Domingo, 24 Mayo 2015 08:48

El agro tiene 35 cuellos de botella: Espinosa

Por

Un estudio habla de la necesidad de ampliar la frontera agrícola, pero detecta problemas en la producción primaria que de superarlos podría al campo como un potencial exportador de alimentos.

El negociador del capítulo agropecuario del TLC con Estados Unidos, Andrés Espinosa Fenwarth, habló con Diariolaeconomia.com y aseguró que de cara a la reactivación de la economía campesina hay un sinnúmero de inconvenientes que hay que superar a como dé lugar para retomar un sector vital, no solo para la economía sino para garantizar mayores exportaciones y seguridad alimentaria.

El economista comentó que precisamente la Misión para la Transformación del Campo está presentando sus insumos básicos en varios frentes como en el de la competitividad, relacionados específicamente con una política nacional de promoción de exportaciones del sector agropecuario.

“Todos sabemos que los productos tradicionales han dominado el espectro del sector externo, como son café, banano, azúcar, palma, y flores, pero es necesario ampliar y diversificar la oferta exportable colombiana como una contribución a la balanza comercial que cada vez es más deficitaria”, declaró Espinosa.

Luego de adelantar el estudio, el experto indicó que el documento hace un planteamiento sobre las principales falencias y las más apremiantes dificultades. “Es increíble, pero hay 35 cuellos de botella que constituyen un verdadero sesgo anti-agropecuario que hacen imposible exportar en Colombia”.

En su opinión, quienes exportan en Colombia son verdaderos quijotes porque es muy difícil salir con productos primarios al exterior porque no hay una política nacional estructural. Apuntó que lo que quiere hacer la misión en este frente es justamente eso, definir ordenamientos de una política estructural de largo plazo de estado para que se aprueben las exportaciones, con varios instrumentos entre ellos algunos financieros, otros no financieros y una reorganización institucional que le dé prioridad de largo plazo a la política de promoción de exportaciones del sector agropecuario en Colombia.

Actualmente hay retraso en el sector agropecuario porque hay varias coyunturas que pesan directamente en la producción, de un lado está el alto valor de los insumos que encarece los costos de producción, la falta de competitividad, el conflicto armado y la migración de mano de obra del campo a las ciudades y la competencia con grandes jugadores por la vía del libre comercio.
Ante estas inquietudes, Espinosa sostuvo que, naturalmente, para poder tener exportaciones hay que contar con un agro fuerte que obliga a dinamizar el mercado doméstico y también el de exportación.

“Aquí cabe la expresión que no puede el uno sin el otro porque son dos caras de la misma moneda, una sello y otra cara por supuesto que le permiten al país tener un fortalecimiento del sector agropecuario. El sector externo lo que hace es jalonar de alguna forma como lo han hecho posiblemente los biocombustibles en Colombia, que todavía no se exportan pero que impulsan el sector productivo, amplían la base de producción y luego pueden pasar a los mercados externos. Se trata de hacer eso, de fortalecer la agricultura colombiana para tener una mayor presencia en el sector externo”, agregó el señor Espinosa.

Con las posibles exportaciones de carne de cerdo a China y con otros emprendimientos que ha logrado el sector primario, es muy posible que se amplié la frontera agrícola porque el país tiene sembradas cinco millones de hectáreas en promedio y tiene quince ociosas que podrían tirarle un salvavidas a la economía colombiana y a factores sociales con empleo y calidad de vida.
Según Espinosa, Colombia podría fácilmente multiplicar por cuatro la agricultura porque el país tiene apenas cinco millones de hectáreas en producción, pero explicó que hay realmente quince millones adicionales disponibles para un total de 20 millones de hectáreas, sin contar el sector pecuario.

“Tenemos la posibilidad de acrecentar la frontera agrícola en el país, en ese sentido hablamos de largo plazo, la política que establece la misión, es una gestión de largo plazo, a 20 años para poder pasar de 15.000 a 30.000 millones de valores en materia de exportaciones no tradicionales que le permitan al país ampliar la frontera agrícola y al mismo tiempo contribuir de manera decisiva con recursos externos. Hay que tener en cuenta que las exportaciones cuando se diversifican apoyan el crecimiento y la generación de empleo y por tanto son la mejor forma de luchar contra la pobreza en Colombia, creo que si hay oportunidades hay que identificarlas, aprovecharlas, hacer uso de los tratados de Libre Comercio que abren los mercados pero por si solos realmente no hacen absolutamente nada, hay que empujar un poco la carreta para que esto funcione mejor”, expuso Espinosa.

