Sábado, 21 Octubre 2017 13:54

En cafés especiales, el aroma, el sabor y la marca, son Cundinamarca

Una muestra de ello es lo que hace la finca Acaima ubicada en las fértiles tierras de Sasaima en la bella comarca cundinamarquesa, en donde crece, se beneficia y se trata un café que tiene como principal insumo el amor.

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La caficultura colombiana está rodeada de historias amables y trágicas toda vez que el grano llega a Colombia aproximadamente en 1730 a tierras bañadas por la cuenca del río Orinoco. Hay quienes aseguran que en 1787 el grano suave procedente de África fue sembrado en Girón en las bravas tierras de Santander así como en la próspera y también minera y esmeraldera Muzo en Boyacá.

Al decir de trágica, la palabra se queda corta porque la caficultura, incluida su etapa de comercialización por allá en 1835 cuando en Salazar de las Palmas en Norte de Santander, el presbítero, Francisco Romero perdonaba pecados por siembra de café, el país seguía en unas luchas internas muy fuertes que hicieron de la guerra, un común denominador que acompañó la caficultura que soportó el embate armado, que aguantó como el que más y que supo decirle si al optimismo en medio de amenazas, enfrentamientos y procedimientos guerreristas que dejaron asolados los campos, los pocos labriegos que quedaban eran unos muy particulares, eran nada más y nada menos que los caficultores, esos que terminaron dándole desarrollo a Colombia.

La caficultura tiene un desarrollo y un crecimiento importante a mediados del siglo 19 y es allí en donde departamentos como Santander y Cundinamarca, logran unas interesantes producciones que llevan por ejemplo a la provincia Cundinamarquesa a ser el primer departamento en producción y exportación de grano.

La historia del café parece un monólogo que se narra por épocas pues los matices de sus momentos de adversidad están marcados por precios, mercado y costos de producción. El café llega a la Bolsa de Nueva York en la década de los setenta en pleno siglo 19, pero en esa transición de época llega el siglo veinte con la Guerra de los Mil Días y allí hicieron convergencia dos factores, el conflicto armado que lideraba el general Rafael Uribe Uribe y un marchitamiento en los precios internacionales que le dio la estocada a la caficultura generando que muchas fincas optaran por acabar con la siembra y aguardar que revancha podría dar el tiempo con esa fe camandulera típica de quien siembra café.

De tantos “ires y venires” la caficultura fue aprendiendo aún en medio de su rápida expansión, sobre técnicas de siembra, de recolección y de beneficio. Los productores entendieron que solo tratando bien el cultivo, sería posible poner en el mercado un café suave tipo arábica de inmensa calidad. En medio de tantos inconvenientes, el productor acompañado por la institucionalidad cafetera no paró de seguir en un negocio que se caracteriza por un factor determinante, la evolución que trae consigo las mejoras en buenas prácticas agrícolas, un mejor beneficio y un aprendizaje permanente en el control de plagas y de la misma lectura del clima y sus impactos en la actividad cafetera.

En Cundinamarca, en ese inmenso y enamorador departamento, pletórico de ríos, cañadas y lagos sigue con mucho empeño la siembra del café que por un momento fue dejada de lado por muchos, ante la caída del Pacto Cafetero en 1989 y por los mismos procesos de precarización de la tranquilidad, hoy retomó la grata tarea sobre pilares de rentabilidad y saliéndose de una zona de confort que afectó los cultivos y la cuenta bancaria de quienes lo sembraban porque todo un esfuerzo quedaba reducido a la tasa de cambio, es decir si el dólar estaba alto, el ingreso era mucho mayor, pero si este caía, el desplome era notorio y automático en las rentas nacionales y en la remuneración para los productores.

Un paradigma de caficultura en Cundinamarca es café Acaima el cual crece y se beneficia de la mejor manera en la hacienda del mismo nombre. Esta propiedad llegó al café por casualidad porque fue un activo adquirido para la salud por la bondad de Sasaima, una población abrigada entre colinas en la agradable y rentable región del Gualivá.

En charla con Diariolaeconomia.com, la productora de café especial y Gerente de Café Acaima, Mary Ángela Porras Triana, aseguró que la hacienda con 20 años de historia cafetera, reciente, pero dinámica y con ocho años de entrar por la senda de un café diferencial con un elevado componente de valor agregado, le apostó al verdadero negocio cafetero que es vender un grano diferente lo cual llega en un momento clave para la caficultura toda vez que Colombia ha cedido terreno en calidad frente a productores africanos de Ruanda y Burundi y de igual manera con el café peruano que está alcanzado calidad en tasa en promedios de 92 y 93 por ciento, dato que tiene preocupada a la Federación Nacional de Cafeteros que ya les pidió a los productores enderezar un lío que está en las manos de todos y que tiene que ver con buenas siembras, cero improvisación, cuidado por la variedades nacionales y con un beneficio óptimo y muy limpio.

