Domingo, 06 Mayo 2018 03:15

Extranjeros miran negocio funerario en Colombia: Inversión de más allá

La industria funeraria ha crecido y se ha modernizado de manera tan importante que ya los empresarios exógenos ven opciones muy sugestivas en Colombia.

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Podría decirse sin temor alguno que en ese gigante y perfecto árbol de la creación, el fruto más preciado es la vida, pero de manera paralela el gran interrogante, el enorme temor y quizás la mayor espera tiene que ver con la muerte y todo lo que ésta acarrea. Hay que precisar que la muerte es sinónimo de luto, de duelo y profundo pesar ya que generalmente toca las puertas del recuerdo afable de quienes partieron para siempre y que dejaron un legado o una evocación magnánima. Igual esta situación les llega a los poco amables, a los mal queridos y a quienes azotaron pueblos y naciones.

La muerte siempre nos ha acompañado, es ella motivo de prevención, de cuidados y respeto, pero igual ha llegado por ignominia, deseo desproporcionado de poder, ambición, malos sentimientos y abuso. La temida parca ha marcado capítulos terribles en la vida del ser humano los cuales fueron acompañados por rituales, decoros, lágrimas, y muchísimo pesar. Fue la consecuencia de las guerras, de la peste Bubónica o Muerte Negra que cobró 25 millones de vidas en Europa, y entre 40 y 60 millones en África y Asia, haciendo del siglo XIV el más nefasto para la humanidad.

Las epidemias drogas, depresiones, ratas, accidentes, guerras, delincuencia y múltiples patologías han matado cantidades inimaginables de personas y el mismo desarrollo de las sociedades se llevó a cantidades de seres humanos en vista que las industrias no manejaban prevención y la sola aparición de los coches tirados por caballos dejaba cientos de cadáveres en las calles de Inglaterra y de las nacientes ciudades del Viejo Continente. De ahí en adelante y con muchos más acoplamientos como el motor y la tecnología, la muerte fue encontrando nichos muy apropiados para decir presente.

Los ciclos cumplidos y la certeza que habrá que dejar el cuerpo hace que muchos, que una gran mayoría sea cada vez más consiente de la preparación que debe hacerse para emprender el que puede ser el viaje fijo y el más determinante de la especie humana. Años atrás la muerte se veía como un tremendo costo, como un súbito egreso y como un problema para nada de poca monta, actualmente la facilidad de pagar por anticipado ese boleto, hace que las familias deleguen en expertos el manejo del último adiós.

En Colombia el negocio prospera desde hace más de 130 años pues en plena colonización antioqueña, ya migraban a Bogotá los pioneros de una industria que fue afianzándose luego de sacar el oficio funerario de los hogares para hacerlo empresa y volverlo un servicio esencial que alivia de por sí las cargas a los dolientes.

El Vicepresidente del Comité Nacional de Funerarias afiliadas a Fenalco, Armando Franco Lindarte, habló con Diariolaeconomía.com y reveló que el crecimiento del sector funerario y el fortalecimiento de las opciones despertó el interés de inversionistas extranjeros que hoy quieren apostarle a Colombia con capital y experiencia.

Teniendo en cuenta que el servicio funeral en Colombia está muy bien calificado hasta el punto de ser los terceros en América y con un modelo que está siendo observado en Argentina, Brasil, México y en España en donde pese a tener un tipo de laboratorio diferente que puso los tanatorios al nivel de los colombianos en donde hay una preparación del cuerpo que implica arreglo facial, restructuración y otras mejoras que les permite a los seres queridos junto al tesoro más preciado que eventualmente han perdido.

“En ese sentido Colombia tiene una calidad muy alta de servicio y de imagen a nivel internacional lo cual llamó la atención de algunas empresas que estarían dispuestas a llegar al país con sus respectivos portafolios, asunto que resulta afable porque es una manera de reconocer que la competencia colombiana es fuerte por sus visibles adelantos”, aseveró Franco Lindarte.

