Domingo, 03 Junio 2018 08:12

Narcotráfico versus industria: La ropita China "se lava" en casa

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Los empresarios agrupados en el emblemático GranSan aseguran que los confeccionistas agregan valor con innovación, creatividad y diseño, pero dicen que resultan castigados por el narcotráfico.

Los empresarios colombianos han mostrado su capacidad, su ímpetu y toda su imaginación para no desaparecer del sitio que les corresponde, porque se lo ganaron a pulso, trabajando muy duro y como se dice muy a la colombiana, “haciendo de tripas corazón”.

Infortunadamente esos colombianos matriculados en el mundo empresarial, en las pymes y en las microempresas que llegaron a ser las máximas generadoras de riqueza, empleo y tejido social, hoy con cargo a la apertura económica del doctor Gaviria, a los favores hechos a las firmas de gran formato, a una carga tributaria impía bastante parecida a la de los diabólicos reyes del medioevo, y a la infame práctica de lavado de activos, están a la fecha en vía de extinción.

La tragedia social por la que atraviesa hoy Colombia demuestra con creces que el modelo económico fracasó, que la miseria campea, que los indicadores de corrupción espantan, que la exclusión parece política de estado y que los niños que mueren de hambre ya no son un lío ni siquiera para la proba y exigente OCDE.

El país viene muy mal, y los colombianos cada vez más empobrecidos buscan alternativas para comer, para vestirse y para no borrar del todo ese concepto inherente a la lógica y a la Constitución llamado dignidad y derecho. Muchos en el rebusque tratan de ahorrar para contar con la liquidez que les permita cubrir sus cuerpos con prendas presentables y otros que leyeron la realidad y el mercado optaron, afortunadamente, por fabricar con calidad, buen diseño y precio, la ropa de los colombianos del siglo XXI.

En la carrera décima con calle décima, en pleno sector de San Victorino, allá en donde pasan taciturnos los fantasmas de Bogotá, el movimiento de carros, buses y personas es a la luz del día, permanente y casi eléctrico. Miles de seres humanos buscan hacer sus diligencias de notariado, financieras, eclesiásticas, universitarias y de comercio en este legendario sector de Bogotá por donde pasó el tranvía y por donde pasaron energúmenos los adeptos al “Negro Gaitán” aquella fatídica tarde del nueve de abril de 1948.

San Victorino fue de todo en la capital porque tuvo exclusividad, calidad de vida y opulencia, pero la explosión demográfica fue devorando la ciudad y una creciente población flotante que resultó siendo permanente le cambió la esencia al sitio hasta llevarlo al ocaso y de allí al caos general, símbolo de inseguridad, informalidad y descomposición social.

Solamente la apuesta de unos visionarios le devolvió la grandeza a un sector vetusto, pero muy importante de Bogotá ya que vino una inversión y lo que fue un lugar quizás estigmatizado, pasó a ser el indiscutido referente de la moda bogotana.

En 1998 nace en el aún llamado centro de la capital, la “Súper Manzana Comercial”, negocio que ya venía golpeado por la apertura económica y por una serie de cambios que fueron desmejorando la condición de vida de muchos colombianos. A punta de laboriosidad y experiencia de verdaderos comerciantes el centro comercial resurge como el Ave Fénix y da un salto hacia el éxito que hoy fácilmente, puede decirse, es todo un paradigma en América Latina por cuanto el sitio se afianzó como la plataforma especializada en comercio mayorista.

Después de esa transformación y evolución empresarial, el GranSan logró posicionarse como la oferta de moda a precio mayorista más grande de Colombia y todo un emblema de organización, trabajo, innovación e inventiva. En este edificio convergen por lo menos 1.500 marcas y unas 750 unidades empresariales.

En diálogo con Diariolaeconomia.com, el Gerente del centro comercial GranSan, Yansen Armando Estupiñán Torres, aseguró que por tratarse de un mercado de perfil mayorista que recibe clientes no solamente de Bogotá sino de diferentes partes del país, e inclusive de fuera de Colombia, el emporio ha sentido la crisis económica, la contracción de la demanda, pero con enorme resiliencia toda vez que el mercado se mantiene dinámico.

Fue enfático al decir que no hay ningún tipo de temor a la hora de competir con China porque los empresarios han invertido en innovación, en diseño y en precio, pero aclaró que lamentablemente se lucha contra un flagelo que está en todo y que se conoce como corrupción.

Denunció que el babélico problema de Colombia y de la industria de las confecciones es el contrabando y las grandes mafias que internan productos a tirarlos en el mercado a precios irrisorios con los que nadie puede competir.

“Yo le aseguro que si los chinos llegaran a competir a Colombia en igualdad de condiciones, es decir con el mismo sistema impositivo, con las reglas de política salarial y bajo otros aspectos que nos rigen, nosotros seriamos igual o mejor que ellos, pero aquí en donde los impuestos se llevan el 70 por ciento del trabajo y los servicios públicos otro tanto de gran tamaño, es difícil competir, pero si ellos se instalan en Colombia con esas mismas reglas de juego, le reitero que estamos muy preparados para competirles”, añadió el abogado.