Con los TLC, hay que competir con valor agregado

Al tocar el tema de los commodities, Espinosa afirmó que Colombia no puede seguir pensando en los productos básicos porque hay que incluir innovación, valor agregado con el propósito de que no solamente los márgenes de negocios sean mejores, sino para que los mercados sean de productos más sofisticados como son los de Estados Unidos, Canadá, Europa y los países asiáticos.

Para el ex negociador del TLC, no tiene sentido hablar de quiebras o banca rota en el sector agropecuario solamente porque se firmó un tratado de libre comercio con Estados Unidos y otros con Europa, Corea del Sur y los regionales.

Aseguró que el TLC con Estados Unidos trae mayor competitividad, pero aclaró que esta hay que manejarla con políticas inteligentes que promuevan la competitividad doméstica para poder competir con el exterior. Añadió que la ventaja de los TLC es que la competencia no es automática, es gradual y en el tiempo. “En el caso del sector lácteo hay 17 años para poder competir ya sea con el mercado europeo y 15 años para competir con el mercado americano, esto hace que tengamos tiempo para preparar la base productiva para ser más competitivos, mejorar las practicas ganaderas, mejorar la tecnología, mejorar los pastos, mejorar las razas y por supuesto acceder a los mercados externos”.
Enfatizó que con los acuerdos, la competencia no llega de la noche a la mañana y reiteró que el país tiene todo el espacio para hacerlo, pero fue tajante al decir que hay que empezar a hacerlo ya.

¿Con los TLC se entregó el país?

Diariolaeconomía.com ha recogido varios testimonios que dan cuenta que con el TLC, prácticamente se vendió al país, algunos señalan que se entregaron sectores que desaparecerán y hasta que se vulneró la soberanía, poniendo en riesgo la seguridad alimentaria.

A estas precisiones, Andrés Espinosa Fenwarth, les salió al paso y dijo que no son ciertas dichas apreciaciones porque el TLC fue negociado de manera concertada con el sector privado colombiano. Se desarrollaron, según él, no menos de 300 reuniones con todos los gremios, con la academia, con el Congreso, con representantes de la sociedad civil quienes participaron en el proceso de una manera transparente, abierta y realmente de cara al país.

Indicó que esta concertación permitió definir las mejores posiciones de negociación para poder acceder al mercado norteamericano que es el más importante para Colombia.

“Ahora, evidentemente lo que se hizo fue favorecer a los sectores que son competitivos para poder exportar. Los que tienen competencia gradual con el mercado norteamericano tienen que fortalecerse y para eso el TLC estableció plazos importantes, plazos de gracia, salvaguardias y mecanismos de protección que hacen que los productores tengan tiempo suficiente para ponerse a tono con la competencia internacional”, certificó.

Lamentó el hecho que hubiera fallado todo lo concerniente a la Agenda Interna que era un inmejorable complemento que iba a ser necesario para optimizar la competitividad del país. Cuestionó duramente el cierre de los Centros de Aprovechamiento de los TLC. “Desgraciadamente por cosas que no entendemos, el ministerio de Comercio decidió cerrarlos y hoy en día no hay una política oficial de aprovechamiento de los TLC, el centro que dependía del ministerio de Comercio, que era para eso se cerró”.

Manifestó que dichos cierres generan una serie de preguntas tales como ¿quién va a promover los acuerdos?, ¿quién los va a defender?, ¿cómo se va a hacer uso de los instrumentos ofensivos o de los instrumentos defensivos? y otras inquietudes que llegan desde el sector y con todo el asidero.

Consideró vital y trascendental un trabajo conjunto entre los ministerios de Agricultura y comercio así como la convergencia con otros sectores productivos para crear fortalezas competitivas.

Siguiendo con el delicado tema de la Agenda Interna, el señor Espinosa anotó que en lo único que se está trabajando, de todo lo prometido en el compendio, es en materia de infraestructura. Aseguró que con las obras 4-G o de Cuarta Generación muy seguramente se va a modernizar el país en el mediano plazo.

“De resto no se está haciendo absolutamente nada a pesar de que era una agenda de competitividad muy buena con buenos documentos y buenas intenciones. Hoy la realidad es otra y lo cierto es que no estamos haciendo nada concreto para mejorar la competitividad del sector productivo colombiano, ni en agricultura ni en industria”, exteriorizó Espinosa.

