Sábado, 08 Octubre 2016 06:53

Sierra Nevada, un café espiritual convertido en gusto y fragancia

Las etnias que habitan en ese techo sagrado de la costa norte entendieron que solo produciendo café especial se podía incursionar con más fuerza en el exigente mercado internacional.

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Luego de pasar Patillal, ese pequeño, pero hermoso corregimiento que está como puerta al encanto en el pie de monte de la Sierra Nevada de Santa Marta, empieza a escalarse una montaña que hace parte de la tan emblemática estribación.

Atrás quedaron riachuelos y pequeñas afluentes, entre ellas el Río Badillo, ese que inspiró al egregio Compositor, Octavio Daza, el mismo poeta que inmortalizó vallenatos y letras inmarchitables que tocan los corazones de cada generación.

“Si algún día peleamos, por algún motivo, si reconciliamos que sea a la orilla del rio Badillo”, bello aparte de ese tema.

Sigue el camino y terminamos en una subida cálida en el corregimiento de Atánquez, un sitio recomendable para comprar mochilas y artesanías, este paraje hace parte de las doce comunidades que conforman el resguardo Kankuamo. Estando allí llegamos al área rural y luego de tomar café caliente con jengibre en una de las fincas iniciamos un ascenso por las empinadas montañas de la admirada Sierra. En uno de los tramos altos se observa la nieve que cubre el pico de los altozanos y de a poco entre esa vegetación verde y frondosa, empieza a escucharse el susurro de pequeños nacimientos de agua el cual le sirve de fondo al canto primaveral de los pájaros y de las aves que surcan ese cielo azul que cubre con su manto claro, las comunidades indígenas Arhuacas y Coguis.

A medida que avanzamos vamos encontrando ganadería dispersa, matas de café y unos caminos milenarios que llevan a los poblados en dónde habitan los pueblos indígenas, esos que son propietarios de una espiritualidad única, esos que visten de blanco, haciendo gala de la asepsia que caracteriza su noble alma y que finalmente la plasman en la producción cafetera.

Pasa el tiempo y ese paisaje humano se traslada a Corferias en Bogotá en donde se realiza ExpoEspeciales 2016, la feria número uno de cafés especiales y a donde llegaron las comunidades de la Sierra Nevada de Santa Marta porque hicieron la tarea, mejoraron sus tipos de café y hoy le ofertan orgullosos al mercado internacional unos granos y un producto final que respeta el paladar, que encanta el olfato y que reúne los más selectos sabores de la Madre Tierra.

Diariolaeconomía.com tuvo el gusto de hablar con la representante legal de la Asociación de productores indígenas, Seynekun, Claribeth Navarro Izquierdo, quien aseguró que la mejor experiencia de su comunidad es producir café orgánico de una calidad insuperable que compite con los más selectos especiales del mundo, entre otras cosas porque tiene un valor agregado que no tienen otros bebestibles, y es que se siembra y se cosecha con toda la espiritualidad posible porque este es un café que regala plácida y oronda, Zaku Seynekun, sí, ella, la generosa Madre Tierra.

En ese universo de expositores se destacan los arhuacos, vestidos de blanco, todos y luciendo felices en su indumentaria el tuto soma, ese gorro albo, inmaculado como un balde de tela que aparte de representar la nieve serrana, decora sus sagradas mentes. De sus costados pende la mochila arhuaca en dónde se guarda de todo, incluidas las masticables hojas de coca, las mismas que ancestralmente se molieron en la boca de padres y abuelos, y que ayudan a amainar la fatiga, el hambre y la sed.

La hermosa y gentil Chanavinguna, su nombre originario y nativo que traduce Diosa multiplicadora del pensamiento mayor indígena, aseguró que el mundo cafetero de la Sierra Nevada es algo muy exclusivo porque además de vender un excelso grano, los aborígenes ofertan salud a todos los clientes que consumen café de la Sierra Nevada que de manera paralela se conectan con la sabiduría ancestral del bello sitio que regala muchísima energía.

