Domingo, 15 Abril 2018 00:02

Tasa de cambio, ¿Un león dormido para el campo?

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Alertas encendidas en el sector agropecuario por desplome del dólar. Agricultores precisan que hay preocupación e insisten en defender la rentabilidad.

Los factores exógenos que han impactado el precio del dólar a la baja tienen a muchos agricultores y ganaderos a la expectativa de lo que pueda pasar en el entorno internacional, puntualmente con Siria, porque en medio de incertidumbres y acertijos lo cierto es que hay consenso en el sentido de que Colombia no aguanta otros diez años de revaluación.

En charla con Diariolaeconomia.com, el Presidente de la Sociedad de Agricultores de Colombia, SAC, Jorge Enrique Bedoya Vizcaya, aseguró que tristemente un trabajo juicioso puede echarse a perder por el asunto dólar ya que la buena dinámica que había logrado el campo se puede paralizar lo cual produce desaliento toda vez que la agricultura y los sectores pecuarios habían logrado coger impulso hasta el punto de mostrar una participación determinante en el producto interno bruto, PIB.

Hoy con una serie de interrogantes sobre el devenir del mundo tanto en lo político como en lo económico y sin una tasa de cambio de equilibrio, las cosas se ponen cuesta arriba para los sectores exportadores del sector agropecuario en donde los cinco líderes naturales como es el caso del café, las flores, el banano, la caña de azúcar y la palma de aceite, enfrentan hoy un enorme reto por el debilitamiento del dólar.

“De la misma manera, esos sectores que han venido sacando la cabeza y haciendo sus pinitos en materia de exportaciones tal y como se observa con la carne de res, el aguacate, algunas frutas y cítricos, se ven en dificultades porque la coyuntura cambiaria aprieta los negocios y obliga a buscar más variables de competitividad, asunto nada fácil en algunos de estos subsectores así como a recurrir a las coberturas cambiarias que no necesariamente serán suficientes para las situaciones que se puedan presentar en materia de tendencia de esta reducción de la tasa de cambio en Colombia”, expuso el dirigente gremial.

Según Bedoya Vizcaya, la lectura de la situación actual tiene varias interpretaciones desde la tribuna del análisis porque está de por medio el tema petrolero, pero igual el pago de los nuevos impuestos. Lo cierto, dijo, es que si la revaluación llega a ser algo coyuntural, importante sí es que no se convierta en una tendencia, porque eso le complica mucho la vida a los exportadores.

Apuntó que como todo en la vida, hay circunstancias que golpean a algunos, pero le dan la mano a otros, es decir que con la debilidad del dólar, la moneda tiene dos caras y por ello una de ellas puede jugar muy a favor de los importadores o de esos sectores en donde su costo de producción tiene un alto componente de importaciones, verbigracia, la porcicultura y la avicultura. No obstante, precisó, para esos sectores, una variable es la tasa de cambio, pero la otra serán los precios internacionales del maíz, de la soya, de la torta de soya y otros insumos.

Teniendo en cuenta que hay acuerdos comerciales y un mundo globalizado que de alguna manera estaba frenado es sus despachos por la devaluación y los sobrecostos que ésta tenía en llevar productos a países de América Latina, podría conjeturarse que con un dólar débil, las importaciones podrían tener un auge en detrimento de la producción nacional, tanto primaria como de agroindustria.

Sobre este punto, la SAC considera que desde luego la reducción de la tasa de cambio favorece el costo de importación por lo que muy seguramente habrá que comparar ese ítem con los aranceles que estén vigentes en función de los acuerdos comerciales que se hayan negociado lo cual determinará si el margen al importador le da para que pueda internar productos en Colombia, sin dejar de lado que de igual manera hay mecanismos con los que cuenta el gobierno para defender la producción local si eventualmente hay una importación masiva, razón por la cual sería viable aplicar las medidas a que haya lugar y que sean de contraste desde el punto de vista técnico.

Uno de los sectores que tiene la nube negra por estos días es el cafetero habida cuenta de unos precios internacionales muy bajos y una remuneración endeble que se refleja en un lánguido precio interno de compra, que apenas llega a 702.000 pesos la carga de 125 kilos, de hecho, el último cierre del grano en el mercado de Nueva York fue de USD 1,19. Lo anterior ratifica que los caficultores están recibiendo un ingreso muy por debajo de los costos de producción lo cual es grave.

