Domingo, 04 Noviembre 2018 00:04

Carnicerías en crisis: Expendedores hacen de tripas corazón

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Frigoríficos, expendios de carne y el público están preocupados porque la plata no alcanza para la proteína que hasta hace unos años no podía faltar en la dieta de los colombianos.

Los hogares colombianos siguen experimentando una reducción alarmante en sus ingresos y por eso el anuncio de reforma tributaria que con eufemismos fue bautizada ley de Financiamiento, trae una serie de medidas que condenan el gasto de las familias las cuales estarán forzadas a comer menos y a someterse a los vejámenes de un modelo económico que en medio de su colapso sigue acabando con lo poco que les queda a los colombianos en los bolsillos.

Todo parece indicar que la felicidad y la comodidad no son derechos que puedan disfrutar los colombianos pobres y menos los de la clase media que ahora no pueden ni comer carne, y no es por líos de ácido úrico o dieta sino por falta de dinero. El consumo de carne experimenta un desplome aterrador en los últimos años y tal y como van las cosas la carne será un bonito recuerdo de sudados, pucheros, asados, sancochos y parrillas.

El Gerente General de Frigoríficos Guadalupe Carlos Maya Calle, le dijo a Diariolaeconomia.com, que la tendencia que se ha tenido en los últimos cinco años de disminución en el consumo venía desacelerándose, pero en lo corrido de 2018, que ha resultado un buen año mostró en el mes de septiembre una caída considerable que encendió las alarmas entre los comercializadores de carne que vieron una recuperación en octubre, pero sin lograr despejar la incertidumbre por diferentes motivos , verbigracia los brotes de aftosa, la reforma tributaria que puede encarecer sustancialmente el producto y los mismos fenómenos climáticos que al parecer serán muy fuertes en 2019, es decir que la situación es apremiante.

“No podemos olvidar que la disminución del consumo de carne en la actualidad frente a quince o veinte años atrás es impresionante porque tenemos unas reducciones que nos dejan muy mal posicionados como un país especialmente consumidor de carne de res”, expuso el señor Maya

En materia de consumo las cifras son realmente complicadas porque el dato per Cápita en carne de res llegó a estar por el orden de los treinta kilos y para este año ese consumo podrá estar alrededor de los 17 kilos, es decir que hay alarma por la menor demanda de la proteína bovina que en buena medida ha sido sustituida por pollo y cerdo, pero lo cierto es que Colombia es un país que podría consumir mucha más proteína animal comparativamente con países como Argentina, Uruguay e inclusive Chile con los que hay un muy bajo nivel en el consumo de las proteínas.

El tema de aftosa siendo complejo por el impacto que la enfermedad puede tener sobre el rebaño nacional, no es una patología zoonótica, es decir que afecte la salud humana. El tema es tan cierto que en décadas pasadas el país comió carne con aftosa. Los ganaderos aseguran que en Colombia el consumo de carne con la enfermedad pudo durar treinta años, pero ya vino una política sanitaria y unas metas que pudieron meter el problema en cintura porque la idea del ejecutivo, de los ganaderos y de los expendedores de carne es poner en el mercado un producto con inocuidad, es decir totalmente apto para el consumo de los humanos.

En opinión de Maya Colombia ha avanzado mucho en el tema sanitario y de buenas prácticas ganaderas, pero reconoció que aún hace falta recorrer un camino importante con la implementación de la normativa del decreto 1500 que habla de las plantas de beneficio, desposte y desprese que tiene unas regulaciones anexas y que es muy importante, empero, aclaró, son pocas las plantas que se han puesto al día y Frigoríficos Guadalupe reclama desde esa tribuna la exigencia a las plantas que no han avanzado para que arranquen y tengan unas mejores condiciones para que haya una sana competencia.

