Domingo, 17 Marzo 2019 00:04

Caficultura, una identidad que no se puede esfumar

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Algunos productores dicen que sienten una presión sistemática de los especuladores por acabar con la caficultura en Colombia, pero valientes aseguran que lucharán por una actividad que tiene renta, si se quiere, historia y futuro.

Llegar al hermoso departamento del Quindío es una maravilla, se puede disfrutar de un paisaje de bosque cubierto por neblina, haciendo que las nubes que bajan paulatinamente acaricien los montes entre verdes y azules con unos brazos de humo que igual les hacen reverencia a los cafetos que prosperan taciturnos en los suelos inclinados de las estribaciones quindianas, esas en donde igual crecen los platanales y otros árboles de sombra.

Placentero es mirar por los rincones de Calarcá, ese municipio amable que le da la bienvenida a los pasajeros de los buses o a los transportadores de carga pesada que logran la máxima prueba para iniciar su descenso al puerto de Buenaventura en el Pacífico Colombiano. Sin duda hay rostros de felicidad por superar tan complejo paso, pero igual se notan caras cansadas y otras molestas porque la “gran obra”, el túnel de la línea, sigue como una promesa muy lenta, como su transitar, que muy seguramente cuando entre en vigencia ya no será útil, quedaría pequeña para la gran entrada y salida de comercio, o por qué no, ya habría carros volando.

En fin, más de lo mismo y los colombianos siguen soportando vejámenes ya que conectar el centro del país con el Eje Cafetero o con el Pacífico sigue siendo arriesgado, traumático y maltratador. Un bus con pasajeros debe ir a un paso supremamente lento ya que por delante del coche van hileras interminables de camiones que parecieran estar estáticos en su afán de llegar porque la vía es difícil de ida y vuelta con unos picos o escaladas casi que imposibles. Al ver todo esta dificultad será difícil tener acuerdos comerciales en vigor porque los americanos, los europeos y otros socios no soportarán que sus mercancías lleguen con tiempos por fuera del cronograma y con unos costos que dejan la rentabilidad de los negocios en el camino. Ni qué decir de quienes de manera osada se atreven a exportar. Es urgente, por todo lo anterior, volver al tren y bajar un poco la actividad camionera que con la sobreoferta de hoy, igual no es que deje mucha plata. El país pide infraestructura y competitividad a gritos, el desarrollo sin duda no da espera y en Colombia los gobiernos se dieron el lujo de pasar por alto más de 50 años en ofrecer garantías para el progreso.

El proyecto del túnel de la línea es tan vetusto como nadie se imagina, de él se habla desde 1926, desde ese entonces la única opción para conectar país fue subir al Alto de la Línea, un desafío que inicia en Cajamarca, Tolima, y termina en Calarcá, Quindío, o viceversa. Son mal contados, unos 3.250 metros sobre el nivel del mar y las máquinas tienen que responder porque de lo contrario el lío es descomunal.

Al llegar a Armenia el desarrollo de la urbe es visible y el encanto de la “Ciudad Milagro” se pone al descubierto a plenitud. Hay sonrisas, gente dispuesta a orientar al recién llegado y mucha amabilidad. Desde esta primorosa ciudad salimos rumbo a una de las sedes del edén, la imponente, turística, emblemática y añeja Salento. Allí se llega después de recorrer 25.5 kilómetros en 45 minutos por unas vías pavimentadas y seguras e inclusive se hace uso de la doble calzada que de Armenia lleva a Pereira, una ciudad hermana del Eje Cafetero.

Por ser el municipio más antiguo del departamento, Salento es conocido también como “El Padre del Quindío”. Dicen quienes nos atendieron amablemente que Salento es también reconocido por ser Cuna del Árbol Nacional, la famosa Palma de Cera del Quindío.

Esta población fue fundada el 16 de septiembre de 1842, pero de este municipio hay antecedentes porque por allí pasó el libertador, Simón Bolívar, el cinco de enero de 1830 cuando éste cabalgó por el entonces “Camino del Quindío” también conocido como “Camino Nacional”. Allí durmió en un rancho de paja o tambo en la hoy vereda Boquía. Fue tan gran grande la admiración y el apego de Bolívar por el Quindío que al llegar a Bogotá tras su campaña en Perú, ordenó la reparación y la ampliación del grato “Camino del Quindío”.