Actualmente los caficultores de la Sierra manejan mezclas de grano tipo Castillo y Típica por lo cual tomar café de esta región marca diferencias con otras variedades del país entre otras cosas porque antes de la siembra y hacer los germinadores se le hace un pago a la tierra para que ese café venga de matas fértiles y de insuperable calidad. Lo propio pasa cuando se cosecha el grano, los indígenas arhuacos pagan a través de los mamos quienes como líderes se encargan de saldar esas cuentas con ofrendas y ceremonias.

“Hay algo a tener en cuenta y es que cuando alguien quiere sembrar debe pedirle permiso al mamo para poderlo hacer”, comentó Navarro Izquierdo.

Cabe precisar que el delicioso y aromático café de la Sierra Nevada se caracteriza por ser una bebida muy suave matizada por unas notas de nuez y chocolate. Estos cultivos hacen parte de procesos asociativos porque el café de la Sierra se siembra en parcelas muy pequeñas.

Paralelo al café, los Arhuacos siembran plátano, yuca, guineo, frijol y otros alimentos que dan una mano importante toda vez que la cosecha de esta comunidad dura cuatro meses al año, es decir hay una única recogida, diferente a las otros cultivos de grano que tienen cosecha grande y de mitaca.

Durante los meses en que hay café, hay circulante y buen dinero, pero cuando se acaba la cosecha les corresponde a las mujeres arhuacas sostener el hogar durante ocho meses para alimentar a sus hijos y sostener el hogar en completa armonía y equilibrio.

“Para nosotros el café es un fruto sagrado que nos genera muchísimas utilidades y eso obedece a estar certificados como orgánicos y con comercio justo, situación que ha implicado todo un reto porque tener esas certificaciones nos obliga a ser mejores en calidad y producción y poder así contribuir, con unos recursos adicionales, al mejoramiento de la calidad de vida de las familias arhuacas dedicadas al cultivo del café. En 2018 estamos vislumbrando familias cafeteras totalmente sostenibles”, declaró la señora Navarro.

En la Sierra Nevada empiezan los cultivos a mitad de octubre y los tiempos fuertes de cosecha son noviembre, diciembre, enero, febrero y parte de marzo.

Los arhuacos son una cultura amerindia inteligente que prevé los tiempos futuros y por eso alrededor del café hay cultivos asociados que garantizan la seguridad alimentaria y la nutrición. Esta familia siembra en tierras colectivas que se caracterizan por ser espacios muy estrechos en donde se aprovecha de la mejor forma el pan coger.

El Arhuaco es muy trabajador y evita contratar mano de obra o de recolección que venga de fuera de sus dominios sino que de manera solidaria va haciendo turnos para ayudar a recolectar la cosecha de los vecinos o de quienes viven en esos predios sagrados. El café se tiene como un cultivo social porque independiente de la cosecha como la gran noticia, la familia se congrega, se une y se encuentra por una causa común y es la recolección de los enaltecidos granos.

“Nosotros como comunidad indígena somos un país dentro de otro país, pero con la particularidad que tenemos normas propias, leyes propias y compromisos de comunidad que no están escritas solo que se cumplen por mandato de la naturaleza como suprema y magna madre. Como Sierra Nevada somos los principales guardianes del mundo, del planeta y eso también nos matiza”, narró la experta en temas cafeteros.

La marca Seynekun fue escogida por los mamos pues encarna la Madre Tierra y tiene además unas particulares que pocos conocen porque detrás de una taza de café hay magia, rituales y eventos ceremoniales que son un regalo ancestral el cual se transmite al beber el inmejorable café.

