Domingo, 30 Diciembre 2018 07:29

Grupo GMH: Más de 50 años hospedando sueños y asumiendo retos

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Esta cadena de servicios hoteleros consolidó marca, calidad y prestigio, a tal punto que los hoteles de la firma son de muy alta preferencia entre familias y ejecutivos de muy buen gusto. Todo empezó con el emblemático Hotel Regina.

Indiscutiblemente, si algo tiene proyección en Colombia es la hotelería, esa famosa parte de la industria sin chimeneas toda vez que el turismo depende de una adecuada infraestructura para albergar visitantes así como a hombres y mujeres de negocios. Arranca el 2019 y los empresarios e inversionistas ya ven con ojo avizor la mejor opción para comprar, construir o poner a operar hoteles con diversos conceptos y en favor de un mercado que cada vez demanda más y mejores servicios de hospedaje.

En Colombia la hotelería logró dar un importante salto de calidad y es por ello que la inversión viene en un auge impresionante gracias a ese radical cambio de imagen de Colombia, que siendo buena no es óptima y a la implantación de conceptos e innovación que sacó provecho de lo mejor de la arquitectura y el diseño, factor muy bien aprovechado en áreas con potencial histórico o con unas ubicaciones estratégicas que terminaron siendo parte del valor agregado de la hotelería de gama alta.

Después de dos décadas en la que el país aún se preguntaba quién había asesinado a Gaitán ese fatídico nueve de abril de 1948, nace la firma de don Germán Morales Molina en 1968, literalmente con la bendición del papa que había anunciado su llegada a la Bogotá incipiente para entonces registrada, ya sin tranvías, chicherías o plazas adoquinadas y amalgamadas, en sepia o en ocasiones en blanco y negro. El tozudo empresario puso la primera piedra de su enorme obra cuando en pleno Frente Nacional y por encargo del Presidente de la República, Carlos Lleras Restrepo, debió adecuar un sitio para alojar a los peregrinos que acompañarían al sumo pontífice. En ese instante el habilidoso contador habilitó los apartamentos de la segunda etapa de la urbanización Pablo VI como un espectacular hotel.

Fue en Montería, en las verdes y calurosas sabanas de Córdoba, en donde la cadena de Germán Morales e Hijos, GMH, arrancó con la hotelería en firme y es cuando decide abrir las puertas del Hotel Sinú en las orillas del río del mismo nombre que prometía un futuro enorme y el comienzo de una apasionante y osada aventura que terminó siendo todo un hit, a tal punto que fue operado hasta el año 2014. En ese mismo periodo el inquieto y revolucionario empresario apuesta por el hotel Dann Avenida 19, dos inversiones que lo catapultarían hasta lo más alto de la industria hotelera de Colombia.

En charla con Diariolaeconomia.com, el Vicepresidente Ejecutivo de la Cadena GMH, Alejandro Morales, manifestó que la firma logró consolidarse luego de edificarse en medio de conflictos, guerras internas, narcotráfico, incertidumbres y medidas económicas súbitas y poco convenientes que llevaron la compañía a un punto de quiebra que con inteligencia y estrategia fue sorteada, eso sí, pasando de manera obligada por un concordato y unas medidas que salvaron no solo una marca sino el prestigio de una cadena que para ese entonces ofrecía más de 1.500 puestos de trabajo. La apertura económica de 1991, dijo el empresario, no solo le arrebató a Germán Morales e Hijos sus hoteles sino que atomizó los empleos ya que la empresa fue reducida a su más mínima expresión.

El país pasó por momentos aciagos, en 1989 fueron asesinados tres precandidatos presidenciales, entre ellos, Luis Carlos Galán, el narcotráfico hacía de las suyas y el país estaba postrado ante un terrorismo que quería imponer pavor para llevar a la casa presidencial mandatarios salidos de la coca y de lo más espurio, que finalmente no pudieron prosperar, amén de los embates a los valores, a la unión nacional y al furor de ese lamentable régimen del miedo que fue combatido estoicamente y con el valor excesivo de la fuerza pública que le dijo no a la corrupción.

