Sábado, 20 Octubre 2018 01:58

Sigue la mala hora del calzado colombiano por el contrabando

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Nuevamente los empresarios que sobreviven en el sector del calzado piden un auxilio porque cada vez son más las internaciones de producto con origen en China que están acabando futuro, proyectos, empresas y empleo.

Las quejas no paran, las preocupaciones aumentan y la angustia se apodera de los poquitos empresarios que de milagro subsisten en el tradicional barrio El Restrepo, ese emporio productivo de la localidad Antonio Nariño en el sur de Bogotá que en medio de tantas incidencias le da empleo a por lo menos 43.000 personas en diversos sectores económicos.

El asunto que genera una reacción sobre pilares de pasado y presente no deja de contristar porque este barrio famoso y conocido por la industria del calzado y por un comercio imponente de confecciones y otros bienes, está desmoronándose, su industria cae como un castillo de naipes y parece que no hay una solución inmediata para salvar empresas y puestos de trabajo, todo se ve confuso y el problema cada vez es más complejo, podría decirse que es el vertiginoso río que no tiene orillas.

En diálogo con Diariolaeconomia.com, el Gerente de Calzado Dikkar, Álvaro Castro, aseguró que sin duda alguna todo tiempo pasado fue mejor y puntualmente para la industria del calzado que se desempeñaba en una condiciones de país muy diferentes a las de hoy y cuando aún el salario dignificaba la vida de todos los colombianos, los del campo y los de las ciudades.

Hace muchas décadas, expresó el empresario, había mayor dinámica en la industria y en el comercio. El tema es elemental, según dice, porque no había libre comercio, las empresas trabajaban para un mercado interno en donde había poder de compra y las factorías crecían, brindando garantías sociales puesto que los pedidos eran constantes y las fabricas utilizaban la totalidad de su capacidad instalada. En la década de los setenta y los ochenta, el campo aún era productivo, el trigo, la cebada, el sorgo, el ajonjolí, el algodón y otros productos mandados a recoger, ofrecían ingreso y mayor demanda de bienes y servicios en las poblaciones.

La historia es triste, pero cuando los empresarios eran felices, el país era feliz, la industria prosperaba y el campo florecía con una gran variedad de cultivos que impulsaban la producción de bienes, entre ellos calzado y confecciones, eran buenos tiempos, en esas épocas los colombianos estrenaban, compraban producto nacional y el país crecía. Hoy no hay plata, no hay campo, se acaba el empresariado y reina China con sus productos que según los empresarios ingresan en muchas ocasiones para lavar dinero.

Desde 1991, Colombia cambió, el sistema dio un giro de 180 grados que terminó trastocando la calidad de vida porque se abrieron las importaciones en detrimento dela ruralidad y después el terrible error se afianzó con unos tratados de libre comercio que de nada le sirven al país y que sí por el contrario arrasa con muchos sectores, entre ellos el agro y la industria que hoy compite con China, con el narcotráfico y con el dumping sin que haya fórmula o salida que permita volver a la dignidad tanto de los productores como de los consumidores.

Este compendio parece innecesario, pero vaya que es útil a la hora de identificar líos. Hoy el país tiene agudos problemas de ingreso, es poco lo que puede comprar y por eso muchos nacionales de estratos medios y bajos optaron por comprarle el inventario a China, ya muchos no tienen como comprar un pantalón de 50, 60 o 70 mil pesos, porque la plata no da para ese valor, sin embargo hay pantalones de 20.000 y calzado muy barato que se importa a menos de un dólar, es decir que a Colombia llegan zapatos a menos de 3.000 pesos.

“Aparte de Bogotá y otras ciudades importantes, la industria del calzado le despachaba una buena cantidad de calzado a la Colombia rural y campesina porque al haber mucho trabajo y mucho dinero había forma de vender el producto nacional, hasta la caída del Pacto Cafetero afectó las ventas y se unía a esa series de factores internos y externos que golpearon la industria y las siembras en un comienzo, pero que después optó por arrasar”, expuso Álvaro Castro.

A criterio del fabricante, el problema empezó hace más de treinta años, pero se agudizó hace algo más de 20 años cuando hubo el desplome en la economía agropecuaria que trajo consigo una contracción de la demanda interna que no pudo frenar ningún gobierno pues los presidentes del momento no cayeron en cuenta que en donde se mueve el campo, se mueve todo, pero si el campo muere no hay nada que hacer porque no hay circulante y el poco que llega se destina a las compras de los productores extranjeros.

“Muchas personas están llegando a las capitales a engrosar los cinturones de miseria y a gestar incontables problemas de seguridad, salud y educación entre tantos inconvenientes sociales. El gobierno que recién llega debe tomar medidas porque la clave de reactivar una economía está en los campos para que estos vuelvan a ser productivos y retornen con esas compras generosas que tanta dinámica le dieron a la economía”, dijo el Gerente de Calzado Dikkar.

La magnitud del problema es de tal magnitud que este empresario no cree que el gobierno de turno, por buena voluntad que tenga, logre sacar a Colombia del atolladero en el que se encuentra. Dijo que la tarea es posible única exclusivamente si se logran consolidar sinergias entre empresarios, gremios y gobierno, pero en donde haya una política de estado para la industria y para el campo que garantice el blindaje que necesitan quienes producen alimentos o quienes fabrican productos de primera necesidad.

La empresa de Álvaro Castro fue muy distinta hace 30 años, en ese momento, cuando agonizaba la década de los ochenta y el país era el escenario de las grandes tragedias por asuntos múltiples incluida la naturaleza, había una mayor productividad y la demanda de calzado era muy grande. En esos años se veía la plata, comentó castro, había mucha dinámica, pero de un momento a otro el país cambió, básicamente con esa estocada inicial de la apertura económica que fue el principio del fin de muchas cultivos y de muchísimas empresas.

