Sábado, 11 Febrero 2017 01:42

Palermo, un municipio agrícola con dos frentes de ayuda: Dios y Santa Rosalía

Los arroceros de este municipio manejan conceptos de alta competitividad y productividad, pero quieren entrar en la onda del programa AMTEC. Los labriegos, preocupados ven en su patrona la única salida.

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El cálido municipio de Palermo en el Huila queda a unos 18 kilómetros de Neiva y a él se va por una carretera ancha hasta el puente que deja pasar por debajo de su estructura las oscuras y vertiginosas aguas del río grande de la Magdalena. Al salir de una Y que conduce a Bogotá y por el costado izquierdo a la zona cafetera de Santa María, se llega a Palermo, población que está ubicada a unos 25 minutos en carro particular. La vía es un dolor de cabeza porque se va adelgazando y se hace proclive a todo tipo de accidentes, afectando la seguridad vial y la competitividad.

Llama poderosamente la atención que a los costados de la remendada ruta hay valles verdes y fértiles de donde brotan pasturas y cultivos de una inmejorable calidad porque si algo caracteriza al productor de esta región es que aplica con rigurosidad las buenas prácticas agrícolas y ganaderas. El arribo es espectacular porque es posible ver aún los buses escalera o chivas multicolores en donde convergen carga y pasajeros en medio de una gritería abrumadora, pero finalmente mundana y propia de la tierrita. 

Quienes nos hemos desplazado desde Bogotá disfrutamos de este recorrido verde y armonioso que semeja una pintura bucólica plasmada por los mejores exponentes del oleo o la acuarela.

A este municipio que cultiva café, arroz, frutas y otros productos, sin dejar de reconocer que tiene un elevado concepto ganadero, el estado no lo trata muy bien y hay quejas porque la agricultura es un ADN que está amenazado por la devaluación, los altos costos de producción y los bajos precios del arroz, lo cual hace difícil la situación para ese sector.

Palermo, tiene varias características y dentro de ellas está la explotación de mármol y calizas con lo cual aumenta el PIB regional y se abren nuevas fuentes de empleo y de crecimiento económico.

Esta población con más de 27.000 habitantes tiene un clima cálido y húmedo que puede llegar a reportar temperaturas de 34 grados centígrados, eso habla de las dificultades para ejercer las labores agrícolas y del reto que trae implícito el cambio climático.

La historia lo ubica a finales del siglo XVI cuando se erigía este pueblo con el nombre de Santa Rosalía de Guagua. Aunque el señor, Manuel Pérez, la fundó en 1690 cuando el incipiente caserío fue bautizado con el nombre de Guagua. Alcanzó su categoría de municipio en 1782. El nuevo bautizo se da en 1906 cuando optaron por llamarlo Palermo.

Palermo tiene todo el potencial agrícola gracias a que está situado en el Valle del Magdalena, y su entorno es más que afable y ameno porque está decorado con un paisaje de valles, pero de igual manera de estribaciones y picos que hacen parte de la cordillera central.

Su agricultura es próspera porque cuenta con varias fuentes hidrográficas y es así como sus cultivos se abastecen de agua de los ríos Magdalena, Baché, Tune, y Yaya.

El arroz es una siembra vital en este municipio y es por ello que los agricultores hacen todo lo posible por mantener cultivos óptimos para aportar a la gran cosecha nacional del cereal que cubre la demanda interna.

En medio de un sol intenso salimos a cumplir una cita muy importante, nos esperaba el arrocero, José Alirio Solano, quien dijo que la charla la podríamos tener justo al frente de la hermosa iglesia del municipio.

Aseguró en Diariolaeconomia.com que muchos productores en la región no la pasan bien porque están enfrentando un complicado cambio climático expresado en veranos muy largos y extremadamente secos o con lluvias demasiado fuertes e igualmente prolongadas que hacen de la agricultura una verdadera pericia y el más temible reto.

Un lío adicional es el precio del arroz que produce porque la carga se paga a un precio poco justo y no tan real si se mide por costos de producción. Actualmente la carga de arroz de 125 kilos es remunerada con 142.000 pesos.

En esta cadena altamente productiva hay un problema de considerables magnitudes y es el precio de los insumos agrícolas que maneja, en concepto del labriego, un monopolio que gana mucho dinero, pero que pone a sufrir al productor primario que al hacer sus cuentas no ve la renta anhelada.

