Sábado, 26 Enero 2019 13:57

La economía rural de Colombia necesita legalizar predios: BBVA Research

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Los economistas y analistas del BBVA dicen que uno de los grandes problemas de Colombia radica en la informalidad y en unas tierras que pudiendo ser productivas se mantienen ociosas.

Los analistas de BBVA Research afirmaron que dentro de los retos que tiene Colombia está la legalización de tierras por cuanto hay una productividad que podría mejorar si los títulos de propiedad estuvieran actualizados y si las tierras que hoy no se utilizan fueran destinadas para el crecimiento económico a partir de una agresiva política agropecuaria.

En charla con Diariolaeconomia.com, el Economista Principal para Colombia de BBVA Research, Alejandro Reyes, expuso que Colombia tiene uno de los potenciales más grande en la región y posiblemente en el mundo en temas agrícolas, asunto que no es posible explotarlo en su máxima capacidad porque en el campo no fluyen los recursos necesarios.

Aclaró que para poder colocar los dineros que demanda el campo, es perentorio que existan garantías lo cual está en el eje central de la propiedad de tierras. Agregó que precisamente ese eje debe permitir fijar la política agraria alrededor de propietarios que puedan tener la autonomía sobre la inversión en sus terrenos.

Dijo que esa tranquilidad que parte de la legalización de predios es tan determinante en el desarrollo rural que de darse un salto en la formalización de la propiedad, habría espacio para inyectarle recursos a una ruralidad que tiene todas las posibilidades tanto en el mercado interno como en oferta exportable.

“Si no hay claridad sobre la propiedad de un terreno y mañana ese posible dueño va a enfrentar inconvenientes legales, difícilmente habrá inversión en riego, en mejoras y en aumento de la producción pese a que una situación de ese calibre reduce la productividad por una lado y también la capacidad de producción agrícola y de exportaciones provenientes del campo. Insisto, un eje central para la producción agraria es definir la propiedad de la tierra”, afirmó el señor Reyes.

Al revisar el número de hectáreas llamadas ociosas que podrían llegar a los veinte millones de hectáreas, el experto indicó que hay unos puntos que no se han tenido en cuenta y son las ventajas para el pequeño productor del campo, pero igual las ventajas para el gran productor. Explicó que el pequeño labriego suele ser muy productivo por hora ya que destina buena parte de su tiempo a las siembras con las que es también muy cuidadoso, pero explicó que no es productivo en términos de extensión porque no cuenta con la maquinaria y el equipo para ser muy eficiente.

No descartó que una mezcla de esa historia en un esquema bien definido de producción podría tener un impacto significativo de la producción, explotación venta y competitividad del sector que demanda una política no solo en el tema de tierras sino una iniciativa agrícola que determine la forma como se debe producir en Colombia y que evite tener hectáreas improductivas y el mal uso de algunas zonas porque es muy común ver el negocio más fácil en determinadas regiones en donde no se requiere tanta mano de obra para conformarse con pequeñas rentabilidades mostrando que hay un precario uso de las tierras y una mala asimilación de tierras en el país.

El analista habló sobre la concentración de inversiones en sectores como el petrolero y el de minas y energía que en su momento dejaron una buena ganancia para el país, pero que con la caída en el precio de los commodities significó una tragedia fiscal toda vez que representó un hueco superior a los 23 billones de pesos.

Reyes conceptuó que no fue malo haberle puesto tanta atención al sector de hidrocarburos porque existen varias experiencias en donde la explotación de petróleo es un dinamizador regional que le ayuda inclusive al mismo sector agrícola. Ese término de sembrar petróleo, apuntó, es vital para los desarrollos regionales importantes. Empero manifestó que la economía mostró que no es bueno apostarle a un solo sector sino propender por una diversificación productiva que proyecte mejores exportaciones y mayores ingresos para la nación.

“Tenemos que complementar lo que se hizo con petróleo y el gran reto es seguir mejorando en petróleo, pero poniéndole atención al agro y apoyándolo, aunque hay que decir que no solo el agro debe recibir una ayuda de los ingresos petroleros sino todo el sector productivo en donde no solamente habrá beneficio para la economía naranja y las industrias culturales, sino todo el capital humano que se requiere para esas industrias con una formación mayor y eso permitirá subir la productividad de la sociedad, es decir que todo urge de complementos porque en Colombia necesitamos el petróleo, el agro y una productividad creciendo basada en la capacitación media de la comunidad, es decir esfuerzos que se deben hacer, ojalá en simultánea, pero lo cierto es que deben hacer parte de la agenda de los próximos años”, anotó Reyes.