Por esas tierras igual caminaron tranquilos y admirados el alemán, Alexander Humboldt y Aimé Bonpland, quienes vieron en la región un potencial de flora y fauna, reporte que le fue entregado en la época a José Celestino Mutis quién había solicitado dicha cruzada científica. Por estos parajes del Quindío estuvo el prócer de la independencia, don Antonio Nariño y aseguran que por esos caminos pasó la imprenta en la cual fueran impresos los Derechos del Hombre.

Este Quindío de historia grata, vanguardista, cafetero y fruto dulce de la colonización antioqueña, esa que desmontó selva y bosques para fundar poblados y ciudades, vio en el cultivo del café una oportunidad de riqueza, de trabajo y lo más importante, esa siembra afianzó sello, identidad y una marca país que a la fecha sigue fortaleciéndose con el trabajo arduo de hombres y mujeres, pero igual de asnos, caballos y fuertes mulas que a lomo llevan el grano que parte para distintos puertos con ese timbre especial que no en vano abre mercados pues muy resonante es y seguirá siendo el café de Colombia.

Luego de salir del municipio partimos para una finca que perfectamente puede ser un paradigma de agro-negocio puesto que alterna café con otros productos como plátano y gulupa, una fruta exótica que pagan muy bien en Europa. De igual manera la propiedad tiene actividad ganadera y ha trazado un modelo de negocio en donde la diversificación ha resultado ser el común denominador.

La caficultora, Gloria Arias Ospina, habló con Diariolaeconomia.com, y dijo que es cafetera por tradición, convicción y por amor. Expuso que llegó al café por herencia en vista que toda su familia fue de estirpe cafetera y manifestó su apego por el Quindío, la tierra que la vio nacer y en donde creció y corrió de niña entre cafetos, plataneras y ganado. Allí fue educada en medio de principios, amor y temor por Dios, pero todo gracias a un padre y una madre que le inculcaron a la familia el gozo de caminar por senderos de rectitud y trabajo.

Si bien a su abuelo el trabajo le correspondió y con una generación casi que fundar la caficultura en el occidente colombiano, los menesteres más duros debieron ser adelantados por su padre, un hombre que nació con estrella y con ese don de ahorrar, invertir y multiplicar. Don Miguel Arias Arcila, un todero de la vida, pero un gran visionario, salió de su tierra Aguadas en el Viejo Caldas para llegar a la floreciente Armenia cuando tenía apenas trece años. Este niño que daba el paso rápido a la adultez se fue formando gracias a su tenacidad y al amor por la laboriosidad. Fue arriero, lechero, carbonero, y gracias a su inteligencia fue acopiando un capital que finalmente le permitió salir adelante. El emprendedor Miguel viajó por pasajes de herradura, pasó jornadas entre mulas y cuando le tocó, avanzó entre caminos de barro a “física pata”.

Con el tiempo contrae matrimonio con María Cecilia Ospina, una antioqueña que resultó ser su mejor socia porque ayudó a construir una familia de bien adornada con tres hijos, la misma de donde viene doña Gloria. Los padres de Gloria Arias fueron las verdaderas almas gemelas puesto que tuvieron común acuerdo para edificar futuro y hacer del campo una empresa, aclarando que doña María Cecilia era mucho más citadina lo cual no le impidió creer en Miguel con quién tuvo un noviazgo de 15 o 20 años.

El momento más duro en la vida de Gloria llega justo con el deceso de sus padres porque es allí cuando asume tareas y toma el negocio cafetero por su cuenta para saber a ciencia cierta que este cultivo es asunto serio, muy duro y de enorme lucha. Con el tiempo, más de 18 años del fallecimiento de don Miguel y más de 22 años de la muerte de doña María Cecilia, esta recia mujer quindiana vio en la asociatividad la salida para el café porque el tema es sin duda valor agregado y calidades especiales.