El interesante proyecto que llena de orgullo a esta bogotana que decidió decirle si a una caficultura de calidad en Cundinamarca indicó que su propósito cuenta en total con 230.000 plantas sembradas de las cuales hay 210.000 cultivadas en terreno porque la finca cuenta ya con los semilleros. Anotó que con el tiempo lograron descubrir con su esposo, el gran socio, que lo bonito de esta iniciativa cafetera a nivel mundial es tener toda la cadena de producción en la misma finca en la cual se trabaja en valores agregados, en la búsqueda de especialidad en el café y sobretodo estudiar muchísimo sobre café.

Esta marca es dueña de su propia planta trilladora y tostadora decorada con todas las certificaciones de la Federación Nacional de Cafeteros. Allí es posible ver desde la siembra, la recolección y el beneficio hasta el empaque.

La firma Acaima decidió hacer el montaje del laboratorio de calidad porque se dio cuenta que los cafés especiales, que tienen puntuaciones internacionales y que están por encima de 84 y 85 puntos son granos que valoran y demandan mucho en el exterior. Agregó que hoy la moda son los cafés de origen y comentó que en Colombia menos del uno por ciento de los productores tienen de manera integral toda cadena productiva en la misma finca como sí acontece con Acaima Café.

Dijo que este procedimiento solo es posible en las asociaciones de cafeteros que agremian una buena cantidad de productores los cuales tienen derecho al uso de una trilladora y de su tostadora. Este tipo de asociación, precisó, agrupa a 40, 50 o 100 asociados, pero el caso de Acaima es un esfuerzo privado que logró un éxito rotundo en la producción de cafés especiales por cuanto ha obtenido lotes con 85 y 87 puntos lo que muestra que se puede tener una gran caficultura la cual es de mostrar en eventos como Expo Café Especial 2017 al que la Federación le pone todo su empeño. Añadió que solo con este impulso, será posible impulsar el café especial para las importaciones aunque aclaró que la empresa también maneja café comercial normal.

El que no siembre café especial, no está en el negocio

El cultivo de café especial es un punto tan aparte que quien no siembre, mirando todo el asunto de comercialización mundial, sencillamente, no está en el negocio cafetero porque en la actualidad hay productores de café comercial o normal en varias partes como sucede en Brasil, y en Vietnam, aclarando que por volumen, Colombia es el tercer productor de grano en el mundo

Reveló que preocupantemente en calidad, hoy Ruanda y Burundi están llevándose los mejores puestos, con el precedente que esos países no están tecnificados sin dejar de resaltar que Perú tiene una taza de mucha excelencia, razón más para estar angustiados porque a ese paso la pregunta que salta a la palestra es ¿A dónde va a quedar el café de Colombia en cinco años?

Aclaró que las exportaciones de café colombiano las están haciendo empresas privadas que le han apostado a un café de enorme calidad para mercados de una exigencia superlativa en taza y en calidad.

“Esas empresas le hacen halagos y coqueterías a un buen café porque hablando del universo del café, muchos caficultores no se dan cuenta de qué café tienen o sencillamente no tienen la oportunidad de saber qué calidad siembran y en varias ocasiones optan por vender lo que tienen dejando de lado el tema de calidad y oportunidad por buenas prácticas agrícolas”, aseveró la empresaria.

Esta factoría de café tiene claro que en el siglo 19, Cundinamarca era la despensa de café de Colombia y del mundo y precisó que en Sasaima fueron apareciendo con el tiempo muchas fincas soqueadas, pero el destino tenía a Acaima estaba trazado para producir el mejor café pese a que a su alrededor y con cargo a la crisis cafetera y fitosanitaria había fincas abandonadas, hechas unos potreros o convertidas en bosque secundario.

La experta indicó que después de la caída del acuerdo de cuotas en 1989, en Cundinamarca y puntualmente en la zona del Gualivá muchos agricultores dejaron el café y se dedicaron al cultivo de la caña. A la cría y engorde de cerdos, a cultivar frutas, incluido el aguacate, pero nada de café. Hoy el café como actividad económica volvió a reactivarse en Cundinamarca lo cual es muy afortunado.

Hay que decir que como Cundinamarca es una región cafetera que dejó orígenes y herencia genética en sus suelos, hoy fácilmente se puede explotar comercialmente tal y como pasa en otras regiones que le dieron vida a las variedades, poniéndole sello a cada café, verbigracia origen Nariño, origen Sierra Nevada, Origen Santander y por supuesto origen Cundinamarca que es sin duda una marca a nivel mundial porque tiene características diferentes a los cafés del resto del país que son de por sí muy buenos.