Las compras de carne de hoy dan fe de la precarización en la calidad de vida de los colombianos, básicamente de aquellos de la clase media y de estratos uno y dos. Lo anterior porque mucha gente compraba hace unos años kilos de carne para la semana, pero ahora bajó a algunas libras y lo que es peor, hay personas que suplican porque les vendan 1.000, 2.000 o 3.000 pesos de carne, como quien dice, lo que hacía falta, venta de carne por pellizcos.

Para Maya Calle, la situación obedece a menor plata en los bolsillos, pero igual a un decrecimiento de la oferta de carne de res y por la falta de competitividad de los productos cárnicos que hizo que hoy en día llegará un encarecimiento que con el correr de los años se hizo supremamente fuerte.

“Ese encarecimiento lo que hizo fue llevar a las familias colombianas a tener menos acceso y les ha tocado buscar unas proteínas más baratas, consumir menos y todo eso es un riesgo para la seguridad alimentaria así como para la buena alimentación del país”, agregó el experto.

Actualmente el precio de la carne puede estar por el orden de los 10.000 pesos la libra, aclarando que hay cortes y unas carnes mucho más finas que tienen un mayor precio, pero más allá del promedio generalizado de la libra de carne, lo que Colombia tiene, según Frigoríficos Guadalupe, es una muy fuerte segmentación en donde las carnes finas prácticamente se volvieron de imposible acceso a muy buena parte de las familias colombianas, aspecto que finalmente compromete la producción porque al no tener la capacidad de ofrecer todos los cortes y de hacer una composición del producto de tal manera que lo absorba el mercado es complejo crecer y seguir desarrollando el negocio a diferencia de la carne de cerdo donde es mucho más parejo el consumo y es visible que la composición es mucho más favorable para el consumidor al igual que el pollo, haciendo que la comercialización de carne de bovino atraviese por una situación de no competitividad. Lo cierto, especificó Carlos Maya, en buena medida todo lo anterior es una tendencia mundial con la carne de res.

El Gerente de Frigoríficos Guadalupe consideró importante volver a las campañas que incentiven el consumo para que la gente entienda que es determinante consumir carne de res la cual es muy importante para el desarrollo, para una alimentación sana y bien balanceada.

Otro punto crítico, expuso Maya Calle, es el de la formalización de la ganadería y de la cadena como tal en la función de carne y consideró que otro punto bien relevante tiene que ver con una mayor productividad ganadera para lo cual es necesaria la capacitación y los flujos de liquidez para invertir en mejores prácticas ganaderas que conlleven a producir más por hectárea y a obtener mayores rendimientos con la misma destinación de recursos, con genética, alimentación y finalmente con un manejo de información adecuado.

La frontera barata puede salir muy cara

Uno de los grandes inconvenientes de la ganadería colombiana legal y transparente es el contrabando de bovinos procedentes de Venezuela, país que poco o nada conoce de prácticas sanitarias aplicadas a su hato ganadero que es una amenaza permanente para la actividad ganadera de Colombia.

Maya consideró que buena parte de la culpa está en los mismos ganaderos y comerciantes que toman este gran riesgo de traer carnes, especialmente de Venezuela haciendo que la situación sanitaria actual sea precaria gracias a unas condiciones de negocio que siempre van a estar en la informalidad y atadas al contrabando así como a un relicario de delitos, entorno que no ayuda porque hace al país menos competitivo lo que lesiona y arriesga el negocio ganadero y de carne puntualmente.

Es increíble, pero a Colombia ingresa carne en costal que puede ser de gran riesgo para la salud porque se trata de una proteína sin manejo de frío, contaminada y posiblemente en descomposición.

Según cifras de la industria, el contrabando de carne pesa y de gran manera en el negocio cárnico porque al país pueden estar ingresando entre el cinco y el diez por ciento de carne que se consume, número que según Frigoríficos Guadalupe es una barbaridad teniendo en cuenta que las regiones más afectadas son las fronterizas en donde el impacto es nefasto para los productores y para toda la cadena.