En siete hectáreas, este noble y amable campesino siembra arroz y cría unas quince vacas, hato pequeño que podría crecer porque los precios del ganado en pié se han mejorado por las exportaciones y por la caída de rebaño nacional. Otro ingreso le llega al señor Solano por arrendar algo de tierra para la producción de arroz y otros alimentos.

El costo de producción por hectárea en la tierra de este arrocero es de 5.7 millones de pesos en promedio, pero muchas veces esos costos superan los seis millones cuando hay que atacar plagas y enfermedades que afectan los cultivos de arroz.

Solano explicó que con una hectárea que produzca 100 bultos de arroz se cubren los costos de producción porque la venta de ese grano vale 7.2 millones de pesos, pero aclaró que hay momentos en que la carga o el bulto no llega ni a 100.000 pesos, es decir que deja pérdida o baja rentabilidad.

En la agricultura, afirmó, se manejan conceptos en la buena siembra, porque en ocasiones se depende de la suerte o de los favores de Santa Rosalía la Madre Santa y patrona de los palermunos. Hay cosechas muy buenas con precios favorables que ayudan a cubrir deudas y obligaciones financieras, pero llegan momentos en los que pagan el arroz, se cubren gastos, pero el agricultor queda a ras.

“En este momento estoy usando semilla Fedearroz y la verdad, me gusta mucho ese simiente porque es certificada y de excelente calidad, muy resistente y de muy buena productividad. Creo que es la mejor semilla que hay en el mercado”, anotó el labriego.

Sobre el programa de Adopción Masiva de Tecnología, AMTEC, reconoció que no lo usa, pero indicó que busca llegar a él porque sabe de sus bondades en productividad y competitividad por la experiencia de otros arroceros. Afirmó que en ese sentido ha hecho falta información porque las referencias que hay del método de siembra son las mejores por lo que escucha en los corrillos.

Otro factor que lo alejó del AMTEC es que el incentivo para el arroz bajó de 40 a 20 por ciento lo que desvió las mayores siembras de arroz para invertir en otros negocios mucho más sugestivos.

Dijo que Fedearroz es un gremio muy importante que está haciendo mucho por la región, pero manifestó que hace falta más presencia del encomiable gremio para que sus programas lleguen a más agricultores y poder así tener siembras de más calidad al amparo de una agremiación que tiene claro que la agricultura es viable, pero bajando costos y aumentando la productividad.

“No todos los campesinos conocemos a Fedearroz y es por ello que hace falta más presencia y más acercamientos porque hay muchos arroceros que no conocemos en detalle el gremio, tan solo por lo que dicen los demás”, apuntó.

El muy atento y buena persona, don José Alirio sigue conversando y tras su voz de experto agricultor llegan las letras que no en vano compuso el maestro, Jorge Villamil, pues escuchando a este productor de arroz y evocando el paisaje en la ruta entre Neiva y Palermo, suenan guitarras que lloran y ecos que dicen: “Azules se miran los cerros, en la lejanía paisajes de ardientes llanuras, con sus arrozales de verde color”

Retomo la charla en medio de un calor sofocante y observo a este arrocero hablando de lo duro que resulta arrancar el año a la espera de la primera cosecha del año porque es un tiempo húmedo en donde abunda la plaga y se baja la producción.

“En medio de tantos problemas a mi quien me ayuda y me protege es Santa Rosalía y mi Dios porque gracias a él no he tenido crisis que lamentar como sí es el caso de otros agricultores que han perdido la cosecha. Aquí en la región hubo todo tipo de problemas pues algunos, no pocos, fueron a la banca rota después de la apertura económica o como se dice, después de que Gaviria nos vendiera”, expresó el agricultor.

De ese tiempo recuerda que la agricultura prácticamente desapareció porque muchos productos fueron reemplazados con importaciones de bajo costo y regular calidad. Precisó que la agricultura es la mejor opción para llegar a la paz, pero insistió en que para eso es necesario tener incentivos, pero que sean para el productor primario y no para los dueños de los molinos.

No ocultó sus reservas con los tratados de libre comercio porque a criterio suyo a Colombia y a sus arroceros les ayudó la devaluación, pero dejó claro que con un dólar a menor precio, prácticamente no se puede cultivar. En su saber y entender el arroz que ingresa a Colombia llega por necesidad, pero no por negocio.

En Palermo la base de la economía es el café, del que hablaremos en una próxima entrega, pero igualmente hay arroz y una buena ganadería que ha mejorado por los temas genéticos y las buenas prácticas ganaderas.