Dijo que el producto chino en confecciones y calzado, generalmente ingresa como contrabando y sin la carga impositiva o de servicios públicos que para el capítulo Bogotá son bien costosos, empero dejó claro que las empresas chinas son bienvenidas si quieren competir bajo esquemas de transparencia e igualdad porque la competencia Per sé es sana y ayuda a despertar, es tan importante que inclusive obliga a incrementar en innovación.

“Hoy la realidad es otra porque ellos, los chinos, vienen y abren locales en Colombia, traen contrabando y adicionalmente nos copian los diseños para luego mandarlos hacer en China con mano de obra esclava porque mientras los empresarios colombianos pagan un noventa por ciento por manufactura, en China a duras penas llegan al diez por ciento porque los empresarios chinos cambian ese rubro por alimentación y dormida. Aquí tienen que intervenir los organismos internacionales, es decir Naciones Unidas, la Organización Internacional del Trabajo, OIT, la Organización Internacional del Comercio, OMC y otros para acabar con la esclavitud porque al parecer lo que aconteció hace un par de años cuando se derrumbó un edifico en Bangladesh en donde se le confeccionaba a Zara y a varias marcas en condiciones extremadamente precarias paso desapercibido”, dijo.

En opinión de Estupiñán, los empresarios colombianos que se revientan el lomo para producir y pagar impuestos costosos, compiten con acciones delictivas a causa de que está entrando mercancías provenientes de Chile, México y de los países con los que hay firmado un acuerdo comercial porque triangulan sin pagar aranceles para decir que lo hacen medianamente bien. Este tema ni siquiera es tabú, explicó el Gerente del GranSan en vista que esa información aparece en la página de la Dirección Nacional de Impuestos y Aduanas Nacionales, DIAN.

El tema de los mecanismos que adoptó el gobierno para combatir el contrabando no han servido absolutamente para nada porque cuando arrancó el primer mandato del actual gobierno fue incorporado el decreto 074 que se fue ampliando, pero durante los últimos tres años las cosas cambiaron y los confeccionistas lamentan que el ejecutivo les haya dado la espalda porque el decreto fue derogado por una supuesta demanda con Panamá lo cual no era necesario porque existían los mecanismos para actuar en favor de la industria nacional, pero aseguraron que por algún tipo de acuerdo las medidas fueron desmontadas.

Escribió que llama poderosamente la atención el hecho de que existan medidas especiales para tres o cuatro empresas productoras de hilos y de telas a las cuales protegen dejando de lado a la industria de la confección que genera más mano de obra que la industria textil.

Tomándole la medida a la coyuntura

Si bien hay mucho trabajo y se apela a la estrategia, las ventas del GranSan han caído a tasas del 50 por ciento aproximadamente, aclarando que los negocios de ropa suelen tener ciclos y picos que ayudan lo cual quedó reflejado en mayo que con ocasión de la fiesta de las madres subió, tendencia que se mantendrá en junio con la llegada de las vacaciones de mitad de año.

“Nosotros en el mercado de San Victorino y puntualmente en el GranSan somos un mercado sui generis porque no trabajamos con las fechas de la Federación Nacional de Comerciantes, Fenalco, pues aquí vienen los mayoristas y los dueños de las boutique a surtir sus negocios para poder vender en las llamadas fechas Fenalco”, declaró el señor Estupiñán Torres.

Un asunto a tener en cuenta es que la estrategia del GranSan está basada en atender de manera eficiente el mercado interno toda vez que la producción del sitio cubre la demanda nacional quedando muy poca oferta exportable sin que ello diga que los empresarios que allí venden, no están en la capacidad de atender un pedido o un mercado si llegase el caso.

Este núcleo de comercio, explica Estupiñán, sigue apostándole al producto colombiano, a la mano de obra 100 por ciento nacional porque la mayoría de manufactura, casi que el 90 por ciento es de Bogotá. Con este modelo, el GranSan genera un empleo de calidad que dinamiza la economía.

Agregó que si un grupo considerable de personas perciben un ingreso por terminar las prendas de vestir, los demás renglones de la economía se pueden activar como la alimentación y el transporte porque sencillamente tendrán la manera de suplir esa necesidad.

Hay un dato de gran envergadura y es que el GranSan viste a Colombia en un 70 por ciento, pese a que el comercio bajó considerablemente por el tema de las elecciones y la incertidumbre que todo ese asunto genera en el gasto de los hogares. De todas maneras la gran despensa de Colombia en lo que a moda se refiere tiene nombre propio y se llama GranSan.

La caída en las ventas que no es una realidad para esconder puesto que hace parte de un escenario nacional crudo y al que hay que hacerle frente. Un ejemplo de la situación es que un almacén que vendía entre 150.000 y 200.000 prendas mensuales pasó a 50.000 y 60.000 prendas, es decir un desplome promedio del 50 por ciento. Lo importante es que con las confecciones comercializadas el negocio sigue siendo viable económica y socialmente.