“Desde muy pequeña caminaba entre los árboles y los cafetos, pero eran viajes más de paseo, mi padre tenía sus agregados en las fincas y en sus negocios lo cual no impidió que con el tiempo me fuera empapando del tema cafetero”, declaró Gloria Arias Ospina.

Si bien el café es una actividad que viaja por las venas, con puerto permanente en el corazón, lo cierto es que el negocio ha tenido cambios frente a hace 20 o 30 años cuando hubo bonanzas que disfrutó su señor padre, su familia y los caficultores. Hoy la realidad es diferente porque se vive más del centavo y de una siembra que enamora y se quiere, pero que perdió rentabilidad y credibilidad, no por los caficultores o por los cultivos per se sino por un mercado internacional que fija precios así tenga que matar de hambre a los labriegos de Colombia o de los países que viven de producir grano.

La única manera de cambiar el negocio, expresó, es dándole mayor calidad al café, un valor agregado permanente y una manera distinta de comercializarlo porque la situación obliga a pensar en sociedades y en uniones que redunden en fortalezas y no deambulando solos y a merced de unos especuladores que no saben de corazón o justicia.

En este momento Gloria Arias hace parte de una asociación de mujeres cafeteras llamada “Mujer Café Salento” experiencia complicada y difícil porque lamentablemente la individualidad, la envidia y la falta de adoptar esquemas cooperativos o asociativos no han permitido reportar el éxito de otras regiones como el Huila por citar un ejemplo.

“Por fortuna seguimos con la asociación y ya llevamos casi dos años trabajando con esto, defendiendo la figura cooperativa y en este momento quedamos ocho mujeres que vimos las bondades de la asociación y de la unión. Aquí hay todo tipo de mujeres porque las hay de perfil empresarial, otras más de vida rural y trabajo, pero también quienes exploran ideas y luchan por seguir creciendo. El trasegar ha tenido algunos inconvenientes como el machismo y si bien el reto no ha sido fácil tampoco ha resultado difícil porque hay vocación y emprendimiento, ello sin contar con las ganas de salir adelante”, afirmó la caficultura.

El Quindío no ha asimilado de gran manera la asociatividad, pero en buena hora dio el paso hacia un sistema productivo comandado por la asociatividad. El tema va cada vez más en serio y por ello la gobernación busca que haya doce asociaciones en los doce municipios que conforman el departamento, es decir una asociación por municipio y a la fecha la zona cuenta con siete asociaciones plenamente constituidas, lo cual no resultó fácil, pero de a poco el modelo va tomando fuerza en favor de la caficultura y de unos seres humanos nobles y buenos que se la han jugado por el eterno cultivo.

Las mujeres del café han recibido un espaldarazo muy oportuno de la alcaldía y del Comité de Cafeteros del Quindío como también del Comité municipal lo cual ha hecho un poco más fácil la caficultura que le apuesta a un valor agregado que permita vender el café al exterior de manera directa, ganando por calidad y origen, haciendo de lado factores como la Bolsa de Nueva York o la misma tasa de cambio. Las mujeres cafeteras saben que el precio lo da la diferenciación porque las cotizaciones actuales no dan ni para cubrir los costos de producción. Anota esta líder cafetera que la idea no es enriquecerse con el grano, pero tampoco pasar necesidades porque la caficultura de hoy no es remunerativa.

“No es mucho lo que un productor o una productora de café piden, tan solo precios justos que ayuden a pagar los insumos que dicho sea de paso siguen encareciéndose, a cubrir los jornales y a pagar otras obligaciones como bancos, abastecimiento de abarrotes y personal de cocina. Nosotros como caficultores tan solo queremos vivir un poquito mejor porque con buenos precios hubo para comprar la casa, pagar deudas, vestir a la familia, educar a los hijos y cubrir gastos familiares sin estrés”, comentó Arias Ospina.

Consideró que más que el petróleo, el café le dio el desarrollo y la forma a Colombia, razón más que suficiente para no permitir que se acabe una actividad a la que todos le deben gratitud. A criterio suyo, Colombia debe revolucionar su agricultura y pensar en la diversificación, pero no dejando de lado al café porque clausurar este cultivo es sepultar una identidad y una marca.

