Domingo, 20 Agosto 2017 09:17

María la Baja, Bolívar, “la tierra prometida”

Este municipio superó una serie de conflictos y ahora quiere sacarle todo el beneficio a unos predios fértiles y rodeados de agua en donde prospera la agricultura, la pesca y la ganadería.

Por 

Salir de la hermosa Cartagena a María La Baja en el departamento de Bolívar es todo un espectáculo, una vez se supera el trancón que antecede el viaje por la avenida Pedro de Heredia con un primer tramo o parada obligada tras dejar a la distancia la emblemática bomba del Amparo, en Turbaco, un paraje alegre y pletórico de oferta gastronómica y bebidas en donde el sol intenso jalona la última gota de sudor y seca la garganta obligando a comprar refrescos líquidos, helados, paletas de agua, chicha fresca o los famosos y multicolores bolis.

Allí se llega en automóvil, en flota o en bus escalera, vehículos coloridos y con música para todos los viajeros en donde los lugareños aprovechan el encuentro para reír, recordar, hacer bromas, dar consejos, recomendar recetas o para hablar de bailes y cantaoras, esas que se arropan en bullerengue y tradición. María la Baja es tierra de folclor y es por ello que son recordados cantantes y acordeonistas de renombre como Enrique Díaz, más conocido como el tigre de María la Baja, ese negro lleno de talento que subía a las tarimas con su sombreo vueltiao a sacar nostalgias y a perseguir cuitas con temas tan recordados como “La Caja Negra” o el “Rico Cují”, el de los novillos gordos.

María la Baja es un municipio con más de 48.000 habitantes que tiene una superficie de 547 kilómetros cuadrados. Este bonito y encantador pueblo de la costa está sembrado en la plenitud de los Montes de María a una altura de 14 metros sobre el nivel del mar. Quienes hemos visitado este agradable lugar podemos dar cuenta del potencial agrícola, piscícola y ganadero de la región.

El municipio fundado el ocho de diciembre de 1535, fue puesto por las manos de Dios en las faldas de las calientes estribaciones de donde bajan arroyos y múltiples fuentes hídricas que lo hacen cultivable y fértil en un 90 por ciento. Uno de sus encantos es la Ciénaga de María La Baja y su distrito de riego que permite el cultivo de arroz.

La generosa María la Baja es sinónimo de riqueza, de agricultura y agroindustria. Allí crecen los cultivos de palma de aceite, las siembras de arroz, una ganadería amplia en carne y leche, no menos importante es la pesca de cultivo así como las labranzas de yuca, plátano y maíz.

Esta población, una de las más extensas y dinámicas de los Montes de María o de también conocida, Serranía de San Jacinto le brinda mayor brillo a esa imponente subregión de la Costa Norte que abarca municipios de los departamentos de Bolívar y Sucre, todo un santuario de fauna y flora por dónde camina orondo y muy caviloso el rey jaguar, ese gato manchado o pantera Onca que tanta admiración despertó en la cultura Zenú y que hoy cuidan con celo los hijos de esta incomparable tierra.

Es imposible no ponderar las características de este municipio de amigos y hermanos, de gentes buenas y trabajadoras que no saben de cansancio y menos de pereza. En María la Baja, el campo abre oportunidades e inclusive hay quejas porque esta despensa está muy cerca al puerto de Cartagena y no ha habido un visionario que le ponga el sello de exportación a esta tierra de negritudes, aborígenes y diversidad en razas que tienen una gran riqueza, sus tierras.

El señor, Ángel del Toro, es un agricultor de María la Baja y le dijo con preocupación a Diariolaeconomia.com, que los arroceros como él, están pasando las verdes y las maduras porque con la posición de la industria que no recibió el incentivo al almacenamiento puso a los arroceros a comprar pan para vender pan, es decir los dejó en una muy precaria situación porque bajó la rentabilidad y dejó a los productores casi que a ras frente a la inversión en las siembras y a los costos de producción.

Este hombre de la ruralidad lamentó que hoy el sector esté huérfano y totalmente desamparado por el estado lo cual genera tristeza porque el capricho y la posición dominante de los molinos pudo más que la concertación y el trabajo en cadena, reconociendo el esfuerzo del sector primario que generalmente es el que lleva del bulto porque asume quiebras arrastrando estabilidad socioeconómica y tejido social.

“No son muchos, pero si hay un grupo de empresarios que están llevando a los agricultores a la banca rota y que al parecer no conocen de arreglos o de recomendaciones exhortadas desde el gobierno”, declaró el señor Del Toro.

