinas, cereales, pijamas, dulces, de todo, mejor dicho”, anotó esta señora nacida en Boyacá.

Lamentó el cierre de unos almacenes grandes y de muy buen surtido que sacaban de apuros a más de uno en días laborales o en noches de fiesta y reunión porque allí se compraba la media que había que reemplazar hasta el presente para llevarle a quien se iba a visitar.

“Al TIA fui con mis primas, con mi mamá, con mi esposo y con mis hijos, es por eso que ese cierre produce un pesar enorme porque la marca y los almacenes crecieron con cada uno de nosotros”, concluyó la señora Edilma.

Aníbal Camacho, un antropólogo de la Universidad Nacional indicó que lamentablemente el TIA se quedó atrapado en el tiempo sin que mostrara progresos o avances frente a los retos que traían implícitos la globalización de los mercados y la forma de desarrollar mercados. Al TIA, precisa, se lo fueron llevando los grandes formatos y la evolución comercial.

“Seguramente los empleados son los que sufren y aunque para mí no era un mercado recurrente, si compraba artículos o productos que necesitaba por alguna situación”, declaró el señor Camacho.

Andrés Palacios Vieco, es un estudiante de derecho de la Universidad del Sinú dijo que el cierre del TIA produce gran tristeza porque eso muestra la postración del país en materia económica ya que en ese negocio se ofrecían productos generalmente de bajo costo y de mucha necesidad. Sostuvo que la lápida que se le puso al TIA es la consecuencia de una apertura mal hecha porque el cierre de esas persianas es la permanencia de las llamadas tiendas de gran formato, las cuales son multinacionales a las que se les da de todo, hasta el TIA.

“Eso no nos debe extrañar, aquí con la apertura se acabó el LEY, el Éxito que fue un próspero negocio de cadena antioqueño y ahora el TIA. Muchos almacenes de los que llegaron recientemente o hacen contrabando técnico cono se viene rumorando desde hace unos años o ponen condiciones para operar, aspecto que va en detrimento de las empresas y las marcas que en ocasiones deben pagar los descuentos y las gangas, mejor dicho, detrás de todo eso hay secretos que algún día el país los va a saber porque a Colombia el de afuera viene a hacer lo que se le da la gana y si no mire lo de la minería, en donde nos dan mil millones para sacar más de 30 mil en oro, esa es la tesis de la poca inteligencia estatal, pero bueno esta es la Colombia del Sagrado Corazón y tristemente, nada podemos hacer”, enfatizó el joven Palacios.

Recuerda las compras que sus padres hicieron en el TIA de Barranquilla y de Medellín así como en Bogotá. La señora madre de este estudiante tenía al TIA como uno de los almacenes clásicos en donde era muy satisfactorio hacer compras.

La firma, Tienda Internacional Americana, TIA, abrió sus puertas en 1940 como una tienda de autoservicio que llegó a atender a más de 75.000 clientes por día en 19 almacenes ubicados estratégicamente en diez ciudades de Colombia que jalonó el progreso toda vez que contaba con 700 proveedores.

Dentro de la visión de la empresa estaba el ser un verdadero puente entre la oferta y la demanda motivo por el cual ofrecía más de 8.000 productos a sus clientes. La primera tienda TIA, una empresa checoslovaca, abrió sus puertas en la Bogotá añeja, en esa de 1940 cuando el comercio se vio sorprendido con la apertura de la enorme tienda en la Carrera Séptima entre calles 17 y 18, en pleno centro comercial de la capital que crecía y paulatinamente aumentaba su población por el sueño bogotano y las sospechas de un proceso político y social que llamaba a la violencia e incitaba ánimos guerreristas por un lado y la huida por el otro.

Los comienzos del TIA o su génesis está en Praga, Checoslovaquia, cuando los empresarios, Federico Deutsch y Kerel Steuer fundan los supermercados Te-Ta en 1920. El negocio era promisorio y luego de poner en marcha un exitoso plan de expansión que llevó los almacenes a la otrora Yugoslavia y a Rumania, los padres de la marca migran a América Latina para hacerle el quite a la segunda guerra mundial que ya se exacerbaba.

Si bien el negocio fundado en Bogotá con el nombre TIA era un buen comienzo, la marca vio oportunidades y se fue expandiendo por el hemisferio hasta llegar a Argentina, Ecuador, Perú y Uruguay, proceso que hizo parte de esa ola migratoria de los años 30 cuando la guerra amenazaba todo.