Colombia puede ser potencia agrícola

Espinosa no dudó en que Colombia tiene todas las características para volver importante su agricultura y su sector pecuario. No es pesimista en volver al país productivo de hace tres décadas. “Sin ninguna duda, ese es precisamente el objetivo de la Misión de Transformación del Campo, darle un peso específico a la ruralidad colombiana, resolver los problemas de ausencia de bienes públicos, hacer una reestructuración del manejo de la tierra y definir los productos con base en la vocación de la tierra”.

Dijo también que hay que esperar por el censo agropecuario que ha de llegar en los próximos meses con el propósito de saber exactamente de qué agricultura se está hablando y con base a los instrumentos definidos ahí, en los diferentes pilares de manejo de competitividad, manejo de territorio, arreglo institucional, medio ambiente y demás es posible puede generar una política de largo plazo que sea apropiada por el gobierno nacional.

A criterio de Espinosa, la administración del presidente Santos y su política de desarrollo agropecuario así como la gestión del ministro Iragorri Valencia en se mismo sentido, será determinante para los próximos gobiernos que vendrán de aquí a los próximos veinte años.

Si hay paz, las cosas en el campo mejoran

Sin duda alguna, una Colombia en paz hace pensar en múltiples escenarios positivos y en cambios que ayudarían a entrar por la senda del progreso, retomando la actividad agropecuaria como un bordón de crecimiento económico.

“Así es, la paz empieza y termina en el campo, el campo es realmente la esencia misma del proceso de paz, es la esencia misma del anhelo nacional tener paz, si hay paz en el campo, habrá paz en las ciudades”, expuso el ex negociador del capítulos agrícola del TLC con Estados Unidos.

Para el economista un escenario de paz sería más que afortunado porque indiscutiblemente muchas manos volverían al campo lo cual se traduciría en prosperidad porque la productividad rural llevaría ingreso y dignidad a millones de familias que saben a la perfección sembrar y producir alimentos. Agregó el experto que un campo floreciente es el que espera requiere el país.

El futuro está en la innovación

Espinosa dijo que en los últimos diez años han entrado cerca de 100 mil millones de dólares de inversión extranjera directa. Aclaró de esa suma, el 99.2 por ciento ha llegado a sectores distintos al sector agropecuario.

Explicó que infortunadamente el sector agropecuario no atrae inversión extranjera que es la que importa la tecnología motivo por el cual consideró perentorio generar una promoción de la inversión extranjera en el campo toda vez que está haciendo falta porque es la que en definitiva trae la tecnología.

“Estamos realmente atrasados porque no hemos podido traer tecnología de afuera como hemos pensado, se puede hacer a través de los tratados de libre comercio y por eso es que uno de los sistemas para mejorar la productividad es aprovechar los TLC, trayendo inversión extranjera para el campo que es lo que requiere el país en este momento”, aseveró Espinosa Fenwarth.

Menos lágrimas y más acción

Si bien hay problemas con algunos sectores productivos, Andrés Espinosa considera que muchos perdieron tiempo precioso con la apertura económica de 1991 porque no se prepararon para la verdadera internacionalización de los mercados y no aprovecharon algunas ventajas que en ese momento había como la compra de tecnologías y bienes de capital.

Dijo que en los años 90 supuestamente llegaba la globalización y por tal motivo fue creado ministerio de Comercio Exterior, sin embargo consideró que hubo errores porque fueron cerradas las aduanas para fusionarlas con la DIAN.

“Eso ha sido realmente un factor negativo, pero en el año de 2002 se acabó el ministerio de Comercio Exterior, se creó el ministerio de Industria y Turismo y realmente se generaron confusiones de mercado para que los mismos empresarios supieran que el ministerio de Comercio iba a ser el rector de la política de globalización del país y eso realmente no ocurrió”, enunció.

Además de todo, comentó, la agenda interna que iba a complementar el manejo del aumento de la productividad se diseñó y nunca se implementó, la prueba son por ejemplo los Consejos de Política Económica y Social, CONPES. Alegó que el tema sanitario que es fundamental para tener admisibilidad en países desarrollados para los productos que tienen riesgo en se frente también quedó a la deriva con los documentos CONPES. Asegura que hubo documentos de este calibre para el sector pecuario, lácteo así como el de frutas y hortalizas, pero todos, asegura, e quedaron archivados en el Departamento Nacional de Planeación.

Al término de esta entrevista, Espinosa Fenwarth dijo que los CONPES no se han puesto en vigencia y precisó que mientras eso no se haga, la admisibilidad sanitaria en el país va a ser una quimera y no una realidad en un país que produce cerca de 28 millones de toneladas de alimentos, pero que importa algo más de 10 millones de toneladas anuales.

Visto 1287 veces