Ante las perspectivas, señaló, los arroceros deben replicar las enseñanzas de la agroindustria y seguir con la puesta en marcha de molinos que están siendo manejados por la Federación Nacional de Arroceros, Fedearroz, para evitar que un monopolio le dé el manejo que quiera a un producto básico y trascendental en Colombia.

El productor dijo que en María la Baja los arroceros le están apuntando a la recolección, pero igualmente a la transformación del arroz para no depender de una industria que manejan a su antojo los molinos en detrimento de los que cultivan el cereal.

Actualmente María la Baja siembra 2.500 hectáreas de arroz, aclarando que la cosecha ya pasó y con infortunio que la recolección del grano hizo convergencia con unos excedentes de arroz que quedaban del año pasado golpeando los precios y el entusiasmo, esencialmente en las disminuidas arcas de los pequeños agricultores.

Sobre los 26.000 millones de pesos que giró el gobierno para pagar el incentivo, Ángel del Toro, manifestó que este mecanismo debe llegar de manera práctica y sencilla a los arroceros pues teme que se repita la historia de 2016 cuando el incentivo de 100 pesos quedó en manos de la industria.

Este hombre recio, serio y sin tapujos sostuvo que la agricultura y las labores pecuarias pueden tener futuro en Colombia, pero solo si el estado traza nuevas políticas que le den sostenibilidad a una actividad que como la campesina se mueve en mares de incertidumbres y pesimismos. De manera tajante dijo que tal y como están las cosas, el devenir del campo es totalmente incierto.

Le dijo al gobierno que con el fin de hacer rentable la ruralidad, hay que hacer del campesino todo un empresario y no un labriego arruinado que tiene de todo menos futuro. Con un empresario del campo habrá desarrollo y opciones para los hijos de los campesinos y para cada una de sus regiones.

Del Toro expresó que un paso determinante para crecer como empresarios del agro está en la asociatividad y en las cooperativas porque ese modelo garantiza una fortaleza de cara a prosperar y a crecer de manera sostenible.

“Yo lo estoy experimentado, lo estoy viviendo, porque anteriormente trabajaba solo, pero me asocié con un compañero y hoy por suerte estamos subsistiendo pese a los problemas y a la falta de componer algunas cosas, pero lo único cierto es que la unión hace la fuerza”, apuntó.

Este campesino le hizo un llamado al gobierno nacional para que ponga sus ojos en María la Baja, municipio que cuenta con un distrito de riego que le da mayor potencial a la economía agraria. Comentó que el municipio tiene una capacidad de 19.000 hectáreas que pueden ser irrigadas, pero que tan solo usa 7.000 hectáreas más 2.500 destinadas para arroz.

Precisó que ese excedente existente podría aprovecharse con cultivos para la exportación teniendo en cuenta que entre María la Baja y el Puerto de Cartagena hay 40 o 45 minutos. Eso le daría mayores ingresos al municipio, le daría el lugar que le corresponde y lo matricularía en las grandes ligas del comercio, exactamente en el de alimentos.

“Después de leer pasajes bíblicos estoy convencido que la tierra prometida se llama María la Baja porque realmente allí están todas las riquezas agropecuarias y unos contrastes ecológicos y acuíferos que hacen de esta población una despensa totalmente bendecida y es por eso que le pedimos al gobierno que mire esta población en donde tiene todo un polo de desarrollo”, apuntó el labriego.

En María la Baja se puede decir que en materia agropecuaria hay de dónde, cómo y con quien, pero tristemente es una población que rema sola contra la corriente a tal punto que en los registros quedó el dato para nada ínfimo que en 15 años esta región dejó de producir 45.000 toneladas de alimentos lo que sustenta las preocupaciones y peticiones de sus habitantes pues hay un desperdicio en productividad que podría ser oferta exportable con sello de origen en los Montes de María.

Como el estado estuvo ausente y el municipio pedía desarrollo y el uso de las tierras, llegó el ex Ministro, Carlos Murgas con su propuesta de siembras de Palma de aceite, cultivo que ayudó a reactivar en algo la agricultura de María la Baja toda vez que le dio aliento al distrito de riego y a la economía municipal.