La caficultura instó a mejorar las calidades de café y dijo que no hay que darse por vencido sino seguir adelante porque para esta mujer de mucho empuje, ser cafetero o cafetera es un privilegio y un trabajo de prestigio mundial, como se ve con el prestigio que rodea la Federación Nacional de Cafeteros de Colombia. “Hay que seguir luchando y decir como en su momento precisaba mi papá, que tumben que yo siembro”.

En la finca La Rivera, ubicada en la vereda La Palmera de Salento con unas doce cuadras de extensión, es decir unas 7.7 hectáreas, la cosas que a todas luces se ve marchan bien, igual ha tenido sus momentos apremiantes porque los precios y el mercado se tornan por momentos injustos y alarmantes. En cercanías de Armenia, muy cerca a Puerto Espejo, está la otra finca de Gloria que aparta de ser un sector apacible y muy bonito, permite unas inmejorables siembras de café.

La finca busca ingresos con diversos productos y es por ello que con esas “cajas menores”, Gloria Arias logra darle sostenibilidad a una empresa campesina que ofrece café con valor agregado, frutas de exportación como la gulupa, banano y cítricos. Igual hay siembras de fríjol y plátano, pero al lado de estas una explotación lechera con ganado que demanda todo el cuidado para garantizar sanidad e inocuidad.

Al campo, dijo, le ha faltado apoyo estatal porque desafortunadamente no hay doliente que le de impulso a la economía rural, que le lleve recursos o crédito a los productores con intereses bajos y a largo plazo que se puedan pagar sin el riesgo a perder la propiedad. El agro, recalcó, urge de verdadero fomento y de una política de estado que garantice la seguridad alimentaria y un campo productivo, competitivo y generador de riqueza, empleo y oportunidades.

Un lío que surge hoy es que a muchos caficultores, ganaderos y agricultores, el turismo los está afectando porque hay unas medidas impositivas y unas tarifas que se desprenden de la actividad turística y Salento, si bien lleva esa industria disparada, es de base campesina y agropecuaria. El problema es tan delicado que inclusive ese turismo disparó el precio de los suelos, afectando las actividades agrarias.

“Aquí en Salento no todo es turismo y nosotros que vivimos del agro y cero del turismo estamos afectados porque a las autoridades se les olvida que nosotros tenemos la plata al sol y al agua. Aquí hay tormentas eléctricas, vendavales y comportamientos climáticos que muchas veces nos dejan volviendo al partidor porque cuando se pierde hay que volver a empezar pues el tema es seguir”, dijo.

Un problema para los productores del campo es que están clasificados en pequeños, medianos y grandes productores, pero lo único cierto es que ninguno tiene dinero para mantener los predios y quienes cultivan y son eficientes terminan castigados bien sea por bajos precios, por las tarifas de los insumos o por las deudas. En el caso de Gloria hay una tranquilidad manifiesta y es que hay en su vida dos hijos, uno de 31 y otro de 28, aunque a juzgar por su presencia pareciera que la juventud la arropara, y de qué forma.

En la caficultura hay ánimos arriba y también abajo, la nota cae y en medio de todo hay fe por el café y confianza por la labranza. El nombre del café que saldrá al mercado será “Entre caminos”, un nombre muy apropiado porque tiene que ver con los caminos cafeteros, en donde los productores y quienes trabajan en tan noble actividad, logran convergencias, haciendo sus vidas más afables.

En este momento la marca llega a los mercados campesinos y el producto se brinda con degustaciones, gracias a la cafetera que le entregó a la asociación, la Federación Nacional de Cafeteros y los resultados han sido los mejores.

La caficultura es definida por la señora Gloria como un reto en donde prevalecen el pasado, el presente y el futuro, advirtiendo que por fuerza de mercado vienen nuevos cambios.

“El pasado fue mi papá, el presente soy yo y el futuro son mis hijos, luego aquí, si bien es cierto que hay que cambiar las formas de pensar y de concebir el café, hay que mantener vigentes las empresas, pero eso sí apostándole a mayor calidad en el café y haciendo que los colombianos tomen más café, pero con verdadera certeza de exclusividad. Esta caficultura no la podemos dejar acabar así nos tengamos que bajar un poco, pero la calidad debe ser un estandarte que nos puede llevar a poner café muy diferente al mercado internacional, en donde si le dan valor a los cafés exóticos y con buenas tonalidades, por fortuna tiene en sus suelos los que muchos países productores no tienen”, apuntó Arias Ospina.

