Sábado, 11 Mayo 2019 04:12

Villeta: De la caña y la panela a los condominios

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En esta cálida y agradable tierra de la provincia del Gualivá en donde crece la caña panelera y el turismo florece, hay preocupación por la alarmante postración del campo y el marchitamiento de la rentabilidad.

La muy agradable y bonita ciudad de Villeta es un balneario que está en pleno corazón de la provincia del Gualivá en el departamento de Cundinamarca. Esta es una zona muy rica en recursos agropecuarios y de manera paralela sigue vigente un turismo que ha resultado por varias décadas el gran atractivo regional, potenciado en la llamada “Ciudad Dulce de Colombia”, el sitio en donde prosperan los cultivos de caña, los trapiches y las siembras de fruta. También hay en la región una ganadería especializada que aporta en conjunto un paisaje amable a donde da mucho gusto acudir.

Las manecillas del reloj plateado de fondo blanco marcaban las 12:30 de la tarde, era justo la hora del sol intenso que empujaba y generaba prisa en los habitantes del sugestivo municipio que iban en busca de almuerzo, ventilador, aire acondicionado y siesta. A esa hora el bus de Flota Águila, una empresa de toda la vida en la región, hacia retumbar las cornetas anunciando una nueva llegada al grato pueblo. El autobús, un moderno coche de gran confort adornaba las calles con su inmejorable diseño y los tradicionales colores verde, gris y naranja. Al ver el vehículo era fácil devolver la película cuando el viaje se hacía en buses Ford o Dodge totalmente alargados que recorrían la provincia con dificultad ya que hubo un momento en el que para llegar a La Vega, el deseado destino de inversión, había que pasar por una trocha incómoda tanto en invierno como en verano. Por fortuna todo cambio y una vez hecha la doble calzada a La Vega, fue más fácil proyectar la Ruta del Sol desde Villeta.

La también llamada “Pequeña Villa” que es finalmente lo que traduce su nombre fue fundada el 29 de septiembre de 1551 cuando los señores Alonso de Olalla y Hernando de Alcocer, la erigen tras ser comisionados por el adelantado, Gonzalo Jiménez de Quesada. En Ese momento su nombre fue la Villa de San Miguel, un sitio que servía de paso para quienes venían del cálido Magdalena a las tierras planas de la Sabana de Bogotá. Es preciso anotar que ya en 1548 hubo una decisión, y fue abrir un camino desde la desembocadura del Río Negro en el Magdalena hasta las tierras altas y gélidas que conducían a Bogotá.

Los conquistadores tuvieron grandes líos con estas tierras toda vez que encontraron la dura resistencia de los indígenas Chapaimas de la Nación Panche, muy conocidos por incluir en su mesa carne humana. Estos antropófagos fueron duramente combatidos y no de manera fácil porque la guerra estaba en su ADN, lo anterior mostrado con una impresionante beligerancia.

La tierra de la panela es una población apostada en la vertiente occidental de la cordillera oriental lo cual le da paso a elevaciones y valles fértiles bañados por los ríos Bituima y Villeta. La Villeta panelera, la dulce villa, pasa hoy por una crisis de gran relieve en vista que las cotizaciones de la panela están totalmente deprimidas, tan deprimidas como los productores de caña que optaron por tumbar sus cultivos para abrirle paso a otras actividades económicas como el turismo y la ganadería.

Con el avanzar de la tarde fuimos caminando hacia los centros de acopio localizados en la plaza de la panela de Villeta, unas bodegas amplias con su respectivo almacén a las que se llega luego de dejar atrás el dilapidado desarrollo logrado entre 1916 y 1936, una vía de ferrocarril abandonada y en donde es posible ver una vieja estación, casi fantasmal y unos rieles vetustos, gastados y brillantes en los cuales rebota el sol de las mañanas y de las tardes. Llegando a la mencionada plaza aún es visible la huella de lo que fue el progreso de la superlativa y siempre bella Cundinamarca.

Hay que decir que el sitio estaba solo y que la dinámica panelera no era la misma de otros tiempos cuando el comercio de este alimento era casi que permanente.

Al ingresar a la bodega de “Panela La Villetana” la soledad era la única compañía de la señora, Luz Ángela Bohórquez Otálora, pues quienes ofrecían producto en cantidad ya no lo hacen a raíz de la baja elaboración de un alimento que perdió la rentabilidad y que a la fecha tan solo deja pérdidas y pocas ganas de seguir en un cultivo que llegó con sus fundadores.

