Miércoles, 05 Junio 2019 11:58

Sigue ausente rentabilidad en agroindustria del aceite: Espérame entre palmeras

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Los productores de aceite de palma atraviesan por la peor crisis de la década, pero demuestran su compromiso con el desarrollo para lo cual piden políticas sostenibles para la ruralidad.

El sector de la palma de aceite expresó su total preocupación por el bajo nivel de precios en el mercado y sostuvo que la situación ha llegado a tal punto que la agroindustria empieza a hacerse insostenible generando todo tipo de preocupación ya que de la palma derivan su sustento más de un millón de personas en Colombia.

La Federación Nacional de Cultivadores de Palma de Aceite, Fedepalma, gremio creado en 1962 para impulsar un sector pujante y prometedor que requiere de trabajo y mucho impulso, demandó mayores oficios por parte del estado toda vez que el campo como negocio, generalmente ha permanecido al garete y totalmente por fuera del radar de una política pública de largo plazo que garantice permanencia y rentabilidad. Hay que anotar que la palma empezó en Colombia con 1.000 hectáreas en 1960 y a finales de 2001 el cultivo ya superaba las 170.000 hectáreas, siguiendo así con un crecimiento acelerado que implicó mejores opciones laborales y de optimización económica. La dinámica palmera es admirable porque en 1957 este cultivo no pasaba de 250 hectáreas.

El presidente de Fedepalma, Jens Mesa Dishington, le dijo a Diariolaeconomia.com, que en hora buena la siembra de palma cumple con una función social muy importante en varias regiones del país y con un impacto favorable en muchas comunidades que encontraron una oportunidad de progreso en esta agroindustria. Por lo anterior hay angustia por que actualmente y durante toda la vigencia de 2018 el sector palmero colombiano tuvo una situación difícil, estrecha y compleja por los bajos precios en el mercado internacional y la baja remuneración al productor tanto de aceite como de fruto de palma en el país.

“Esto hay que entenderlo sin ninguna duda dentro de una perspectiva de mediano y largo plazo que tiene una actividad como la palma que en su ciclo productivo demora entre 25 y 30 años, periodo en el que se tiene que estar preparado para enfrentar buenos, regulares y malos precios, y hoy es una de esas coyunturas de bajas cotizaciones que uno no quiere tener, pero que lamentablemente hay que soportar. Hoy estamos hablando de los precios más bajos de la última década lo cual pone al sector y a muchos productores en una situación apremiante y de angustia”, declaró el señor Mesa Dishington.

Según el dirigente gremial el contexto tiene proyectos productivos en calzas prietas y como diría cualquiera en la cotidianidad colombiana, pasando aceite, lo cual es fruto indeseado de una realidad de mercado. Aclaró que independiente del precio internacional, también ha habido factores de la coyuntura local que ha afectado al sector, principalmente derivada de una política muy errática que se comenzó a dar a comienzos del anterior gobierno con los manejos del biodiesel que hace parte de un mercado regulado por el gobierno, tal y como pasa con todos los combustibles en Colombia que no son una excepción a dicha regulación en donde el ejecutivo fija unas reglas de juego para el pago y la comercialización, pero desde hace más de dos años el gobierno determinó un precio totalmente apartado de las pautas o criterios que se habían establecido para el programa y que era tan solo tomar los precios de mercado y al final del ejercicio el sector se encontró con dos precios para pagar el aceite lo cual generó caos porque la fruta empezó a tener varios precios en total detrimento de los pequeños y medianos productores que empezaron a sentir que el mercado había perdido transparencia, lo cual no corresponde a la realidad sino a una situación indeseada que se estaba presentado y que obligó al gremio a sentarse con el nuevo gobierno a buscar salidas para estabilizar el sector porque como en todo negocio, las transacciones de biodiesel tienen que respetar los precios de mercado y pagara acorde con eso.

“Por fortuna se hicieron unos ajustes en la política de precios del biodiesel por parte del ministerio de Minas, igualmente en el mecanismo de estabilización que es el Fondo de Estabilización de Precios. El FEP palmero igual hizo algunos ajustes que sumado a las medidas del ejecutivo, hizo que se corrigiera la situación, pero igualmente el gobierno se comprometió a aumentar la mezcla de biodiesel, inicialmente en dos puntos al doce por ciento, y hasta el momento eso no ha ocurrido y desde el alto gobierno tan solo llegan anuncios parciales, pero confiamos en que esta semana en el marco del Cuadragésimo Séptimo Congreso Nacional de Cultivadores de Palma, tengamos un anuncio oficial en esa materia”, especificó el presidente de Fedepalma.