Algunos en la caficultura hablan de enfrentar el problema con menos cantidad y mayor calidad en el café, es decir apostarle de lleno a los bebestibles especiales y con un alto componente de valor agregado para dejar de lado el sufrimiento que implica depender del precio del dólar o de la estresante bolsa de Nueva York en donde, dicen muchos, termina la felicidad del cafetero.

“Cuando vienen estos comportamientos cambiarios, generalmente vienen acompañados con este tipo de recetas e indudablemente son factores que de alguna manera pueden mitigar los efectos de la tasa de cambio, pero dependiendo, uno, de la brecha que se genere en esa tasa de cambio que le sirve al exportador y la que tiene el mercado. Esos temas de valor agregado, de contratos de suministro de subproducto básico o de un precio estable en el mercado de destino, no necesariamente aplican para todos los sectores, y tampoco todos los sectores están en la capacidad de hacerlo porque pensar por ejemplo que ahora el sector cafetero dejará de exportar café verde porque ahora todo el envío será de café especial, pues no necesariamente es una salida porque hay nichos y productores que hacen la tarea sin dejar de reconocer que en medio del inconveniente cada quien es muy recursivo y sin duda alguna se convierte en una opción, empero, con esta caída de la tasa de cambio en donde el dólar ya va en 2.705, 65 pesos, el fenómeno se puede llevar por delante cualquier posibilidad de buscar competitividad”, explicó Bedoya.

Siguiendo con el planteamiento, el Presidente de la SAC indicó que a lo anterior se le puede sumar que en un sector como el bananero el tema es aún más complejo toda vez que lo que recibe por sus exportaciones con un dólar barato no cubre los gastos laborales ni los costos de producción teniendo en cuenta que este cultivo demanda drenados e insumos de alto costo, asunto serio que golpea la competitividad por más que un empresario busque valor agregado porque sencillamente está recibiendo menos pesos por sus exportaciones representadas en kilos o cajas exportadas.

Las proyecciones de la SAC están bajo reserva y es apenas consecuente porque el gremio está a la espera de cómo evoluciona el fenómeno cambiario, pero igual sabe que hay otros asuntos que ameritan paciencia como es el precio del petróleo y los mayores costos de insumos como la urea. No menos importante en el comportamiento del sector agropecuario es la situación del país y el derrotero de la economía que es una variable crítica considerando que el gran componente de la producción de alimentos en Colombia es el mercado doméstico.

Es por ello, anotó el gremio, que hay que mirar la dinámica económica, el empleo, el consumo de los hogares y la lenta salida de un enfriamiento de la economía que dejó saldos y secuelas. También hay que mirar con lupa los precios internacionales de aquellos productos que tienen mercado de exportación.

“Aún es muy temprano para ver si la tendencia de revaluación es consolidada que obligue, inclusive a los mismos subsectores, a replantear sus expectativas inclusive en materia de crecimiento o de rentabilidad para el 2018”, agregó el señor Bedoya Vizcaya.

Cierto si es, reconoce el respetabilísimo dirigente que gobierno, empresarios, productores y gremios deben encender las alertas y no bajar la guardia, advirtiendo que en tasa de cambio no es mucho el margen de maniobra que hay para defenderse porque una intervención cambiaria suele ser bastante complicada. Dijo que el país no se puede olvidar de cómo operaba su economía en tiempos de la banda cambiaria y cómo opera inclusive el actual sistema.

Agregó que la situación actual es preocupante para los exportadores porque un apoyo podría venir por el lado de los seguros cambiarios, y si hay importaciones masivas el asunto puede resultar más fácil de meter en cintura porque allí entra el ajuste al alza en los aranceles o las salvaguardias, pero el tema de dólar es particularmente complicado.

Si bien hay carencia de una cultura de la prevención y el aseguramiento en Colombia, hay temas que se salen de las manos de los productores porque por citar un ejemplo, las lluvias que siguen intensas y haciendo de las suyas fueron recibidas con una expectativa desde el ejecutivo porque desde finales de 2017 se hizo la solicitud para el caso de las primas de seguro agropecuario y por consideraciones climáticas 70.000 millones de pesos de los cuales fueron asignados tan solo 4.000 millones y a la fecha no hay ningún anuncio oficial que les permita a los agricultores contar con esas coberturas.