El asunto es alarmante y las cifras así lo muestran pues hace quince años Castro fabricaba 3.000 pares de zapatos por semana, actualmente la cifra bajó a 500 pares semanales lo que es considerado absurdo con el agravante que no se ve luz al final del túnel.

Un problema a abordar es China que ingresa con un producto con el que resulta imposible competir porque aparte de producir calzado de muy bajo costo, de este país llega mercancía con el fin único de lavar dinero.

“El lavado de activos es visible y eso afecta totalmente la industria y el comercio nacional, pero es hora que el gobierno meta el problema en cintura porque ese es el inconveniente más alarmante y complejo que tenemos quienes fabricamos y vendemos calzado. Hay productos que en otros países son mucho más costosos, pero en Colombia llegan valiendo muy poco, luego todo eso hace atar cabos y conjeturar que nada bueno hay detrás de algunas importaciones”, especificó.

Los empresarios del Restrepo dicen que con calzados a menos de un dólar es imposible competir y aseguran que inclusive el querer hacer un producto diferenciado para exportar resulta estéril porque el mismo narcotráfico daña esos emprendimientos.

El Restrepo dejó el sol de los años buenos para pasar a la nube negra del libre comercio, ese que habla de competitividad y productividad pero que no mide el tamaño de las economías o los flagelos que las azotan, más cuando se trata de esas emergentes como Colombia que son proclives a tantas circunstancias. Hoy los empresarios, esos poquitos y heroicos que quedan, trabajan más y ganan menos pues para competir hay que luchar, y no poquito.

Una de las tablas de salvación de la industria del calzado es el prestigio y ese sello de muy buena manufactura que lo hace importante en Colombia y en otros mercados. La reputación se mantiene y es por ello que mucho siguen haciendo de tripas, corazón para no cerrar la empresa.

En ese proceso de postración industrial a Castro le correspondió presenciar de todo, desde el empresario que producía con mucha calidad para pasar a los productos más precarios, hasta los dueños de fábricas que bajaron la persiana para siempre y cambiaron de actividad porque se dieron cuenta que ya no había mucho que hacer en ese sector de la economía.

La empresa mediana es la que sufre con mucho rigor todas estas consecuencias porque justo es la que más paga impuesto y a la que más palo le dan. El problema de cierres y desempleo inclusive es de todo el país porque hay inconvenientes en Cúcuta, Bucaramanga, Cali, Medellín y desde luego en Bogotá y en este histórico Restrepo que por momentos se resiste, da la pelea porque no quiere salir de un mercado que construyó a fuerza de trabajo, honestidad y talento.

“Hoy estamos arrinconados, estamos sitiados por la carencia de unas políticas públicas en favor de las empresas, nos sentimos solos, muy en el desamparo y por eso ya exploramos otros medios de trabajo porque al ritmo al que viene el calzado, muy pronto será historia patria”, apuntó Álvaro Castro.

Sobre las posibles medidas tributarias para las empresas, el Gerente de Dikkar indicó que esas ayudas posiblemente le lleguen al gran empresario, que generalmente resultó favorecido y dijo que no le extrañaría que al pequeño y al mediano productor les toque pagar los platos rotos de la terrible situación fiscal.

Anotó que los anuncios de alivianar las cargas tributarias de las empresas suenan bien y más si cubren a las pymes, sin embargo recalcó que el tema suena bien, pero cuesta creerlo, quizás por todo lo que ha sucedido con los empresarios en los últimos años que terminaron disminuidos, ilíquidos, endeudados, sin empresa y sin trabajadores.

En 2013 El Restrepo sumaba según los productores unas 10.000 fábricas de calzado, pero con la crisis económica y el efecto China, dicho numeró cayó a 5.000. A finales de 2017 las fábricas ya reportaban algo más de 3.000 firmas manufactureras activas con la terrible probabilidad de seguir cayendo a cifras terribles.

El Restrepo, ese barrio de tanta tradición en calzado y en productos de la más exigente calidad, hoy es un escenario lamentable ya que los antiguos trabajadores que llenaron fábricas y crearon calzado en cifras increíbles, hoy están en el peor de los mundos, tristemente no tienen nada que hacer. En un tiempo iban con algo de esperanza a la iglesia de la Valvanera en busca de recuperar su ingreso, pero eso no fue posible y narran algunos empresarios y vecinos del sector que no pocos artesanos del calzado resultaron en la economía informal y otros inclusive pasaron de ser felices empleados a esa injusta condición de ser habitantes de calle.

Hay problemas muy graves y por fortuna el nuevo gobierno sabe, y mucho de economía, el Presidente, Iván Duque es una persona que bien tiene el país económico en la cabeza y ni qué decir de su Vicepresidente, Marta Lucía Ramírez Blanco, quien tuvo en sus manos un exitoso ministerio de Comercio y quien goza de prestigio y respeto por sus conocimientos. Esa fórmula puede darle una mano al Restrepo, pero igual a toda la industria del calzado y las manufacturas en cuero que poco a poco se van yendo de un mercado que forjaron con mucho trabajo.

Las ventas siguen muy flojas, hay almacenes que están llenos de inventario porque hay meses en que la facturación es inferior al 50 por ciento, lo cual deja ver lo difícil de una crisis que no para y que por el contrario toma mayor fuerza en detrimento de los empresarios colombianos, hoy condenados a decirle adiós a una industria que aprendieron a amar, pero que en medio de pasiones están injustamente muy cerca de claudicar.

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