Al platicar con los villetanos es fácil darse cuenta que son personas muy amables, llenas de dulzura quizás por esa convivencia con la caña y llenos de fe porque jamás dejan de ofrecer al altísimo sus dichas y sus tormentos, por lo menos eso nota quien va a Villeta y entra a la iglesia de San Miguel Arcángel.

En charla con Diariolaeconomia.com, la Gerente de “Panela la Villetana”, Luz Ángela Bohórquez Otálora, expresó su preocupación por que hay una situación con la empresa de vieja data y es la siembra de caña de azúcar y la molienda para hervir y espesar jugo o guarapo y obtener panela de la mejor calidad. Esta mujer y su familia producen, comercializan y distribuyen panela artesanal.

Luz Ángela viene de una familia campesina tradicional en la producción de panela pues sus ancestros fabricaron panela, vendieron panela y dejaron un legado dulce que de a poco se ha vuelto amargo por ese lío generalizado en el campo y es el marchitamiento de la rentabilidad y el agro-negocio en desmedro angustiante de la economía campesina.

En la empresaria hay panela por donde se le mire, toda su familia fabrica el alimento y es por ello que habla con propiedad de una agroindustria en crisis en donde ella y sus familiares están en el negocio desde la siembra de la caña hasta la puesta del producto terminado en bodega.

“Estamos atravesando por una crisis desde hace ya varios años y la verdad lo que más anhelamos es una solución que venga del gobierno a través de unos apoyos porque a decir verdad la cadena panelera y la industria ya tocó fondo”, apuntó la señora Bohórquez Otálora.

La empresaria narró que hace unos tres o cuatro años la panela alcanzó un precio supremamente alto, factor que quizás contribuyó a deteriorar el precio a futuro porque al superar los límites en valor desestimuló el consumo en los hogares haciendo que menos familias la adquirieran por tener un alto costo frente al ingreso promedio nacional. En ese momento la carga de panela llegó a valer 400.000 pesos, es decir un ingreso muy bueno para el productor que en medio de la corta fiesta no sabía lo que venía.

Recalcó que en ese entonces las personas bajaron de manera importante el consumo de panela y optaron por pasarse a productos de menor costo lo cual rezagó el consumo de un producto que es de obligada compra en los hogares nacionales sin importar el estrato porque es sin duda muy determinante en la canasta familiar.

Hoy una carga de panela es vendida a razón de 140.000 y 150.000 pesos, un precio que no compensa los costos de producción pues al vender el alimento este se va al mercado muy por debajo del valor de los insumos, de los cuidados y de la mano de obra tanto en el campo con siembra, cosecha y corte así como con empleados para la fabricación y el empaque del dulce alimento. En este momento, precisó la conocida empresaria, la crisis es aguda más si se tiene en cuenta que hay una baja productividad como consecuencia del uso de cepas muy viejas que pueden superar los 40 o 50 años.

“Aquí ha hecho falta trabajo y pedagogía con los campesinos lo cual es bien difícil porque estamos hablando de cambiar la mentalidad, pero lo cierto es que es urgente dar un giro, cambiar el chip porque si no nos actualizamos y si no innovamos, seguiremos en esta crisis y sin la ilusión de salir adelante”, comentó la productora.

Aclaró que la diferencia entre los paneleros de Villeta con la de los productores de la hoya del Río Suárez es abismal porque en esa región del país, puntualmente en municipios de Santander y Boyacá hay una adopción generosa de tecnología que les permite a los trapiches producir a gran escala, es decir a volúmenes importantes. Sostuvo que en Villeta la fabricación de panela todavía es muy artesanal y muy pequeña, lo cual hace que la mano de obra se encarezca porque no es viable ser competitivos frente a grandes fabricantes. Especificó que haciendo cuentas, el tema es elemental, porque lo que ellos producen en una semana, los villetanos lo hacen en dos semanas, es decir el doble de tiempo.

El tema no es nada ínfimo y lo triste de la situación es que la plata que llega de la panela comercializada a bajo costo a duras penas sirve para pagar obreros bien sea de corte o de trapiche. Aparte de todo a los trabajadores hay que suministrarles alimento de domingo a domingo en las tres fases del día y garantizarles el mayor bienestar posible.

El cambio, reiteró, es necesario porque en su opinión los paneleros de Villeta están haciendo lo mismo de hace 50 años y es por ello que desde el cultivo hay que hacer revolcones pues no tiene sentido seguir con las mismas semillas y con la misma oferta de productos. Desde su perspectiva el valor agregado es trascendental para llegar lejos y poder garantizar sostenibilidad en un mercado que viene desde hace ya varias generaciones.