Los indígenas de esta asociación llevan cerca de nueve años trabajando de la mano de la Federación Nacional de Cafeteros de Colombia que resultó ser la gran aliada para optimizar las siembras. Los Arhuacos agraden de igual forma a sus clientes en el mundo porque han entregado un voto de confianza que obliga a ser cada día mejor. Los compradores fuertes de Seynekun están en Estados Unidos, Canadá y Europa, clientes que han contribuido con las mejoras en calidad de vida, en la renovación de cafetos, en aumento de productividad y en compra de maquinaria así como de beneficiaderos ecológicos, manejos de guas mieles y marquesinas porque hay consciencia de que si se trabaja en perfeccionar la producción, habrá una taza de muy buena calidad que representa el pago de primas, reliquidaciones y reconocimientos adicionales al precio internacional.

Este café tiene certificaciones de Europa, de Estados Unidos, Japón, Canadá y Corea, sin contar los reconocimientos por comercio justo, es decir que se honra la palabra cuando el comprador remunera calidad para la reinversión en la caficultura y por consiguiente en una vida mejor para los cultivadores del grano.

El café le lleva desarrollo a la Sierra Nevada, pero expresada en calidad de vida toda vez que las vías no han recibido tanta inversión, situación que se ve con muy buenos ojos porque ello evita que la tierra ancestral y sagrada se llene de gente desconocida, aspecto que no le convendría a una tierra que vive en armonía y que no soporta el desorden social.

La Sierra Nevada comparte límites con los departamentos del Magdalena, Cesar y la Guajira y hoy las etnias Arhuacas, Coguis, Wiwas y de los Kankuamos ven con preocupación la masiva salida de jóvenes hacia Valledupar y Santa Marta. En Pueblo Bello, hacia el costado del Cesar se llega a Yedrua o Templo del Agua, un caserío en donde están los orígenes de Claribeth y a tres horas está la capital Nagusima, lo que traduce “tierra donde nace el sol”.

Quien toma café de la Sierra Nevada contribuye con el medio ambiente, pero también propende por una economía sostenible que mejora las condiciones de vida. En esta tierra cultiva café quien tiene desde 0.5 hectáreas o 1.500 plantas hasta 2.500 y 5.000 árboles o cafetos por hectárea. Los productores más grandes son aquellos que han logrado afianzar sus cultivos en un área de cuatro hectáreas.

En los alrededores de Pueblo Nuevo hay 155 productores que ponen en el mercado 135.000 kilos de grano orgánico, una producción muy pequeña, pero demasiado eficiente la cual crece sobre pilares de asociatividad.
La renovación fue muy complicada porque los árboles que tenían 60 años de vida en promedio adquirían un elevado valor espiritual toda vez que habían sido sembrados por abuelos y bisabuelos que vieron con lágrimas, dolor y pesar como se cortaba una vida y toda una historia.

“Nos tocó cambiar el chip y mirar hacia el terreno del negocio el cual con las certificaciones era muy promisorio y por ello debimos empezar a renovar. Esa tarea fue complicada como lo fue pasar a la variedad Castillo, pero hoy renovamos y somos viables”, dijo la cafetera.

Navarro Izquierdo estudió derecho lo cual era una opción, pero no su anhelo profesional que fue la psicología. El derecho o las leyes no son muy útiles en tierras arhuacas porque allá todos los líos los dirimen los mamos, luego el derecho queda en un segundo plano.

Esta amable mujer de tez morena con ojos negros y cabello azabache es casada con un bulachi como le dicen en arhuaco a los blancos, hoy es madre de dos hijos y vive felizmente casada lo cual demuestra que el amor no conoce raza ni credo.

Los Arhuacos están programados para trabajar 365 días al año y todo por el bienestar de sus familias. El café les ha dado opciones y les abrió oportunidades para mirar diversificación y poner los huevos en varias canastas. No son Amigos del asistencialismo ni de la caridad estatal porque en su opinión papá Gobierno enseñó a mal a muchos que no quieren trabajar y que creen que la solución está en la bondad del estado.

Como mujer campesina instó a las autoridades para que consoliden los acuerdos de paz y así con rentabilidad y sosiego, se pueda retomar la actividad agrícola y cafetera que está representada en 16 organizaciones que hoy le dijeron sí a los cafés especiales que le dan ingreso a más de 6.000 familias cafeteras.

