Sábado, 27 Enero 2018 02:30

Caballo criollo de alta calidad descresta al mundo: Fedequinas

La cría de caballos de paso es de tal importancia que no solamente aporta al PIB agropecuario sino que contribuye a la recreación, al comercio, al deporte y a la salud.

Por 

En el apasionante mundo de la economía llegan temas muy agradables y sugestivos, de esos que atrapan por todo el compendio y la incidencia que estos han tenido en la historia y que inclusive suelen volverse insignias por todo lo que representan o representaron en el desarrollo del país y del mundo.

En esta ocasión el tema que concita nuestro interés y el de muchos lectores es el del caballo criollo de paso colombiano, ese que después de una larga travesía llegó en tiempos de la conquista para adaptarse a la compleja topografía colombiana y para ir adoptando ese paso y ese trote tan característico que hoy lo ubica en lo más alto de la industria equina, pues no en vano hay exportaciones y todo un trabajo detrás de una pasión que demanda amor, compromiso, inversión y muchos cuidados.

El caballo, ese equino noble y leal que subió montañas, que atravesó valles y sudó como el que más, arrastrando progreso y transportando los colonos que pasaban taciturnos a las tierras inhóspitas, ya había acompañado conquistas, ya había sido visto como centauro por aborígenes y raizales, ese ejemplar jamás supo de cansancio y fue un incentivo moral aún en medio de guerras y conflictos. El caballo, bello corcel azabache o blanco, gris o moro, manchado o marrón y erguido así como imponente, siempre estuvo ahí, firme con el ser humano, porque sin su compañía, oh difícil que hubiese sido afianzar imperios o labrar futuro.

En plática con Diariolaeconomia.com, el Director Ejecutivo de la Federación Colombiana de Asociaciones Equinas, Fedequinas, Cristian Stapper, aseguró que la entidad rectora del caballo criollo colombiano tiene en sus documentos toda una historia y un legado de impresionantes ejemplares que han pasado por un proceso de evolución natural genética que permitió dar rienda suelta a una encomiable celebración toda vez que este tipo de potrillo fue declarado patrimonio histórico genético y cultural de la nación desde 2017 gracias a una ley de la república que le dio su espaldarazo a tan exhortada petición.

Por esta razón, el gobierno le dio una mirada al sector y entendió que los empresarios que se dedican a la cría y cuidados de caballos criollos de cuatro andares, dentro de ellos el de paso fino, también deben ser sujetos de apoyo del estado colombiano para promover el progreso y la riqueza desde el campo.

“En ese sentido, si bien es cierto que hay un índice importante de negociaciones a nivel nacional así como en el entorno internacional porque el caballo criollo tiene pedido en Latinoamérica, Estados Unidos, Inglaterra, Francia, Alemania y República Checa, esa promoción ha sido natural y gracias a las especificaciones del caballo. Es por eso que este año vamos a empezar a promover el caballo criollo en el exterior y es por eso que ya estamos preparando una estrategia que nos permita demostrar las bondades, la hermosura y el atractivo del equino que está lleno de particularidades”, declaró el señor Stapper.

Por su alzada, en Europa catalogan a caballo criollo colombiano como un pony por ser un ejemplar relativamente pequeño, pero que con sus andares especiales que no son fruto el entrenamiento sino de la genética, se hacen muy atractivos en todo el mundo.

De acuerdo al manual técnico establecido por Fedequinas, existen cuatro modalidades en el caballo criollo colombiano, es decir dos compuestas y dos sencillas, trocha y galope, trote y galope, trocha pura y paso fino colombiano. Stapper manifestó que estos andares se han venido desarrollando como producto de la adaptación del caballo español que trajeron los conquistadores por allá en 1540 cuando llegaron a Santa Marta con una mezcla de caballo lusitano en la década de los 50, pero además como resultado de la geografía colombiana que le dio dando características al paso que finalmente fue fortalecido y depurado con el entrenamiento.

Cabe precisar que hay caballos que nacen con muy buen paso por la herencia genética que generalmente todos llevan. Por eso, expuso, es muy importante que a la hora de comprar un equino, es vital que el caballo esté genotipificado, es decir con una austera trazabilidad que permita saber quiénes son sus padres o abuelos y así poder contar con la certificación de la Federación que acredite la evolución genética.

La genotipificación se hace en la sede de la Universidad de California en Estados Unidos en donde hay toda una experiencia desde tiempos añejos cuando el banco se empezó a formar en Davis, sitio en donde crecen las muestras y las certificaciones de inmejorables caballos que tienen en ese lugar toda la historia y el origen de cada corcel.

Actualmente Colombia tiene en promedio 400.000 ejemplares de caballo criollo colombiano y cabe anotar que Fedequinas también se encarga de llevar los libros genéticos del país por un encargo que hiciera el gobierno nacional hace cerca de veinte años. El libro es tan importante que allí está el número de caballos que hay en Colombia.

Una de las recomendaciones es estar agrupados en Fedequinas porque finalmente el criador lo que vende es historia y genética del caballo criollo colombiano.