Para la experta, el café de Cundinamarca tiene un aroma sin igual y unos sabores mezclados que pasan por el dulce de panela, chocolate amargo, cítrica naranja, cítrica mandarina y frutos rojos. De los cafés perfilados últimamente han derivado sabores a maracuyá, avellanas y cerezas fuertes los cuales se pueden disfrutar con un grano proveniente de lotes con 85 y 87 puntos.

“El tema de los cafés especiales es una maravilla porque además de contar con tierras bendecidas, demanda todo el cuidado y una serie de tareas culturales en beneficio, en secado y en su manejo de manera integral porque se trata de un grano muy especial”, comentó la señora Porras Triana.

Destacó el hecho que en Cundinamarca aunque de manera lenta, empezó a verse la asociatiividad y aclaró que los intentos fallidos de hace algunos años se explican por la falta de unificar los conceptos de las personas porque no todas tienen la visión de exportar o de tecnificar. En el tema, explicó, se manejan temores y desacuerdos, pero en algunos años los cafeteros de la comarca empezarán a ver sus resultados porque hay una cooperación importante como compartir información y conocimiento, aspectos que llevarán la caficultura departamental a sitios muy altos en calidad y taza, pero sobre pilares de asociación.

Café Acaima exporta su grano especial a Estados Unidos, España, Inglaterra y logró enviar muestras a Argentina y Corea. La hacienda tiene como objetivo seguir creciendo de la mano de una caficultura próspera en donde siga creciendo la imagen del café de Colombia ayudando de paso a afianzar ese importante tejido social en torno a las espectaculares siembras. Para la empresa con la semilla de café va la semilla de vida, de paz, de esperanza, de inclusión y de mejores perspectivas mirando hacia el futuro.

La mujer, una mano mágica en el café especial

La Gerente de Café Acaima, Mary Ángela Porras Triana, destacó el papel de la mujer en la caficultura porque su trabajo va desde preparar los alimentos de los jornales hasta ir de madrugada a trabajar la tierra porque muchas féminas son las encargadas de abonar los suelos y quienes ayudan sus esposos y a sus hijos a trabajar hombro a hombro para sacar adelante la caficultura departamental.

“También está el aspecto de la delicadeza de la mujer cafetera en cuanto a la recolección de la cosecha pues son más finas y suaves a la hora de adelantar recolección manual. En Café Acaima, esta labor la realizan con todo el cuidado las vecinas o las esposas de los colaboradores de la hacienda que generalmente hacen un trabajo muy bien hecho porque adquieren un compromiso en selección de cosecha y en la misma clasificación de café trillado, es una labor encomiable porque la mujer cafetera es impulsadora, capaz y muy responsable porque le cumplen al hogar pero también a sus familias, la mujer es la energía adicional que suele pedir el campo”, sostuvo la reconocida cafetera.

Añadió que la mujer cafetera es también sinónimo de alegría, generosidad y emprendimiento. Sostuvo que cualquier expresión de la mujer de los cafetos está repleta de amor, respeto y bondad lo que hace el papel de la mujer en la caficultura haya sido y sea determinante.

Los que se fueron del café por los malos momentos se fueron del negocio cafetero, educaron sus hijos en las ciudades y hoy muchos están de regreso o lo que es mucho mejor, los hijos de los conocidos caficultores que habían salido hoy retomaron la actividad cafetera con más ambición, con mejor café y con una visión empresarial que hace pensar en la sostenibilidad de la caficultura en Cundinamarca.

En Acaima el sesenta por ciento de los trabajadores son personas con edades promedio entre los 30 y 25 años los cuales tienen más deseos de crecimiento personal entre otras cosas porque la empresa los impulso a mejorar su calidad de vida lo cual incluye la educación.

“El café no es solo pala y pica, el café pide una excelente logística y de gente que sepa de caficultura, es decir que sea un profesional del beneficio y de la no fácil tarea de tostar, de igual manera se requiere gente preparada para manejar empaques y las mismas certificaciones porque para ello se necesita información, diligencia de formatos y fichas técnicas.
En el café hay necesidad por soluciones integrales que hacen que el trabajador sea cada vez más preparado académica y técnicamente”. Apunto.

Al hablar de precios, la Gerente de Café Acaima indicó que afortunadamente hoy el productor de café especial no depende tanto de la tasa de cambio o de la llamada zona de confort por cuanto al trabajar diferente y poner valor añadido a la caficultura, el precio lo pone la calidad haciendo que cada vez se dependa menos de las cotizaciones de bolsa en Nueva York.

Hoy dijo, la caficultura especial no se queda en cosechar, beneficiar, secar y poner grano pergamino porque las cooperativas que absorben este producto lo liquidan a precio de mercado incluyendo las sumas y restas que llegan por defectos, castigos o premiación por certificado. El café especial es sin duda alguna mucho mejor porque es un grano que tiene mercado en el exterior y la gran ventaja es que vienen a buscarlo porque muchos consumidores en el mundo están pidiendo a gritos una buena taza de café especial.