Le dio muy buen recibo a las posibles compras de café especial de la Sierra que hará un grupo de empresarios chinos. La Sierra Nevada de Santa Marta produce en promedio 10 millones de kilos de café los mismos que hoy deleitan a muchos en el mundo.

La Sierra Nevada sabe y huele a café, hoy ofrece naturaleza, espiritualidad que se saborea en una buena taza de café Seynekun o de una preparación delicada y especial de Nacer, Café Orgánico.

Charlando con Bunkuamuro

Fredy Izquierdo, es un indígena de la Sierra Nevada de Santa Marta y es dueño de tres hectáreas de tierra cultivadas con café pues considera que siembra lo necesario y no una cantidad que afecte la región con deforestación.

Bunkwamuro que en lengua Arhuaca significa, “Amanecer Futuro” dijo que está asociado y proyectando futuro. Precisó que es el representante legal de la Asociación de Autoridades Arhuacas de la Sierra Nevada en donde hay 386 familias las cuales son propietarias de 1.5 o dos hectáreas de tierra.

Si bien no se ha hecho una cuantificación de productores, se estima que en la Sierra Nevada hay en promedio más de 3.000 familias arhuacas que siembran café de las 12.000 que habitan el espectacular y sagrado sitio.

La economía cafetera les ha dado la mano a los indígenas de la Sierra que hoy lo ven como un cultivo cultural que entró en el corazón de las familias porque significa progreso y crecimiento.

Al tener la Sierra Nevada todos los pisos térmicos que van desde el mar atlántico hasta el pico Bolívar que con sus 5.775 metros, el más alto de la cadena montañosa del Caribe colombiano, permite que el café acopie todo tipo de sabores y texturas. El café en la sociedad arhuaca se mira mucho más allá del tejido social porque con los cafetos se construye familia, sociedad y mutua ayuda.

“Más que un negocio, el café se mira como el bordón que sostiene toda una organización interna lo cual hace fuerte el renglón cafetero porque detrás de cada mata de café se edifica comunidad, valores y familia que finalmente redundará en mejores seres humanos de cara al futuro y a las nuevas generaciones”. Indicó Fredy.

Lamentó que la educación de hoy no esté formando niños o jóvenes enfocados en el trabajo, más preocupante en una sociedad relativamente pobre que debe enseñar a laborar más no a explotar. “Desde que era un niño yo cargaba plantas y como decía mi abuelo, el que siembra un árbol siempre tendrá un futuro y eso no se puede olvidar, pero pensando en comunidad y en futuro”.

Hoy la Sierra Nevada de Santa Marta sigue activa con sus cultivos de café, de pan coger y la cría de ovinos y bovinos. La oveja les da carne, cuero y lana para el blanco vestido. La agricultura y la cría de especies menores como la oveja le dan a esta tierra un tono diferente porque es el único sitio del mundo tropical en donde converge plácidamente la blanca nieve de las dogmáticas y sacras alturas con el inmenso mar Atlántico que cambia de colores desde lo alto de los picos fríos.

En ese templo hay asociaciones cafeteras de mucho trabajo en granos especiales como Kia, Kuma, Asoprocasines, Asoprosierra y Ecolsierra Export entre tantas que trabajan por una caficultura sana, limpia e inocua que viaja con sabores especiales desde las tierras ancestrales y respetabilísimas de los arhuacos hasta la mesa o la privacidad de incontables clientes en el mundo.

Hoy los productores le apuestan a un café sin agroquímicos y con un sello verde que ratifica las bondades ecológicas de las bellas tierras que protegen los espíritus atávicos que bendicen grano por grano y planta por planta los cafetos que brotan generosos y bellos desde los 1.800 metros, en las estribaciones de la gran Sierra Nevada, la casa de la Madre Naturaleza.

No fue en vano la despedida de Bunkwamuro al sabor de una exquisita degustación de café. “Bay niwinhumake kafé argun”, “Venga a la Sierra y tome el mejor café”.