Sábado, 29 Septiembre 2018 11:03

Peluquerías en el limbo, competencia desleal se les puso al corte

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Este tipo de negocios les ha entregado soluciones económicas a muchas personas que explotaron su talento, pero como dice la recordada Celia Cruz, “No hay cama pa’ tanta gente”. Una visita a Pelos & Alonsos.

La peluquería, ese arte tan particular y que solamente sale de manos precisas y mentes creativas e innovadoras ha estado en el mercado desde épocas milenarias, toda vez que en el antiguo Egipto ya había un trabajo puntual en el cuidado del cabello de los aristócratas así como toda una gama de servicios en la amplia gama de cuidados cosméticos.

Esa minuciosa cosmética capilar tiene su génesis en la tierra de los faraones, a tal punto que la misma Cleopatra fue un punto de referencia en cuanto a los cuidados para lucir un cabello sedoso, brillante y muy imponente. Cabe precisar que esos menesteres se hacían en cabezas poderosas y con estatus en la sociedad porque la sociedad egipcia ordenaba rapar la cabeza de los plebeyos mientras que los adinerados, es decir los sacerdotes y la clase gobernante, podía conservar su pelo.

La historia referencia que las personas de la elite, cuidaban de su cabello de manera intensa y dedicada, era tal el compromiso con las frondosas cabezas que ordenaban diversos peinados y con variedad de color en cada arreglo.

En ese tiempo, narran los cronistas, estuvieron muy en auge las pelucas que generalmente eran de pelo lacio con un flequillo matemáticamente cortado y con un largo que llegaba a los hombros. En síntesis, el arte de peinar y cuidar las prestantes cabezas conllevó a diferentes opciones para los vanidosos dueños del poder en ese momento. El tema del color fue otro aporte de gran valía en esa cultura gracias a que encontraron en la naturaleza las bondades de la henna de donde salían tonos rojizos y caobas.

Los grandes imperios fueron vanguardistas de la peluquería e incluso hay datos que llaman poderosamente la atención, en Grecia las mujeres acostumbraban a cuidar excesivamente su cabello y por ello recurrían a melenas largas que eran recogidas, mostrando variedad y unos rostros bastante sugestivos, no menor fue la importancia de los mechones cortos que decoraban la frente y en sí lucían cabelleras abundantes que mostraban la hermosura de las féminas que debidamente arregladas caminaban orondas por las calles de Atenas y de otras ciudades helénicas que fueron las primeras en tener escuelas de peluquería, sin obviar que el cuidado de las privilegiados cabellos estaba asignado a los esclavos.

En el imperio romano el cuidado del cabello fue determinante en una sociedad de poder y lujos. Como particularidad de las romanas estaba la tendencia a aclarar el cabello porque admiraban el rubio que colgaba de las cabezas de las mujeres nórdicas y de la Europa septentrional.

Las peluquerías son sitios comerciales en donde hay un vademécum de soluciones cosméticas, es decir existe una base del negocio que es el corte de pelo, el cepillado y el diseño de un rostro fresco y bello a partir del talento de quien ejerce este oficio, sin dejar de lado que igual hay opciones de corte en las llamadas barberías. En una sala de belleza que es aquella que brinda servicios más amplios existe la posibilidad también de una buena afeitada, de una cuidadosa depilación, arreglo de uñas y cosmética en los pies, es decir, no es poco lo que hacen los expertos en belleza y estética desde unos locales que empezaron a multiplicarse y a saturar una industria poniendo en riesgo la ética aplicada a la estética porque cualquiera en nuestra sociedad cree poder hacer lo mismo que por naturaleza y estudio han logrado acopiar los grandes maestros de la peluquería, esos que tanto coadyuvan con la autoestima y el arte de embellecer.

Con el fin de saber más de este sector de la economía, Diariolaeconomía.com habló con León César Espitia, uno de los fundadores de la peluquería de gama alta en el noroccidente de Bogotá, Pelos & Alonsos, en vista que decidió dar un paso determinante como empresario y como profesional que definitivamente le cambio la vida. En principio, y hace más de treinta años el negocio de peluquería fue bautizado con el nombre de Alonsos que era el nombre en plural de su hermano que decidió estudiar peluquería, carrera que hizo en un enorme salón de belleza que de manera paralela ofrecía capacitación en la academia.