El escenario es tan apremiante que en Villeta los cultivos de caña se han acabado en una tasa cercana al 50 por ciento y esas fincas que fueron vendidas fueron transformadas en ganaderías, en zonas de recreación y turismo, pero igual devoradas por el urbanismo que para el caso de Villeta se traduce en quintas y condominios.

“Aquí en el centro de acopio yo recibía hace unos ocho o diez años, más o menos unas 6.000 cajas con panela, ahora recibo en promedio 3.000 cajas o menos, luego es visible que cada día el negocio va cuesta abajo y para rematar los jóvenes de la comarca ya no quieren trabajar en el campo y menos en los cultivos de caña porque ven más promisorio terminar el bachillerato y salir para Bogotá que apostarle a las fincas, y eso por el mal negocio que están viendo en la ruralidad”, anotó Bohórquez.

Pese a las circunstancias Luz Ángela no abandona el optimismo y sigue remando porque sabe que la economía es de ciclos y presiente que la mala hora de la panela está llegando a su fin porque el lío ya tocó fondo. La admirable señora, casada y madre de un hijo tiene claro que la lucha es vital para seguir con los proyectos y es por eso que La Villetana apostó por la transformación, diversificación y la innovación de los productos porque solamente con valor agregado es consecuente trazar futuro, de lo contrario, afirmó, no hay nada que hacer.

La marca tiene en el mercado panela con sabores, pulverizada, malteada de panela, café con panela, panela líquida y un portafolio en producto mucho más extenso. Todo esto hace pensar la crisis igual terminará pronto porque con alternativas, el mercado reacciona y el tema es perentorio porque según la productora, la gente ve la panela como un alimento pasado de moda y muy quedado en el tiempo.

Gran responsable del salto de calidad e innovación es el Servicio Nacional de Aprendizaje, SENA, que les enseñó a los agricultores y procesadores a innovar para poner en el mercado productos diferenciados, llamativos y muy agradables para el consumidor.

En este momento la pesadilla de las plagas como la hormiga loca quedó en el pasado gracias al control que se logró del insecto, posiblemente hay algunos casos aislados de barrenador de la caña o diatraea que en la zona no es un mal muy frecuente. Esa condición fitosanitaria podría ser también un case importante para repensar la siembra de caña y catapultar una nueva industria transformadora mucho más innovadora y con verdadero sentido de avanzada.

Un problema adicional es el costo de los fertilizantes que como por arte de magia dispararon sus precios haciendo que para un labriego sin mucho musculo financiero, sea casi que imposible invertir en un activo tan determinante para el agro como lo es la fecundación.

Mientras Luz Ángela trabaja en la bodega de Villeta piensa en su señor padre, Lisandro Bohórquez, ese que todavía saca fuerzas de su cuerpo y de su alma para seguir cosechando caña para la producción de panela, un oficio que impecablemente hicieron sus ancestros. Igual hay espacio para recordar a doña Yolanda Otálora, quien dejó este mundo pensando en montañas, pequeños valles, cañaduzales y panela.

Administración dispuesta al campesino

El Alcalde de Villeta, Jhon Alexander Morera Gutiérrez, le dijo a este medio que por fortuna el municipio que administra goza de una cercanía bastante conveniente con Bogotá, capital que se encuentra a hora y media de la capital de la provincia del Gualivá. Destacó la facilidad para llegar toda vez que la vía es una doble calzada que conduce a un bello municipio con un clima ideal y lleno de historia.

La cercanía con Bogotá le da una mano importante al turismo y al comercio porque son muchas las personas que visitan Villeta, lugar en donde no solamente cambian de clima sino en donde es factible acceder a una gastronomía ideal muy de la región.

Sobre la panela, el funcionario expuso que si bien hay problemas, igual hay que entender que como en cualquier negocio suelen haber fluctuaciones en las que por épocas del año llegan crisis muy marcadas, justo el dolor de cabeza de los paneleros que están inmersos en el costo de la producción del alimento.

Morera Gutiérrez agregó que sin duda la innovación es perentoria y explicó que dentro de esa tesis de invención e introducción es importante tener en cuenta el agroturismo, una réplica de las fincas del Eje Cafetero en donde los turistas van a aprender desde el corte de la caña hasta la producción de la panela y sus derivados.

“En este momento trabajamos en esa iniciativa con la oficina de Cultura, Turismo, Recreación y Deporte porque la idea es invitar a nuestros paneleros para que innovemos ésta actividad y no volvernos panelodependientes, como ya se ha dicho porque la idea es moler caña en cualquier escenario de precios, pero llevando valores agregados que finalmente son los que dejan mayor utilidad y dentro de esa nueva oferta encaja perfectamente el ejercicio turístico que permitirá mejorar los ingresos y por consiguiente la calidad de vida de nuestros campesinos”, declaró el señor Alcalde.

