Sábado, 11 Noviembre 2017 07:41

Técnica única para lavar loza: ¿Quién paga los platos rotos?

En Colombia llegó una empresa alemana que ofrece una técnica ideal para ahorrar agua, electricidad y pérdidas por daños en el momento del lavado. Hasta los contagios gripales tienen los días contados.

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No hay cosa más aburridora o castigo más ejemplarizante que lavar loza, las personas jóvenes ven en este dispendioso oficio de humedecer, enjabonar, estregar y juagar un pasatiempo a la brava que resta felicidad en las tardes, en las noches o que simplemente arruina un fin de semana con la lavada del sábado o domingo, días en que posiblemente vino a almorzar la tía, el tío, los primos y si es del caso otra tía y la abuelita.

Justo en ese momento llega la frase marcial y lapidaria, ¡María a lavar la loza!, y la respuesta llega de inmediato, ¿y por qué mami?, mi hermana no está haciendo nada, en fin, son los pormenores de una directriz que termina con la lavada de “chismes” como dicen en la Costa Norte o juagando “tiestos”, palabra muy del interior del país.

La loza, es decir platos, pocillos y vasos han estado acompañando al hombre durante siglos pues en ellos se sirven los alimentos que unen amorosamente al núcleo familiar, pero lo que lo desunen a la hora de determinar a quién le tocó semejante trabajo. Hay casas en las que este oficio se determina por turnos y otras en las que manda el sorteo, en fin, es la loza una serie de piezas llamada vajilla la que ha dado de qué hablar durante largos años.

Cabe precisar que no todas las culturas utilizaron loza o recipientes, basta con ver el modo de vida de los Hunos que cazaban y cosían la carne entre la piel del caballo y la silla de montar. Sencillamente la carne se iba cociendo en la espuma de sudor del acalorado equino. Sui, qué asco, pero eran formas de alimentarse.

La loza o los recipientes no fueron exclusividad de los chinos, de los europeos y de los imperios greco-romanos, también fue una herramienta y un componente de calidad de vida en las familias prehispánicas como la Chibcha, las Muisca, la Maya, la Azteca o la Inca, por citar algunas. Los historiadores han podido determinar comportamientos y formas de vida a partir de la loza o de la orfebrería casera.

Todo este compendio nos sirve para decir que los recipientes del hogar, de los restaurantes y de los bares, se ha lavado, pero de la manera menos indicada porque una característica del lavado de loza actual es que la vajilla o los vasos quedan contaminados, siendo una pista o una pasarela para bacterias y agentes patógenos, generalmente virus y otras enfermedades. Como si fuera poco en el balance de las empresas, léase restaurantes u otros, las pérdidas sumadas asustan porque entre copa rota y plato roto, el hueco se va agrandando y la rentabilidad se torna compleja.

El director de Winterhalter Andina en Colombia, David Peris, habló con Diariolaeconomia.com y aseguró que el problema del mal lavado de la loza o de los vasos en bares y restaurantes llegó a su fin con la tecnología que ofrece la compañía alemana que representa toda vez que en once meses que la empresa lleva en Colombia focalizó un nicho de mercado muy grande el cual tiene que ver con la higiene en restaurantes, en hoteles, en minería y en cualquier oficio que requiera lavar algo. En este caso se aborda el lavado de copas, loza, canastillas y de otros utensilios.

La empresa llegó al mercado para transmitirle al cliente la cultura del lavado lo que quiere decir que se tiene un producto higiénico con ahorro de servicios públicos, productos químicos para el lavado y con el personal que demanda esta tarea. A todo lo anterior se suma a un valor adicional y es el cuidado con el medio ambiente.

La firma hace presencia en 49 países actualmente y tiene una experiencia que le permite llevar soluciones a los negocios de comida y bebidas con el fin de que puedan ofrecer calidad acompañada de limpieza o asepsia al 100 por ciento en toda actividad en la haya operación de lavado. Para ese fin está la tecnología de Winterhalter, uno de los mejores ejemplos de empresa familiar de éxito.

La revolucionaria técnica de lavado aparta el posible contagio de enfermedades porque al hablar de temperatura, básicamente entre 30 y 60 grados centígrados, es cuando hay mayor proliferación de bacterias lo que hace que se tenga una temperatura correcta que elimine las bacterias o virus en el objeto a lavar.