Mesa indicó que paralelo a los esperados anuncios, también hay expectativa por las posibles medidas que notifique el gobierno para meter en cintura las importaciones de aceite de palma que se han dado en el mercado local para que cumplan con las reglas de juego que se han trazado para la comercialización del aceite crudo de palma en el mercado doméstico y que no ingresen a un mercado estabilizado aceites en condiciones preferenciales que no tiene la producción nacional, razón por la cual se busca hacer menos difícil la situación palmera.

A la fecha, el precio internacional del aceite de palma ronda los 480 dólares por tonelada el cual es un nivel supremamente bajo porque a partir de esas cotizaciones se construye todo el esquema de pagos al productor primario en Colombia.

En materia de productividad, explicó Mesa Dishington, con el crecimiento sectorial y la entrada de nuevas áreas a la producción e inversiones relativamente frescas, hay unas productividades excelentes que pueden estar por el orden de cinco, seis o siete toneladas de aceite por hectárea, pero igual hay unos cultivos que están muy rezagados en productividad, factor preocupante que conllevó a la puesta en marcha de un programa de cierre de brechas de productividad porque hay conocimiento, pero no todos lo aplican y cuando hay líos económicos y no se ve la renta, algunos no hacen su trabajo lo cual hace reflexionar sobre cada uno de los proyectos para mirar en donde hay que fortalecer y en qué lugares hay que adelantar unas inversiones complementarias requeridas para tener cultivos de muy alto rendimiento y de menores costos unitarios que es a donde hay que apuntar para poder enfrentar coyunturas como las que vive el sector palmero.

En 2018 Colombia produjo 1.6 millones de toneladas de aceite de palma aproximadamente y de esa producción, un 52 por ciento fue a los mercados de exportación, el 48 por ciento restante lo absorbió el mercado local. Por la dinámica es visible que la palma de aceite sigue creciendo en los mercados del mundo y por ello es fundamental la competitividad que tenga la industria de cara a la sostenibilidad futura.

Los temores del sector pasan por el aspecto social y todo lo que tiene que ver con generación de puestos de trabajo de calidad. El aspecto es un factor de orgullo porque la palma hace aportes significativos al empleo y al desarrollo de unas familias que han encontrado en esta siembra las oportunidades para progresar y proyectar futuro. En medio de todo, el sector considera que en mano de obra hay unos sobrecostos muy altos y por ello se hace clave el apoyo que el gobierno ofrece porque el sector palmero trabaja en un entorno muy difícil.

Anotó que hay mucho porque preocuparse puesto que según cifras oficiales, el 86 por ciento del empleo rural es informal mientras que en el sector de la palma es lo opuesto en vista que el 83 por ciento del empleo en el cultivo es totalmente formal lo cual muestra la trascendencia que tiene la palmicultura en el país para ayudar a transformar una realidad muy precaria y muy informal en una realidad mucho más robusta, más formal y mejor remunerada que realmente conduce al progreso y a la transformación económica de muchas familias colombianas que habitan las zonas rurales.

La palma genera cerca de 180.000 empleos directos e indirectos lo cual hace que con la transformación, la comercialización, el transporte y los sectores que viven alrededor de la palma, cerca de un millón de colombianos viven por las bondades del cultivo.

El dólar sigue revaluado

En opinión del presidente de Fedepalma, el tema cambiario hay que analizarlo de manera juiciosa y coherente porque en 2018 hubo procesos de agudización en la revaluación de la moneda. Hoy, dijo, ha habido un alivio hasta cierto punto, pero aseguró que en el momento actual y pese a los 3.306, 30 pesos por dólar, la moneda sigue revaluada en Colombia. Es decir que la tasa de cambio no es tan real como muchos lo observan pues el peso sigue siendo muy fuerte como consecuencia del narcotráfico y de la minería ilegal que interna muchos dólares al país lo cual de alguna forma financian esa economía informal e ilegal que hay en Colombia, fenómeno que destruye las condiciones para los sectores más formales de la economía, dentro de lo cual está la industria palmera colombiana.