Cada local o vitrina cuenta con tres o cuatro empleados, pero la firma o fábrica los sigue manteniendo porque hay confianza en un muy pronto repunte de la economía lo cual le da oxígeno a esas familias que dependen de la industria de la confección. En su momento, el GranSan les dió empleo a unas 20.000 personas que mejoraron sus condiciones económicas por cuanto eran requeridas para la venta de ropa, prendas íntimas, calzado, ropa de línea infantil y otro tipo de ofertas como las administrativas, de seguridad y las gastronómicas por citar algunas.

Les compro la ropa, pero chan con chan

El GranSan, buscando eficacia, celeridad y comodidad ha querido implementar diversos medios de pago, pero no ha sido posible consolidar el mecanismo porque la gente sigue pagando en efectivo lo cual les encanta porque ven los generosos descuentos.

Una particularidad del GranSan es que se compara con una fábrica de felicidad y sonrisas porque la gente entra alegre, compra alegre y se va feliz. Eso se explica porque el consumidor adquiere prendas de altísima calidad, de excelente diseño, pero lo mejor, de espectacular precio.

Estupiñán consideró vital de cara a seguir creciendo, el diseño que le incorpora cada marca a las prendas que se venden en el centro comercial.

“Eso es lo que hace que la gente compre al por mayor porque de verdad que son prendas de las que nadie se queja y que están en las mejores pasarelas del mundo, aquí fácilmente están los mejores diseñadores y lo mejor es que no conocen la quietud porque son innovadores empedernidos”, apuntó el Gerente del GranSan.

Es tan exitoso el modelo del centro comercial que muchos quieren replicarlo, inclusive copiando los famosos madrugones, pero quienes lo intentaron no lograron los resultados del gran centro comercial de Bogotá porque tiene unos componentes importantísimos de asociatividad, de competitividad, creatividad, promoción y mercadeo que es lo que hace tan atractivo este negocio.

Otro valor agregado es que las marcas que exhiben en el GranSan invierten y es por ello que envían muestras y diseñadores a diferentes partes del mundo con el fin de actualizarse y ser vanguardista, pues no en vano ven la actualidad en moda como un activo y un atractivo.

El GranSan, su Gerente y sus empresarios están totalmente convencidos que muy pronto volverá la reactivación de la demanda interna y ven en el segundo semestre el momento para que regrese la tan anhelada curva ascendente y logre cerrarse el año de manera exitosa para todo el sector de la confección en el país, que bien merecido que se lo tiene.

Este es el GranSan, un centro comercial que trabaja para seguir posicionándose como líder en la confección nacional porque la meta es tener ese sello de 100% colombiano ya que en la actualidad la meta va en un 97 o 98 por ciento. El tres por ciento restante, firmó Estupiñán, tiene que entender que el producto importado no puede estar por encima del producto nacional, o de la generación de mano de obra porque según su tesis, una cosa es dar puestos de trabajo en vitrina como lo hace Falabella, el Éxito, otras multinacionales y almacenes de cadena que fomentar empleo formal y de calidad en los barrios así como en localidades de Bogotá, muchas de estas, zonas vulnerables en donde detrás de una máquina de coser hay seis y hasta ocho miembros de la familia haciendo los terminados de las prendas de vestir que comercializa el GranSan.

En este momento hay una realidad difícil porque hay empresas de la confección en banca rota pese a que a finales del año pasado se logró una acción importante contra el contrabando chino en donde el resultado fue la extinción de dominio en 53 negocios, asunto que reactivó al sector y le dio energía para poder cerrar el año medianamente bien.

Otro motivo de disgusto tiene que ver con las tasas arancelarias que estableció el gobierno al expirar el 2017 porque estas solamente favorecen a los almacenes de cadena y a las grandes superficies.

“hay que ver cuantos contenedores está trayendo Falabella y cuáles son los impuestos que está pagando. Allí hay presunción de legalidad y a esa firma la DIAN no le puede decir nada porque existe un principio general del comercio y del derecho que precisamente se llama presunción de legalidad", expuso el Gerente.

En los últimos cinco años, por lo menos el treinta por ciento de las empresas bogotanas cerraron para cambiar de actividad económica como la construcción o el transporte.

Una manera grata de hacer patria es apoyando el talento y la empresa colombiana que lucha por no irse o evaporarse en las calderas del neoliberalismo y por eso los empresarios invitaron a los colombianos a comprar sus prendas en el GranSan, sitio que defiende el empleo, la inclusión y el bienestar desde la capital de muchos colombianos.

Salimos del GranSan con unas calles húmedas y brillantes, señal del invierno que azota al país y vimos mucha gente feliz, ¡claro! les alcanzó el dinero para comprar más prendas y todas de calidad.
Fue un viaje inclusive por el pasado, porque vimos al perenne vecino del GranSan, el Pasaje Rivas, ese que tiene más de 125 años pues fue fundado en 1893 cuando mandaba en Colombia, Rafael Núñez, el Presidente de la luenga Constitución de 1886.

Posiblemente en las frías noches bogotanas, esas que cubren con neblina los balcones o los techos de barro de sectores históricos como San Victorino o La Candelaria, se escuche “El Nocturno” en viva voz de José Asunción Silva, vate invitado de lujo del siempre agraciado sector.

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