La Federación agremia 24 asociaciones y dentro de esas asociaciones en suma, hay 46.289 criaderos inscritos entre ejemplares de paso fino, trocha, galope así como trocha y galope. Para Stapper la cría de caballos es un negocio con encadenamiento de actividades y por eso desde la gente que trabaja con el caballo en el campo, los palafreneros, los montadores, los veterinarios, los jueces, locutores y demás, el sector suma más de 200.000 empleos directos y una cifra superior de indirectos si se tienen en cuenta los marroquineros, los proveedores de alimento, el transporte, los medicamentos y los ayudantes.

“El caballo criollo es un emblema casi que invisible y todo a su alrededor y las cifras que mueve ha pasado de alguna manera desapercibida para algunos analistas, pero no para esas miles de familias que se lucran o que reciben un ingreso como consecuencia del sector”, dijo Cristian Stapper.

En la crianza de caballos de paso, la tecnificación ha estado entrando poco a poco, específicamente en el caso de la transmisión genética a través de las montas, de las pajillas y de los embriones que muestra un trabajo juicioso que se hace desde hace tiempo para garantizar el buen manejo del semen y de los embriones de tal manera que dicha manipulación sea cada vez más eficiente y efectiva y allí está la Federación certificando genética de calidad.

Hay casi que un mito en torno al caballo de paso y es que solamente lo pueden tener los ricos del país o las chequeras más boyantes, y la verdad es que el asunto no es tan cierto porque hay caballos que pueden costar entre dos y tres millones de pesos hasta cinco o seis millones de dólares fácilmente, de acuerdo a los premios ganados por el caballo.

El dirigente gremial explicó que quien tiene un caballo percibe más ingresos por la venta del material reproductivo que por la venta del animal como tal, asunto que pinta mejor por todo ese escenario de tecnificación.

Fedequinas recalca que es muy importante promover el caballo en los entornos internacionales porque los expertos que llegan al país y ven un potrillo recién nacido, quedan sorprendidos al ver que éste vástago cuenta con un andar muy propio por razones genéticas, es decir un paso que está en ese ADN equino nacional.

“Todo eso no lo conoce mucha gente, salvo el mercado especializado en el exterior, que es un sector bastante reducido y allí se nota que hace falta oficio por parte del ejecutivo para promover el sector, pero lamentablemente no hay los recursos para emprender con una campaña masiva y propender por una promoción ambiciosa que le ayude al sector y lo haga mucho más grande y mucho más atractivo a nivel internacional, por su puesto hay otros retos como fortalecer el sistema y ya el año pasado recibimos la visita del gobierno para el registro de la propiedad sobre los equinos lo cual cambiará el mercado porque para enajenar un caballo criollo colombiano será necesario adelantar un trámite similar al del registro de un vehículo, pero para ello tenemos que fortalecernos y seguir con la preparación desde el punto de vista técnico y eso ocurrirá este año si todo sale bien”, expuso Cristian Stapper.

Con la marca de certificación de caballo criollo colombiano que está en trámite en la Superintendencia de Industria y Comercio, expresó, habrá un mercado más transparente porque solamente podrán ser vendidos equinos que cumplan con ciertas características morfológicas y genéticas para que se avale la calidad del equino nacional.

Hay que decir que en Colombia, el caballista es una persona muy especial porque tiene una relación muy especial con sus animales porque deriva de ellos su sustento y más en estos tiempos en los que se hace un llamado a crear conciencia entre la relación que debe haber entre el hombre y los animales que para el caso del caballo es algo muy especial y casi familiar porque se exhibe la belleza y la armonía del caballo criollo que suele ser muy particular.

Los caballos demandan buenas condiciones, espacios amplios y una alimentación balanceada, pero el caballo criollo colombiano no exige opulencia sino buen manejo y unos cuidados especiales más tratándose de un ejemplar bastante noble, muy suave en su andar y con una sin igual mansedumbre.

El caballo criollo colombiano es un producto muy especial, es tan increíble que inclusive en República Checa hay criaderos de este tipo de caballo, esto dice que así como hay un café conocido como el mejor y más suave del mundo, así como se promocionan esmeraldas únicas en el planeta y unas flores muy de condiciones especiales, igual el caballo criollo colombiano es un motivo de orgullo para los colombianos pese a que ha sido poco explotado, amén de su característica que lo hace diferente, muy especial y sobretodo muy atractivo para cualquier inversionista nacional o internacional.

“También se están desarrollando actividades importantes a través de las asociaciones por el simple hecho de tener en cuenta la responsabilidad social empresarial, luego el trabajo que se hace en ciudades como Cali en materia de equino-terapia es impresionante. La vinculación de los niños a través de las escuelas de chalanería y de montadores dejan igualmente unos resultados importantes que hacen que la relación del niño con el caballo mejore la conducta y que la relación de las personas con ciertas discapacidades, permitan una aproximación importante y mejoren sus condiciones de salud y de relacionamiento con el mundo exterior, añadió Stapper.

