Jueves, 06 Agosto 2015 08:26

La esperanza de progreso de miles de colombianos pobres se guarda en cofres

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Caucasia (Colombia) (EFE).- En cofres que en muchos casos son guardados bajo tierra, mujeres de pueblos del noroeste de Colombia depositan los ahorros propios y de vecinos para mejorar su situación financiera mediante un programa de microcrédito para la cohesión social.

Se trata de los Grupos Locales de Ahorro y Crédito (GLAC), que fomentan el ahorro colectivo y se han convertido para miles de personas en una alternativa para acceder a pequeños préstamos en aquellos lugares o comunidades marginadas del sistema financiero tradicional.

Caucasia, un pueblo de unos 112.000 habitantes en el departamento de Antioquia, es uno de los 16 municipios en los que el programa Colombia Responde, con recursos de la agencia de EE.UU. para el desarrollo internacional (USAID), implantó los GLAC junto con una asociación de mujeres.

La iniciativa llegó a este pueblo de calor abrasador en abril de 2013 anclada en la Asociación de Mujeres de Caucasia (Asomuca), y actualmente tiene 150 grupos de ahorro formados cada uno por entre 11 y 19 personas.

En los 16 municipios del programa hay cerca de 1.500 grupos con un total de 24.000 socios activos que ahorran de acuerdo a su capacidad financiera mediante la compra de acciones cuyo precio es establecido de común acuerdo, explica a Efe la especialista en acceso a servicios financieros de Colombia Responde, Claudia Roncancio.

El precio de cada acción puede comenzar desde bien abajo, según la condición financiera de sus integrantes, por ejemplo en 3.000 pesos colombianos (1,1 dólar), y después de ocho meses el socio puede solicitar su primer crédito, que equivale a tres veces el valor que tenga ahorrado, por el cual paga un interés mínimo que engorda el arca y hace funcionar el sistema.

Los créditos, por pequeños que sean, han transformado la vida de miles de personas, como una mujer que pudo cambiar el piso de tierra de su casa por uno de cemento, otra que compró un lote de pollos para montar un pequeño negocio, un niño que cumplió el sueño de comprar su primera bicicleta o el campesino que logró adquirir una vaca.

La mayoría de los socios son mujeres pero también hay hombres y grupos formados por niños que ahorran el dinero que reciben de sus padres para golosinas.

"El programa se resume en llevar servicios y productos financieros a zonas donde no existen o el acceso es difícil, y lo hacemos a través de la educación financiera práctica con un alto componente social", dice Roncancio.

El dinero de los integrantes de cada grupo es depositado en una urna cerrada bajo tres llaves, cada una en poder de un socio, de manera que solo se puede abrir en las reuniones quincenales encabezadas por un comité administrativo de cinco personas.

Cada cofre queda bajo custodia de un miembro del grupo que tiene la función de "facilitador" y cuya casa sirve como sede para las reuniones.

"Algunas personas entierran el cofre para mayor seguridad, pero la verdad es que en los nueve municipios atendidos por Asomuca sólo hemos tenido cuatro casos de robo porque el programa está edificado sobre el valor de la confianza colectiva que permite recuperar el tejido social", afirma Paola Fernández, una de las líderes.

Además de Caucasia, Asomuca tiene el programa en los municipios de Cáceres, El Bagre, Tarazá, Zaragoza y Nechí (Antioquia), y en Montelíbano, Puerto Libertador y San José de Uré, en el vecino departamento de Córdoba.

Colombia Responde, con otros aliados, lo ha impulsado también en Ituango, Anorí, Valdivia y Briceño (Antioquia); Valencia y Tierralta (Córdoba), y Tumaco (Nariño), que tienen en común el ser zonas duramente golpeadas por el conflicto armado colombiano.

Fernández aclara que este modelo no tiene nada qué ver con las pirámides financieras que han estafado a decenas de miles de personas en el país, pues no solo se basa en la metodología de la Banca de Oportunidades promovida por el Gobierno sino que está sometido a la vigilancia de la Superintendencia Financiera.

Esta iniciativa ha librado además a muchas personas del infame negocio del "gota a gota", en muchos casos controlado por bandas criminales, que consiste en prestar dinero a intereses que oscilan entre el 10 y el 20 % mensual.

Quienes toman estos préstamos de usureros se ven obligados a pagar el interés en cuotas diarias, de ahí el nombre coloquial del modelo, o de lo contrario son víctimas de amenazas y agresiones.

"La metodología de los GLAC definitivamente está transformando la mente, la cultura y el desarrollo de nuestro territorio", resume la representante legal de Asomuca, Aida Casadiegos. EFE

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