En línea con el Gerente de la Federación Nacional de Cafeteros, la productora anotó que hay que salir cuanto antes de la bolsa de Nueva York porque la idea es vender café al precio de calidad y origen, es decir a valores reales, pero no al que le fijen como pasa en la bolsa en donde los productores primarios terminan arruinados viendo como siguen enriqueciéndose los intermediarios que no saben de tierras ni de siembras y mucho menos de café.

“Lo que está haciendo la Federación en el sentido de buscar salidas y de mejorar la situación del caficultor es para respaldar y acompañar porque si algo hay que reconocerle al Gerente, Roberto Vélez Vallejo, es su compromiso y su lucha contra la inequidad y la manipulación de un mercado en donde las pérdidas son asumidas por los productores. Hay que insistir en esa unión cafetera a nivel mundial porque solamente unidos podemos pesar y enderezar el mercado”, sostuvo.

Destacó el empoderamiento de la mujer cafetera que, precisó, hay que seguir impulsándolo porque con su organización y su entrega, el género aporta dinero al hogar y en consecuencia mayor calidad de vida. Gloria como madre cabeza de hogar considera que hay mujeres con ciertos dones los cuales cuando salen a flote suelen ser verdaderos aliados del desarrollo y la innovación.

Al hacer tres citas, Gloria Arias hizo su inmediata relación, Roberto Vélez Vallejo: Conocimiento, estudio, capacidad empresarial y compromiso. Bolsa de Nueva York: Un monstruo grandísimo y muy difícil de aniquilar, es una cosa grande y maluca que no conoce el dolor y la tragedia humana, sobre todo de quienes viven de sembrar o producir honradamente. Café: Vida, mujer, alegría, amor y esperanza.

Esta quindiana de ojos tono café muy encendidos e inquietos, es una comprometida con la institucionalidad cafetera y por ello lleva en el corazón la marca Juan Valdez. En el comité de Cafeteros de Salento lleva ya doce años y allí aprendió no solamente de caficultura sino que potenció su servicio a la comunidad. En las elecciones cafeteras del año anterior logró llegar al Comité Departamental en representación de la mujer del Quindío que llevaba ocho o nueve años sin poner su voz en favor del café de manera integral.

En esta vida, Gloria ha sabido de alegría, de tristeza y de amor, porque vivió en una familia respetable y trabajadora. Aún evoca los últimos momentos en los que habló con su padre quién fue muy consciente que partiría para el mundo de la luz perpetua, recuerda con desazón que a los ocho días de ese diálogo volvió al sitio, pero sola, ya don Miguel había dicho adiós.

El recorrido entre Circasia y Salento fue de gran aporte al conocimiento, en el camino al encuentro con Gloria Arias, vimos en la vereda Llano Grande, el viejo túnel construido a finales del siglo XIX con las mejores especificaciones técnicas.

Las enseñanzas de Elías

Elías Osorio es un caldense muy buenas persona que trabaja desde hace nueve como extensionista de la Federación Nacional de Cafeteros de Colombia. Su radio de acción comprende el distrito Palo Grande que abarca al municipio de Salento en donde hay aproximadamente 300 fincas cafeteras y 287 caficultores. El área aproximada en café es de 628 hectáreas y una particularidad es que la caficultura de Salento es de minifundio porque un 85 por ciento de los productores son de menos de cinco hectáreas.

Aseveró que la idea de la Federación y del Comité de Caficultores del Quindío en el distrito Palo Grande es renovar un porcentaje de café que está actualmente en forma tradicional o tecnificado envejecido. El objetivo es renovar con variedades resistentes a la roya como es el caso de la variedad Castillo, producida por el Centro Nacional de Investigaciones del Café, Cenicafé, y Cenicafe Uno que es una variedad más avanzada que el Castillo que tiene similitud con la productividad de caturra y en la misma forma del árbol.

