Domingo, 07 Abril 2019 08:55

Alimentos importados: ¿Cáncer a la carta?

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El gremio de los cerealistas dijo que Colombia urge de un sistema nacional de trazabilidad que permita establecer si los alimentos que llegan del extranjero brindan garantías para la salud humana.

Los cerealistas colombianos expresaron su preocupación por el enorme riesgo que hay actualmente en la salud de los colombianos ante la falta de control de las materias primas que son importadas y que tienden a crecer por los TLC y el libre comercio. La situación es tan delicada, aseguran, que la salubridad podría estar en veremos.

El escenario es de tal calibre que muchos alimentos que ingresan a Colombia vienen de distintos orígenes sin que exista la certeza de la calidad agrícola, de los pesticidas o químicos usados. Este contexto sostiene el gremio, podría ser el causante de múltiples enfermedades, entre ellas el cáncer.

En diálogo con Diariolaeconomia.com, el Gerente General de la Federación Nacional de Cultivadores de Cereales y Leguminosas, Fenalce, Henry Vanegas Angarita, indicó que hay mucha preocupación porque para el caso de los granos agroalimenticios, llámense arroz, maíz, trigo o cebada, hay un problema llamado micotoxinas, bien sea aflatoxinas, ocratoxinas y otras variedades de las peligrosas micotoxinas que están muy relacionadas con los riesgos carcinogénicos y que son generadas por hongos que resultan de almacenamientos de largo plazo o que no fueron guardados con un grado seguro de humedad.

El tema no es elemental porque estos productos fumigados, indebidamente procesados o con precario almacenamiento han llegado a diferentes países y les ha ocasionado la muerte a muchas personas que resultaron afectadas por los altos niveles de contaminación. Muchos de estos casos fueron reportados en África y ello fue motivo de mayor vigilancia y control.

“El problema no es solamente fitosanitario o que le genere riesgos a la producción nacional, el lío es la calidad sanitaria que impacta la salubridad del consumidor final, y es allí en donde los médicos coinciden con nosotros en el sentido de que hay que ponerle mucho más control a las importaciones, sea azúcar, arroz, maíz, trigo, soya o cualquier otro, porque de manera perentoria necesitamos tener un control sanitario, fitosanitario y de inocuidad, lo cual hace urgente implantar un sistema nacional de trazabilidad supremamente robusto. El tema es replicar los controles, la rigurosidad y las exigencias que hacen los demás países en sanidad para avalar la admisibilidad y así poder penetrar esos mercados”, especificó el señor Vanegas.

Lamentó que mientras a Colombia le ponen todas las trabas posibles para exportar productos del sector primario, al país ingresan alimentos y toda clase de derivados o procesados, sin ningún tipo de medida extrema y preventiva. Dijo que es deplorable ver como al país lo llenan de materias primas que en otro país por regulación sanitaria no entran porque no cumplen ciertos requisitos.

Al país, agregó Vanegas, llega fríjol con gorgojo y productos contaminados en total detrimento de la salud y de los niños porque muchos productos que participan de la dieta de los menores tienen un peso corporal que no toleran una dosis letal media de un adulto. En opinión de Fenalce, muchos de los problemas de la juventud y de la niñez tienen como origen unos alimentos que no tienen la garantía de sanidad o inocuidad que ofrezca verdadera salud, hoy por el contrario muchos adolescentes y párvulos sufren las consecuencias de un libre comercio que vende de todo, pero sin medir consecuencias porque por encima de la ética están los grandes volúmenes que deben venderse a como dé lugar.

Dijo que la sanidad debe ser un sentimiento de todas las autoridades lo cual no es posible a la fecha porque a criterio del dirigente gremial ni el Instituto Colombiano Agropecuario, ICA, ni el Instituto de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos, Invima, cuentan con el suficiente personal para dichos menesteres que se hace aún más complejo por ese flujo masivo de importaciones que superan ya los quince millones de toneladas de alimentos.