Suena raro cuando se habla del tema, pero al TIA no lo acabó la segunda guerra mundial y sus armas atómicas sino la postración económica de Colombia, el IVA del 19 por ciento, la poca utilidad en salarios, las elevadas tasas de interés, una tributación salvaje y una situación inviable desde todo punto de vista que llevó la conocida tienda a la quiebra.

Mientras Colombia en la década de los cuarenta incursionaba en nuevos escenarios internacionales y mientras muchos criticaban los saldos de la guerra fría, en el país ya daba lora el TIA y las familias se volcaban a ese formato de compra fácil y útil. Hay que decir que muchos nacieron viendo el TIA, otros murieron viendo la estratégica tienda, los que aún viven añoran, lloran o recuerdan con enorme nostalgia los momentos alegres que regaló el TIA en mañanas y tardes de compras especiales como el Día de la Madre, Día del Padre, los cumpleaños, las navidades y tantas reuniones especiales.

Indiscutiblemente hay que decir que fue feliz quien compró y tomó café o comió empanada en el emblemático TIA, ese que se fue para nunca más volver. Por las cercanías del TIA ocurrió el terrible “Bogotazo” y en ese sector de Bogotá fueron muchos los lamentos y llantos agónicos de la diferencia y el desencuentro. A ese almacén le toco pasar por las verdes y las maduras, empero supo sobrevivir, lo que no sabía era que las políticas neoliberales y el aperturismo le pondrían un INRI y luego los santos oleos.

Estos almacenes con más de 77 años de existencia dejan un vacío en el recuerdo y en el corazón porque independiente de que los abuelos, abuelas, o madres evoquen la vetusta y bien surtida tienda, no puede pasar por alto que su liquidación se produjo en plena temporada de fin de año y que sus 500 trabajadores, algunos con más de quince y veinte años de antigüedad se quedaron cesantes y sin opción alguna porque muchas cajeras y colaboradoras eran personas con edad adulta que lucieron con orgullo esa bata azul que identificaba a quien allí colaboraba.

Jeisón Lozano fue trabajador del TIA y le dijo a Diariolaeconomia.com, que en estos umbrales de la navidad la notificación del cierre de los almacenes cayó como un baldado de agua fría porque sus colaboradores no pensaron que el cierre llegada y menos así de manera súbita.

“La sensación es de total tristeza, porque el TIA era un almacén diseñado para muchas personas que llegaban y adquirían lo de casa o el detalle de la navidad. En este almacén hubo cajeras, personas de bodega y vendedoras que llevaban muchos años trabajando, se puede decir que dejaron la vida en la marca y hoy lamentablemente se produce este cierre que no solamente entristece sino que resulta trágico para muchos que hoy quedaron en la calle, sin empleo y sin opciones por la edad”, comentó el trabajador del TIA.

Jeisón llevaba más de un año en la empresa, pero conoció personal con más de veinte años trabajando con el TIA. Narró que si bien no pudo estar en la reunión que ratificó el cierre de las tiendas, lo cierto fue que vio muchos ojos hinchados y demasiadas lágrimas correr por unos ojos opacos y melancólicos de quienes resultaron notificados de su salida ante el cierre del legendario almacén.

Este cierre, declaró, le arrugó el corazón a mucha gente porque estaban los clientes de toda la vida, los proveedores y los trabajadores que aprendieron a enamorarse de una marca y de un concepto de mercado.

El cierre de los almacenes TIA generará un efecto nocivo en la economía porque muchas empresas que surtían con mercancías ya no lo harán, igual pasará con los restaurantes que vendían los almuerzos o el café de la media mañana.

Decir que el TIA fue liquidado no es tan simple, para muchos consultados es el reflejo de una economía mal manejada, de unos monstruos ingresando mercancías para atomizar a quienes pagaban salarios y hacían un comercio formal o sencillamente y por utilizar algo macondiano, se trataba de una muerte anunciada porque las empresas por la carga tributaria se volvieron insostenibles. Además de la situación fiscal los nuevos modelos de negocio de formato económico como Tienda D1 y Justo y Bueno, aceleraron el proceso porque la gente fue dejando de lado la opción comercial que brindaba el añejo TIA.

Al cierre de esta nota las mercancías de almacenes TIA permanecían en góndola, algunas esperando que sean rematadas o sencillamente a que cambien de dueño. Lo que produce aún más pesar es ver las promociones y las ofertas navideñas y del año nuevo, a ese que no llegó la connotada cadena de almacenes TIA.