“En economía hay un famoso el cual dice que la moneda mala termina corrompiendo la moneda buena, y eso sin lugar a dudas pasa en el país, por eso hay una enorme preocupación en nuestro sector y anhelamos todos los mecanismos para que el país transite hacia un escenario de formalización para lo cual se requieren decisiones de gobierno, de política pública contundente y audaz que permita que eso se dé y desatar ese nudo que hace tan complicado hacer empresa en el campo colombiano”, aseveró Mesa.

Destacó el presidente de Fedepalma que el sector palmero tiene una perspectiva internacional muy interesante, elemento que puede ser muy determinante para que Colombia pueda llegar a jugar un papel protagónico y de elevado nivel, pero el dirigente aclaró que para que eso logre cristalizarse, es necesario contar con unas condiciones de país que también favorezcan la inversión productiva en el país y el desarrollo empresarial en el campo.

Fedepalma dejó claro que el asunto de crear ambientes propicios para la renta rural no puede hacerse única y exclusivamente para atraer inversión extranjera sino para disparar los indicadores de inversión nacional pues durante 200 años de república el país tan solo ha podido ocupar precariamente el 20 por ciento de su frontera agropecuaria, dejando a la deriva el 80 por ciento pendiente, que termina siendo tierra ociosa y sin proyección de renta y riqueza.

Tras ese lamentable bicentenario, la palma y otros pocos sectores, verbigracia el café y otros que hacen una encomiable labor, han hecho todo lo posible por construir una Colombia mejor en el sector rural. El gremio palmero recalcó que Colombia, toda, necesita una política agrícola mucho más robusta, más fuerte y mucho más decidida que le genere al campo colombiano un atractivo para invertir y trabajar en él toda vez que en la medida que eso se dé como condición general, muy seguramente un sector organizado como el de la palma, también va a tener oportunidades para poderse desenvolver con mejores elementos.

Guerra comercial sí preocupa

El presidente de Fedepalma, Jens Mesa Dishington, señaló que infortunadamente el mundo ha vivido distintas guerras comerciales y precisó que para el último capítulo que protagonizan Estados Unidos y China ha tenido impactos en el sector de oleaginosas, de aceites y grasas porque el gigante asiático solía abastecerse de bastante fríjol soya norteamericano y al reducir ostensiblemente las compras en Estados Unidos, sustituyó esa materia prima con compras hechas en Brasil y Argentina, razón por la cual a los agricultores estadounidenses les ha tocado salir a vender su fríjol soya a otros mercados como es el caso de Europa.

Explicó que desde luego se vienen dando recomposiciones importantes porque lo mismo está ocurriendo actualmente entre Colombia y el Viejo Continente con una guerra declarada de manera frontal contra el aceite de palma, asunto que preocupa y afecta, haciendo que el gremio trabaje para que en Europa se entienda que la motivación de esa guerra que ha sido concentrada en la sostenibilidad de la producción de aceite de palma no tiene asidero porque Colombia tiene condiciones particulares muy especiales que la hacen altamente sostenible porque hay un desarrollo agrícola sin deforestación, con empleo forma y negocios inclusivos, atributos muy positivos que ojalá reconozcan las autoridades europeas para seguir teniendo mercados abiertos a futuro.

“En alguna ocasión lo dijo el Papa Pablo VI, la paz es el desarrollo económico, y esto tiene que ver mucho con Colombia porque si el país quiere cimentar una paz duradera necesita mucho más desarrollo económico, especialmente en los campos, y allí es en donde sectores como la palma de aceite pueden jugar un papel importante y contribuir con el progreso y el mejor vivir de muchas familias en los campos que demandan cada vez más y mejores oportunidades, y esa es nuestra decidida apuesta, desarrollo en el campo colombiano”, concluyó Mesa Dishington.

El aceite de palma, producto de origen vegetal es el resultante del fruto de la palma muy rico en vitaminas A y E. Este cultivo con más de 5.000 años de historia es originario del oeste de África, especialmente de Guinea occidental, sitio de donde pasó a América en donde Colombia es el máximo productor seguido de Ecuador, de todas maneras los mayores productores son Indonesia y Malasia. Hay resaltar que la palma es la oleaginosa más productiva del mundo porque una hectárea cultivada produce entre seis y diez veces más aceite que las otras opciones agrícolas la extraer aceite.

En cultivo de palma de aceite se hace en 124 municipios de veinte departamentos en Colombia. Los más importantes por área cultivada son Bolívar, Casanare, Cesar, Córdoba, Magdalena, Meta, Nariño, Norte de Santander, Santander y Sucre.

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