La increíble cantidad de alimentos importados que encienden las alarmas sanitarias y de salud humana tiene a muchos pensando porque las enfermedades ya están a la orden del día. Fenalce aseveró que generalmente es importado maíz para consumo animal porque la declaración de importación precisa que el producto es para uso agropecuario, pero reveló que una vez nacionalizado el cereal, éste es comercializado indistintamente para consumo humano o animal, tema bien delicado porque allí las tolerancias de micotoxinas son bien distintas porque si son para consumo animal pueden entrar con 20 partes por billón y es aceptado, pero aclaró que si es para consumo humano la medida aceptada ronda niveles de ocho a diez partes por millón como máximo. En ese caso, comentó, cuando el maíz amarillo importado para consumo animal es desviado para el consumo humano, esas arepas que puedan tener aflatoxinas llevará muy fácilmente a desarrollar cáncer de hígado

Los expertos en medicina han advertido sobre el peligro de las micotoxinas porque su ingestión puede afectar el sistema nervioso central, el sistema digestivo, el respiratorio y todo el tema cardiovascular. Como si fuera poco produce irritación alergias y nauseas sin hablar de otros síntomas indeseables. Las micotoxinas también generan depresión del sistema inmunológico y la intoxicación por micotoxinas, llamada micotoxicosis puede ocasionar la muerte.

El Gerente General de Fenalce, Henry Vanegas, especificó que en el caso del maíz que va en los balanceados las micotoxinas pueden pasar a la carne bien sea de pollo, vacuna o de cerdo, igual suerte puede correr la leche como es el caso de las fumonisinas que sugieren riesgo en la salud de los bovinos, pero igual de los humanos.

En los TLC, afirmó Vanegas, hay un anexo de aspectos fitosanitarios y sanitarios, pero apuntó que este no tienen los requerimientos ni cumple con las exigencias de las entidades internacionales como la FAO y otras de control sanitario. Es por ello, dijo, que al no tener en Colombia un sistema nacional de trazabilidad, no ha sido posible poner filtros y medidas de prevención que deberían estar en total vigencia para poner a salvo el consumo nacional.

Dadas las condiciones, opinó el experto, Colombia debe poner a funcionar cuanto antes el sistema nacional de trazabilidad que desde mayo del año pasado quedó en manos del ICA luego de que el gobierno expidiera un decreto sobre ese particular, pero el vocero recalcó que la autoridad sanitaria no tiene ni la gente ni los expertos requeridos, es decir no cumple para esa función ni en lo cuantitativo ni en lo cualitativo. Sobre el interesante asunto, Fenalce dijo que en el ministerio de Salud hay una resolución que establece los límites máximos permisibles de micotoxinas en productos alimentarios, dispensa que no está en aplicación, con el agravante que tenía que ser actualizada en octubre de 2018 de acuerdo a la misma norma, pero esto no se hizo y no pasó nada.

Lo anterior, señaló, demuestra que el mismo ministerio de Salud y el Invima, no tienen los dientes para poder controlar ese volumen de alimentos en el mercado pues el traer cinco o quince millones de toneladas por tres o cuatro puertos, el asunto demanda mucho personal a diario para que vigile en zonas de comercio exterior así como en los cascos urbanos. Para el dirigente gremial, esa labor exige un sistema que adelante seguimiento, trazabilidad, control, que dicte medidas y que igualmente exija, de acuerdo a los parámetros, una calidad y una inocuidad que les lleve tranquilidad así como seguridad a los consumidores.

“En Colombia nos preocupamos mucho cuando no producimos un millón de barriles de petróleo o cuando no recogemos doce millones de sacos de café, pero tristemente nadie se preocupa porque estemos importando quince millones de toneladas de alimentos y mucho menos hay angustia por las condiciones de calidad cuando lo único que predomina es el afán mercantilista sintetizado en qué hay barato afuera para traer y así inundar el mercado, produciendo la quiebra de los productores del campo”, expresó el Gerente General de Fenalce.

Para el dirigente, hay de manera visible una competencia desleal y desigual porque ponen a competir un producto nacional totalmente apto para el consumo humano con un producto extranjero de inferior calidad y a más bajo precio.