José Alirio Solano, es casado con la señora, Elsy Meneses quien lo ha acompañado por espacio de 37 años, de esa unión vinieron tres hijos que dejaron de ser bebés por cuanto ya tienen 35, 32 y 23 años de edad. Lo buenos es que trabajan, como su padre, en el campo haciendo todo con dedicación, amor, fundamento y credo.

Mónica Fernanda, Fabián Leandro y Alex Mauricio, los tres nacidos en Palermo, trabajan la tierra y ponen en práctica lo que su padre les enseñó durante estos años que se hicieron cortos.

Este hijo de Palermo, orgullosamente campesino y propietario de las mejores costumbres añora el ayer del municipio pues años atrás había respeto por Dios, por la comunidad y se cultivaban valores, pero hoy todo ese cúmulo de buenos hábitos ya son historia y la gente se enseñó a convivir con la falta de respeto y la carencia de buenos modales.

Con mucha razón, Solano reniega de las motos que invadieron el pueblo y de los celulares, una tecnología que prácticamente atrofió la mente de muchos porque la gran mayoría de jóvenes no hablan y están casi que poseídos por unos aparatos que atomizaron el concepto de comunidad, diálogo, familia y camaradería.

“Uno ve aquí cuatro o cinco muchachos, pero ninguno conversa, no interactúan, tan solo están pegados cada uno de una pequeña pantalla, indiscutiblemente me quedó con mi pueblito bonito del ayer, en donde había comunicación, amigos y una vida plena gracias al trabajo en el campo”, sostuvo.

Con 56 años de edad, José Alirio es una persona joven y realizada, pero inició labores a los ocho años cuando ya se le metía al cuento de los tractores y la maquinaria destinada para el arroz.

En el momento en el que hablamos de la reforma tributaria, no escondió su enojo y dijo que todo quedó listo para un paro nacional que muy seguramente contará con el respaldo de los campesinos y productores de la ruralidad.

Al estrechar nuestras manos, nos despedimos en la plaza principal pletórica de comunidad haciendo visita y narrando historias bajo unos árboles de buen tamaño que regalan sombra y alivio en las horas de más calor. De inmediato partimos al altar de Santa Rosalía y en mis oídos retumbaba esa melodía única y bella: “En noches, noches de verano, brillan los luceros con gran esplendor, la brisa que viene del río, me dice hasta luego yo le digo adiós”.

Me encontraba extasiado con tan imponente nota cuando llegamos al agreste santuario de Santa Rosalía, la virgen, la patrona, la dueña de los buenos actos y de la generosidad. A decir verdad quedé perplejo al ver esa imagen hermosa de la Santísima Virgen con su túnica amarilla y capa roja al interior de la gruta, Sus brazos abiertos dan la bienvenida a los feligreses, a los agricultores y campesinos que van allí a suplicar por buenas cosechas, por salud y bienestar.

La gruta y el santuario como tal fueron bendecidos el 21 de junio de 1923 y con ello se ofrendó un sitio casi que temático para la oración, las misas y las ofrendas. Cabe precisar que desde tiempos remotos hay tradición por esta veneración y por ello el cuatro de septiembre es el día en el cual se celebra la fiesta anual de Santa Rosalía. El sitio es más que bello, imponente, y encanta ver una iglesia a cielo abierto con una gruta de donde, muchos dicen, salen milagros.

Así lo dijeron la señora Natividad Gutiérrez y su esposo, don Luis Arturo Mahecha, custodios del sitio, quienes afirmaron que los sábados y los domingos hay considerables visitas, pero en mayor cantidad el cuatro de septiembre, no menos en Semana Santa cuando llegan en los días santos más de 400 personas al pequeño parque nativo en donde se asoma la patrona desde una gruta. En esos días es común ver desfilar grandes peregrinaciones y visitantes de fuera del departamento así como extranjeros.

Allí llegan personas de rodillas, otras que vienen de Neiva a pie como penitencia, y otros con placas de agradecimiento por el favor recibido. Otros que piden favores son los agricultores quienes ven en la Virgen y en Dios la mejor ayuda, son los altísimos los que hacen que de la tierra brote arroz y alimento y quienes mantienen la fe en las actividades agropecuarias porque si fuera por el estado, desde hace años esa fe se hubiese evaporado.