El momento era especial para el negocio y para la academia de manera tal que por recomendación de Alonso llamaron a León Cesar a trabajar en oficios varios, en esa época el profesional de hoy hacía de todo desde consignar hasta servir tintos.
León fue por naturaleza un hombre inquieto y supremamente tozudo, y fue así como un día le llamó la atención la peluquería porque detrás de todo ese movimiento había un arte que consideraba muy bonito y con mucho disimulo empezó a aprender porque en su condición de empleado le correspondían otros menesteres, menos el de aprender.

De mirada en mirada y sacándole el mayor provecho a la curiosidad, León César aprendió, y de qué manera, el arte de la peluquería, ese que marcaría un cambio de 180 grados en su vida toda vez que resultó enamorado de una profesión a la que sabía, le iba a sacar mucha renta, no tanto por el dinero que podría ganar sino por la pasión que le generaba hacer parte de esos artistas que admiró y de quienes aprendió a cortar y a diseñar cortes espectaculares que hoy le pusieron sello propio.

El aprendizaje subrepticio fue motivo de mucho análisis, de un poco de estrés y de una profesión difícil y adelantada literalmente encubierto, que fue puliendo al nuevo talento gracias a la colaboración de Oscar Ferney, un sobrino que aportó su cabeza para que León le diera rienda suelta a su imaginación y sin vacilar prestó su cabello liso para la peluqueada que duró hora y medio, es decir, un demorado debut.

En ese momento León le entregó su vida al arte de la peluquería, un arte que según él, es tan complicado que muchos de los que lo aprenden lo empiezan a entender después de cinco años puesto que antes de la gran visión hay un paso por el corte de cabello, la tintura, los rayitos y los mechones entre tantas alternativas para el pelo, pero aseguró que los peluqueros incipientes lo hacen simplemente porque aprendieron algo, pero sin entender el verdadero fondo de lo que están haciendo, es decir, no ponen a volar la inventiva y todo un sentimiento visceral que exacerba la genialidad.

“E tema no es fácil porque al darle un trato de arte es posible lograr que un cabello vaya hacia arriba, hacia abajo, diagonal, que logre esponjarse o simplemente a qué pierda volumen, la verdad, después de ese tiempo es que uno empieza a entender el porqué de muchas cosas, es decir porque se agacha, porque se dobla hacia la izquierda o hacia la derecha, depende como uno mande la tijera, no es un tema elemental, generalmente demanda tiempo, mucha práctica y el insumo más importante, la imaginación, declaró el señor Espitia.

En el corte de cabello hay muchos aspectos a tener en cuenta como la textura, el grosor, la simetría del rostro y la proyección del corte, pues una cosa es cortar y entregar un estilo, pero otra muy diferente la evolución que tome ese corte en vista que al día siguiente con solo humedecer el pelo, la dicha puede transformarse en una gran decepción.

En esa terrible década de los ochenta, por allá en 1983 nace el salón de belleza de los Espitia, se presenta en sociedad, Pelos y Alonsos en vista que sin mucho esfuerzo, Alonso convence a León Cesar de emprender un negocio de alta perspectiva y dan el salto empresarial en medio de algunas dificultades tales como la cultura del corte de cabello que estaba en manos de los viejos peluqueros de barrio, esos dicharacheros y ortodoxos que afilaban la cuchilla en el cuero que pendía de la profesional silla de peluquería, esa que giraba para cualquier lado.

El momento del negocio era difícil porque por esa tendencia no había credibilidad en el peluquero joven y todos le hacían fila al vetusto barbero o rapador, razón por la cual cuando llegaba el momento de cortar cabello había que apelar al talento y entregar en la cabeza del confiado cliente, una verdadera obra de arte. En ese tiempo aún era usual el salón de secadores de pie en donde mandaban la parada señoras muy curtidas en el oficio de cortar cabello.