El contrabando de carne puede oscilar entre 40.000 y 80.000 toneladas lo que muestra que el problema no es para nada de poca monta y que no puede seguir pasando por debajo de la cerca porque hay de por medio autoridad y control que deben mostrar eficiencia en la lucha contra lo espurio.

Colombia consume al año en promedio 900.000 toneladas de carne, cifra pequeña para lo que debiera comer la población de cara a mejorar la nutrición y a propender por un desarrollo sano en los niños y en los jóvenes. La cifra igual invita a incrementar el hato ganadero y a mejorar en toda la cadena cárnica.

Sobre los anuncios tributarios, el Gerente General de Frigorífico Guadalupe aseguró que el tema es bien complicado toda vez que si la gente dejó de comer carne sin IVA, ahora con esa tarifa la carne tendrá que quedarse en los expendios o famas.

El vocero conceptuó que con una tarifa de IVA el producto no solamente va a encarecerse sino que habrá un incentivo a la ilegalidad en donde esas cadenas informales operarán preocupantemente con mucha más fuerza, es decir que allí podrán fortalecerse los mataderos clandestinos y todo lo prohibido que causa por lo general dalos a la salud humana.

Finalmente Maya Calle informó que el sacrificio o beneficio de animales decreció fuertemente en los últimos años y en 2018 la cifra mejoró, pero con los datos de septiembre la actividad puede estar tan baja que puede ser similar a los niveles de 2017 o incluso inferiores.

“Colombia produce una muy buena carne y ha venido mejorando en su calidad, pero mientras siga decreciendo como tal el volumen y mientras sigan contrayéndose el consumo, será muy difícil saber para dónde va un negocio que es tan relevante para los colombianos. El tema de la aftosa, el cierre de las exportaciones y el bajonazo en producción es un campanazo de alerta para los nacionales”, concluyó Maya Calle.

Carne, una proteína con muy mala fama

Los distribuidores de carne de Bogotá y el país coinciden con las inquietudes de Frigoríficos Guadalupe ya que las ventas bajaron preocupantemente, haciendo del negocio una actividad poco rentable y sin mucha perspectiva. Hoy el precio no ayuda, la aftosa espanta clientela y el ministerio de Hacienda hace anuncios de muy mal recibo porque prácticamente prohíbe comer carne.

En el Barrio Bella Vista de Bogotá en la localidad de Engativá, hablamos con Ismael Pimentel, un hombre dedicado a la venta de carne desde hace unos veinte años. El tono de su voz amable y pausado no escondió esa preocupación que tiene a las famas y a los expendios de carne con las alarmas encendidas pues la gente no está comiendo carne y si pide lo hace en volúmenes inferiores a las compras usuales.

“Estamos vendiendo mucho menos carne de la que vendíamos antes, hay que decir que el movimiento era mejor cuando el precio estaba accesible, pero hoy está muy cara y desde luego la gente la consume mucho menos”, comentó.

Pimentel explicó que una libra de chatas que es un corte bueno puede valer 10.000 pesos, pero aclaró que carne de bola, cadera o pierna puede dejarse en 8.000 u 8.500 pesos, sin embargo hay una carne más económica que cuesta 6.500 pesos la libra.

“La situación está muy difícil, aquí llega la carne por mil pesos de carne, 2.000, 4.000 y 5.000 pesos, mejor dicho lo que medio pueden comprar. Para colmo de males el hueso poroso que era muy económico salió del mercado y la gente trata de llevar el hueso carnudo que da sabor y gusta en muchos hogares que siguen alimentándose con buenas sopas”, aseveró.

Aseguró que hace quince años el negocio todavía era muy bueno, pero manifestó que de ese tiempo hacia estos últimos y alarmantes días el contexto cambió por la carestía del ganado y de la carne.

“Ahora con el IVA la gente la va a consumir menos y eso nos afecta a todos en la cadena porque este negocio está muy, pero muy caído, quizás los grandes mayoristas no sientan tanto el impacto como nosotros los pequeños o medianos comerciantes, de todas maneras se vienen unos tiempos terribles porque con los nuevos impuestos a la gente le van a quitar el alimento de la boca y las ventas desde luego serán mucho menores, luego aquí si dependemos de un verdadero milagro”, expresó el señor Pimentel.