Otro tema es el aprovechamiento de los diferentes pisos térmicos y de la calidad de los suelos, factor que ayuda con la diversificación porque en Villeta es fácil encontrar caña de azúcar hasta café. Igual hay ganadería y frutales que en conjunto representan una dinámica interesante para la región. Sin embargo el mandatario expuso que hay opción para nuevos productos que ayudarían mucho en un marco de diversificación de productos.

En un trabajo arduo con la Unidad de Desarrollo para el Campo que es la encargada de direccionar la estrategia agrícola del municipio se va vislumbrando un mejor y más eficiente uso de la tierra lo cual hace que sobre pilares de diversidad, los campesinos encuentren mayores opciones de ingreso en sus fincas.

El Alcalde reconoció que una de las alertas por la baja rentabilidad del campo es el envejecimiento de los agricultores y el bajo relevo generacional pues muchos optan por partir del municipio. Ese sufrimiento del agricultor, expresó, genera rechazo en los jóvenes que bien podrían capacitarse desde el punto de vista técnico o profesional para tomar las riendas de las fincas para transformarlas en verdaderas empresas.

“En eso hemos trabajado fuertemente con el SENA, con la Uniminuto y con otras instituciones educativas para brindarle apoyo y capacitación a la juventud campesina con el compromiso de que retornen al campo para lo cual hay igual motivación para que regresen a su predio panelero, a que propicie innovación y a sacarle mucho más provecho a la caña y a los productos como la panela que puede venir en diferentes formas y sabores puesto que hay hasta cerveza de panela y toda una diversidad de productos en la que nuestros nuevos productores deben sacar la casta emprendedora para seguir por la vía del progreso”, añadió Morera Gutiérrez.

El amable funcionario indicó que aunque no es bueno mirar el campo con espejo retrovisor, si hay modelos que fueron eficientes en su momento como el Instituto de Mercado Agropecuario, IDEMA, que nació en 1944 como el Instituto Nacional de Abastecimiento, INA. En esos tiempos hubo más y mejor agricultura porque se garantizó la absorción de cosechas y el productor prácticamente iba a la fija.

Amén de todo, Morera indicó que sin ahondar en las cosas malas que otros hicieron, lo cierto es que hay que reconocer que el estado colombiano ha hecho esfuerzos presupuestales importantes que no han llegado a donde tienen que llegar. Lo anterior, estimó, por la carencia de unas políticas públicas o de estado que garanticen que los dineros queden en las manos de los productores del campo para mejorar.

Sobre ese asunto señaló que es importante mejorar en infraestructura y en vías terciarias para que el labriego pueda sacar a tiempo sus cosechas, pero no menos es urgente trabajar en temas básicos para la ruralidad como la vivienda, acueductos y alumbrado porque en pleno siglo XXI aún hay veredas en Villeta en donde no ha hecho presencia la red eléctrica.

El Alcalde de Villeta destacó de igual manera el trabajo de la Gobernación de Cundinamarca que ha hecho esfuerzos importantes en placa-huella y en dotar con suministros a los paneleros de la región, favor que igual recibieron los caficultores.

Para el Alcalde hoy más que nunca es importante que el gobierno les lance a los paneleros ese salvavidas que recibieron los cafeteros y los productores de flores porque en panela hay de por medio más de 350.000 familias en Colombia que igual son generadoras de 700.000 empleos directos. Es por eso muy importante un apoyo del ejecutivo en cabeza del ministro de Agricultura que bien conoce de esos temas en donde hacen convergencia los asuntos económicos con los sociales.

Una gran oportunidad son los TLC y otros mercados en vista que cada vez la panela gusta más y es mucho más solicitada en las familias del mundo. El tema, dijo el funcionario, pasa por la tecnificación y el trabajo en calidad máxima porque esas exportaciones tienen un estándar muy alto para su admisibilidad, aspecto que no debe ser un obstáculo cuando la tarea se hace de la mejor manera.

La dificultad es compleja porque la modernización y tecnificación de un trapiche puede costar entre cuarenta y sesenta millones de pesos, tema delicado porque si el mercado se contrae o los precios no ayudan el crédito que se haya solicitado con un banco se convierte en una pesadilla porque sin un mercado estable el embargo del trapiche puede darse en cuatro, cinco o seis años y es por ello que en materia de crédito de fomento el gobierno debe fortalecer su gestión eso sí articulado con el departamento y con los municipios.