Como si las cosas no fueran complicadas por la coyuntura de orden público, los secuestros y las mafias, llegó el gobierno de Cesar Gaviria que con su proceso de apertura económica le puso la extremaunción y la sepultura a cientos de empresas que fueron quebrando de manera sistemática hasta llegar al cierre definitivo de las plantas y a la salida de miles de trabajadores que vieron sus factorías caer por una medida afanada e impía de bajar los aranceles en un país que no estaba preparado para competir y que todavía aún sigue en vilo porque si bien se habla a boca llena de los beneficios de los TLC, no hay carreteras, menos trenes y otro tipo de infraestructura para sacar pecho y provecho. Colombia le abría en ese momento la puerta a una política neoliberal que a juicio de empresarios y expertos fracasó porque enriqueció a unas pocas familias y llevó a la quiebra un empresariado que fue testigo del desmoronamiento de la clase media y de todo tipo de trabajadores que acabaron en la calle porque fueron cerradas textileras, fábricas de confecciones, de calzado, de alimentos sin dejar de lado el campo que pasó de la producción a la importación masiva de alimentos, haciendo de la ruralidad un campo santo para la productividad.

Algunos críticos han señalado a ese modelo económico como el responsable de las privatizaciones a bajo costo y casi que a dedo porque fueron acogidas las recomendaciones de doctos de organismos internacionales que ni siquiera sabían en dónde estaba ubicada Bogotá. Contra todo eso debieron luchar los empresarios que no querían irse de un mercado ganado en franca lid y que como lo hizo Germán Morales e Hijos resurgieron de sus cenizas como el mitológico Ave Fénix. La llamada “Apertura Salvaje” lastimó la hotelería y en particular a GMH, pero lo propio hizo el proceso 8.000 que finalmente redundó en la crisis económica de 1998.

“En ese momento la empresa como muchas otras empresas en este país entramos en concordato y algunas desafortunadamente en liquidación. Luego de pasar de ese proceso concursal tomamos la decisión de continuar en el negocio, pero modificando totalmente el concepto y por eso duramos cerca de un año estudiando el modelo de negocio el cual fue definido y después de doce años ha mostrado que tenía por qué ser exitoso”, comentó el señor Morales.

A criterio del hotelero quien esté en el negocio y no innove, no optimice y no se actualice sale del mercado porque el tema tecnológico que está en el mundo con unos procesos mucho más acelerados, obliga a los empresarios a investigar permanentemente los efectos positivos o negativos que pueden afectar a la empresa. Insistió que si las compañías hoy no se interesan por los procesos tecnológicos como son las OTA o agencias de viajes en línea, esas empresas van a desparecer del mercado.

Al abordar el espinoso tema de la informalidad hotelera, Morales recalcó que es necesario reglamentar y regularizar la oferta informal que existe hoy a través de los modelos de mercado comunitario de publicidad, reservas y ventas sintetizado en el Airbnb, en las fincas de fin de semana, los apartamentos de ciudades como Santa Marta o Medellín que resultan una competencia totalmente desleal porque son soluciones que no cobran impuestos sobre las ventas, IVA y otros gravámenes que pagan los hoteles formales que finalmente ve reflejado en su factura el cliente.

Según cálculos de la cadena, un huésped que frecuenta un hotel totalmente legalizado y con sus números en regla, termina pagando entre el 21 y el 22 por ciento adicional a un huésped de concepto Airbnb.

Los hoteles buscan un mejor trato impositivo ya que al sumar la cascada tributaria, fácilmente se llega al 65 y 70 por ciento, carga muy alta que no permite que los hoteles nacionales sean mucho más competitivos frente a empresas similares del ámbito internacional y por ello se hace urgente que esas tarifas bajen una vez quede despejado el panorama constitucional de la reforma tributaria.