En ese momento se traza una diferenciación en la industria de la peluquería porque las tendencias hacen que se definan estilos y trabajos muy puntuales lo cual marcó la frontera entre el barbero y el estilista que es aquel que diseña para el cabello de hombres, mujeres, niños y niñas.

El trabajo alcanzó un grado de versatilidad e inclusión tan elevado que le abrió las puertas del progreso y del trabajo a hombres, mujeres y al tercer sexo, pues dentro de la comunidad LGBTI hay un marcado gusto por el trabajo en el sector belleza y por todo lo que tiene que ver con diseñar cortes y peinados de alta calidad. Nadie puede desconocer, dijo
Espitia, que estas personas son muy creativas a la hora de peinar, tinturar, maquillar y marcar diferencias.
Hace treinta años, comentó León Cesar, el número de peluquerías o salones de belleza era relativamente bajo, pero el hoy de la industria es muy diferente porque Bogotá y el país, de un momento a otro resultaron llenos de salas de belleza lo que obliga a los que saben a batallar y dejar al cliente mucho, pero mucho mejor de lo que solía dejarse. Eso explica el hecho de que solo Bogotá reporte cerca de 10.000 peluquerías, número que puede subir por los nuevos negocios de barbería y desde luego por el desvare que buscan miles de venezolanos que de algo tienen que vivir.

Cali es la segunda ciudad con mayor número de este tipo de negocios, con una cifra que puede estar llegando o por qué no, pasando de 5.000 locales. Hay que decir que la capital del país puede generar por concepto de salas de belleza y peluquerías ventas superiores a los 294.000 millones de pesos.

“Uno camina tres cuadras y fácilmente puede ver siete peluquerías para las cuales hay mercado, pero hay casos en las que el número de negocios por cuadra o sector puede aumentar en desmedro de un trabajo que empieza a desestimularse porque muchas personas no distinguen lo bueno de lo regular o malo, y por solo ahorrar unos pocos pesos deciden ir a cualquier sitio en donde el ahorro puede resultar de un elevado costo”, expuso el artista.

Hay peluquerías de muy elevado costo, sin embargo hay salones que cobran 20.000 y 30.000 pesos por un corte para caballero, pero en su negocio, León cobra 9.000 pesos por una obra de arte que puede fácilmente superar a los más cotizados del mercado. El corte para dama cuesta 13.000 pesos y con todo un trabajo adicional de tinte, cepillado y nutrición, la tarifa sube a 18.000 o 20 .000 pesos dependiendo de la cantidad y tipo de cabello. Con el fin de dejar a sus clientes satisfechos, Espitia utiliza insumos y productos de mucha calidad para garantizar su trabajo y para ofrecerle toda la confiabilidad a quien allí acude.

Una herramienta útil para León es la Internet y algunas publicaciones porque le permiten saber cuáles son las tendencias en productos y tratamientos para el cabello lo cual le permite actualizarse e innovar. La misma globalización de la economía le puso una nueva dinámica al negocio porque la idea es tener elementos y productos que faciliten el trabajo y lo hagan muy eficiente como pasa en Estados Unidos, Europa y Asia en donde hay muchos avances tecnológicos, científicos y de avanzada que van marcando diferencias y tendencias.

Si bien Espitia admira y respeta el trabajo de marcas tan consolidadas como Norberto, Antonio Lozano, Javier Murillo, Rafael Miranda y otras salas de mucho prestigio, sabe que esos referentes del mercado son un ejemplo que en lugar de producir temor o malestar, invitan a seguir adelante porque el talento es el mismo solo que se desarrolla en contextos diferentes.

“Uno mira quien corta, peina o maquilla bien en esos negocios de alta reputación, y eso es importante porque de todos se aprende cuando hay profesionalismo y talento, es lo más parecido la transferencia de conocimientos o de tecnología porque hay gente muy buena que puede dar mucho en este oficio. Es tan bondadosa la peluquería que inclusive en sitios de menos nombre hay personas de más calidad que logran asombrar con su maestría, es decir en este sector cualquiera sorprende en cualquier sitio porque por fortuna sobra el talento, a tal punto que la peluquería colombiana goza de prestigio a tal punto que ya se exporta”, especificó.