Tal y como se citó al inicio de esta nota, el café creció y soportó la guerra, pero hay mucha ilusión porque hoy el grano prospere en la paz. María Ángela Porras Triana dijo que el café es el testigo histórico de una nación como Colombia que ha pasado por muchos acontecimientos y en estos tiempos en una paz que se añora porque ya se habla de sustitución voluntaria de cultivos ilícitos a plantaciones de café y otras siembras también industriales.

A quienes vienen del conflicto armado, en la condición que sea, deberían enseñarles todo sobre café especial y precisó que a esos seres humanos, al amparo de la tranquilidad, hay que comprometerlos con ese valor agregado que pide el café y que redunda en mejor precio de compra, en mayor rentabilidad y de hecho en una mejor calidad de vida.

Cabe precisar que Cundinamarca tiene 30.459 familias cafeteras que siembran café en 69 municipios con un registro de 34.829 fincas. La caficultura departamental utiliza para las siembras del bebestible 36.467 hectáreas que son cuidadas con esmero y vigiladas con esa mirada del cóndor andino, que desde los cielos azules o quizás opacos presiente que la cosecha vendrá con los mejores rendimientos y desde luego con la mejor taza.

Las cafeteras que enseñan de café

Sonia Sarria Franco es la coordinadora del programa de cafés especiales para el departamento de Cundinamarca y goza de un prestigio ganado con esfuerzo y el acopio de muchos conocimientos que hoy la hacen ver como una experta y toda a una autoridad, no en vano es la encargada de la calidad de la taza .

Hace un tiempo ésta dedicada mujer del café venía asesorando a los productores en cuanto a mejoramiento de la calidad en taza entre otras cosas porque tiene una virtud adicional y es que es catadora. Desde hace seis años empezó a perfeccionar sus conocimientos en café especial porque anhela y no duda que Cundinamarca logrará posicionarse con este tipo de café en el exigente mercado mundial del café en donde solo llegan los estándares más altos de calidad.

De manera lenta, pero con ímpetu, Cundinamarca empezó a recuperar su productividad porque no en vano este departamento fue el primer productor de grano junto al Tolima. Hoy Cundinamarca logró bajarse del tema de la cantidad para ingresar al reto de la calidad. Hoy, dijo, el cafetero de la provincia mira los rendimientos por hectárea y la calidad del grano porque solo así será posible tener una mejor calidad de vida.

No sobra decir que en los resultados de los últimos tres concursos de calidad, todos los municipios de Cundinamarca han estado presentes en las semifinales lo que quiere decir que las cosas se están haciendo bien y que en la región es posible encontrar cafés espéciales a lo largo del territorio porque la calidad de todos los municipios no tienen nada que envidiarle a los otros departamentos lo que queda sustentado con los premios y primeros puestos obtenidos en varias categorías a nivel nacional, incluido un segundo puesto en la taza a la excelencia, un concurso con enorme ranking a nivel internacional.

“Como todo negocio, el café tiene sus vaivenes porque hay tiempos difíciles en los que aparta mucha gente, pero en medio de la dificultad esos que se quedaron y empiezan a ver recuperación, reciben su premio y afianzan su pasión y compromiso por una caficultura de calidad que hizo que muchos regresaran a las tierras del café. Muchos volvieron a las siembras, no pocos le tienen fe a Dios y al café que es un cultivo sagrado que tanto desarrollo le dio y le sigue dando al país”, afirmó Sarria Franco.

En opinión de esta conocedora, en asuntos de café todo es amor y trabajo en equipo con la familia y los demás productores. En Cundinamarca se le da toda la importancia a la familia cafetera que es la que con dedicación y apego por la tierra se atreve a sembrar las semillas del mejor y más suave grano. Hoy en Cundinamarca, en todos sus rincones alegres en donde los gritos y la música de fin de semana rebotan contra las montañas, el tema es uno, café especial. Finalmente se chocan las copas con el cristalino aguardiente, se pide más volumen para la ranchera o el tema popular mientras descansadas las mulas esperan con paciencia el retorno a la finca en donde su trabajo es más que útil.

Allí en Corferias vimos todas las etnias, todo tipo de personas, vimos alegría y regocijo máximo porque si bien el reto es grande, la tarea se hace con mucho juicio, quizás sea por ello que el país superará en algo los catorce millones de sacos de café mostrando repunte en la productividad y lo que resulta mejor habrá una cosecha con un valor superior a los ocho billones de pesos, todo un record si se tiene e cuenta que la cosecha pasada costó 7.2 billones de pesos. La Federación Nacional de Cafeteros en voz de su Gerente General Roberto Vélez Vallejo aseguró que el mejor ingreso a los caficultores obedece a los mejores precios en el mercado internacional.