Sábado, 18 Marzo 2017 17:14

Caficultura de Pacho está de luto, falleció el fundador de Café Pacundí

Una marca joven que nació con la experiencia de 27 años de caficultura, hoy se pone el velo negro porque quien la creó dejó de existir.

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En aquel medio día de abril de 2015 tuve la oportunidad, de por sí muy grata, de conocer al caficultor y empresario, Wilson Sánchez Usaquén, un buen ser humano que vino al mundo con misiones varias y es de admirar que todas las cumplió aún en medio de las vicisitudes y de las coyunturas por las que atraviesa este país no en vano rebautizado con el remoquete de “Locombia”, la del Sagrado Corazón.

Hoy lamentablemente fuimos notificados de su partida, tras soportar una intempestiva enfermedad que no supo de piedad y tras unos días de agonía finalmente le entregó, de manera fortuita su alma a Dios Padre, el que tanto invocó para alcanzar metas sobre pilares de trabajo, empuje y mucha fe.

Este buen hombre viste de luto a la caficultura de Cundinamarca, pero muy en especial a la de la región de Rionegro y a la de Pacho, municipio que lo vio caminar, correr, ir y venir de su tostadora a los cafetos en donde siempre busco la excelencia en café y fue por ello que un día visionó una gran idea, tener su propia marca de café suave y le dio vida a café Pacundí, un grano de inmejorable calidad que le iba a ofrendar valores agregados a la idea del tozudo Wilson.

Alrededor del insuperable Café Pacundí, llegó la iniciativa de crear un sitio para tomar el café de la marca el cual se ofreció y se ofrece de diversas maneras y combinaciones, caliente, helado, acompañado de amasijos y con un entorno de balcón en la plaza de Pacho que inclusive invita, tras llenar la retina de montañas, a tomar luego una cerveza.

Con su camisa blanca de manga corta y en el pecho ese amor corporativo del café que le dio tanto ánimo y tanta dicha, Wilson posó para la foto de aquella portada que por fortuna le correspondió a Diariolaeconomia.com. Ese día fue especial, ese día nos dio clases de café especial y de cómo empacar el mejor grano tostado y molido cosechado en las faldas de las bonitas y verdes montañas pachunas.

Este hombre de piel trigueña, ojos oscuros y cabello negro el cual cubría con la gorra blanca con la marca Pacundí le entregó más de 27 años de su vida al negocio cafetero el cual conoció en las fincas cultivadas con el preciado grano y luego se fue interesando por las cosechas, el proceso de despulpe, secado y tostado. Después de ese curso un día miro a la inmensidad del cielo de su amado municipio y dijo “Voy a tener mi propia marca de café, pero tiene que ser la mejor”. Y vaya que lo logró, este emprendedor cafetero entró en el negocio y hoy al lado de los santos encargados de su nuevo destino deja un legado de caficultura, de empresa y de creatividad.

Quienes lo acompañan en su velorio y aquellos que decidan decir adiós en su última morada tendrán el recuerdo de quien fue el mejor ejemplo de constancia y disciplina empresarial. Esas lágrimas que manen los nostálgicos ojos de la procesión acompañante no serán fortuitas ni mezquinas, tampoco un cumplido ni un sentimiento que se evapore con el sol de la tarde, será por obvias razones una sincera manifestación de duelo y pesar que decorarán las camanduleras de oscuro traje y velos negros que despedirán con cánticos y oraciones al tristemente ausente mientras el parroco hace la no repetible cruz de agua.

Hoy frente a la sede de Café Pacundí pasan los carros y algunas mulas que vienen de las fincas con grano colombiano del mejor para las tostadoras o quizás para alistar su viaje a los países que compran lo mejor. Wilson Había liderado unos procesos de producción de café especial en la Cooperativa de Caficultores de Rionegro logrando cosas buenas y acopiando los mejores resultados en producción de grano orgánico, el que tanto le gustó.

Queda el recuerdo de su participación en Expo Miami y su plan de expansión de marca por Zipaquirá, Chía y Cajicá, sitios a donde se puede entrar a tomar el mejor café Típica Silvestre de características muy especiales por su condición de orgánico.

Ya Wilson camina sosegado y sonriente entre cafetos a tiempo que mira desde la tranquilidad del tremendo paso que dio a la eternidad, ese paisaje cultural cafetero y los árboles cargados de naranja de su siempre recordado y amado municipio, el de gente recia, pero buena y el de las montañas tibias de donde vio brotar con orgullo las cerezas del café.

Wilson cerró sus ojos para siempre, hoy su mirada no premiará el agrado de sus amigos y su presencia en vida quedará como una cuita, como ese recuerdo ameno de un ser que parte dejando huella. Quizás en este momento, el buen Wilson, el cafetero, el empresario esté tomando la ruta que en su momento debieron escoger sus mejores granos, no es de dudar que como sus cafetos, de la mano del creador, este camino al mejor y más iluminado puerto.

Paz en la tumba del amigo, del empresario y de un enorme hombre del café.