Domingo, 30 Agosto 2015 08:20

La zona de frontera está en emergencia y necesita acciones

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Contrario a lo que muchos pueden pensar, en Venezuela hay un sentimiento de pena y vergüenza por lo que acontece con los nacionales deportados por las fronteras. Cúcuta y las ciudades fronterizas están en una encrucijada que demanda la mirada nacional.

 La situación caótica por la que atraviesan las relaciones entre Colombia y Venezuela tiene muy golpeada la economía y todo el aspecto social por impactar el llamado tercer país que ahora es el trompo de poner del Palacio de Miraflores.

Lamentable bicentenario el que ha pasado en las relaciones binacionales toda vez que las autoridades venezolanas pasaron por debajo de la cerca los aspectos humanitarios y todo lo relacionado con garantizar el bienestar inclusive de los mismos venezolanos.

Para muchos la situación obedece a la debilidad del Presidente de Venezuela, al país anárquico que gobierna, a la miseria que campea, a la inseguridad que asesina sin tregua y a una pobreza institucional que deja a decir verdad mucho que desear.

Por firmes que estén los rifles y los cañones del ejército patriota, lo único cierto, real y verdadero es que no podrán fusilar el espíritu de hermandad y toda una confraternidad binacional que hace convergencia en las fronteras, allá a donde no va nadie y donde los gobiernos se hacen los de la vista gorda, legitimando los espurios procederes del hampa tanto de aquí como del vecindario.

La sociedad civil, los gremios, los trabajadores y todos en Colombia cerraron filas frente al respaldo y auxilio que requieren los departamentos fronterizos. Para los expertos en el tema, en medio de este diferendo caben dos lecturas que dejan a Colombia bien posicionada.

El analista y reconocido amigo del tema binacional, Pedro Sayago, la coyuntura tiene un punto de vista positivo y otro negativo que le abre oportunidades a la región.

“El aspecto positivo es la oportunidad de la crisis para resolver los problemas que tiene la región porque muchas veces no quisieron entender la problemática que teníamos con un vecino que en cualquier momento podría tomar estas determinaciones, al gobierno colombiano siempre le favoreció tener una gasolina de contrabando subsidiada con el visto bueno de Venezuela, en algunos casos para tratar de soportar el consumo de combustibles de la ciudad, y prácticamente el problema es ese, entonces empieza todo el proceso por el contrabando de combustibles y después viene el proceso de devaluación, Venezuela devaluó su moneda terriblemente y hoy en día prácticamente el bolívar no tiene precio, no tiene valor”, comentó el señor Sayago.

El experto indicó que con estas medidas monetarias el venezolano perdió todo el poder adquisitivo y entonces, no solamente los colombianos sino también los venezolanos, se dedicaron al contrabando de alimentos.

Dijo que toda aquella persona que por la decisión del gobierno venezolano quedó sin empleo, usó su vehículo para moverse a lado y lado de la frontera con los beneficios del contrabando porque unos vendían gasolina de manera ilegal en Cúcuta y otros llevaban alimentos para su país dada la escasez.

“Entonces como llaman los venezolanos o el presidente Maduro, los cachaqueros no solamente son colombianos sino también venezolanos empujados por la alta tasa de desempleo que hay en Venezuela, originado por la nacionalización de las empresas importantes de ese país”, expuso.

Dijo que la parte positiva es que por fin el gobierno nacional entenderá que Cúcuta es una zona de frontera que necesita vincularse al desarrollo económico y al mercado nacional, resolviendo los problemas de infraestructura que no se han resuelto.

Para el analista, de manera paralela el ejecutivo debe crear un ambiente que le permita a la región competir porque por fortuna se cuenta con productos de calidad y buena demanda como el calzado, la confección, la arcilla, el carbón y otros del sector rural o primario.

Reiteró que a Norte de Santander y a Cúcuta no les ha faltado empuje para exportar, pero insistió en que sin infraestructura esa labor es prácticamente imposible.