Otro problema en Colombia y básicamente en ciudades como Bogotá y Medellín es la escasez de suelo disponible para la construcción de nuevos hoteles que ya le puso freno de mano a esa dinámica, aclarando que en los primeros años de la década actual hubo un crecimiento desmesurado en la oferta hotelera porque entraron a jugar un papel determinante los constructores que influyeron mucho en ese repunte por lo que hay que esperar que llegue un nivel consecuente de oferta con demanda y que mejoren los niveles de precios porque las tarifas que enfrenta la hotelería por situación de mercado son muy bajas que no corresponden a la realidad de los costos y de la misma rentabilidad en vista que resulta afectada la inversión hecha en la planta hotelera.

Cabe precisar que la hotelería formal cuenta con algo más de 13.000 habitaciones pues allí no entran los hoteles de cero estrellas ni el inventario de hospedaje de baja calidad. La ocupación de Bogotá es en promedio del 59 por ciento con algunos picos por eventos, pero lo único cierto, aseveró Morales, es que hasta que la ciudad no llegue a niveles del 70 o 72 por ciento, es difícil que se siga generando nueva oferta hotelera en proporciones importantes. Por el contrario, enfatizó, los empresarios del sector esperan que a medida que suba la ocupación, igual vayan mejorando los niveles tarifarios.

Recuerda de su señor padre, el pionero de la hotelería colombiana, una persona sumamente ordenada, muy matemática y muy financiera. En esos tiempos, anotó, don Germán no tenía los líos de hoy representados en mercadeo y comercialización que impactan a todos los sectores económicos, pues era un concepto hotelero hacia adentro en donde el servicio, la calidad, la contabilidad y las finanzas marcaban la pauta.

Por la competencia y la globalización de la economía ha sido muy usual ver en el contexto internacional fusiones y absorciones de activos hoteleros como por ejemplo la compra que hizo Marriott de la compañía dueña de marcas afianzadas como Sheraton y W que se volvieron unos monstruos en el mundo por su tamaño y su cantidad así como tipo de habitaciones.

“Eso no va a parar, el fenómeno de compras y ventas hoteleras va a continuar. Yo creo que es una tendencia que continuará sobretodo de empresas grandes a empresas pequeñas o medianas”, apuntó el Vicepresidente Ejecutivo de la Cadena GMH, Alejandro Morales.

Un común denominador de GMH, trabajar sin pausa

El Director de Operaciones de GMH, Juan Manuel Morales, indicó que en los albores de la cadena el trabajo juicioso y constante fue el secreto del triunfo y de alcanzar enormes conquistas empresariales. Aseguró que el gran maestro don Germán Morales Molina, trabajó desde 1943 hasta 1968 en los hoteles.

Comentó que al principio en el hotel Granada y Regina, de esa Bogotá de antaño sirvieron para que don Germán mostrara sus habilidades como orientador del negocio hotelero, labor que llevó posteriormente con rotundo éxito al Hotel Continental. El Hotel Granada, evocó, fue cerrado porque justo allí fue en donde se construyó el Banco de la República.

Por ser un contador muy competente, don Germán fue invitado a llevar la contabilidad de los hoteles Granada y Regina, siendo su trabajo la palestra para incursionar en el negocio hotelero.

“Mi padre combinó la contabilidad con la hotelería y por eso nosotros nacimos al interior de la hotelería y nos criamos en ese entorno. Yo nací en 1946 y por eso desde niños fuimos formados en el tema hotelero, es decir con los problemas de ocupación, las tarifas, las relaciones públicas, las juntas directivas y el manejo de los empleados entre tantas cosas. A mi padre le correspondió una época en la cual la gran mayoría de los mandos hoteleros eran extranjeros por cuanto el jefe de cocina era del exterior, alemán, italiano o francés, el ama de llaves que se llamaba gobernanta en esa época, venía de Alemania o de España, igual, jefes como el de recepción, mantenimiento o de pastelería había que importarlos”, sostuvo Juan Manuel Morales.