Dentro de los sueños de León Cesar Espitia, está el ir a competir a otro país y mostrar todo lo que sabe. Ya lo ha hecho con estilistas de Bogotá, Cali, Cartagena, Ibagué y del Huila. Al Distrito Capital, sostuvo, llegan a esas olimpiadas de peluquería gente que sabe demasiado. En las competencias hay algo importante porque se comparten conocimientos, trucos y se reciben muchos consejos, lo cual es más que grato porque en este sector todos tienen algo que decir, qué recomendar o enseñar ya que no reina la envidia.

Los estilistas y peluqueros son de alta exigencia y por ello muchos se ven expuestos al cansancio mental que los puede llevar a un mal mayor si no hay descanso porque en cada cliente que ingresa ocupa su mente en diseñar la forma de corte y la manera como puede optimizar la presencia de la dama o el caballero. En ese exceso de ideas se gasta cerebro y fácilmente va gestándose una saturación que puede ser patológica de no tomarse las medidas a tiempo.

El hoy de las salas de belleza es difícil porque hay nuevos salones abriendo sus puertas a la competencia desleal, es decir, aquella que baja precios a niveles de ilegalidad y la entrada en escenario de muchos venezolanos que vieron en la peluquería una salida a su problema de ingreso. En el caso de León, el tema es sencillo, la competencia está en la calidad y no en la cantidad, él afianzó prestigio y por eso trabaja de una manera muy especial, con unos precios al alcance de todas las personas.

Por lo visto en el segundo piso ubicado en una esquina de la calle principal del barrio Villa Luz, a los Espitia los buscan en su enorme y muy confortable salón porque trabajan con mucha calidad, con responsabilidad y cumplimiento, porque si algo aprendieron de su rígido y estricto padre, don Cesar Espitia, fue a dar todo en lo que se hace porque la confianza de la gente no se puede resquebrajar puesto que ese es un activo de gran valía.

Para el experto, ir a la sala de belleza no es una decisión cualquiera porque la persona que va a hacer una inversión en su presentación personal debe acudir a sitios que ofrezcan confianza y todo el conocimiento en el manejo del cabello pues no es difícil ver gente trasquilada, con partes oscuras que no deben ir o demasiado desvanecidos o muy claros en donde debe ir cabello. El sitio, indiscutiblemente, afirmó Espitia, sí importa.

Haciendo una comparación entre el pasado y el presente, el conocido estilista dice que extraña la mística que había antes en cada corte y en los trabajos que eran encomendados a los artistas del momento, esa tendencia, explicó, ha cambiado porque por el afán de hacer dinero, los cortes se hacen sin calidad, ello explicado en que muchos cobran barato y en ese escenario los barateros prefieren volumen de clientes, rapidez en el proceso, más dinero, pero en definitiva mucho menos calidad. En ese caso no hay arte porque tan solo se busca ganar dinero contra reloj.

Otro ítem a tener en cuenta es la asepsia porque muchas personas han resultado infectadas por herramientas de peluquería que no han pasado por los procesos de esterilización tan exigidos hoy por las autoridades colombianas. Las peluquerías son vigiladas por el ministerio de Salud y por eso ante la llegada de virus y enfermedades, León optó por cambiar cuchillas, y tener una en especial para cada cliente. Esta práctica no es nueva porque el salón la impuso desde hace más de 25 años.

Los grandes salones o los más responsables invierten en cuchillas y en el cuidado del cliente al que reciben sano y despachan sano, porque ahorrar en salud pública no es honesto ni conveniente porque las personas desean que su corte sea lo más impecable posible y hecho dentro de unos protocolos que no pueden ser pasados por alto. Para León Cesar, es por ello que lo barato sale caro.

Pelos & Alonsos puede atender 10, 15, 20 y hasta más turnos, sobretodo en temporada que es cuando se ingresa a las instalaciones a las seis de la mañana y se sale después de las once de la noche. Lo complicado es que con la extensión de horarios, hay instantes o épocas del año en los que prácticamente se vive en el salón porque hay tanto trabajo que no queda tiempo ni para almorzar, de pronto una escapada para buscar una hamburguesa, un jugo o cualquier cosa.