“Hay un proceso de lavado en el que, con detergente a una temperatura de 65 grados, hacemos el proceso del lavado, posteriormente hay un enjuagado o aclarado como se dice en España que se puede hacer a 85 grados durante cinco o seis segundos junto con abrillantador que sirve también de secante para que cuando salga de la máquina, el objeto salga mucho más seco, cuando hablamos de equipos de carga frontal que puede servir para la barra de un bar o para un punto de un centro comercial que ofrece un pequeño espacio y los hay de capota o de cúpula que son aquellos que se levantan con la fuerza de los brazos son generalmente sin secado y aquí el producto es el que ayuda a ese proceso”, explicó el señor Peris.

Anotó que cuando se habla de equipos más contundentes o los llamados trenes de lavado que pueden lavar 1.800 platos en una hora, y que puede ser muy eficiente en un cáterin o en una planta industrial, estos equipos sí llevan módulo de secado y hasta de soplado. Dijo que en el lavado de plásticos como es el caso de las canastillas es muy difícil que se sequen saliendo del equipo directamente, entonces producto, secado y soplado hacen eficientemente la tarea.

En la operación de lavado de loza hay que tener en cuenta que intervienen mano de obra, agua, químicos y tiempo sin dejar de lado las roturas y allí es donde el cliente no es consciente porque no hace los cálculos de los costos reales del trabajo porque de lo contrario no sería solamente el diez por ciento de los puntos en los que hay una operación de lavado en Colombia los que tienen un equipo para esos menesteres, serían miles y lamentablemente no es así.

“Nosotros hemos ido a hospitales, a colegios, restaurantes y a los hoteles, pero la tónica de este país es que se lava a mano con unas personas determinadas, es decir que no existe esa cultura de lavar bien”, apuntó el vocero.

Recomendó no mezclar vasos u objetos que no tienen grasa con los que tienen grasa porque es por ello que se transmite ese fastidioso olor a huevo, lo que dice que la labor de lavar con grasa y sin grasa debe hacerse por separado, evitando esas mezclas nauseabundas.

Cabe precisar que un equipo lava-copas de Winterhalter, consume 2,4 litros de agua cuando son lavadas 18 copas que salen perfectamente limpias e higiénicamente correctas para luego no tenerlas que pulir manualmente porque gracias al producto químico que es el abrillantador usado para el juagado, hace que al secar no se tenga que pulir lo que conlleva a ahorrar, agua, producto, mano de obra, tiempo y roturas.

Si bien no hay estudios, los cálculos dicen que muchas personas utilizan hasta un litro y medio de agua por copa en promedio, aspecto que no coadyuva con el ahorro de agua y que de manera paralela significa un gasto adicional y desproporcionado en ese servicio público vital.

La tecnología Winterhalter tiene una ventaja y es que puede ajustar la fuerza hacia el objeto que se va a lavar, asunto que garantiza celeridad, limpieza pura y la permanencia de una pieza de vidrio que no se romperá.

Los equipos para lavado de loza y vasos parte de unos precios que van desde los 14.7 millones de pesos, pero de acuerdo a la composición del equipo con base en las necesidades, el precio puede aumentar. El precio inicial es para un equipo lava-copas que tiene una capacidad de 16 piezas o 16 platos de loza.

Una copa que tenga muestras de labial puede lavarse de manera eficiente en un minuto y medio.

Winterhalter, vende 40.000 equipos anuales teniendo en cuenta que hay rotación, dejando claro que las condiciones de trabajo varían dependiendo del sitio en donde operan las máquinas y que finalmente es el factor que determina la vida útil del aparato. Dijo que no es lo mismo el trabajo en un bar, en un restaurante que en una mina, de todas maneras la vigencia de la tecnología de lavado de esta firma está calculada en nueve o diez años.

La empresa tiene filial en México desde hace tres años, en Brasil en donde arrancó siete años atrás, Colombia que abrió en enero y se tiene en la mira Chile para cubrir toda Latinoamérica. Actualmente la empresa tiene mil equipos instalados en Cuba, básicamente en hoteles lo que dice que hay un crecimiento importante porque muchos más hay instalados y operando en Brasil, en México, así como en países como Perú, Chile y Argentina en los que la marca crece a través de distribuidores.