Los departamentos con mayor actividad caballista son Antioquia, Valle de Cauca, Cundinamarca, Tolima y el Eje Cafetero. Hoy los llanos orientales igual está aferrado a la cría de caballos criollos. Esta actividad no solo reúne a la familia colombiana sino que impulsa unas ruedas de negocios que dejan saldos muy interesantes.

Finalmente el sector se prepara para la gran exhibición equina de Valledupar que se cumplirá entre los días 22 y 25 de febrero, eventos de belleza que se realizará entre el retumbar de cascos y pistas de madera, lo cual se mezclará entre el sonido de acordeones y música grata de la tierra de “Francisco el Hombre”.

En la capital del Cesar en donde también saben de caballos criollos, habrá entre 400 y 500 ejemplares que van a engalanar las pistas del coliseo de ferias de Valledupar. Allí se abre la opción de negocios, bien sea de animales o genética equina.

Según el rancho y criadero La Sierra, sitio en donde crecieron Tayrona, Castañuela y Juguetona, el costo o la inversión en un buen caballo de paso puede llegar a los 1.5 millones de pesos mensuales.

En Colombia el caballo fue, ha sido y será el gran amigo de la ruralidad, ese potrillo que crece en las fincas o criaderos y que con el tiempo se vuelve el gran corcel de mostrar y el sello de cuidado y la exclusividad de sus dueños. Hubo presidentes muy apegados a los caballos y ese fue el caso de Enrique Olaya Herrera, Alfonso López Pumarejo, Guillermo León Valencia y Álvaro Uribe Vélez, también de gente pública y brillante como el estadista, Álvaro Gómez Hurtado y el ex ministro de Agricultura, Aurelio Iragorri entre tantos.

Como dato curioso está el hecho que gran parte de la genética colombiana más apreciada es descendiente del famoso “Contrapunto”, el caballo de don Víctor Quintero, el cual se cansó de ganar premios y reconocimientos.

Como lo dijera el desaparecido, Álvaro Gómez Hurtado en una editorial, el caballo y el hombre achicaron el mundo y los horizontes se hicieron alcanzables.

El caballo como tal marcó una página especial en la historia, según los registros, este animal fue domesticado en Kazajistán en donde al parecer antes de montársele para arrancar con el primer modo de transporte, se utilizaba como fuente de alimento por su carne y su leche, hoy aún apetecida en las estepas de Mongolia.

En Mesopotamia, el caballo fue usado para montar y para el tiro de carretas, labor que desempeñaría en Roma y en las grandes potencias que conformaban Grecia y otros reinados.

Famosos fueron Othar, el caballo de Atila, del cual se decía por dónde pisaba no crecía nuevamente la hierba, Bucéfalo, el caballo de Alejandro Magno con el que se desplazó en su cruzada conquistadora desde Macedonia hasta tierras del oriente en la India, igual se recuerda al caballo cónsul de la Roma de Calígula, el veloz, majestuoso y contemplado Incitato, la literatura habla con admiración de Babieca el corcel del Cid Campeador. La historia hace referencia también de los 130 caballos de Napoleón Bonaparte, pero en especial de sus tres consentidos, Marengo, Vizir y Blanco.

Muchos equinos quedaron en los anales o en las crónicas, cómo no hablar de Palomo, el caballo del Libertador Simón Bolívar, ese ejemplar blanco y de cola larga casi hasta el piso que fuera el regalo de la señora Casilda Zafra, una campesina amable de Santa Rosa de Viterbo en Boyacá, montando el hermoso caballo blanco, el general derrotó a los españoles en el Pantano de Vargas.

La historia reciente habla de caballos únicos, especiales y ganadores, y es allí cuando llega a la mente Secretariat, el “Gran Rojo” que ganó la triple corona en el exigente Derby de Kentucky en 1973. En Colombia nos llegan muchos nombres de los grandes de paso y trocha: Resorte, Cónsul, Terremoto, Capuchino, Bochica, Cambalache, Tupac Amaru, Contrapunto y muchos que llevaron felicidad y amor a sus propietarios, pero también a quienes suspiraban viendo cabezas equinas firmes, respiración fuerte y las patas delanteras tocando una percusión muy agradable casi en cámara lenta y de manera sincronizada, saltaba de la tabla un polvillo fino mientras salía de aquellos tesoros aperados una tonada de potros, muy del paso colombiano, muy nuestro, muy del alma y de la tierra querida, un paso muy parecido a los emocionados tambores del corazón.

Hoy desde la perspectiva del caballo criollo colombiano, este medio les hace un homenaje a todos esos caballos que fueron y son una motivación porque solo con los caballos el hombre fue capaz de conquistar el mundo y de darle rienda suelta a nuevas tecnologías que finalmente apartaron al trabajador cuadrúpedo del hombre, pero hoy el hermoso alazano o el equino que sea, salta y relincha porque es feliz dándole identidad a un país con paso y trocha, dejando en alto el nombre de un país que se erigió a lomo de hombre como narraba, Alexander Humboldt, pero también a lomo de caballo, regalo de Dios para construir en una armoniosa sociedad, país y patria.