Domingo, 24 Febrero 2019 00:41

¿Qué pasará cuando Alemania entre en recesión?

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La economía de Alemania necesita de la demanda en otros países, más que la suya propia, para mantenerse en pie.

2018 fue para Berlín un auténtico 'annus horribilis'. El crecimiento económico germano sufrió el año pasado su peor registro desde 2013. Se dice pronto. Creció apenas el 1,5%, lo que significa una seria caída con respecto a 2017, cuando llegó al 2,2%.

Pero es que las cifras de los dos últimos trimestres fueron entre malas y muy malas. En el tercero se produjo una contracción del 0,2%; en el cuarto trimestre llegó al crecimiento cero, lo que deja la economía de Alemania al borde de la recesión en términos técnicos.

La mitad del PIB alemán depende de lo que vende fuera de sus fronteras. Esa es una tendencia que fue subiendo moderadamente entre los años 1970 y 1995 hasta alcanzar el 20%. Pero en 1995, las exportaciones germanas explotaron y aumentaron otros 25 puntos porcentuales, hasta colocarse en el 47% en 2017.

¿Qué quiere decir esto en la práctica? Que un enorme número de obreros y empresarios alemanes depende de que los consumidores extranjeros compren sus productos o servicios. En otras palabras más técnicas, eso significa que la mitad de la economía de Alemania necesita de la demanda en otros países, más que la suya propia, para mantenerse en pie. Si esas otras economías foráneas dejasen de tener esa demanda de bienes, por decisión política o porque se satisfaga desde dentro, entonces la economía alemana podría venirse abajo. Eso es lo que está pasando desde el año pasado, y en varios frentes:

Estados Unidos

El implacable proteccionismo aplicado por la Casa Blanca no favorece a la primera potencia del Viejo Continente. Las nuevas tarifas aplicadas por el Gobierno del presidente Donald Trump han reducido la demanda de acero alemán. Y han disparado la confusión en Berlín. Por eso mismo, aprovechando el incomparable marco mediático de la Conferencia de Seguridad de Múnich, que se celebra estos días en la capital bávara, la canciller federal alemana, Angela Merkel, tomó la palabra e hizo un comentario, entre enfadado e irónico, sobre la inaudita política estadounidense, mientras entre el público escuchaba con atención la hija de Trump, Ivanka.

"Al parecer el secretario de Comercio de Estados Unidos, Wilbur Ross, dice que los autos alemanes son una amenaza para la seguridad nacional. Estamos orgullosos de nuestra industria automotriz. Y esos autos se fabrican en Estados Unidos. En Carolina del Sur está una de las factorías más grandes. No, ¡la más grande de Volkswagen! No en Baviera, en Carolina del Sur. Y Carolina del Sur exporta a China. Y esos autos no son más amenazantes por ser fabricados en Carolina del Sur y no en Baviera. Ahora resulta que se ven como una amenaza nacional a la seguridad de Estados Unidos. Eso nos sorprende", dijo Merkel.

La audiencia estalló en aplausos ante esas palabras, a excepción de la citada Ivanka, quien se mantuvo impávida y seria, mientras seguía el mensaje de Merkel a través de unos auriculares. Por cierto, a la derecha de ella estaba sentado el ministro de Asuntos Exteriores de España, Josep Borrell.

El Departamento de Comercio estadounidense considera que los autos de la Volkswagen y el material automovilístico importado representan una amenaza para su seguridad porque debilitan la industria automotriz nacional, lo que podría dar paso a nuevos aranceles para esos productos alemanes. Los gigantes Volkswagen, Daimler (Mercedes Benz) y BMW exportaron en 2018 a Estados Unidos 470.000 automóviles, según los datos aportados por la Asociación Alemana de la Industria Automotriz (VDA).

China

La ralentización de la economía china tampoco representa una buena noticia para los intereses alemanes en este mundo tan interconectado. China crece pero a un ritmo más bajo. Y los fabricantes de vehículos 'Made in Germany' ya se están sintiendo perjudicados por la caída de las ventas en el gigante asiático, mientras luchan para certificar algunos modelos nuevos ante las actuales pruebas de emisiones de la Unión Europea. Aunque Volkswagen logró el récord de 10,8 millones de coches entregados en todo el mundo en 2018, la firma se resintió por el desplome de pedidos en China a finales de año, que limitaron su crecimiento anual en ese mercado clave a un magro 0,5%.

También es cierto que la respuesta a esta caída de la demanda podría estar vinculada a la guerra comercial que libran Pekín y Washington desde hace meses. Pero eso no consuela a Merkel y a los suyos.

Alemania

Berlín, además, tiene un caballo de Troya. Su consumo interno no posee la fuerza suficiente para tirar del carro de la economía. Eso favorece una posición de dependencia del exterior, lo que resta autonomía y diversidad a la generación de riqueza del país. ¿Por qué no consumen los alemanes? La razón de fondo es casi genética. Son austeros. Gastan poco. Muy poco. La cultura política de este pueblo es famosa por su alergia a la inflación alta, a la subida de los precios. Prefieren una política económica de ajuste del gasto que les lleva a gestionar presupuestos con superávit, y no con déficit, como ocurre en Italia o España, por poner dos casos cercanos y muy claros. La cuestión es que al tener presupuestos con superávit, con más ingresos que gastos, el Gobierno germano está neutralizando la demanda interna y por eso mismo la tiene que buscar fuera de sus fronteras. Todo ello convierte el problema, al final, en un círculo vicioso difícil de romper.

¿Qué pasará si Alemania entra en recesión? Que Europa puede ingresar en una dinámica de miedo y contagio muy peligrosa. Italia ya entró en recesión a fines del año pasado (quizás también por su conflicto presupuestario con Bruselas), y las empresas europeas se enfrentan a la incertidumbre de un Brexit duro, es decir, a la posible salida del Reino Unido de la Unión Europea el 29 de marzo sin acuerdo negociado. Esa alternativa tendría efectos devastadores en el comercio continental.

Si Berlín lanza a sus vecinos el mensaje negativo de que no crece, frenará o perjudicará el desarrollo en los otros 18 países que utilizan el euro como moneda nacional. Las ondas de choque serán inevitables en los mercados de valores. Si la locomotora de Europa se para por falta de combustible, los vagones que transporta también se detendrán, y los pasajeros se pondrán nerviosos, exigiendo a gritos que les devuelvan el importe de su billete.

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