“El gobierno nacional dijo que va a hacer un pacto con los puertos de la costa Atlántica para sacar 200 mil toneladas de carbón que están represadas y eso es un punto positivo, pero la parte negativa tiene que ver con las personas que han sido desplazadas por este movimiento que va a afectar toda la estructura organizacional social y económica de Cúcuta”, sostuvo.

Sustentó que ahí hay un problema especialmente humanitario bien complejo y difícil para manejar en ciudades como Cúcuta y su área metropolitana.

Del otro lado viene de todo

En opinión de Sayago el problema actual con Venezuela es que hay gente de todo tipo, es decir gente buena, que es la gran mayoría, y gente con antecedentes penales o con una conducta reprobable y una moral casi que inexistente.

“No es lo mismo que el señor Maduro diga que todos los señores que vienen a orillas del río en San Antonio son o eran paramilitares, de todas formas las sociedades tienen de todo, pero la gran mayoría son gente trabajadora, obviamente también hay gente con pésimo comportamiento social”, aseveró el ex director ejecutivo de la Cámara de Comercio de Cúcuta.

Sobre la población flotante, Sayago dijo que esa fue una situación que la ciudad supo manejar en la medida en que no tuvieran problemas de orden público porque de todas formas la ciudad se acomodaba rápidamente a esos movimientos. Evocó los años 70 cuando fue el gran boom del Bolívar, pues la ciudad se amoldó comercial y operativamente para desarrollar toda esa dinámica que atrajo a tanta gente.

No vio con buenos ojos las últimas medidas y aseguró que resultó para la ciudad y para el país una gran sorpresa el hecho que hubieran cerrado totalmente la frontera, asunto muy complicado porque lógicamente acrecentará aún más los problemas.

Hay que mirar al nororiente

Sayago dijo que la frontera se cansó de hacer reclamos a los diferentes gobiernos, anotó que pasaron años de desdén y aislamiento pese a que la ciudad y la región tiene una ley de fronteras vigente desde 1995 la cual no ha tenido un expedito desarrollo porque el gobierno colombiano considera que se están dando soluciones a Venezuela sin tener en cuenta que el problema es de todos los cucuteños que se amoldaron a una economía del rebusque y de revender.

“Como nunca reclamamos nada ni insistimos en nada al gobierno nacional, nosotros quedamos a expensas de las decisiones y esas disposiciones en aquella época era por la devaluación de todos los países vecinos, hoy en día el problema es mucho más complejo porque tenemos un loco al lado”, adujo.

Cúcuta necesita infraestructura y salida al mar

En consideración de, Pedro Sayago, la ciudad no requiere de gabelas impositivas porque a decir verdad no tienen tanto impacto en la economía, afirmó que es más importante darle salidas ágiles y prontas a la región con el tema de la infraestructura.

“Si nosotros tuviéramos unas vías óptimas y amplias para conectarnos con el resto del país y con la costa Atlántica para sacar nuestra arcilla, nuestro carbón, nuestro fosfato, las confecciones y el calzado, aclarando que estas últimas industrias pueden hacer uso eficiente del avión, habría mucha más posibilidad de crecer, de producir y de progresar”, apuntó.

Sayago dijo que la ciudad y el departamento están urgidos de fomentar competitividad porque la región tiene unas tarifas de servicios públicos que quizás son las más altas del país en términos de energía y en términos de consumo de agua. Instó a los gobiernos nacional, municipal y departamental a revisar toda la estructura operativa de Norte de Santander para darle competitividad porque ese factor estaba basado en algo que se cayó y era el diferencial cambiario.

Pilas con el carbón

En medio de la difícil situación y de las vicisitudes que pasan los diferentes sectores, Pedro Sayago, afirmó que hay un sector que le preocupa más que los otros y es el de la extracción de carbón.