De nuevo al auto y de retorno a Neiva, pero eso si antes de pasar el río Magdalena nos detuvimos en el famoso mirador “La Calera” en donde vimos luces metropolitanas y dejamos bajar por nuestras secas y calientes gargantas unos sorbos de fría, amarga y refrescante cerveza. Aclaro, la amable y bonita conductora tan solo bebió Cola Cóndor.

Allí en ese paraje cerré por unos instantes mis cansados ojos y seguí escuchando aquella tonada inmarchitable: Al sur, al sur, al sur, del cerro del Pacandé, entre chaparrales y alegres amanes, reina la alegría, que adorna el paisaje. Al sur, al sur, al sur, del cerro del Pacandé, está la tierra bonita, la tierra del Huila que me vio nacer”.

En las fértiles y bondadosas tierras del Alto Magdalena, ya se nota el paso inexorable de los años, los otrora capataces y gamonales, los mismos labriegos que desafiando clima y orden público fueron capaces de edificar riqueza hoy están longevos, cansados, caminando despacio y remembrando los años mozos en los que se vivía bien por el trabajo y lo espléndido de la tierra, o quizás recordando tiempos aciagos de persecución política y guerra en donde se mataban colombianos con colombianos y hermanos con hermanos, si lamentablemente no todo en el pasado fue mejor.

Esos hombres y mujeres que de alguna manera sobrevivieron al conflicto armado hoy esperan la llegada inevitable de la parca, del juicio final y del descanso eterno porque aunque parezca mentira, vivir, por bueno que sea, también cansa.

En esa bonita población de Palermo, sus gentes buenas deambulan a la espera de un gran noticia, las nuevas generaciones quieren en gran mayoría apostarle al campo, pero eso depende que el ejecutivo incentive las siembras con distritos de riego y con inyección de capital lo cual debe venir acompañado de una política pública muy a lo Donald Trump, porque según algunos consultados por este medio, lo de Estados Unidos es para replicar toda vez que se trata de pensar en la patria y en sus hijos que invocan amparos constitucionales.

Allá en ese calor intenso, mientras germina y crece el arroz los parroquianos ocupan las sillas de los negocios en busca del más frío refresco que va desde una cerveza que se acompaña de rancheras, norteñas y vallenatos hasta la deliciosa sevillana, esa bebida láctea hecha a base de maíz y con suave toque de vainilla que reúne al núcleo familiar o que endulza los amores de esas mujeres opitas tan bellas y embrionarias que son el anhelo de cualquier buen casamentero. Solo en Palermo y en sus municipios aledaños se ven féminas hermosas con unos ojos de tono miel intenso, que con solo mirar y pestañear espetan el corazón más duro. Qué bueno ver esos amores tomados por la mano mirando a la iglesia y añorando festejos, otras parejas pasan por el atrio de la iglesia con sus retoños en los coches y mostrando el futuro de la comarca huilense.

En tanto se comparte en estancos o cafeterías tradicionales, los lugareños hablan del descalabro de Agro Ingreso Seguro y de la posible reincidencia con Colombia Siembra, pero otros más optimistas creen que con esta herramienta del ejecutivo podrá venir dinero para siembras y progreso, es grato ver que no todos son pesimistas y que le creen al ministro de Agricultura que ha visitado al departamento en reiteradas oportunidades y que a juzgar por la historia, no está dispuesto a repetirla.

En esa fértil y buena tierra huilense, dueña del Festival del Bambuco y de toda una tradición en las fiestas de San Pedro, es fácil entender porque al siempre grande Villamil lo arrullaron sones de tambores y hasta se envidia el gusto que tuvo, quizás el privilegio de aspirar en el aire las flores de mayo, sin duda que aprendió en el ritmo de los sanjuaneros toda la alegría del pueblo que quiso y que quiere toda una región golpeada por la violencia, abandonada por el estado, entregada en las aperturas y desgravaciones arancelarias así como por tratados de libre comercio que cada vez restan más hectáreas cultivadas, pero eso sí, bendecida y alumbrada por el poder supremo de Dios y la gracia de Santa Rosalía que seguramente le da más fuerza para creer y seguir mirando como un tesoro al campo, ese que garantizará la seguridad alimentaria, la misma por la que suplicarán todos, hasta los neoliberales y aperturistas porque el hambre, se construye con políticas exógenas y abusivas, pero es viable erradicarlo con manos resquebrajadas, ampolladas, expertas, incentivadas y amorosas de nobles campesinos que siembran con ímpetu y ganas, pensando en país, pero por fuera del inconveniente e infausto color político.