Sábado, 26 Agosto 2017 08:48

Los males de la caficultura mundial nacen en Nueva York: Gómez Estrada

Hay una tarea mejor hecha por la caficultura que entendió que solo con café diferenciado por calidad se puede cautivar el paladar del mundo permitiendo una mejor remuneración. El café tipo Federación estaría en las últimas.

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Después de la cumbre mundial cafetera que tuvo lugar en Medellín, muchos se preguntan que vendrá después de esta magnífica y espectacular cita en donde la caficultura del planeta llenó los pasillos del hotel Intercontinental.

El reconocido cafetero y ex representante por Caldas ante el Comité Nacional de Cafeteros, Mario Gómez Estrada, le dijo a Diariolaeconomia.com, que todo lo hecho en la capital de la montaña podrá tener eco en la reunión de la Organización Internacional del Café programada para el mes de marzo en donde el tema muy seguramente será abordado.

El analista consideró que lo que valla a definirse en esa reunión debe saberse solo ese día ´porque filtrar la información sobre el devenir del mundo cafetero no sería sano más teniendo en cuenta cómo se mueven los negocios en la bolsa de Nueva York que es en donde finalmente se fija el precio.

“Aquí hay que torcerle el pescuezo a la Bolsa porque ese día será establecer la manera con la cual se establecerá el precio justo cuando la Bolsa de Valores de Nueva York, que es un negocio privado, funciona de otra manera, pero de todas maneras deben de existir mecanismos que permitan morigerar esos efectos”, declaró el señor Gómez Estrada.

Explicó que en principio el precio del café se forma por el valor de la moneda local y por el precio de la Bolsa.

Según el caficultor, si bien, en un tiempo incluido el de hoy, el café colombiano dependió de la devaluación, hay una tendencia preocupante y es que los niveles superiores a los 3.000 pesos por dólar están bajando hasta llevarlo a 2.900 pesos actualmente, situación que hace pensar que no siempre se ganará con el factor suerte o con los ciclos económicos que determina el mercado bursátil.

A criterio de Gómez, el asunto se torna tedioso toda vez que en la Bolsa de Nueva York hay unos capitales monstruosos metidos en ese escenario que juegan con las economías y con los sectores productivos como el del café porque exageran en demanda para luego liquidar contratos de futuros, quedándose con importantes utilidades, pero lastimando a un sector que vuelve a deprimirse dejando a los productores en la mitad que ven en medio de su tragedia cómo algunos se llenan los bolsillos de plata con cargo a ellos.

“Sin duda el tema de la Bolsa de Valores de Nueva York es un lío, pero en la medida que siga tomando impulso en el mundo el criterio del precio justo, podría venir un tiempo afortunado para la caficultura con mayores cotizaciones o con el pago de primas por productividad porque como en todo “querer es poder”.

Gómez Estrada asistió por más de treinta años a las grandes cumbres cafeteras y noto en esos menesteres que los productores de Vietnam, o no asistían o mantenían un alarmante silencio, nunca se supo que adquirieran un compromiso porque la sola palabra los sacaba en estampida. Las últimas noticias daban cuenta que la caficultura vietnamita no estaba perdiendo en algunos casos, pero sí produciendo muy al límite.

Destacó que el solo hecho que los caficultores de Vietnam participen en un foro público para hablar de las vicisitudes de la caficultura es un hecho muy importante porque eso quiere decir que ellos que venden un café de mucha menor calidad, más barato y producido con esclavitud en dónde se paga con comida, están preocupados y les interesa estar en una mesa hablando de soluciones.

Para el respetado hombre del café de Caldas y de Colombia, todo lo anterior demuestra que cuando los grandes deciden hacer una cosa, los pequeños se tienen que pegar o no hay utilidad para ellos.

Por tal razón, argumentó, hay que sacarle mucho provecho al discurso de Neumann toda vez que esta firma maneja la no despreciable cifra de 18 millones de sacos de café, factoría que reconoce que al productor del bebestible hay que pagarle una remuneración justa para darle permanencia y sostenibilidad a la actividad cafetera lo cual es posible con una utilidad racional.

Gómez Estrada expresó su beneplácito por el alcance que ha tenido la responsabilidad social en el tema cafetero y afirmó que por eso muchos actores en el mercado hablan de pagar precios que compensen trabajo, inversión y un mercado que brinde garantías a los consumidores. Es por eso que términos como equidad y precios justos han hecho carrera en los últimos años.