Explicó que la angustia tiene asidero porque una persona que no tiene ninguna educación, que muy joven migró del campo, que se estableció en las zonas productoras del mineral en vista que vio una alternativa importante en el carbón puede generar una bomba social porque al cerrarse los procesos de exportación con el cierre de la frontera, acaba con las oportunidades de ingreso de personas que por lo general pertenecen a núcleos familiares muy pobres.

“Los zapateros tienen habilidades y destrezas para desarrollar otros procesos productivos, pero el del carbón es bien complicado; ahora si no llevamos esa mano de obra disponible de la región a programas de vivienda o a programas complementarios productivos pues vamos a tener un problema bien complicado, recordemos que Cúcuta es la segunda ciudad del país con la tasa más alta de desempleo”, precisó Sayago.

En Venezuela no hay indiferencia con el lío

Según el analista, en Venezuela el tema de la deportación y el abuso en contra de los colombianos no es un asunto que genere gusto o aprobación en la gente porque saben que hay de por medio familias y un apego consanguíneo que une con mayor fuerza a las dos naciones. Muchos, añadió, refutan el desplazamiento que propició el Presidente Maduro.

“El venezolano que no está de acuerdo con el sistema socialista está apenado, terriblemente apenado con Colombia y no solamente apenado sino triste, porque las raíces familiares son muy profundas, hoy en día las familias están separadas. En mi caso, tengo dos hermanos que están en mi casa porque prácticamente, para el caso de uno de ellos, su familia se quedó al otro lado, entonces hoy en día la familia está desintegrada y ese es un hecho muy importante y bien complicado para los dos países, que a pesar de tener los documentos de nacionalidad debidamente acreditados les tocó quedarse a éste lado y al otro lado está la esposa y los hijos”, narró.

Sayago considera que Venezuela no aguantará un régimen de semejante calibre porque una cosa es tener petrodólares, pero otra muy diferente es no contar con alimentos o un abastecimiento importante que en otros tiempos brindó Colombia. Aparte de lo anterior el país es inviable porque está muy maltrecho en el frente fiscal.

Hay que recordar que el distanciamiento con Venezuela pasó una cuenta de cobro muy alta porque Colombia llegó a exportar más de 7.000 millones de dólares en los años 90 y 91. Hoy el comercio está en cero y además hay un inconveniente adicional y es que en el vecino país no pagan sus obligaciones.

Hoy hay una cartera grande todavía pendiente por pagar a los industriales de Cúcuta que puede superar los 300 millones de dólares.

Desencanto por un presidente inmaduro

A su turno el presidente de la Junta Directiva de la Asociación Nacional de Pequeños y Medianos Empresarios, Acopi, Jairo Pulecio, afirmó que para fortuna de la integración la relación entre ciudadanos venezolanos con colombianos es una relación de amistad, de familiaridad y de unión a través de los años.

Dijo que lo vivido hoy es un tema indeseable que nadie entiende, porque el gobierno de Caracas viene atacando a unas personas que supieron aprovechar la oportunidad que tuvieron en la época gloriosa de Venezuela, llevándolos a trabajar y a exportar al país vecino.
Pulecio reconoció que en corto plazo el escenario indudablemente se va a convertir en una situación de crisis que obviamente va afectar la economía local.

“En toda crisis hay oportunidades y yo creo que esta es una oportunidad para que la frontera se replantee y empiece a pensar más allá de Venezuela y comience a pensar en otros países. Hay que potenciar a aquellas personas que tienen carácter exportador”, señaló.

Hay que gobernar de las fronteras hacia el centro

Acopi es consiente que los gobiernos no pueden dejar las fronteras a su suerte y manifestó que gran parte de los problemas sociales en los pasos fronterizos son culpa exclusiva del aparato estatal que se desliga de sus obligaciones como administrador y autoridad.