Las empresas del sector funerario que miran a Colombia son diferentes lugares por cuanto los hay chilenos, americanos y españoles, estos últimos del Grupo Santa Lucía que ya aterrizó en el mercado nacional y que se conoce como una corporación importante y de gran recorrido en la industria funeraria.

Esta firma llegó a Colombia con el Grupo Fundación Social, dueño del Banco Caja Social y de la aseguradora Colmena, conglomerados que acordaron un negocio de 50-50 en la actividad funeraria, pero también en otros frentes como casas de descanso para la tercera edad y actividades recreacionales.

Los servicios cambian y con ellos las tendencias y es así como en Bogotá el 42 por ciento de los servicios terminan en cremación y el 58 por ciento en inhumación. De todas maneras la tecnología avanza y atrás pueden ir quedando los hornos crematorios porque pueden llegar otro tipo de procesos como la hidrólisis alcalina que consiste en desintegrar el cadáver con químicos buscando la mínima contaminación.

Fenalco asegura que las empresas tienen que prepararse para prestar un servicio eficiente y con un adecuado concepto higiénico así como sanitario de la normatividad que avale la autoridad colombiana.

Las funerarias no crecen, pero se sostienen, lo cual se explica en que el sector no ha subido tarifas, es decir que amén de la inflación y otras variables, el sector se ha sostenido siguiendo con una participación del 0,12 por ciento dentro del PIB.

No lejano de la realidad, el también presidente del Comité de Funerarios, Parques Cementerios y Cementerios de Bogotá y Cundinamarca, afirmó que prestar el servicio funerario se hizo fácil en Colombia, pero expresó que lo traumático se vive en las EPS y en todo el sector de la salud que atraviesa por una situación terrible e inhumana en donde muchos fallecen en condiciones lamentables. Las funerarias evolucionaron, dijo, y están para mejorar permanentemente la prestación de un servicio funerario que es lo último que se le brinda a un ser querido y es por ello que la industria no para en explorar las mejores opciones para el adiós partir.

Funerarias, un negocio sostenible

A criterio de Franco, dentro de su composición, la industria funeraria prácticamente no ha tenido grandes cambios, pero aclaró que el sector ha venido creciendo en relación con el cumplimiento de la normatividad en donde hay que destacar la importante generación de empleo que ofrecen las empresas funerarias. Lo anterior dice gratamente que los servicios exequiales dieron el gran salto de la informalidad a la formalidad porque la mayoría de empresas tienen personal contratado que goza de los beneficios de seguridad social y de la política laboral. Precisó que quienes no están contratados, perciben su ingreso y sus prestaciones a través de servicios.

El sector de las funerarias cuenta con 2.582 puntos de atención, con 1.175 funerarias, 950 cementerios y 79 parques cementerios lo cual en conjunto suma más de 30.000 empleos directos aproximadamente, pero que sumando los componentes de la cadena, la cifra puede subir a 150.000 puestos de trabajo de manera indirecta.
La formalización obedece a la búsqueda de un inventario real de todo lo que la actividad tiene como generación de empleo.

“El gran beneficiario ha sido el doliente, quien utiliza los servicios y la misma previsión porque esta ofrece unos valores agregados bastante útiles y un servicio humanizado y decoroso. De igual manera las empresas prestan la asistencia y la orientación antes de, en el y en el pos servicio”, expuso el señor Franco Lindarte.

El número de fallecidos en Colombia que en 2017 fue de 213.571 mantiene sus promedios, pero a nivel estadístico el número bajo de acuerdo a la población. Esa tendencia hizo que se hiciera un re-direccionamiento en el servicio que sigue en un 62 por ciento por algún tipo de previsión, prepago o afiliados y a la previsión exequial. Hay un 30 por ciento que viene de manera directa el cual ha descendido y las funerarias siguen con un tres o un cinco por ciento en promedio de prestación de servicios sociales en relación con el total de personas fallecidas.

Durante 2017 fueron prestados en Bogotá 36.643 servicios que fueron atendidos por las mismas empresas de previsión, por las funerarias y por los parques cementerios toda vez que la expansión está congelada, volviéndose lo anterior una talanquera para el crecimiento y el desarrollo permitido, no obstante si hay un mejoramiento en relación en la prestación de servicios con valores agregados.