La temporada alta empieza en septiembre por algunos grados, se hace más fuerte en noviembre y la intensidad la muestra diciembre debido a que hay grados, matrimonios, primeras comuniones o el simple deseo de iniciar un cambio de imagen por parte de muchos clientes. La peluquería es generosa y muy agradecida, y eso lo icen los que en ella trabajan porque toso el año suele haber trabajo, siempre hay un motivo, una reunión, un encuentro y una ocasión que amerita invertir en cabello, maquillaje y manicure.

“La verdad no hay mujeres feas sino mal aconsejadas a la hora de hacerse un corte, y es por eso que no sobra recomendarles a todas las damas de este país que ya que tienen tanta belleza la resalten en manos de todo un profesional porque ahorrar en belleza o en cosmética es por regla general un gran error”, apuntó.

Espitia ha visto grandes transformaciones, y con sus manos ha logrado el milagro de la juventud a causa de unos trabajos que dejan a una mujer de 50 años como de veinte, y lo más importante, con una estampa y un agrado que enamoran a cualquiera. De aquí, dijo, muchas salen de pasarela.

En el duro trabajo de la peluquería, aun cuando parezca mentira quienes más exigen y suelen ser más intensos son los hombres pues no dejan pasar detalles y no cesan en sugerir o reclamar si las cosas no van como ellos quieren. Las mujeres, según Espitia, son ahora más descomplicadas porque saben que mientras cierran sus ojos, le dan paso al trabajo del artista.

Como se hacía a la antigua usanza siguen vigentes los figurines de cortes y las últimas tendencias, claro está que esa publicación está quedando de lado con las tablas y con una tecnología que muestra en pantalla los últimos gritos de la moda.

“Con esto del fútbol y el auge de nuestros futbolistas en Europa se han marcado nuevas tendencias de moda porque muchos quieren verse como James, como Falcao o como cualquiera de los nuestros en ese deporte. Los referentes son sin duda una realidad y como tal hay que atenderla”, dijo uno de los gerentes de Pelos & Alonsos.

Como a muchos, por no decir que a todos los de la década del sesenta, a León Cesar lo tomaron de la mano siendo un chico y lo sometieron al catálogo de la peluquería de la barriada. No tuvo tiempo de salvarse de la chula, fue de los que se puso la mano en la parte delantera de la cabeza para ver como la máquina iba rapando su cabeza, lo único que quedaba en la cabeza era el manojo de cabello que su pequeña mano protegía. Ahí no había forma de decir nada porque para colmo de males el que se ofrecía para esos menesteres era o un tío que hacía curso de dos días o el padrino.

En esos tiempos en la peluquería estaban los cortes que se caracterizaban por ser bastante rapados como el Humberto, Común y Corriente, Argentino y chula entre ese temerario muestrario de siete cortes en el que no podía faltar el militar americano que paradójicamente volvió y está de moda.

Pelos & Alonsos jamás se fue de Villa Luz estuvo en tres locales y optó últimamente por un segundo piso con un área amplia ubicado en la Carrera77 A # 64 F 30 muy a tono para trabajar en la peluquería. El sitio le da trabajo a seis personas, todas muy profesionales y de grandes condiciones humanas allí hacen su mejor trabajo Alonso Espitia, Jorge Espitia, Cesar Espitia, Alejandro Triviño, mejor conocido como Mick Jagger, y desde luego están las manicuristas Jenny Paola y Diana que no solo hacen un trabajo inmejorable en las manos sino que cortan, tinturan y manejan valores agregados de mucho profesionalismo.

Igual empujan el carro Nancy Espitia, la hermana querida, Nohora, una excelente estilista que acredita experiencia de 18 años y doña Martha que organiza el sitio y lo deja impecable.

Por especialidades, Jorge es experto en cortar cabello de caballeros y niños, Hugo Alonso es muy bueno en maquillaje, corte cepillados y tinturas, trabajo que igual y de manera única adelanta León quien también cambia rostros de hombres, mujeres y niños.