A criterio del experto, la caficultura colombiana goza hoy de buena salud y expuso que la cosecha estará muy cerca a los 14 millones de sacos, una producción muy parecida a la de 2016. En sus cálculos está una cifra que ronda los 13.8 millones de sacos o los mismos 14 millones del año pasado entre otras cosas porque el clima se portó de maravilla.

El Comité de Cafeteros de Caldas, el más vetusto de Colombia celebró sus noventa años de actividad por cuanto este nació a los dos meses de haber iniciado labores la Federación Nacional de Cafeteros en 1927.

Sobre el precio actual que se acerca a los 900.000 pesos, es bueno para quienes son buenos cafeteros y hacen la tarea en buenas prácticas, en productividad y competitividad así como en valor agregado. Los precios de hoy recalcó están muy cerca al equilibrio, pero podrían ser mejores para incentivar a los productores.

“Por fortuna aquí en Caldas el café está renovado en más del 80 o el 85 por ciento, ya es muy poco el café viejo e improductivo que queda. La caficultura demanda de trabajo, dedicación, manejo, renovación e innovación para poder tener un precio que permita por lo menos estar cerca al equilibrio y no seguir con esa perdedera de plata de los años anteriores”, comentó Gómez.

Dijo que el problema radica en que cada vez que el café llega a los 900.000 pesos sale un periodista irresponsable y poco conocedor del tema a hablar de bonanzas lo cual es algo ridículo porque para que haya bonanza como la de 1975 se necesitaría que el café fuera vendido a razón de diez dólares. Aclaró que cuando el café estuvo a 3,35 dólares en ese año eran cotizaciones importantes, pero reconoció que el café se ha devaluado a la par con la moneda.

Razonó el cafetero que un precio ideal sería aquel que arroje una utilidad del ocho por ciento adicional a los costos de producción lo cual se vería con volumen y resultaría mucho más racional lo cual no está ocurriendo y si ocurre es bendición de muy pocos productores.

Indicó que el caficultor debe comprender que si bien la producción tiene inconvenientes, igual lío tiene la comercialización que debe asumir un relicario de gastos para poder poner un café de calidad en venta en ese eslabón final que es el consumidor a quien le llega el grano después de costos y comisiones.

Reconoció que propuestas como Juan Valdez lograron despegar, sin embargo precisó que hay otras opciones de café de buena calidad y bajo costo que hacen que no solamente las opciones de excelente preparación y consumo estén en las emblemáticas tiendas de Procafecol o en Starbucks.

No hay que bajar la guardia con cafés especiales

Sobre la producción de cafés especiales, el docto en caficultura aseveró que ese tipo de siembra es vital en la economía cafetera porque el tema resulta más que importante al tener en cuenta que se trata de un grano con valor agregado que se está posicionado fuertemente porque al comprador que le gusta tomar un café bueno, sin duda alguna lo paga mucho mejor.

Anotó que con la trazabilidad y todo el componente social más otras aristas que tiene el comercio de hoy se está entrando a una nueva tendencia cafetera por cuanto ese café que toda la vida se llamó tipo Federación, pasara a ser a futuro un café de segunda lo cual no debería sorprender.

“En el Japón la trazabilidad se ha venido imponiendo y es por ello que quien compra un café sabe de qué departamento de Colombia viene, de qué finca y obviamente de qué municipio. El café común y corriente que se vendió masivamente con el sello Tipo Federación para mezclas perderá mercado porque frente a los especiales con calidad de origen están conquistando el mercado en donde hay diversas opciones de compra y venta”, conceptuó.

Con la profesionalización del café y con las mayores opciones que brinda una caficultura diferencial con grano especial, hay mejores opciones de renta y de seguir contando con una actividad que le dio desarrollo y alegría a Colombia. El nuevo contexto ha hecho que así cómo muchos se fueron de la economía cafetera, otros hayan decidido volver inclusive para meterse de lleno a la cadena porque hay exportadores que optaron por invertir recursos en siembras de buen café.

Lo único cierto es que en la caficultura están pasando cosas buenas y todo por esa tozudez gremial que busca a toda costa recuperar la productividad, pero por encima de todo, la utilidad en la caficultura que debió pasar las verdes y las maduras con la ruptura del Pacto Cafetero en 1989.

La realidad de los productores paulatinamente empieza a cambiar y es por eso que en esas poblaciones de balcones pintados con los más vivos colores, de calles angostas, de tiendas y estancos siguen bajando mulas cargadas de café al igual que los resistentes Jeep Willys, que llegaron de la guerra del Vietnam a recorrer las montañas cafeteras de Colombia y a poner su granito de arena en ese espectáculo que es el paisaje cultural cafetero, el mismo que sigue retomando vida sobre pilares de trabajo, fe y esperanza.