Dentro del Plan de Ordenamiento Territorial, POT, hay algunos asuntos que tienen al sector estático y tan solo hay una proyección de la administración distrital que busca acondicionar unas salas de velación en los cementerios para prestar servicios también complementarios lo cual se ve como una competencia desleal y con malas prácticas más si se tiene en cuenta que la capacidad instalada del sector privado está siendo subutilizada.

“Nosotros tenemos 103 o 104 servicios diarios y las salas de velación que tiene el sector privado con todos sus laboratorios y adecuaciones da para atender 190 servicios lo que muestra que el sector está en un 50 por ciento de acuerdo a esa capacidad instalada. La propuesta que se ha hecho es que se busque a nivel público-privado, una solución con una proyección de mejoramiento del servicio entre las dos entidades. También se busca en la proyección del POT el que se permita montar más funerarias para que les queden cerca a los entornos de determinados barrios y comunidades que no tienen el servicio”, expuso Franco.

El crecimiento de la cremación ha hecho que ya no se requieran grandes extensiones de tierra para hacer un servicio de destino final, sino todo lo contrario, unos terrenos muy bien aprovechados en altura y a profundidad, eso sí con un servicio muy adecuado en donde la innovación sea el común denominador.

No sobra indicar que los lotes en parque cementerios vendidos años atrás eran adquisiciones a perpetuidad, con escritura pública que avalaba la permanencia de un cuerpo sepultado. A raíz de la explosión demográfica y de un crecimiento poblacional fueron cambiando las condiciones y se le permitió al sector reutilizar los lotes vendidos a perennidad y fue permitida la cremación y la edificación de bóvedas en altura.

Hay que decir que las empresas del sector siguen apostándole a la innovación, razón por la cual siguen los eventos anuales en donde son invitados expertos y conferencistas internacionales que hacen aportes muy importantes para la industria. Las funerarias iniciaron la profesionalización en el año 2000 y pese a que costó mucho romper paradigmas, logró dar un giro hasta llegar a equipos multidisciplinarios y a la contratación de verdaderos profesionales en cada área. El avance es tan relevante que inclusive hay asistencia para el duelo lo que ha hecho que sea posible contratar psicólogos, es decir que en general hay un equipo profesionalizado en la prestación de servicios de calidad y en el mejoramiento permanente de una actividad que suele ser muy dolorosa, muy humana y muy sensible, es decir que hoy hay un producto noble, pero extremadamente delicado que es el resultado de hacer las cosas muy bien.

En Colombia la actividad funeraria tuvo un cambio radical porque se pasó de un país estrictamente católico a uno con múltiples credos, una razón más para auscultar mejoras de servicio y atender a todos los dolientes. A nivel regional hay variedad en la prestación de los servicios, precisamente por tradiciones y costumbres diversas, verbigracia la Costa Norte, Nariño, el Pacífico y algunas zonas del centro del país.

Lo anterior, comentó Franco, llevó a buscar mejores opciones de servicio, a profesionalizar y buscar certificaciones ISO y otras a nivel nacional e internacional.

“Las cosas sin duda mejoraron en el sector funerario que hoy le muestra a una sociedad apática frente a los temas de la muerte, que la expiración, siendo una situación real, puede prevenirse más no evitarse o postergarse, es decir que hay unas opciones que pueden solucionarla de manera preventiva. El tabú del deceso quedó atrás y es por ello que ahora resulta más fácil vender servicios de previsión exequial o soluciones prepagadas porque otrora el tema no era fácil ya que culturalmente fuimos educados con pavor hacia la muerte o como esa amenaza que evitaba cualquier conversación sobre el deceso y la manera de apalancar ese gasto”, apunto el experto.

El cliente, según Franco Lindarte, entendió que hay unas necesidades humanas que deben ser atendidas profesionalmente y con grandes beneficios a los que se accede con una mínima cuota de pago a la previsión exequial y que cubre hasta diez personas en una familia, es decir, la gente aprendió a hablar de su muerte y de cubrir el gasto de la mejor manera.

