Jueves, 17 Enero 2019 23:11

Un Brexit sin acuerdo sería el mayor riesgo para la economía británica: FMI

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El Fondo Monetario Internacional considera que la salida del Reino Unido de la Unión Europea sin acuerdo sería el mayor riesgo para la economía británica.

"El mayor riesgo para la economía del Reino Unido sería la salida sin acuerdo", dijo el portavoz del FMI, Gerry Rice. El Parlamento británico rechazó el martes 15, por 432 votos frente a 202, el acuerdo del Brexit propuesto por la primera ministra Theresa May.

De esta manera fue allanado el camino tanto para un Brexit sin acuerdo también conocido como Brexit duro como para su eventual cancelación. May, que logró superar con 19 votos la moción de censura en el Parlamento, comunicó que el Gobierno presentará el lunes 21 de enero un plan para salir de la situación en torno al acuerdo del Brexit.

El culebrón se eterniza

El culebrón del Brexit no ha terminado. Y esta historia casi surrealista puede extenderse hasta el verano después del fenomenal varapalo que ha recibido la primera ministra británica, Theresa May, por parte de la Cámara de los Comunes.

Los 432 diputados del Parlamento de Westminster dijeron un no alto y claro a su plan de desconexión de la Unión Europea (UE) que terminó de discutirse en noviembre, tras dos años de negociaciones. La votación, que supuso la mayor derrota parlamentaria de un Gobierno británico desde 1924, ha puesto en duda todo el proceso, generando más incertidumbre.

May no se amilanó, y arremetió contra los miembros del Parlamento, que no saben cómo implementar la decisión del 52% de los ciudadanos británicos que en el referéndum celebrado el 23 de junio de 2016 votó a favor de abandonar el club comunitario europeo tras 46 años de asociación. Ahora, lamiéndose las heridas del monumental fracaso, la tozuda dirigente conservadora tendrá que presentar, a toda prisa, un nuevo proyecto de acuerdo que contente a los diputados amotinados y aquellos otros que le han puesto palos en las ruedas, especialmente a propósito de los aspectos que hablan de la línea divisoria con Irlanda.

Si Londres abandona finalmente la UE, por las buenas o por las malas, surgirá una frontera física en esa isla atlántica (entre la República de Irlanda e Irlanda del Norte, que pertenece al Reino Unido). Esa obviedad no ha gustado ni un ápice a las autoridades irlandesas, quienes advirtieron que podría desestabilizar la delicada convivencia pacífica entre católicos (proclives a la unión con el sur) y protestantes (partidarios de todo lo contrario).

Tampoco gustó a los políticos norirlandeses, que temen un progresivo aislamiento de la metrópoli. Para mitigar los efectos de ese obstáculo, la delegación de Bruselas planteó la aplicación de un mecanismo de protección o 'backstop'. Ese mecanismo establece que, mientras no se encuentre una solución mejor para la isla irlandesa, el Reino Unido y la UE compartirán un territorio aduanero único, para evitar la necesidad de aranceles, cuotas o controles en los productos que circulen entre Irlanda e Irlanda del Norte.

A tenor de la votación en los Comunes, esa solución no ha agradado nada a muchos diputados que la consideran una treta para mantener a Londres sometida a las normas comunitarias e impedir que desarrolle, después del Brexit, su propia política comercial con terceros países, especialmente con Estados Unidos. Pero lo cierto es que el 'backstop' tiene carácter excepcional y temporal, pues sólo entraría en vigor al final del período transitorio de salida (que expiraría en diciembre de 2020, con posibilidad de una prórroga de uno o dos años), si no se ha logrado para entonces un acuerdo comercial que solvente la cuestión de la frontera irlandesa.

La oposición a May, personificada en el líder laborista Jeremy Corbyn, aprovechó la coyuntura para presentar una moción de censura en contra del actual Gobierno. La moción estuvo a punto de prosperar. Perdió por solo 19 voces, un margen muy estrecho que evidencia la extrema debilidad del Ejecutivo y la profunda crisis interna que atraviesa su formación política. Si hubiera sido aprobada, eso habría desencadenado una convocatoria de elecciones (porque Corbyn tendría que haber superado una moción de confianza). Los conservadores y sus aliados políticos están demasiado desunidos como para enfrentarse a ese panorama desafiante. Porque una cosa es atacar a May y otra hacerse el harakiri,  pero la cosa está tan seria que los diputados casi decidieron votar esto último.