En tasa de cambio el tema es más difícil, y si bien falta cultura, expuso Bedoya, también se adolece de una política pública para el campo porque de alguna manera eso es lo que ha fallado en el caso del seguro agropecuario, y de agudizarse el tema cambiario, sostuvo, seguramente el tema también saldrá a la luz pública.

El campo necesita política de estado y no gestión por raticos

Unos de los problemas del agro en Colombia es que no cuenta con una política de estado firme, seria y confiable que tenga en cuenta la seguridad alimentaria, el crecimiento económico, el empleo rural, la calidad de vida y las mejores perspectivas para las zonas rurales e inclusive para los cascos urbanos que son los que consumen las producción agrícola y pecuaria.

En opinión de Bedoya, lo primero para conjurar un lío nada menor es dejar de pensar en el corto plazo y pensar en políticas que trasciendan a cada cuatrienio. Lo segundo expresó, es enfocar esa política hacia los bienes públicos, es decir aspectos que beneficien a todo el sector y no a las coyunturas específicas como fue el caso de los paros y de los bloqueos a las carreteras que terminaron literalmente drenando los recursos del gobierno nacional.

“Lo tercero es propender por una cultura empresarial en el campo en donde los productores le den manejo de factoría al sector primario con recetas que existen, pero que requieren de crédito, seguridad jurídica y de brindar condiciones, pero hoy el gobierno está primero ocupado en expedir un decreto para entregarles tierra a las Farc para afianzar las zonas de reserva campesina antes que sacar la ley de tierras que es verdaderamente importante para estimular la inversión tanto nacional como extranjera”, dijo.

Las fórmulas para desarrollar el campo fueron encontradas por los peruanos y por los chilenos y lo inexplicable para la SAC es por qué en Colombia no existe la voluntad política para adelantar ese tipo de políticas estructurales que catapulten la ruralidad.

A criterio del Presidente de la SAC, hay un lío grande y es que en Colombia preocupa más el crecimiento que la rentabilidad y ese, apuntó el gremio, no debería ser el tema.

En lo corrido del año y básicamente el cierre del trimestre mostró dinámica, la cual estuvo muy acorde con el de la economía colombiana, recalcando que a los agricultores lo que les preocupa y los concita es la tan anhelada rentabilidad, muy reservada a una intermediación salvaje que no mide la tragedia económica del productor primario.

Lamentablemente las importaciones de alimentos siguen disparadas, a tal punto que en 2017 superaron los 12 millones de toneladas con dólar caro, y haciendo prever que crezcan aún más con una divisa de bajo precio. El país compró de manera importante en ese periodo, maíz, soya, trigo y cebada entre otros productos.

Colombia, y lo dice la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, FAO, es la despensa y la opción alimentaria del mundo, pero hay que decir con mucha angustia que en el popularísimo país del Sagrado Corazón, se ha esperado con ansia y verdadera necesidad una reforma agraria que durante décadas pasó por debajo de la cerca, quien sabe ¿por qué?, de todas maneras hay tierra, clima y capital humano que puede sacársele a la coca para enamorarlo de una palabra de por sí bella, pero a la deriva, “rentabilidad”, que tan bien conjuga con el término dignidad y de igual manera con el de coherencia.

Ya las lágrimas y las quejas por la infortunada apertura económica que debió darse para adquirir electrodomésticos, carros y bienes de capital, más no para entregar sin misericordia el campo y el negocio rural, es tema del pasado y ahora la tarea es generar sinergias que tiren progreso para el mismo lado, pero única y exclusivamente con el concurso de un estado comprometido y con el apoyo de unos gremios que han demostrado de qué están hechos porque en medio de todo le pusieron el pecho a la brisa y no desfallecieron, siguieron gratamente “dando lora”.

Aquí evoca cualquiera que ame y respete el campo, la frase eterna del periodista y escritor británico fallecido en 1859, Thomas de Quincey, “Honra a los labradores, porque los que labran la tierra son el pueblo escogido por Dios”.

Los de Colombia, tristemente hay que decirlo, trabajaron duro, a sol y agua, en medio de todas las vicisitudes para merecer injustamente un gélido y oscuro limbo.

 

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