En materia de procesos asociativos la cosa no es clara porque el productor de panela de Villeta no sabe sobre los beneficios de estar asociado y de producir más y a más bajo costo porque toda la vida fue dueño de su cultivo y de su trapiche. De todas maneras, escribió el Alcalde, ese es un modelo en el que tienen que incursionar los paneleros y los campesinos productores en general porque la asociatividad es una alternativa que ayudará a mejorar producción, calidad, ingreso y perspectiva.

Finalmente el Alcalde de Villeta, Jhon Alexander Morera Gutiérrez, manifestó su optimismo con el Plan Nacional de Desarrollo que en su concepto puede dar una mano importante en las regiones por la facilidad para importar tecnología y equipo por el tema de los aranceles. Insistió que tener acceso a bienes de capital en la ruralidad es indispensable, básicamente en donde hay pequeños núcleos productivos en los que es muy necesario que lleguen políticas y recursos.

Villeta cuenta con un muy buen ambiente para la inversión y es por eso que ya hay en operación la ejecución de unos proyectos de gran calado como los adelantados con multinacionales y firmas del calibre de la Constructora Actual y la Constructora Prodesa, firmas que invertirán en vivienda de interés social y de interés prioritario así como en vivienda de alto costo y campestre.

“Muchas personas están pensando en operar en Villeta y tan solo permanecer uno o dos días en Bogotá porque la idea es contar con calidad de vida gracias a un entorno afable y seguro”, dijo el burgomaestre.

Esta es la grata Villeta, la tierra del Festival Turístico y del Reinado Nacional de la Panela, ya con reconocimiento nacional e internacional que invita a desplazarse a la cálida ciudad en cada mes de enero. Allá en la capital de la región del Gualivá en donde dicen que en el salto de los Micos, en esas siete cristalinas cascadas, sale la llorona y otros personajes mitológicos, están pasando cosas muy afortunadas y salvo la situación panelera, hay empuje y compromiso por devolverle al municipio grandeza y esperanza sobre pilares de competitividad.

Al dejar la bonita municipalidad llegan los datos que nos fueron entregados por la comunidad en los traslados a lo largo y ancho del pueblo. Así las cosas, hay que precisar que en 1840, más exactamente en la hacienda Cune de Timoteo Román, fue instalado el primer trapiche hidráulico que tuvo la dirección del nacional inglés, William Willis, pionero en Colombia en la industrialización de la caña. En ese tiempo quedó atrás el viejo molino de madera que se activaba con la fuerza de caballos o mulas que daban giros mientras veían salir el jugo del dulce palo de fibra.

Villeta tierra admirada por el comunero, José Antonio Galán, que la visitó en 1781 justo cuando arrancaba esa emancipación que terminó años adelante con la libertad de los territorios de la Nueva Granada y con el afianzamiento de la Gran Colombia. En el cálido pueblo estuvo la revolución comunera y el inicio de una carrera contra la corona española que dejó valor y honra, pero igual sacrificados, asesinados e inmolados, aclarando que vinieron patrias bobas y otros fenómenos políticos que le quitaron brillos a tan loable lucha.

En cada curva igual invaden la mente los monumentos del Parque de la Molienda en donde aparecen en el monumento a la Familia Campesina, la mula cargada de caña, el campesino cortando la vara azucarada que es sostenida por una mano izquierda fuerte con un brazo de venas prensadas y en alto relieve que aguardan el machetazo que viene de una mano derecha bien dirigida por el ojo preciso del cortero, igual en la escena está el niño con su perro y la ama de casa preparando alimentos en la olla de barro. Otra obra alegórica es el Trapiche Panelero, ese movido por mulas.

El también llamado Parque Hinestrosa en homenaje al jurista y maestro, Ricardo Hinestrosa Daza, uno de los íconos de la guerra de los mil días, guarda un encanto especial como la ceiba eterna del centro de la plaza que es acompañada por palmas de cera, árboles de pomarrosa, palos de mango, mamoncillo y otras benignas arboledas que con la sombra que brindan a las personas, hacen en medio del fuerte calor, el rato mucho más amable.

Hay que volver a Villeta, ese municipio de 43.574 habitantes, de regreso nos espera en una esquina de la plaza principal, un rico pollo asado al carbón en el asadero las “Brasas al Rojo” en donde el pollo adquiere un sabor especial, o quizás el plato típico, un “Chupao Campesino”, una mixtura de gallina con carne salada, arroz, papa y yuca que va mejorando su sabor en la hoja de plátano que lo envuelve y que matiza sabores con ese ají tan particular de los villetanos. Igual nos aguarda un buen guarapo de panela y una caminata por las veredas del municipio que brindan una vista sencillamente rimbombante.

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