“En América Latina, se está lavando loza muy mal porque no se utilizan las temperaturas adecuadas que garanticen un buen lavado y el exterminio de bacterias y enfermedades. Como el ser humano come en la mañana, en la tarde y en la noche, hay que tener mucho cuidado, pero la gente no es consciente y eso es lo que hay que enseñar. Hay que partir por las inspecciones y en Europa estamos acostumbrados a que haya inspecciones de sanidad aleatorias en cualquier momento y cuando nadie se lo espera, las cuales han terminado con el cierre de negocios por precario lavado o mal almacenamiento de alimentos. Es por eso que el lavado de loza y vasos es un aspecto que debe tenerse muy en cuenta”, señaló Peris.

Anotó igualmente que con el crecimiento del turismo vendrán mayores exigencias lo cual obliga a tener cuidado y a adoptar tecnologías para cautivar clientes con lavado y con la higiene.

Un vino de 300.000 pesos servido en una copa sucia, rayada o inadecuada hará que el cliente extranjero no quiera beber el atractivo vino, Caso opuesto si hay limpieza, no solo habrá más consumo de vino sino de alimentos y de los productos que el sitio ofrezca. Según el experto en lavado, el extranjero es una persona acostumbrada a comer bien y a beber igual, lo que hace que el restaurante o el bar se prepare y ofrezca ese valor agregado para poder atraer ese tipo de cliente.

Esta máquina, capaz de lavar finas copas de cristal o loza delicada opera de manera fácil porque una vez el utensilio esté listo para el lavado se cierra una puerta para luego seleccionar el programa necesario en donde convergen, temperatura, presión, tiempo y dosificación de los detergentes, así como los químicos, luego se oprime un botón se espera que termine la operación, se extrae la cesta para dejar secar por unos segundos y luego introducir más copas.

En 70 años de experiencia, la empresa cuenta con el aval que da la calidad de los equipos y la confiabilidad razón más que suficiente para no competir con otras marcas sino con un producto óptimo, con inmejorable servicio y con una elevada rentabilidad.

Sobre el mercado colombiano, Winterhalter reconoció que como en todo comienzo, las cosas suelen ser difíciles más teniendo en cuenta coyunturas como la contracción de la economía de la devaluación en vista que el euro sigue muy fuerte.

La firma tiene dos plantas en Alemania, una planta en Suiza y otra en el Reino Unido lo que explica el por qué el producto llega con un valor alto lo cual no es problema porque con la presencia directa, se puede ajustar un poco el producto con los márgenes y con ello no se depende de terceros lo cual ayuda en gran medida.

“En Colombia estamos poniendo las semillas en el mercado asistiendo a eventos como el Congreso de Acodres, el de Cotelco y Alimentec que se lleva a cabo en Bogotá. Aparte de eso hay una colaboración que hacemos con una empresa alemana de cristalería llamada Riedel, hacemos también cata de vinos en las cuales convocamos a propietarios de restaurantes y bares para enseñarles que el mismo vino en diferente tipo de copa cambia el sabor. El miedo por tener copas de gran valor desaparece porque ya saben que tienen una tecnología para lavar con eficiencia, con ahorros y sin el riesgo de la rotura”, expuso.

La industria Winterhalter nació en Friedrichshafen Alemania en 1947 cuando el señor Karl Winterhalter arrancó con un emprendimiento bastante sugestivo como lo fue crear productos para el hogar con los desechos que dejó la segunda guerra mundial. En ese momento desarrollo electrodomésticos, equipos y un año más tarde lanza al mercado el primer lavavajillas y a partir de ese producto la empresa se especializa en sistemas de lavado industrial.

Ya han pasado tres generaciones en la empresa del inquieto señor Winterhalter y la empresa familiar que sigue siendo sólida y muy dinámica demostró que para estar en las grandes ligas del mercado no hay que estar al amparo de una gran corporación o en un fondo pues a fuerza de trabajo se ha mantenido en el mercado. La firma vende anualmente 300 millones de euros en todo el mundo y todo porque ha acudido a la experiencia de sus ejecutivos que supieron acomodarse a las diferentes circunstancias de la economía.

Finalmente nos llamó la atención de un empresario de Santa Marta que estableció que al mes en su restaurante se rompen en promedio 25 copas al mes lo cual sumado anualmente implica una pérdida importante. Esa venta seguramente fue cerrada porque aparte de evitar roturas, el sistema ahorra dinero y es muy eficaz en aspectos de tiempo e higiene.