Sábado, 30 Septiembre 2017 09:13

Colombia, uno de los países más afectados por cambio climático: Cenipalma

El centro de investigación asegura que el gran reto genético y de investigación apunta a contrarrestar nuevas enfermedades y plagas que se avizoran por el calentamiento global y la incertidumbre climática.

Por 

Los productores de palma del país se dieron cita en Bogotá y concluyeron que el gran problema a vencer es, sin duda alguna, el cambio climático tanto por exceso de lluvias como por déficit hídrico en algunas zonas. El gran problema dicen los productores no es ninguna fantasía y sí por el contrario una cruda y desafiante realidad.

Más de mil personas que hacen parte de la cadena palmera se dieron cita en Bogotá y en el recinto de Corferias fue posible ver caras largas y preocupadas por los desafíos y los riesgos, pero igual fue posible observar risas y una relativa confianza porque a nivel genético las cosas funcionaron y hoy las zonas de producción de palma que fueron arrasadas por la Pudrición del Cogollo, PC, prosperan nuevamente, ratificando que la tarea se hizo bien sin que ello implique bajar la guardia.

El diálogo con Diariolaeconomia.com, el Director General de la Corporación Centro de Investigación en Palma de Aceite, Cenipalma, Alexandre Cooman, aseguró que lamentablemente el cambio climático ha castigado duramente a Colombia, a tal punto que podría decirse que el país puede ser uno de los más afectados por este factor.

Indicó que la pudrición de Cogollo es una enfermedad cuyo patógeno es feliz en exceso de agua, razón por la cual en tiempos de mayor pluviometría, los daños suelen ser más devastadores tal y como pasó con la ola invernal de 2009 y 2010 cuando explotó el lío epidémico de esta enfermedad en la zona central, puntualmente en Puerto Wilches.

“El cambio climático es una amenaza real para la situación fitosanitaria porque no solamente expone los cultivos a la pudrición del cogollo sino a otras plagas que llegan con la sequía, es decir que la siembra es susceptible a daños graves con los extremos a los que ha llegado el clima”, explicó el señor Cooman.

Una de las zonas que resultó fuertemente impactada y afectada por la pudrición del cogollo fue Tumaco en el sur del país, pero en donde afortunadamente hay una importante renovación por los inmejorables resultados de los materiales híbridos que resultaron muy resistentes, lo que explica la baja incidencia de la enfermedad.

El investigador comentó que pese a los trabajos adelantados en genética, pueden llegar otros problemas nuevos que no se conocían recientemente, pero destacó que en PC los híbridos se han comportado muy bien.

Indicó que para el capítulo zona centro, el avance de la enfermedad que venía de Puerto Wilches a los otros municipios productores, se ha podido frenar y el centro de investigación calcula que la mitigación puede ser de cerca del 80 por ciento de la velocidad del avance de la enfermedad al proyectar como venía y como realmente fue. Pese al beneficio, también se están viendo nuevos focos de este agente patógeno en Sabana de Torres.

“Todo indica que en algunas plantaciones creían que la batalla estaba ganada mientras que la enfermedad avanzaba porque no sabe de treguas y a la menor oportunidad retorna por ser muy virulenta. En el departamento del Magdalena, en la Costa Norte, tenemos una afectación bien importante por pudrición de Cogollo síntoma hoja clorótica que es una variación de la PC expresada de una forma más agresiva en combinación de épocas secas y exceso de humedad con suelos compactados, tal y como ocurre en el triángulo Aracataca, Fundación, El Retén en donde tenemos ese difícil manejo de agua en las plantaciones de la zona”, declaró el Director General de Cenipalma.

Reveló que actualmente hay en esa región más de 100.000 palmas afectadas en los últimos años y de unas 700 hectáreas pérdidas. Ante este escenario la Federación Nacional de Palmicultores, Fedepalma, Cenipalma y los productores acordaron un plan de choque porque consideran que aún hay oportunidad de manejo toda vez que todavía no se habla de una situación de emergencia fitosanitaria a la cual se podría llegar en uno o dos años si hay descuido y en donde vendría un punto de no retorno porque la enfermedad no sería controlable.

Una de las particularidades de la pudrición de cogollo es que la enfermedad una vez hace presencia, se esparce por toda la zona palmera conectada pues no conoce linderos y va haciendo estragos de palma en palma, lo que obliga a los empresarios de la palma de aceite a hacer un perentorio mejoramiento de los drenajes lo cual es fundamental tanto dentro de los predios como en zonas extra prediales porque estas demandan mucho cuidado y mantenimiento para evitar contagios.

En opinión de Cooman, es determinante optimizar la nutrición de las palmas para que no sean tan susceptibles a la enfermedad. De igual forma consideró que la detección temprana y la eliminación de palmas enfermas son vitales a la hora de evitar la dispersión de la enfermedad.

