Miércoles, 06 Diciembre 2017 17:01

Caficultura en Colombia: Del clima y otras amenazas

La investigación económica detecta nuevos riesgos en la caficultura mundial que tiene encendidas las alertas por posibles afectaciones en las cosechas. ¿Qué pasa en la bolsa de Nueva York?

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El año 2018 es todo un acertijo en materia de precios porque el clima está haciendo de las suyas en países como Brasil que paso de una producción promedio de 65 millones de sacos a una de 55 millones en promedio, lo propio ocurre en Vietnam y en otras regiones productoras que harían pensar que el grano podría reportar un mejor precio en el próximo año

El Director de Investigaciones Económicas de la Federación Nacional de Cafeteros de Colombia, José Leibovich, aseguró en Diariolaeconomia.com que las cuentas no se pueden hacer de manera muy alegre porque así como grandes jugadores, incluida Colombia, experimentan daños en la cosecha, otros países repuntan en su producción, mejoran su oferta, nivelando la puesta de grano en un mercado de por sí complicado.

Agregó que era impensable que Honduras llegara a producir siete millones de sacos con lo cual el país centroamericano ya casi empieza a pisarle los talones a Colombia, dejando claro que de igual manera Colombia también ha mejorado hasta ser un paradigma porque pasó de una lánguida cosecha de 7.7 millones de sacos en el año civil de 2012 a más de 14 millones en 2016.

Leibovich dijo que en ese tiempo vino un fenómeno de La Niña muy fuerte que llegó acompañada de roya y otras plagas lo cual quedó superado con la renovación cafetera llevando la producción a unos niveles que empiezan a acercarse a las metas trazadas para 2020.

El analista sostuvo que los cafés robustos han sufrido fuertemente porque la producción de ese tipo de café se ha visto afectada por temas climáticos en los últimos años, pero dejó claro que los cafés de otros orígenes igualmente han mejorado su oferta generando un balance. Explicó que viendo el mercado mundial del café, se puede decir que entre la oferta y la demanda hay un pequeño déficit que ha ayudado a mantener unos precios, que no son los mejores del mundo, pero que tampoco están mal.

En opinión de Leibovich, si bien la oferta de café especial crece y su precio ya no está atado a la tasa de cambio, no se puede asegurar que el café variedad Colombia vaya a perder su categoría porque el grano nacional en el mercado mundial mantiene un diferencial importante que a la fecha está en 12 o 14 centavos de dólar sobre el precio de referencia de la Bolsa o contrato “C”.

“Colombia le va a apostar a un plan trazado a diez años, es decir a 2027 para que el café colombiano sea reconocido, no solo por su calidad sino que igualmente se le reconozca su sostenibilidad, tanto en producción como en cuidado del agua, en lo social, lo que abarca el bienestar de las familias cafeteras, y la rentabilidad. Poco a poco se va a ir traduciendo eso en que ese diferencial va a empezar a reconocer esos temas”, expresó el señor Leibovich.

A juicio del analista, el cambio climático traerá muchos problemas, no solo por el exceso de lluvias o las sequías extremas sino por la presencia de nuevas plagas que aparecerán poco a poco en la caficultura y en otros cultivos teniendo en cuenta que hoy el tema de la ciencia es evolución de los insectos y resistencia bacteriana entre tantos que tienen que ver con la agricultura.

“Hay que trabajar muy fuerte en todo eso, y no podemos parar en innovaciones con el fin de hacer más eficiente la actividad, incluida la recolección. De igual forma hay que ensayar nuevas alternativas para facilitar ese trabajo de cosecha que se ha vuelto cada vez más difícil porque los jóvenes ya no quieren trabajar en eso y el tema obliga a buscar salidas en donde los jóvenes aprendan a hacerlo de manera asistida y con un ingreso en beneficio de la eficiencia general del cultivo lo que puede resultar muy importante”, apuntó el Director de Investigaciones Económicas.

Como se ha visto en Brasil, la realidad a combatir ya no se reduce a roya o broca sino a otras plagas porque el aspecto fitosanitario es algo que nunca se termina y por ello hay que recurrir a la investigación permanente de nuevas variedades resistentes porque inclusive las que tiene Colombia son resistentes hasta cierto punto, es decir que hay que seguir apostándole a la investigación porque las plagas han aprendido a encontrar el camino de la supervivencia.

Sin lugar a dudas el cambio climático tiene la caficultura con las alarmas encendidas porque este será el caldo de cultivo de nuevos problemas a los que el productor y la ciencia, más puntualmente, se deben adelantar con mecanismos y trabajos que van desde lo genético hasta la manera de atacar organismos nocivos para las plantas.

El tema es tan importante que el Gerente Técnico de la Federación, Hernando Duque, informó que la nueva amenaza real de la caficultura está en África y se conoce como la Enfermedad de las Cerezas del Café, CBD. El señor Duque enfatizó que independiente que el CBD sea una enfermedad complicada que golpea la productividad, el Centro Nacional de Investigaciones del Café, CENICAFÉ, logró desarrollar la variedad Castillo la cual es resistente a esta patología, lo que deja cierta tranquilidad, pero que no hace que los científicos bajen los brazos.

El mercado sí responde a oferta y demanda

El argumento que dice que la dicha de los caficultores llega hasta la Bolsa de Nueva York puede tener toda la razón porque los caficultores desean Per se mejores precios, sin embargo los expertos aseguran que la ley de la oferta y la demanda si se cumple en ese mercado, pero no de manera automática por lo que se toma su tiempo, dando la sensación que las cotizaciones no reaccionan.

El Director de Investigaciones Económicas de la Federación Nacional de Cafeteros de Colombia, José Leibovich, afirmó que cuando realmente hay fenómenos de escases por algún choque climático o alguna situación extrema, el mercado las asimiló lo cual se tradujo en unas elevaciones y en unos cambios de los precios de manera impresionante, situación que se ha vivido en la historia de la caficultura con heladas en Brasil y sequías.

“Lo mismo ha pasado cuando ha habido superabundancia toda vez que los precios se han caído de manera también muy dura para los productores, entonces eso demuestra que el mercado sí funciona”, concluyó el economista.