A la fecha hay varias modalidades de previsión y es por ello que existe el ofrecimiento puerta a puerta, el empresarial y el colectivo que es el de grandes empresas o grupos empresariales. El nuevo concepto permitió diseñar diferentes planes para darle cubrimiento, no solo a una población vulnerable, sino también a una población interesante de los estratos cuatro y cinco.

La previsión es muy importante porque el costo funerario es Colombia, como en otras latitudes, no es asunto fácil porque pese a que hay servicios económicos, intermedios y tipo VIP no siempre son de rápida solución de acuerdo al momento del deceso. Un servicio integral de funeraria y destino final puede costar entre 1.2, 1.5 y hasta dos millones de pesos.

En el precio influyen variables y servicios complementarios a tener en cuenta como el tipo de sala, en donde será utilizado el servicio, el tipo de coche y el tipo de cofre, aspectos que pueden alterar los costos del valor real del servicio. En destinos finales hay igual opciones porque son productos que se pueden tomar en arrendamiento, en usufructo por cuatro, por cinco, por diez, por veinte o por cincuenta años. Lo mínimo que son los cuatro años a nivel distrital o municipal tiene unos costos variables muy posibles a cualquier tipo de persona de estrato uno.

Un servicio VIP tiene costos elevados porque se toma de acuerdo al gusto del interesado y es por ello que una cripta en mármol de unidad familiar puede costar entre 10 y 20 millones, dependiendo del sitio y del tipo de trabajo. La bóveda cuesta estre1.5 y dos millones de pesos, lo que dice que el sector diseñó esa variable para que el cliente escoja de acuerdo a su necesidad y finalmente quede satisfecho, obviamente teniendo en cuenta su capacidad de pago.

Por ser un servicio prioritario en la canasta familiar, las nuevas disposiciones tributarias no golpearon a las funerarias porque es un producto exento de IVA, aclarando que se trata de una solución integral.

La contracción de la demanda igual no se notó porque la muerte no sabe de esas coyunturas y adicional a eso el colombiano aprendió responsablemente a manejar su presupuesto con un criterio de costos y de gastos, buscando la forma de encontrar una solución a muchas situaciones en donde hay necesidades primarias, secundarias y de todo tipo.

Franco sostuvo que afortunadamente el sector funerario está cumpliendo, es decir que entrega y presta un servicio de acuerdo a lo convenido y a los contratos pactados con el cliente, en lo que se es supremamente cuidadoso porque por encima de todo lo importantes es plasmar lo pactado en aspectos tales como seriedad y en una imagen robusta que sigue avanzando en portafolio y en calidad de servicios.

La muerte, un hecho humano y cultural

Las grandes culturas fueron de una admirable exigencia funeraria y por eso en las grandes civilizaciones, la muerte era motivo de arte, congregación, inversión y de todo tipo de creencias pues algunos al ser inhumados, contaban con la presencia de su caballo a la salida de la cripta porque algunos europeos pensaban que el equino podría ser requerirlo ante una eventual reencarnación de su dueño.

Los cuerpos fueron cremados, enterrados o embalsamados, práctica muy frecuente en el antiguo Egipto. La historia reciente da cuenta de una experiencia poco aconsejable en algunas tribus de África que no inhumaban sus muertos sino que los dejaban abandonados en las sabanas en donde eran devorados por leones y otros animales. El asunto fue tan delicado que muchos aseguran que por eso los leones de la región del Tsavo fueron convirtiéndose en devoradores de hombres, a tal punto que ocasionaron la lamentable tragedia en 1898 de los ataques de dos enormes felinos de esta especie a los trabajadores del ferrocarril que unía a Kenia con Uganda, obra que se erigió sobre el río Tsavo. Los leones mataron y devoraron decenas de obreros y después de muchos años fue muy famoso el libro “Los Demonios del Tsavo”.

Tan ceremonial como importante fueron los entierros en la América precolombina puesto que la muerte se tomaba como un largo viaje al cual se iba con chicha y productos del maíz.