Negociación: May está condenada a diseñar un plan B y volver a hablar con Bruselas. Pero el tiempo se agota, pues la salida del Reino Unido tiene plazo oficial: el 29 de marzo. La Comisión Europea parece dispuesta a ampliar esa fecha y prorrogarla hasta que se configure el nuevo Parlamento Europeo, es decir, antes de julio. Pero insiste en que el acuerdo es un "compromiso justo" y el "mejor posible", porque es "la única vía para asegurar una retirada ordenada del Reino Unido". La primera ministra tendrá que vérselas sobre todo con el negociador-jefe, Michel Barnier, que ya ha dicho que los británicos deberían reconsiderar sus dos líneas rojas: el mercado único y la unión aduanera.

Salida sin acuerdo: El 'no deal', la peor pesadilla de toda la baraja. Esta opción está tomando cada vez más cuerpo, y todos los protagonistas implicados están ya diseñando planes de contingencia por si ocurriera. Esa eventualidad implicaría que no habría periodo de transición, ni protección a los ciudadanos, ni seguridad, ni unas relaciones comerciales 'civilizadas'… Sería un caos. Una voladura no controlada. Según el Banco de Inglaterra, el impacto del Brexit en la economía británica supondría una caída del 8% de su Producto Interior Bruto (PIB). Para la UE también sería nefasto, pero menos.

Revocar el Brexit: El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, ha dejado caer que Londres debe ser valiente y plantearse frenar el proceso. Legalmente es factible. Sería la única opción viable si, como parece, un acuerdo es imposible, y nadie quiere salir sin acuerdo. Significaría volver a la casilla de salida. Pero Londres debería solicitarlo de forma expresa para que se pueda aplicar.

Segundo referéndum: No hay mayoría para volver a convocar un segundo plebiscito ciudadano, y tanto el liderazgo tory como el laborista están en contra de esa idea. Pero, si no se sale del actual callejón sin salida, es posible que un número de diputados llegue a la conclusión de que ellos ya representan el problema y que la única forma de salir de atolladero sería dar de nuevo la voz al pueblo. Pero eso desataría nuevas incógnitas: ¿Cuál sería la pregunta del referéndum? ¿Dimitiría entonces la incombustible May? ¿Qué posición defendería el Partido Laborista?

En resumen, hay mucho lío y cierta histeria. Y el Brexit se ha convertido en una obra faraónica interminable que empieza a ser, lamentablemente, cansina.

Cae la libra esterlina ante la incertidumbre del Brexit

La libra esterlina ha perdido valor en los mercados internacionales y ha cotizado por debajo de 1,29 dólares estadounidenses por primera vez desde hace casi un año debilitada por la incertidumbre del Brexit. Según datos compilados por Reuters, la divisa del Reino Unido no caía por debajo de esa cotización desde el 31 agosto de 2017. También ha retrocedió frente al euro cotizando a un mínimo de 90 peniques por primera vez en diez meses y ante el franco suizo y el yen japonés, entre otras monedas.

La caída en picado de la libra en lo que va de agosto está relacionada con la inestabilidad y pesimismo en torno a las negociaciones del Brexit, según coinciden los analistas. El Gobierno conservador de Theresa May y altos cargos de la administración están lanzando continuas señales en los últimos días de un probable fracaso de las negociaciones sobre la futura relación entre Londres y Bruselas.

De acuerdo con Liam Fox, ministro de Comercio Internacional y responsable de abrir las sendas del nuevo "Reino Unido global", hay un 60% de probabilidades de una ruptura sin acuerdo con la UE. Incluso el gobernador del Banco de Inglaterra, Marc Carney, declaró que la posibilidad de un Brexit duro es "incómodamente alta".

La decisión del banco emisor de subir este mes el tipo de interés en un cuarto por ciento hasta 0,75 por ciento no ha conseguido calmar las inquietudes en los mercados respecto a la situación económica y política en Reino Unido. La libra se ha devaluado 1,7% frente al dólar y 0,8% frente al euro desde primeros de agosto.

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