La sorprendente María la Baja, tiene no solamente siembras de arroz y palma sino unas pasturas de gran calidad que permiten la excelente cría de bovinos en vista que es notoria la estupenda conversión en carne y leche. Otra actividad que cogió vuelo fue la piscicultura, tarea en la que incursionó nuestro invitado y que según él, ha dejado buenos saldos en esos menesteres de la diversificación que tiene que darse sí o sí porque de lo contrario vendrá una inexorable ruina.

“Un caso patético de hoy es el arroz que cayó sin misericordia en precios, problema que se hubiese evitado con otras siembras, pero el monocultivo enseñó que indiscutiblemente no se pueden poner los huevos en una sola canasta”, aseveró el prestante agricultor.

De la pesadilla a una más amable realidad

El municipio de María la Baja, como muchos otros en Colombia, padeció el flagelo de la violencia por cuanto allí se libró una guerra sin cuartel que les pasó factura de cobro a personas inocentes que pagaron con mucho esfuerzo una extorsión, una boleta o simplemente cancelaron con su vida o con la de algún ser querido. Por esas bellas tierras también pasó sin piedad la parca y dejó una huella imborrable, quizás comparable al paso nefasto de Atila en tiempos de los Unos cuando Othar el corcel del bárbaro pisaba la hierba para que esta jamás volviera a germinar.

Con arrojo la población superó de alguna manera la coyuntura tensa y encontró en el campo y en su productividad una salida a esa afrenta, al desencuentro y a los distanciamientos. A criterio de don Ángel, María la Baja supo sobrellevar esa violencia y hoy la sociedad marialabajense pudo salir adelante gracias a las oportunidades que brindó el campo.
Expuso que si bien la paz es un gran logro y tendrá resultados en el mediano y en el largo plazo, lo cierto es que ahora la población experimenta inseguridad, situación que debe tener en alerta máxima a las autoridades.

Este productor es un convencido que los agricultores deben vincular sus hijos al campo, pero convenciéndolos que están respaldados por una empresa llamada ruralidad.

En este momento el sector agropecuario demanda mano de obra calificada y por eso Ángel del Toro, está seguro que las universidades deben frenar un poco el exceso de médicos, abogados, ingenieros y otros profesionales para abrirles paso a técnicos agropecuarios y profesionales del campo que sirvan como herramienta a la productividad y a la competitividad porque la situación de hoy es lamentable si se tiene en cuenta que muchos jóvenes que podrían estar trabajando en las fincas, están conformes con el mototaxismo por la falta de garantías para estar en áreas rurales.

El clima de María la Baja puede llegar a los 34 grados centígrados, pero para refrescar la tierra está el distrito de riego caracterizado por su mecanismo de gravedad lo que le da al municipio una ventaja considerable frente a otros distritos porque este centro cuenta con tres represas que captan un volumen de líquido, aproximadamente de 3.500 hectáreas en espejo de agua.

El municipio de María la Baja ofrece atractivos turísticos como la ciénaga, la diversidad ecológica y la multiplicidad de productos que cuentan con agua disponible gracias al ambicioso distrito.

Finalmente, Ángel del Toro, manifestó que el campesino y el productor rural requieren de créditos fáciles de pagar y con unas facilidades técnicas y de práctico desembolso porque muchas veces Finagro respalda el crédito, pero la felicidad se funde en los bancos comerciales en dónde prestarle a un agricultor no es muy atractivo por lo que es usual escuchar un NO como respuesta.

Esto es lo que groso modo sucede en la ardiente María la Baja, un municipio estratégico para la producción agrícola y para las exportaciones siempre y cuando el ejecutivo se apresure a seguir con propuestas viables para recuperar el terreno perdido.

Ángel del Toro, expresó su total desacuerdo con los subsidios y con un asistencialismo nocivo que acaba hombres productivos y mujeres productivas por un dinero que sale de un estado paternalista que tan solo arrasa con el ánimo de trabajar, además que matricula a los seres humanos en la mendicidad, asunto deplorable porque con esas ayudas nadie quiere ganar el pan con el sudor de la frente.

Del Toro es un hombre de familia que afortunadamente tiene sus hijos varones trabajando en el campo y demostrando que la empresa agrícola es viable mientras sus hijas se preparan para el trabajo social que también requiere la ruralidad.

Un motivo adicional para ir a María la Baja es probar el delicioso patacón “pisao” que anteriormente era parte de la guarnición de un buen bocachico, pero este pez ya no se consume porque infortunadamente la contaminación daño las afluentes y la ciénaga haciendo que el único pescado confiable sea el que se cultiva en los estanques marialabajenses.

