Sábado, 18 Noviembre 2017 08:59

Complicado panorama del café: Invierno amenaza metas de la cosecha

El cielo se rompió en toda la geografía colombiana y los más de 14 millones de sacos previstos para 2017 podrían verse comprometidos por las intensas lluvias que ya dañaron algunos cultivos.

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No cabe duda que éste 2017, al igual que el 2016 es para el olvido por cuanto la economía entró en una etapa de enfriamiento que dejó a muchos con el inventario a tope, como si fuera poco el cambio climático sigue afianzándose como una lotería y hoy la agricultura, especialmente la del café padece los embates de un invierno que no quiere dar tregua porque lo aguaceros se reportan en todo el territorio colombiano.

Los productores que por fortuna ya habían cosechado grano lograron salvar gran parte de la cosecha grande, sin embargo hubo zonas cafeteras en donde los cafetos se echaron a perder por la fuerza de los chaparrones.

El reconocido cafetero y emblemático hombre del café, Mario Gómez Estrada, quien mostrara esa casta caldense y cafetera en tiempos en los que se desempeñaba como Representante por Caldas ante el Comité Nacional de Cafeteros le dijo a Diariolaeconomia.com que las caras alegres que se veían en las veredas que siembran café en Colombia se han ensombrecido de gran manera porque con el agua que ha caído la cosecha se esfumó y empezó a terminarse por lo menos en la zona central antes de lo previsto porque el café que queda en las parcelas a mediados de noviembre es visiblemente poco.

“De manera que salvo que en otras zonas de Colombia se saque la cara por la producción en algo, este final de año puede marcar una reversa en la producción que no permita llegar a los presupuestos que la propia Federación Nacional de Cafeteros había trazado y que era de 14 millones de sacos largos, de tal manera que lo que ha llovido es demasiado en perjuicio de muchos cultivos”, declaró el señor Gómez Estrada.

Recalcó que la meta de producción está seriamente amenazada porque en la zona centro hay una queja general en el sentido de que posiblemente a muchos, en un pestañeo, se les acabó la cosecha.

Lo grave del tema es que muchos productores de café tenían pendientes gastos por pagar de manera tal que la situación se torna muy preocupante porque las deudas no dan espera ni en almacenes ni en los bancos. Lamentablemente, sostuvo Gómez Estrada, a mucha gente del café se le dañó la natilla y el buñuelo de final de año.

Expresó su preocupación por un invierno que se registra en todo el país, haciendo prever que la única salida que era una producción abundante en zonas con clima aceptable no se dé. Anotó que para bien de la caficultura y del país tan solo falta mes y medio para cerrar el ciclo de 2017 para esperar por el bien de los colombianos que la rebaja en producción no vaya a ser muy grande.

“Este fue un año complicado y muy difícil en donde los costos de producción a la gente se le subieron de manera preocupante, no solo por lo que ocurrió con la reforma tributaria sino por unos precios muy estancados en el grano a cambio de unos valores muy disparados en insumos. Hubo también un lío en especial y algo que en el café se ha vuelto ya no coyuntural sino endémico y es que la gente no le gusta trabajar en la recolección de la cosecha”, manifestó el experto.

Dijo que en medio de todo los cafeteros han aprendido una cosa buena y muy positiva y es a trabajar con los futuros y hoy se puede decir que después de muchos años de brega los caficultores aprendieron a trabajar con los ciclos y por ello están cogiendo los picos de precio de futuros buenos para vender anticipadamente la cosecha y muchos han logrado palear la situación con este mecanismo porque vendieron contratos de futuro en un momento determinado a precios bastante positivos.

Insistió que la mano de obra sigue siendo una espada de Damocles sobre la industria cafetera porque indiscutiblemente a la gente no le gusta un trabajo que suele ser muy duro y por eso las dificultades para recolectar cosechas y para mantener los cultivos en óptimas condiciones. A lo anterior, afirmó, se le suma un crudo invierno que hace recoger la gente para ir a sus campamentos.

Para el cafetero hay un problema adicional porque el agua acelera el proceso de maduración del café con lo cual viene la caída de frutos que es lo peor que le puede pasar al cafetero toda vez que ese café no va a ser vendido y si por el contrario se vuelve un hospedaje de broca que explota de una manera complicada con la llegada del verano.

Dijo que pese a los problemas y a las novedades, hoy la Federación, como hace rato no pasaba, está internamente viviendo un buen momento con el trabajo de un excelente Gerente lo cual hace prever que hay la decisión de buscar salidas sobre todo al agudo inconveniente de la recolección que se hace aún más complejo por las características de la topografía de las zonas cafeteras en Colombia.

Gómez Estrada agregó que por fortuna está la vigencia de Cenicafé que volvió por sus buenos momentos después de una larga apatía como consecuencia de un trato indebido a esos sabios que construyó el gremio cafetero a través de los años y que fueron yéndose del centro de investigación mientras que a otros los retiraron en la administración anterior. Hoy, consideró Gómez, los que saben de café e investigan todo sobre el grano para fortalecer la caficultura, están recuperando el amor al café y a la institución por lo que se respira un ambiente muy distinto al interior de la institucionalidad cafetera.

Finalmente, Gómez Estrada estimó que los precios no han sido del todo malos, lo cual permitió usar el mecanismo de futuros. Aseveró que las vicisitudes igual, hacen parte de la historia de la caficultura porque es un producto que se da entre sol y agua lo cual con el cambio climático hace muy difícil adivinar qué hacer en muchas oportunidades.

Sobre la mecanización para recolectar grano, el versado en café manifestó que lo difícil es precisamente implementar esa mecanización por la topografía de las zonas cafeteras. Explicó que el café implica que en una mata o árbol de café, un trabajador llene recipientes para poder acopiar café en cereza para luego llevarlo a un centro secundario o de segundo piso en donde se le recibe para volver al campo a repetir la actividad en medio de tropiezos y complicaciones derivadas de los suelos y su inestabilidad.

“La parte cultural en esto es muy complicada y la Federación en eso nunca ha estado dormida, lo que pasa es que la mecanización muchas veces a los cogedores de café no les gusta porque es incómoda”, concluyó Gómez Estrada.