Sobre las calidades del Café don Elías, con la blanca huella de la experiencia y de los años en su rostro y en su cabeza, dijo que la calidad viene con el grano en sí y aseguró que el productor recibe de la Federación y de Cenicafé un grano confiable, tratado con toda la tecnología y la genética que recibieron las variedades Castillo y Cenicafé Uno. Explicó que esas cualidades de la semilla logran potenciarse con el clima de las montañas, con las lluvias y por los minerales que hay en los suelos. Todo sumado, dijo, le da mayores características al café.

“Por eso el café de Salento siempre sale destacándose en esos concursos de calidad de taza porque la calidad es a toda prueba”, señaló Osorio.

Salento, igual que en otras regiones, está apostándole a microlotes con variedades de café de muy buena calidad y ejemplo de ello son los bourbones, los arábicos, el Típica y otros de excelente taza, solo que tienen un inconveniente y es su alto grado de susceptibilidad a la roya, haciendo que su manejo sea delicado.

Un consejo de oro para los caficultores es sembrar variedades resistentes a la roya como Cenicafé Uno o Castillo que es un descendiente del caturra, cepa de gran calidad. Uno opción para quienes hoy ven desplomarse los precios en el mercado internacional es procesando su propio café y buscando mercados.

Al avanzar por las vías de Salento, en donde la zona urbana conserva las construcciones coloniales, aquellas casonas de chambranas y balcones pintados con colores vivos que hablan solas de la cultura cafetera y de la huella de la colonización antioqueña, es posible ver esa mixtura entre café y turismo, ese de montaña que se hace caminando o montando mansos caballos.

Los turistas que se quedaron sembrando café

Los extranjeros, léase europeos, americanos, asiáticos y de otras latitudes llegan al Quindío en busca de descanso y naturaleza y terminan embelesados con el paisaje cultural cafetero. Es tanto el apego por las montañas y la siembra de café que algunos optaron por radicarse en Colombia y dedicarse de lleno a la caficultura. A la fecha hay seis caficultores extranjeros que ante la belleza y el encanto quindiano decidieron matricularse en la dura labor de sembrar y producir café de elevada calidad.

Un caso es el de la señora, María Ángeles Ibáñez, ciudadana española que es especialista en cultivar su café, mujer juiciosa que logró certificarse y con un apego tan grande por Colombia que busca nacionalizarse. Otro extranjero cafetero es un alemán que decidió irse por la línea de café orgánico en donde lleva siete años, asegurando mercado en su tierra natal por ese sello orgánico que logró a punta de mucho esfuerzo.

Dentro del concepto de café y turismo está el tour de café que se hace en fincas en las cuales se llevan turistas a quienes se les enseña el manejo del cultivo, se les ofrece café de la finca empacado en muy buenas condiciones para que los lleve a su país. Este es otro valor agregado porque pone el café a 17.000 o 18.000 pesos la libra.

El cambio climático, manifestó el experto, hizo que plagas que no eran frecuentes o complicadas en zonas de altura como Salento que está a 1.800 metros sobre el nivel del mar, ya son un problema como es el caso de la broca y la roya que fueron líos de la zona baja o plana del Quindío.

Este ingeniero agrónomo dijo que el tema de los precios es un asunto de toda la vida aunque como hijo del café y de familia cafetera supo lo que fueron las bonanzas como la de 1974 cuando aún era vigente el acuerdo de cuotas o Pacto Cafetero, ese que se rompiera el tres de julio de 1989, el mismo año en que cayó el muro de Berlín.

Expuso que el café como cualquier commoditie está expuesto a la oferta y a la demanda como ley natural de la economía lo cual hace que a la Federación se le salga el problema de las manos porque esa cotización la fija la realidad del mercado mundial del café. En temas de café, explicó, hay varias condiciones de mercado y una de ellas es comercializar futuros, dejarlo en depósito o darle mayor valor para dejar de lado las temerosas coyunturas, factor que no rompe la rentabilidad.