El tema tributario no quedó por fuera y para Cesar Espitia, hay expectativa por lo que pueda ser una nueva propuesta tributaria por cuanto los pequeños negocios que son eficientes, que operan dentro del marco legal y generan empleo, son los más castigados con los impuestos porque son vistos como gente rica y con mucha plata a la que se le puede sacar el jugo.

“Hoy ganamos poco, ya no se gana mucho como pasó en un tiempo, en este momento competimos con quienes regalan el trabajo y con todos los venezolanos que llegaron a impactar un sector con bajos precios, haciendo que cada vez se gane menos. Hoy hay que reconocer que el fenómeno Venezuela afectó la economía doméstica con el agravante que quien invierte menos no tiene vigilancia ni líos, prácticamente pasan de agache”, confirmó Espitia.

Por reglamentación cada peluquero debe tener una distancia de metro y medio, pero según manifestó León Cesar Espitia, es fácil ver que en varios salones pequeños, en tres metros, casi que meten siete peluqueros. El problema no es menor porque inclusive depilan, actividad que está prohibida y como si fuera poco, muchos hacen domicilios en corte y en manicure sin que nadie los vigile o los controle.

Los salones de belleza pagan entre otros rubros Sayco y Acinpro, cámara de comercio, IVA por locales y otras tarifas que hacen que el negocio pierda dinámica y competitividad porque las utilidades son cada vez más lánguidas.

Esta es la realidad de la peluquería en Colombia, esa labor milenaria que empezó tibiamente hasta posicionar un sector que indexa cadenas productivas llevando progreso y crecimiento. Detrás de una peluquería, obligadamente están los fabricantes de herramientas, de champú, cepillos, tratamientos, bálsamos y muchos otros productos que usan a diario en cantidades importantes las salas de belleza.

La peluquería fue importante y seguirá siendo vital en una sociedad que quiere agradar y verse ver. En su momento la religión impactó este trabajo y después de caer el imperio romano, quedó prohibido el teñirse el cabello. La situación hizo que las romanas usaran su imaginación para arreglar sus largos cabellos que decoraron con flores. Luego de la caída del gran imperio de los cesares y ante la nueva tendencia, nació el estilo de la raya en medio que terminó dando nuevos elementos de peinado.

En la época clásica igual fue importante este oficio, en el renacimiento aumentaron los accesorios, volvieron las pelucas, pero igual fueron usuales las coronas, las redecillas y las joyas. Italia terminó siendo el foco de la moda y desde las mejores salas de Venecia salieron estilos y peinados que cautivaron a occidente, en ese tiempo volvió la moda de teñir y fue cuando se impuso el tono cobrizo.

El barroco también tuvo aportes en el cabello ya que en ese periodo, siglos XVII y XVIII hubo decoro y retornó la tendencia y el gusto por las pelucas que fueron acompañadas de plumas, joyas, cintas, flores y otros accesorios que nadie podría imaginar. Este fue el tiempo del rizo y el tirabuzón.

En 1789, con la revolución francesa se esfumaron las pelucas y volvió a imponerse el cabello natural. En pleno siglo XIX aparece el oficio remunerado de lavar y peinar cabello, hace su incursión el moño y se socializa el agua oxigenada en 1867, lo cual le dio un giro a la peluquería.

En el siglo veinte llega todo un apogeo en el arte de cortar y embellecer el cabello, lo que explica el por qué fueron puestos en funcionamiento tantos salones de belleza. En los duros años veinte, llega otro fenómeno que replanteó la peluquería, las mujeres optaron por tener el cabello corto. Como icono de la peluquería moderna se impuso la imagen de la actriz Marilyn Monroe, la bella musa que impuso el pelo rubio en todas las mujeres, empero hay que indicar que el cabello original de la fémina, era castaño.

El mundo evoluciona y con él la peluquería. Ya vimos punk, rastas y otras propuestas modernas que seguramente seguirán dando de qué hablar porque mientras el mundo gire, vendrán más necesidades para el cabello y allí estará presto el formidable servicio de Pelos & Alonsos, que no quepa la menor duda.

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