Como se puede ver, la muerte trae todo tipo de componentes y es genio y figura, literalmente hasta la sepultura. Hoy los decesos pesan de manera importante en la economía mundial y hacen parte de un mundo que gira más rápido y que ve en la icónica calavera con fémures atravesados, una muy buena prospectiva de negocio y de mayor competitividad.

Las funerarias en Colombia empezaron a operar en el siglo XIX, las entonces agencias mortuorias tenían en su lánguido portafolio la venta de ataúdes y el transporte. En 1887 llega a Bogotá, proveniente de Medellín, el señor Mariano Gaviria, quien fabricaba muebles y cofres por encargo. En ese tiempo muchos mandaban hacer su ataúd y lo conservaban para el día de su funeral.

En 1948 cuando el grupo Gaviria abre la primera sala de velación, debió esperar cuatro largos años para estrenarla por cuanto no existía la cultura de la velación por servicio y esa práctica era exclusivamente para los hogares que asumían todos los menesteres pos muerte. Hoy las funerarias son empresas muy sólidas y verticales, algunas se hicieron supremamente fuertes en el sector cooperativo hasta lograr un posicionamiento interesante.

Aseguran quienes conocen del tema porque han lidiado con él, que ni en los cementerios ni en las funerarias hay fantasmas o apariciones, ya que esas versiones no comprobadas hacen parte del morbo y la especulación de la gente.

“En las funerarias hay que tenerle miedo a los vivos que son aviones o avivatos y asustan con toda seguridad en las EPS cuando de entrada cobran la cuota moderadora”, apuntó el versado.

La única crisis funeraria de consideración la vivió Colombia el nueve de abril de 1948 con el “Bogotazo”, porque hubo muchos muertos y la oferta funeraria era insuficiente lo que obligó a las autoridades a recurrir a las fosas comunes porque estaba en riesgo la salubridad. En medio de la emergencia fueron usadas fosas comunes en varios sitios de la capital, básicamente en el Cementerio Central y en el del sur.

Al barrio Las Cruces fue llevado un grupo considerable de cadáveres y por eso cuando pusieron la pila del parque y cuando montaron la primera bomba de gasolina, encontraron restos humanos al momento de hacer las excavaciones para las obras en mención.

El Cementerio Central, declarado Monumento Nacional, es el más antiguo de Bogotá al ser construido en 1836 tras la inspiración de Pio Domínguez y Nicolás León, en la presidencia de Francisco de Paula Santander, pero ya había un precedente cuando el Libertador Simón Bolívar, entregó un predio que serviría de cementerio para la legión inglesa que luchó en la dura campaña libertadora.

En Colombia debieron hacerse concesiones para construir cementerios de ciudadanos de otras religiones lo que le dio vida a campos santos como el inglés, el alemán y el judío. En tiempos añejos, acabando el siglo XIX existía el cementerio civil que recibía a los excomulgados, suicidas y a los llamados herejes. Fue allí a donde fue trasladado yerto el poeta, José Asunción Silva, quién cegó su vida en 1896. Después de largos años su cuerpo fue finalmente al Cementerio Central.

Esta síntesis de la muerte y de un negocio que avanza y progresa, enseña cómo se pasó del féretro y el servicio al cementerio, a todo un portafolio de servicios integrados y fáciles de adquirir que facilitan las vida de los que quedan y la tranquilidad de quienes se van. Es tan grande lo conseguido que ya hay inhumaciones vía Internet para que los dolientes asistan a la distancia, al sepelio del ser querido.

Hoy la muerte se hace más fácil y de alguna manera el nuevo concepto de asumirla conlleva a que ésta llegue sin generar espanto en las familias que antes la veían como una tragedia económica y humana. En estos tiempos es mucho más fácil aceptar el deceso y saber que no hay problema si posiblemente suenan las campanas.

Me llega a la mente una divagación del escritor y poeta Antonio Machado, “La muerte es algo que no debemos temer porque, mientras somos, la muerte no es, y cuando la muerte es, nosotros no somos”.