Jueves, 28 Febrero 2019 00:20

Adiós al asado: La carne vacuna se vuelve un producto de lujo en Argentina

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La imagen está ahí, estática, en las fotos pegadas a la pared, porque en exhibición no hay ningún corte de vaca, solo pálidas piezas de pollo.

Los aumentos de los cortes de res superan la inflación, por lo que obligan a cambiar hábitos en los consumidores argentinos. Peligra la situación de las carnicerías de barrio que, con los aumentos de servicios, ya no encuentran rentable el negocio.

Un costillar, la carne roja y fibrosa, los huesos blancos, relucientes. La escena perfecta para un amante del asado en Argentina, uno de los países de mayor consumo de alimentos bovinos, un producto propio de la cultura y el folclore gastronómico de la región pampeana. La imagen está ahí, estática, en las fotos pegadas a la pared, porque en exhibición no hay ningún corte de vaca, solo pálidas piezas de pollo.

"Los vecinos dejaron de comprar, a nosotros nos bajó 60% el consumo. No se vende y yo tengo que dejar de comprar porque tengo miedo de que la otra parte no se venda y endeudarme con el tipo que me trae la carne. Muy preocupados estamos porque no estamos vendiendo como deberíamos y con los impuestos que pagamos ya no es negocio", cuenta a Sputnik Raúl Deza, propietario de una pequeña carnicería y proveeduría familiar en la ciudad de Buenos Aires.

Raúl dice que desde hace unos meses su carnicería ha ido transformándose en pollería y almacén porque es lo que más pide la gente, y que su sostenibilidad depende de la clientela conformada por madres y padres de dos escuelas que están en la zona.

En un país que tuvo un 47,6% de inflación acumulada en 2018, la carne vacuna, un producto básico de la canasta alimenticia local, sufrió un aumento interanual en los precios entre enero de ese año y el de 2019 de 49,5%, según una investigación del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA).

El informe también relevó que el consumo de 2018 fue de 56,7 kilogramos por habitante, por debajo de 2017 pero más alto que otros años de crisis como lo fueron 2016 y 2011. En 2019 se espera otro año de caída consecutiva debido a la merma en el poder adquisitivo de los argentinos y los cambios en los hábitos alimenticios.

"La política económica de este Gobierno pone al mercado como común ordenador, y eso no siempre sirve. El más afectado es el consumidor, obviamente. El productor agropecuario hasta diciembre perdía 1.000 pesos, unos 25 dólares, por cabeza de ganado. Hoy recuperó su valor normal pero el poder adquisitivo no acompaña", indicó a Sputnik, Ulises Forte, presidente del IPCVA.

Forte agregó que el aumento se debe a que hay escasez de oferta por factores tales como inundaciones y sequías de los últimos dos años, producto del cambio climático. Otros aspectos son el ajuste al alza en los precios que se atrasó de primavera al verano, igualmente la afluencia de turistas extranjeros en el país en esta época y un incremento generalizado en el precio de góndola por el gran incremento de costos de toda la cadena de producción, desde la cría hasta el punto de venta.

"Se está dando un fenómeno que no se ha dado nunca que es que el consumo de carne de pollo y cerdo en conjunto alcancen al de la vacuna. Eso lo hace un poco el cambio de hábito y un poco la billetera flaca", resaltó Forte.

Hay que tener cuidado, advirtió el también también productor agropecuario y miembro de la Federación Agraria Argentina (FAA), porque lo que arranca por una cuestión económica se puede transformar en cultural, y de ahí, constata, no hay retorno.

Con respecto a la situación crítica que viven los pequeños comercios vendedores de carne, el titular de la cámara empresarial resalta que para mantenerse a flote toda carnicería tiene que vender más de 100 kilos de carne por día.

"Si no, es inviable. El 70% de la carne que se consume se vende en las carnicerías. Es parte de nuestra cultura, es parte de nuestros principios y de nuestra historia. Hay que tener una política de Estado, hay que cuidarlo al carnicero", concluyó el director del IPCVA.

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