Colombia cuenta con más de 500.000 hectáreas cultivadas con palma de aceite de las cuales un 67 por ciento está en plena producción. Cabe precisar que unas 10.000 o 20.000 hectáreas están por encima de los 30 años, por lo que se consideran no muy productivas.

El experto indicó que la cuenta de cobro que pasó la pudrición de cogollo en los últimos diez años es exuberante y hasta exagerada toda vez que supera en valor una reforma tributaria.

La factura que es monumental se puede observar zona por zona y allí es fácil detectar que la perdida más temprana ocurrió en Tumaco, Nariño, en donde fueron arrasadas más de 35.200 hectáreas con una pérdida económica estimada en 3.1 billones de pesos. En la zona central, entre Puerto Wilches y Cantagallo, Bolívar, las hectáreas afectadas sumaron 37.900 hectáreas lo cual significó un saldo en rojo por más de 2.3 billones de pesos.

“En este momento en la Costa Norte hablamos de una pérdida de aproximadamente 141.000 millones de pesos por la pérdida de 2.000 hectáreas. En el Magdalena es en donde mayor problema hay, pero igual reportamos inconvenientes en los llanos orientales en donde la afectación económica igual fue considerable. Allá el largo verano hizo que dichas pérdidas no fueran tan apremiantes”, apuntó Cooman.

Para Cenipalma es muy importante mantener la vigilancia fitosanitaria activa para lo cual existen los comités agronómicos de la Federación en cada zona palmera en donde participa también el Instituto Colombiano Agropecuario, ICA, para adelantar marcos de trabajo que permiten analizar la situación fitosanitaria y cuando llega un problema nuevo, este es analizado entre técnicos y si es del caso se genera una alerta fitosanitaria como pasó en Tumaco y por diferentes plagas en otras zonas.

La agricultura toda, manifestó, está acorralada por el cambio climático que es una realidad que hay que enfrentar con todas las herramientas posibles. Añadió que la actividad agrícola tiene la peculiaridad de estar sometida al medio ambiente lo cual hace que un buen predio ubicado en una zona óptima y con buenos suelos sea todo un acertijo porque en asuntos de clima el común denominador es la incertidumbre.

Sobre los posibles incumplimientos al protocolo de Kioto el cual fue adoptado el 11 de diciembre de 1997, el docto sostuvo que en el sector palmero se ven unas oportunidades muy grandes en cuanto a poder aportar una mitigación del cambio climático.

“Este cultivo que por su característica, tiene una fijación de carbono importante es una buena noticia así como los ciclos de vida que se le han hecho al aceite de palma y al biodiesel que implican un beneficio ambiental determinante, luego sí estamos aportando al medio ambiente, pero dependemos de los entes que regulan el biodiesel para que podamos tener más participación de nuestro producto en el mercado y por consiguiente aportar con la mitigación del efecto invernadero”, expuso.

Actualmente la mezcla de biodiesel es del 10 por ciento lo que a criterio de Fedepalma podría ser mayor pues técnicamente es totalmente viable, pero eso no depende de los productores del aceite de palma sino de los agentes reguladores en el país.

“Decir que al mundo le quedó grande el protocolo de Kioto suena quizás exagerado, yo no me iría tan lejos, creo que sí hay mucha consciencia, pero creo que buscar ese balance entre la actividad económica del momento y una visión más a largo plazo es un equilibrio difícil de lograr. Desafortunadamente el mundo político muchas veces se mueve en tiempos muy cortos, factor que no permite que una política tenga viabilidad a mediano o largo plazo, de todas maneras hay que esperar que logremos una visión y una implementación para poder tener una producción mucho más sostenible y amigable con el medio ambiente y en línea con los acuerdos que hay a nivel internacional”, concluyó el Director General de Cenipalma.

La palma de aceite, ese cultivo tropical que crece bajo 500 metros sobre el nivel del mar fue traído a Colombia en 1932 cuando con fines ornamentales y decoración verde la introdujo el botánico belga, Florentino Claes quien la llevó al Valle del Cauca, más exactamente a la Estación Agrícola de Palmira. Solo hasta 1945 el cultivo incursionó en el campo comercial cuando por decisión de las directivas de la multinacional United Fruit Company, esta siembra tuvo lugar en el departamento del Magdalena.

A mitad de los años sesenta existían 18.000 hectáreas sembradas con palma, pero su expansión fue rápida y sostenida hasta llegar a los volúmenes de hoy que tienden a crecer. Este producto que vino del golfo de Guinea en el occidente de África logró posicionar siembras en Colombia y es por ello que se ve en la Costa Norte, en los llanos orientales, en los santanderes, Nariño y en zonas planas de calor intenso.

La palma dicen, llegó con los negros esclavos, pero hoy prospera como un símbolo de libertad, renta y tranquilidad que les lleva calidad de vida a los agricultores y un aporte significativo al crecimiento económico.