Sí hay salidas a la crisis de precios

El copropietario de la finca Las Acacias, Gabriel Rodríguez, dijo en este medio que el valor agregado es un soporte económico que en esta crisis cafetera por la que pasan los productores minimiza considerablemente las vicisitudes del café.

“Mi consejo a las familias cafeteras es que le den valor agregado a su café, y que definitivamente los vendan en supermercados, en los pueblos, que lo comercialicen en sitios públicos de buena circulación o que le busquen mercado directo por la condición de especial. No miente quien dice vender una carga a punta de tinto da más plata que poner el grano en las cooperativas, no hay duda”, dijo el empresario.

La idea es que la caficultura elimine los intermediarios y la dependencia de Nueva York porque resulta desagradable saber que un turista en Europa los ciudadanos compran café por unas sumas muy altas, lo que hace pensar que alguien se está apropiando de esa plata porque en Colombia, frente a todo lo que se hace, no está quedando nada.

“El mercado está cambiando y a eso le estamos apuntando, hoy el grano nacional de calidad está pagándose a muy buenos precios por fuera de la bolsa. Ese nuevo mercado de café es un hecho y prueba de ello somos nosotros en la finca las Acacias porque en principio vendíamos el 30 por ciento, luego pasamos a comercializar directamente el 80 por ciento y este año no le venderemos un solo grano de café ni a depósito, ni a Comité y menos a cooperativas, todo lo vamos a vender aquí”, concluyó Rodríguez.

Hay que decir que Salento es historia pura, es muy grato reconocer el potencial agrícola del municipio que de manera excelente combina con la agricultura, la ganadería y la caficultura. Como dice doña Gloria, y el mismo, Elías, el turismo es una herencia afortunada que dejó el café por cuanto permitió esa casi que perfección en el paisaje cultural cafetero que tantos seres humanos, propios y extraños ha enamorado.

A finales del siglo XIX, el Presidente de la República, el General, Pedro Alcántara Herrán, le da vida a una colonia penal en el Valle de Boquía justo cuando el almanaque marcaba el 16 de septiembre de 1842. Los reclusos que fueron a dicha colonia fueron quienes mantuvieron en condiciones óptimas el “Camino del Quindío”. Allí y en ese mismo año hubo espacio para celebrar la primera eucaristía y se erige la primera iglesia.

En 1865 hubo un trasteo grande y los pobladores de la aldea trasladan el pueblo a un campo conocido como Barcinales, inspirado en un árbol nativo. Esa mudanza terminó con el sitio en donde hoy opera el espectacular municipio. En el mismo 1865 hay un nuevo bautizo para el poblado y pasa a llamarse Villa de Nueva Salento luego de una sugerencia que hiciera el primer Presidente de la Junta Pobladora, don Ramón Elías Palau. El funcionario optó por tomar el nombre como homenaje a la ciudad de Salento de Creta, esa que fuera fundada por el monarca Idomeneo, en la llamada bota itálica.

Al emprender el regreso a Bogotá quedaron en el recuerdo esas buenas personas que hay en el Quindío, igual el paisaje cafetero, las abigarradas casas de Salento y el recorrido por las fincas que se hizo inclusive por la antigua vía férrea, observando el viejo puente real y bajo un sol intenso que empezaba a despedir la tarde. Qué bueno fue pasar por el río Quindío y por el camino destapado y polvoriento ver a los costados árboles en todas las variedades, urapanes, nacederos, carboneros, cedros, robles, montefrío, y guadua. Igual valles y faldas de montaña están sembradas con plataneras, frutales, guamos y churimo.

Allá crece una ganadería especializada y se izan la palma de cera y el arboloco. De las paredes de la cordillera brotan como decoro, musgos y helechos arbóreos, haciendo que el entorno del café sea muy ameno, muy verde y supremamente fresco.
Ir al Quindío es volitar por los sueños, caminar por sus montañas la mejor opción para el cuerpo y el alma. Al escuchar lamentos, quejas y frases lacónicas, pero contundentes frente a la economía cafetera llega una reflexión y una posible enseñanza, “la adversidad y la angustia suelen ser la primera piedra firme y sólida, necesaria para erigir los grandes imperios”.

Un abrazo al pueblo quindiano

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