“Cúcuta volvió a aparecer en el mapa nacional, el gobierno entendió la importancia de fortalecer un departamento con el que el país tiene una deuda histórica, esperemos que los anuncios no se queden en simples paliativos para solucionar problemas coyunturales y temporales de esta población y de la gran masa de ciudadanos que desafortunadamente han permanecido en el olvido”, inscribió el dirigente gremial.

Catalogó los anuncios gubernamentales como importantes por lo que espera que realmente ayuden a plantear una reforma estructural que permitan cambiar el modelo económico que tiene la ciudad para que esta se pueda insertar en el contexto nacional e internacional, pero especificó que para eso necesitan con urgencia unas vías que acerquen a la frontera con todo el país, incluidos los puertos.

Acopi pide tratamiento especial para la frontera

El Presidente de la Junta Directiva de Acopi Nacional, Jairo Pulecio, aseguró que por las condiciones cambiantes en lo económico y en lo social, Cúcuta y toda la zona de frontera requieren un tratamiento especial para retomar el curso de la productividad y para volver a empezar toda vez que el cierre de la frontera marca otro camino.

Sobre este particular el señor Pulecio expresó que Cúcuta amerita otro tratamiento porque dadas las circunstancias es imposible gobernar la frontera como se gobiernan otros departamentos o como se gobierna Bogotá.

“Nosotros asumimos una situación de crisis estructural, recordemos que tenemos un 74% de población con empleo camuflado porque literalmente muchos viven en la informalidad, no menos importante será la terrible desocupación que dejará el fin de las ventas de gasolina venezolana. Aquí será fundamental el apoyo del ejecutivo en el fomento a las empresas y al emprendimiento, necesitamos inyección de recursos, acceso a estos para poder crear empresa que es la gran necesidad de la frontera para absorber mano de obra”, mencionó Pulecio.

Para el presidente de la Junta Directiva de Acopi, es una tristeza que se haya desdibujado lo que significa la izquierda dentro del sistema de ideología, deploró que el modelo venezolano de gobierno haya obviado a los seres humanos y todo el componente de tejido social así como de construcción de redes y lo que fuera un mecanismo de desarrollo para suplir necesidades.

“Con este cierre de la frontera no solo pierde Colombia, recordemos que Venezuela no es productor de alimentos, por lo tanto su seguridad alimentaria está viéndose afectada seguramente, nosotros producimos más de ocho productos de la canasta familiar completamente necesarios para la supervivencia de los ciudadanos y en este momento, por la tozudez de Maduro, tiene que estar mucho más grave la crisis de escasez en Venezuela”, subrayó.

A pesar de los acontecimientos, la dirigencia gremial del país y la de Acopi puntualmente, piden paciencia y cordura para no permitir que la situación se agrave. “Esperemos que quienes llaman y claman por las trompetas de guerra no sean escuchados”.

Dijo que Colombia es un país con muchas posibilidades y en la medida en que el gobierno nacional le eche mano a la frontera, seguramente se podrán solucionar en el mediano y largo plazo los inconvenientes.

Pulecio respetuosamente comentó que Venezuela siempre estará ahí por lo que se espera que el régimen no dure 100 años, esperando que en algún momento los venezolanos tomen conciencia y retomen el rumbo que los caracterizó para que su país vuelva a ser lo que fue otrora, un territorio bello y altamente productivo.

Hoy hay dos realidades muy distintas, en Colombia se disfruta de una democracia puesta a toda prueba y en la medida en que se proponga, el progreso no se niega, la otra mirada es lamentable porque de la Venezuela superlativa y admirable se pasó a un país raquítico en ideas, pobre en pensamiento y lánguido en inteligencia política. Mientras hay ruidos de sables en la milicia venezolana, en Colombia tan solo hay un sonido relativamente suave y apreciable, el abrir de las puertas para nuestros hermanos que hoy quieren salir de una tierra en donde muy seguramente el Libertador debe estar revolcándose en su tumba y viendo como perjurio las promesas patriotas del Monte Sacro en las proximidades del Capitolio en Roma.

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