Una situación que genera preocupación máxima en Fenalce, es que cuando se hacen rondas por los supermercados son encontrados los espacios invadidos de producto importado lo cual es totalmente desalentador porque resulta complejo hacer patria y generar trabajo y empleo rural porque no hay unas exigencias en igualdad de condiciones. Para el gremio de los cerealistas debería existir una ley espejo, es decir que las mismas exigencias que le hacen a Colombia con sus productos para entrar a esos mercados, apliquen de igual manera para ingresar al país.

Al hablar del producto colombiano, Fenalce dijo que la producción nacional agropecuaria es de tan buena calidad que la consume Colombia entera, y ello porque el aspecto, la frescura y el hecho de no almacenar inventarios como pasa con los importados, hace que la gente en Colombia mire con mayor interés y mucha más confianza el alimento que brota de las fértiles tierras de valles, llanuras, y campiñas que prosperan a los largo y ancho de tres cordilleras.

Consideró determinante apoyar con mucha más decisión el consumo nacional y estimó conveniente que los productores opten por acoger los mismos controles que tienen las importaciones, empero aseguró que no es nada equitativo y nada sano hacer todas las exigencias al producto interno mientras que las importaciones pasan sin mayores inconvenientes lo que resulta alarmante y decepcionante.

Hoy Colombia ha logrado dar pasos importantes en materia de genética para el maíz y gracias a ese trabajo juicioso fue posible desarrollar nuevos híbridos de alto rendimiento y competitividad para aumentar la productividad. Estos híbridos tienen marca propia y fue bautizada como FNC 8134 ideal para grano y forrajes, FNC 8314, de alto rendimiento en ensilaje, FNC 8310 de altas propiedades nutritivas. Las calidades son muy altas en granos amarillos y el gremio le apuesta a la incorporación de tecnología para lograr la tolerancia a ciertos herbicidas como también a plagas, pero en maíces blancos que son más para el consumo humano, hay híbridos convencionales como el FNC 8502 de alta productividad de maíz, igual el FNC 8514 que igual ha tenido muy buena acogida por la cristalinidad y el rendimiento en trilla.

“Estamos trabajando conjuntamente con el Centro Internacional de Agricultura Tropical, CIAT, para producir maíces y fríjoles bio-fortificados, es decir granos con altos niveles de zinc, fríjoles con mayor contenido de hierro que contribuyan más decididamenete con ese compromiso que hay al interior de los productores de cereales con la seguridad alimentaria que no solamente es posible con la sanidad y la inocuidad sino con alimentos mucho más nutritivos", expuso Vanegas.

En 2018 Colombia sembró en promedio 468.000 hectáreas de maíz de las cuales el 50 por ciento es tecnificado y el otro 50 por ciento tradicional. Fenalce reportó que en fríjol hay 128.000 hectáreas sembradas que contribuyen de manera importante con la dieta calórica y el suplemento proteínico que es requerido para tener esa seguridad alimentaria.

La producción de maíz a nivel nacional está por el orden de los 1.5 y 1.8 millones de toneladas, dependiendo de la condición climática y de los rendimientos de cada zona, sin embargo el 2019 fue un año normal que permitió una producción de 1.8 millones de toneladas. Las lluvias que han caído en los últimos días hacen prever un buen devenir y un cierre de año de excelentes números.

“Los precios y la buena aceptación del maíz nacional para consumo humano que logra una diferenciación y una prima en el mercado interno, ha sido uno de los factores que motiva para poder crecer en siembras en el presente año”, dijo el Gerente General de Fenalce.

Hay que retomar la agricultura dentro del modelo económico

Al igual que muchos, Henry Vanegas, asegura que el modelo económico en Colombia fracasó y quedó totalmente desacreditado ya que concentró riqueza en unos cuantos grupos económicos, atomizó la clase media y cambio las siembras por importaciones, propiciando la destrucción de empleos y la ruina de no pocos sectores.