El negocio está tan venido a menos que anteriormente una fama como la de don Ismael compraba una res entera para la venta del barrio, hoy tan solo es posible comprar media y hay casos en los que algunos llevan la carne por piezas o despostada porque el consumo cayó y de qué manera. Esa res que Pimentel compraba en los centros de beneficio duraba dos días, actualmente esa misma res dura en nevera cuatro días y eso cuando cae una quincena.

El señor Henry Garzón, también vive, o sobrevive del negocio de las carnes, ese que empezó a marchitarse hace unos años y que hoy apenas deja una utilidad mínima que cubre los gastos del negocio y a duras penas los de la casa. En diez años que lleva en el expendio de carnes, este buen hombre ha sentido el bajonazo en las ventas que cayeron a niveles del 30 por ciento o más pues la situación se hizo tan inllevable que muchos propietarios de carnicerías optaron por cerrarlas porque el margen ya no daba ni valía la pena.

Igual que Pimentel, la vaca que compraba Garzón para dos días ahora dura una semana, con el agravante que muchas veces quedan inventarios que deben ser consumidos o puestos a menor precio por tratarse de un producto altamente perecedero.

“Hace diez años yo vendía en un día, una res lo cual representaba ventas por 2.2 millones de pesos y unos 15.4 millones de pesos a la semana que podía mejorar en tiempos de pago, en fechas especiales o los fines de semana. Al mes una fama bien surtida vendía en promedio 61.4 millones de pesos, pero la situación cambió porque la gente no tiene plata, está vacante y no está comiendo carne. El tema es bien alarmante porque a este paso vamos a tener que cerrar los negocios”, sostuvo el expendedor de carnes.

Actualmente una res puede conseguirse en tres millones de pesos y al venderla el margen de utilidad es tan bajo que la ganancia tan solo deja para comer. Hace más de diez años, subrayó, la gente compraba el kilo de carne para las comidas, hoy a fuerza de juntar monedas y billetes compra media libra o menos.

Sentenció el negociante que si prospera la propuesta del IVA para los alimentos de la canasta familiar lo cual incluye la carne, no habrá más consumo, se pondrá en riesgo el derecho a una buena alimentación y muchos expendios tendrán que cerrar porque no van a aguantar ventas ínfimas y si por el contrario gastos enormes, incluyendo los impuestos. “El IVA con seguridad propiciará nuevas quiebras porque hay muchos que están haciendo de tripas corazón, pero eso en los negocios no es suficiente”.

El asunto es bien difícil porque así como el palo no está para cucharas, la situación no da para comer carne y con las medidas que quiere aplicar el ejecutivo en materia tributaria aplica el dicho aquel que la carne que se lleva el gato, no vuelve al plato.

Hay una realidad apremiante que puede llevar a muchos colombianos de la cadena ganadera y cárnica a una situación de dificultad económica en vista que el negocio con muy bajo consumo no es sostenible y todo porque los salarios son bajos, las oportunidades pocas y los impuestos asfixiantes. Es sencillo, con la carne en el techo, el hambre en el pecho y el contexto no se ve bien a causa de que hay mucha incertidumbre en un renglón que sufre como el ganadero porque las políticas económicas tienen al país en plena vigila o cuaresma, la falta de plata alargó la Semana Santa en Colombia en donde la carne no se ve y la situación puede generar otros inconvenientes económicos y sociales de no haber coherencia en lo que se quiere hacer para enderezar las finanzas del estado.

Lo único cierto es que Estados Unidos y otros países creyeron firmemente en el modelo de pagar mejores salarios y así tener una demanda de bienes y servicios con gran dinámica que conlleva a la riqueza lo que es posible, únicamente con poder adquisitivo, a Colombia esa tesis, vaya que le ha costado entenderla.

 

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