Resulta grato recordar María la Baja, su calor abrazador, sus gentes y todo ese compendio histórico que reúne una población trabajadora y emprendedora. Aún la remembranza trae al olfato ese olor a hierba húmeda y a las aguas frescas que corren por su distrito de riego.

En este municipio volvieron, me comentan, las carcajadas de personas felices y con esperanza, las iniciativas para retomar el agro y la ganadería, es decir, el campo recuperó esa vigencia que jamás debió perder en un pueblo antaño que fue erigido antes que Bogotá.

Como diría Cortijo y su Combo, con esa voz única y eterna de Ismael Rivera, en María la Baja es posible ver las caras lindas de mi gente negra, de esa hermandad afianzada al amparo de la Carta Magna y de una nacionalidad compartida con etnias y gentes capaces de lo más loable. En la bonita María la Baja hay fervor, compromiso y sueños en mentes muy enamoradas del tricolor nacional, tan de moda últimamente por las cosas buenas que logra la gente desde distintas tribunas.

Allá siguen nombres y apellidos de mucha recordación como el legendario, José Pérez quien diera en su finca “Los Mangos” la mejor lección de cómo aprovechar la buena tierra, esa que el Altísimo tocó y beatificó para que las labores agropecuarias fueran una tarea sagrada en ese templete verde y fértil de los Montes de María.

Los Marialabajenses recuerdan igualmente con máximo respeto al líder, Miguel Mariano Pérez a Isidro Teherán y sacan pecho inclusive con la divina voz africana, aborigen y única de la negra Ceferina, igual agradecen la embajada deportiva de Álvaro Teherán, único colombiano en la NBA.

Siguen vigentes, pese al ineludible sueño eterno, don Ángel Pérez y toda la saga de la familia Teherán. Hoy continúa al mando Dagoberto Teherán y sus hermanos, Juancho, Joselo, Diana, Teresa y la muy amable, Edmita.

No se olvidan ni el sancocho, ni el mote de queso, como tampoco la chicha, los helados de coco, el cucayo y las raciones de yuca con queso de doña Ángela, menos los tratos especiales de la respetabilísima señora con su “hijo ajeno”, igual llegan al recuerdo las calles polvorientas de algunos sectores de la municipalidad y los gritos en mofa que salen de la droguería del inolvidable Adalberto Mesa, el negro que triunfó en televisión en tiempos de la imborrable Do Re Creativa de Jimmy Salcedo y que hoy sigue dando lora en su negocio frente al hospital.

Como dejar atrás la evocación de esos campos cultivados y llenos de toros gordos, las fiestas de diciembre y los amores que pasaban de la mano buscando sombra y algún sitio de refresco para hablar de los favores de cupido. Permanecen intactos en el recuerdo esos lindos rostros de ébano fino que al sonreír bajo palos de almendro exponen esas perlas en sus bocas frescas de labios carmesí, igual bella es la trigueña y la mujer que brotó de esas tierras para acompañar labores y generar ideas proclives al desarrollo.

Esa tierra preciosa y sus habitantes siguen en pié y muy apegados a su credo, allí sin duda está Dios dando ánimo y cuidando a sus hijos, los mismos que siguen apostándole a la labranza y a la producción de alimentos para garantizar la seguridad alimentaria de la región, del país y posiblemente de algunas partes en el mundo. Es María la Baja un emporio de trabajo, de anhelos y de metas, pero igual, todo un paradigma de como derrotar los diablos que amenazaron la tranquilidad y la sana convivencia. No en vano sus hijos toman su escapulario, miran al frente y saludan en mañanas y tardes a la inmaculada Concepción de María, esa que llegó con esperanza la cual sigue allí perenne porque María la Baja fue capaz de dejarla en su corazón, no solo en su conmemoración cada ocho de diciembre.

Siguen vivos en los confines de la mente los bailes de champeta en el sitio conocido como el avión en tiempos apartados del almanaque actual, pero eso sí retumba la felicidad, el tambor de cuero templado y el folclor expresado en una niñez que mira con optimismo hacia adelante porque saben que la madre tierra nunca jamás los va abandonar además porque serán ellos quienes liderarán la nueva población, esa que enamora y que invita a brindar con un buen ron Tres Esquinas el logro de la paz y del regreso a las cosechas en campos bondadosos y posibles para generar riqueza, empleo, tranquilidad e inclusión.

Un abrazo, mí siempre recordada y respetada María la Baja.