Un punto para tener en cuenta es que en ese tiempo Germán Morales notó que muchos empleados extranjeros llegaban a Colombia, trabajan un par de años y luego renunciaban para establecer sus propios negocios, lo que incentivó al maestro de la hotelería a acabar con la tendencia, iniciativa que se logró gracias a la amistad con el señor Rodolfo Martínez Tono, que fue el primer Director del Servicio Nacional de Aprendizaje, SENA, que no vaciló en cristalizar la idea de Morales en el sentido de fundar la escuela hotelera en Colombia que aprovechó la capacitación en Europa para tener hoy excelentes jefes de cocina, de recepción e inmejorables amas de llaves que gozan de prestigio a nivel internacional porque fueron estructurados con altos estándares de formación y excelencia. Con ese avance, Colombia pasó de importar mano de obra hotelera a exportar los mejores profesionales en el ramo.

Luego de 50 años el grupo GMH escribe en páginas de gloria una historia que igual arrancó en la gélida Bogotá cuando el 17 de abril de 1921 el hotel Regina fuera fundado por el empresario Daniel Pombo. Ese hotel emblemático que brillaba con luz propia en la calle real o en la carrera séptima entre calles 16 y 17, fue todo un emblema de la hotelería “cachaca”, contaba con 18 habitaciones, algunas con baño privado que eran para uso exclusivo de las damas. El hotel que resultó ser la más elegante mansión de Bogotá fue el primero en uniformar a sus trabajadores con corte inglés y botones dorados. La noche tenía un costo de cuatro pesos, como dirían los bogotanos de la época, “un jurgo de plata” pero dicen los inveterados que el servicio bien valía la pena porque era un servicio “chirriadísimo”.

En 1948 luego del terrible episodio del “Bogotazo” el Hotel Regina fue destruido y quemado. Con ese imborrable suceso quedaron atrás entre los escombros, 27 años de historia hotelera. El bello hotel de la Bogotá romántica experimentó una jornada trágica y con ella pasó a la historia la casa hermosa de tres plantas en donde se ofrecía servicio de restaurante, baño, salón de té y telégrafo.

Pese al evento, el hotel logró sobreponerse y decidió trasladarse a la Carrera Quinta con Calle 15 en 1960 por iniciativa del abogado, Carlos Pinzón Urdaneta, que le vio un enorme potencial a la joya hotelera en el centro de Bogotá. Este hotel está cerca de cumplir un siglo y al igual que muchos, fue testigo de lo malo y lo bueno de la ciudad y del país.

Hoy con demasiados años de experiencia el Grupo GMH sigue vivo y con muchísima vigencia, toda vez que el ser pionero de la gran hotelería le brinda un puesto de honor en la industria. La empresa que pasó por las verdes y las maduras es un ejemplo de constancia, trabajo y empuje por cuanto de cifras negativas, muy por debajo de cero, apeló al ingenio y a la innovación lo que les permitió consolidar marcas como Bussines Hotels o bh, Bussines Suites, bs, Bussines Economic y el esplendoroso Hotel EK. Igual hace parte del negocio City U que consiste en la operación de apartamentos para estudiantes.

A la fecha el grupo económico opera once hoteles que según datos de la firma reportan una ocupación superior al 61 por ciento pues no en vano la firma vendió al cierre de 2017 la no despreciable suma de 40.000 millones de pesos, un resultado contundente que fue hecho sobre pilares de mercadeo y comercialización sin abandonar los novedosos sistemas de reserva.

Dicen que los hombres pasan y las instituciones quedan, pero para eso debe haber un principio humano de fundamentación y laboriosidad que combinado con compromiso y amor logra cimentar grandes emporios que pasarán de generación en generación, y lo cierto es que desde ya el famoso grupo hotelero cierra el 2018 y recibe el 2019 con la meta de seguir fortaleciéndose para que los nuevos administradores de apellido Morales alisten la estruendosa celebración de los 100 años.

A ese paso, vaya que lo lograrán.

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