Añadió que ahora más que nunca es necesario reactivar sectores en donde hay capacidad instalada porque es muy urgente dinamizar la economía. Sostuvo que el gran lío de Colombia es que los empresarios se dieron cuenta que la tasa de cambio no lo era todo y que esa pelea por mayor valor en el dólar para impulsar la competitividad fue insulsa. Es tan cierto, dijo el analista, que Colombia reportó una gran devaluación en el tipo de cambio que resultó igual o peor porque el país sigue con problemas importantes en varios sectores.

Dogmatizó que un reto para el ejecutivo es como logra a través de reformas estructurales, como hace más productivo su aparato generador de empleo y de producción en la economía lo cual aún está pendiente. Al superar esa barrera, consideró, sin lugar a dudas el país tendría capacidad de hacerlo a gran escala en todos los sectores que tiene la economía y aprovechar aquellos que tienen capacidad instalada baja.

Finalmente Reyes dijo que al ver las cifras de la economía es fácilmente detectable que el mundo venía de experimentar grandes problemas por cuanto fue notorio un ciclo difícil. Para el caso de Colombia la caída de los precios del petróleo dio un golpe muy fuerte porque afectó el ingreso haciendo que la economía tardara tres años en levantarse nuevamente. Fue claro al precisar que los números de crecimiento van a ser mejores, pero informó que todavía el tema no da para izar la bandera del logro y del objetivo porque Colombia necesita crecer muy por arriba del cuatro por ciento para incluir a grandes trozos de la población que hoy están por fuera de la formalidad ya que la informalidad supera el 50 por ciento lo que dice que en pocos años la mitad de los nacionales no tendrán seguridad social o una pensión.

Otro reto es bajar los indicadores de pobreza que están por el orden del 26 o 27 por ciento, indicador que aunque ha bajado sigue preocupantemente alto. El tema es tan apremiante que si la tarea no se hace al derecho y no se cumplen las metas sociales ese 30 por ciento de población vulnerable podrían regresar a sus orígenes de pobreza si la economía no crece por encima del cuatro por ciento lo cual sería un gran desastre.

“Si esas personas que con tanto esfuerzo pudimos sacar de la pobreza para llevarlos a una clase media vulnerable regresan a su caos social, sería frustrar los sueños de toda una generación, luego allí tenemos unas tareas importantes que deben brotar en la sociedad con crecimiento económico pues si no mejora ese registro no hay nada que hacer y por ello tenemos que enfilar todas las baterías para que haya productividad, inclusión, formalidad y para que ese crecimiento, insisto, pueda ubicarse por arriba del cuatro por ciento y eso tristemente no lo vemos tan fácil en el horizonte”, señaló.

Reyes manifestó que si no hay una acción decidida por parte de las autoridades económicas, la clase media en Colombia está seriamente amenazada porque crecer a tasas de 3 o 3.5 por ciento sería nefasto para los indicadores sociales, asunto que invita a diversificar, educar, abrir industrias, innovar y hacer transferencia de tecnología.

Agencia Nacional de Tierras y un reto descomunal

La Agencia Nacional de Tierras, la máxima autoridad de tierras en Colombia ha adelantado una serie de trabajos encaminados a legalizar predios y a hacer de Colombia un país de dueños legítimos con lo cual se le abre paso a la equidad, al emprendimiento y a una serie de labores agropecuarias que buscan afianzar el emprendimiento rural y la concepción de una economía con mayores opciones en donde la seguridad alimentaria logre hacer convergencia afortunada con la oferta exportable.

La actual dirección de la ANT sostiene que en Colombia y básicamente en su ruralidad hay cabida para todos, pero sobre pilares de legalidad y formalización de las tierras. Agregó que al amparo de la institucionalidad y la legalidad es posible cristalizar sueños y proyectar progreso en esta y en las nuevas generaciones.