En su análisis consideró que producir comida debe volver a ser un buen negocio porque cada vez hay más personas demandando alimentos y lo mejor, muchos quieren más productos sanos y nutritivos. La misma nutraceutica, término acuñado en 1989, quiere tener muchos más productos para contribuir con una mejor salud y por lo tanto la gente está exigiendo alimentos con manejos mucho más agroecológicos y desde luego sostenibles y amigables con el medio ambiente.

“Cada vez vamos a distinguir la calidad biológica de los productos porque son mucho más sanos y obviamente menos nocivos para la salud. En ese sentido hay una tendencia a tener una agricultura ecológica y consciente de manejar la condición ambiental para mitigar y poder adaptarnos a los rigores del cambio climático y así poder tener opciones para garantizar la alimentación de una manera más sana, que garantice nutrición y lo único cierto es que el mercado va a pagar por eso”, concluyó Vanegas.

La situación del campo es muy difícil, pero la situación real de mayor demanda de alimentos puede llevar a que Colombia por fin mire al campo, quizás no por esa inteligencia del agro-negocio y de la oferta exportable sino por pura necesidad. El asunto es sencillo, las naciones siembran y cuidan las cuencas hidrográficas o sencillamente mueren de hambre y de sed. El agro en Colombia igual tendrá posibilidades en la medida en qué los colombianos sean más sensatos y exijan producto nacional, producto confiable y fresco pues de seguir con el juego de las compras a bajo precio le pondrán la lápida a una actividad que fue y es injustamente maltratada.

Los años están pasando, la oferta de alimentos se está quedando corta y muchos que le apostaron a sectores energéticos tendrán que ver como la ruralidad recupera su importancia porque no es consecuente que el campo pase por la peor de sus crisis, a tal punto que de manera increíble hay física hambre y un panorama supremamente duro. Hay que recalcar que las grandes siembras tendrán que volver, pero no por iniciativas estatales o por una política agraria seria y de largo plazo sino por obligación, por descarte en vista que los alimentos escasean y a futuro ante una hambruna, no habrá país que cumpla con sus cuotas en los tratados comerciales. El campo posiblemente va a tener una nueva oportunidad y es más que merecida porque las equivocaciones, los TLC precariamente negociados y los procesos de globalización le dieron una estocada a unos sectores primarios que erigieron país. Hoy vemos a Estados Unidos pasar por alto el libre comercio, igual al Reino Unido afianzando su Brexit, pero los países más necesitados y sumidos en la pobreza como Colombia siguen jugando al Tío Rico, en un contexto de precarización, haciendo que la agricultura y la ganadería bajen su perfil en desmedro de una actividad loable que como la ruralidad, le dio alimento al hombre e hizo la vida gratamente posible. En estos momentos de lamento y empobrecimiento, hay naciones tozudas y casi en harapos que creen que merecen un puesto en la exigente Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, OCDE.

Ojalá que la reactivación económica no llegue tarde, pueda ser que un sector al que se “parrandearon” con apertura y libre comercio logre reaccionar porque de seguir la tendencia de desactivación, no habrá alimentos ni proteína para las familias. El anhelo, en opinión de muchos, es volver, pero para perdurar porque no sería lógico retomar el campo, salvar el momento y salir de nuevo por la puerta de atrás.

Los productores colombianos insisten en la necesidad de reactivar el sector agropecuario y potenciar futuro con la producción de alimentos puestos en los mercados internos o externos sobre pilares de buenas prácticas agrícolas y ganaderas, los empresarios del campo saben que competir con los grandes es ir a perdidas porque las potencias usualmente subsidian y defienden al sector primario de la economía y generan todo tipo de mecanismos para no entregarlo, empero hay naciones en donde las dádivas y los regalos hacen parte de una agenda lamentable, estéril y poco útil porque a nadie le cabe en la cabeza que importando y acabando sectores se puede sacar pecho en defensa de lo indefendible, lo malo de todo este asunto es que importamos alimentos, pero de manera irresponsable y sin medir las consecuencias en salud, pues bien dice el dicho que lo barato sale caro, y a decir verdad, el cáncer cuesta, y mucho.

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