La Directora de la ANT, Miryam Carolina Martínez, expuso que un aspecto a tener en cuenta hoy y siempre, es que la tierra no tiene ni debe tener tinte político ya que la agricultura y la necesidad de sembrar futuro demanda tierra buena para garantizar la vida, pero todo ese oficio de certificar tenencia legítima debe estar acompañado por unas acciones complementarias que le den al campesinado verdaderas herramientas de labrado y comercialización que permitan la sostenibilidad en las actividades del campo que tienen que ser por naturaleza rentables y un negocio inmejorable para toda la vida.

“Con la puesta en marcha de la Agencia Nacional de Tierras, no solo fue fijado un objeto y una estructura, con él fueron entregados los mecanismos que propenden desde el ejecutivo por la institucionalidad perentoria que requiere el posconflicto y un verdadero desarrollo del campo. La nueva figura nació como facilitadora de la implementación de los acuerdos suscritos en el marco del proceso de paz”, ratificó la funcionaria.

La ANT, ve de manera complacida el cumplimiento de unas metas sociales y legales muy necesarias de cara al reordenamiento de la propiedad y de la tierra enturbiado con ese paso inexorable de los años por aspectos tales como los cambios de época, los diversos mandatos pos República y los fenómenos de violencia que llevaron todo tipo de líos al campo, empezando por la misma tenencia legal de los predios.

Hoy el campo cuenta con tierra fértil y propicia para sembrar equidad y desarrollo en medio de una paz consecuente porque se hace y fortalece en escenarios de legalidad y acuerdos de doble vía en donde campesinos y Estado hacen convergencia.

El país ve con tranquilidad y confianza que desde la ANT se avala el acceso a la tierra a aquellos campesinos que no la tienen o que estando en la ruralidad, no pueden sostener sus producciones o predios por múltiples razones, básicamente por temas de mercado y por coyunturas económicas.

“Colombia puede estar tranquila, sus comunidades campesinas, sus etnias y quienes viven de la tierra también por cuanto se cumple con ese mandato de vigilar y garantizar el adecuado uso de la tierra, factor que hace cumplir estrictamente la función social que gira en torno a esta, eso sí, con unas explotaciones ambientalmente responsables”, afirmó Martínez.

La Agencia Nacional de Tierras, como máxima autoridad de las tierras de la Nación, tiene por objeto ejecutar la política de ordenamiento social de la propiedad rural formulada por el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, para lo cual debe gestionar el acceso a la tierra como factor productivo, lograr la seguridad jurídica sobre ésta, promover su uso en cumplimiento de la función social de la propiedad y administrar y disponer de los predios rurales de propiedad de la Nación.

“El cumplimiento de los acuerdos de La Habana siguen de acuerdo con el compromiso establecido, pero para nosotros lo más importante es poder generar ese acceso a la tierra y a la formalización de la tierra para todo el campesinado y las personas que habitan en la ruralidad. Esto sigue sin ningún inconveniente”, concluyó la Directora de la ANT.

La representante de las etnias del Magdalena, Caty Lilian Dangón Díaz, dijo en este medio que de cara a superar problemas con la tenencia de la tierra se hace muy útil el diálogo social porque a la fecha la ANT intenta fortalecer capacidades para los grupos étnicos teniendo en cuenta que la mayor problemática que tienen aborígenes como campesinos es que hay procedimientos que estos no conocen, lo cual les impide el acceso a ellos.

Lo ideal es que campesinos y comunidades indígenas logren afianzar sus conocimientos para que tengan la capacidad de llegar a las instituciones a solicitar que se les adelanten los trámites respectivos.

Dividir la tierra para todos es un reto mayor si se tiene en cuenta que Colombia es un país muy amplio en donde todos tienen cabida, pero sin dejar de lado que hay muchos conflictos interétnicos así como entre indígenas y campesinos, pero a su vez entre campesinos y negritudes lo cual hace que ese reto demande mucho trabajo.

Dangón quien trabaja en la Agencia explicó que hay procedimientos que debido a la complejidad que tienen no pueden hacerse de un momento a otro y comentó que en ocasiones los tiempos que dan los jueces resulta muy cortos lo que impide que se pueda avanzar o que se puede realizar un proceso.

“Un asunto de constitución de resguardos mínimo conlleva un año a pesar de que la norma dice que son cuatro o cinco meses, pero entre las visitas a la comunidad, los trabajos de topografía, los cruces y los diálogos se va el tiempo que muchas veces está por debajo del que fija la sentencia”, apuntó la amable indígena Kankuama.

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