Sábado, 13 Abril 2019 02:32

Lista fórmula para conjurar la crisis cafetera: “A la de Dios”

Por

Los productores y analistas dicen que la coyuntura de precios podría extenderse por cinco años y dicen que como de costumbre, algo súbito puede pasar.

La situación cafetera tiene a muchos con la moral en el piso y no es para menos porque los caficultores están vendiendo su café a un precio miserable, tan tacaño y maltratador que no cubre los costos de producción y lo más grave no da ni para tener una calidad de vida medianamente decente. La coyuntura está generando todo tipo de problemas porque para nadie es un secreto que la caficultura es una cadena, es decir que si no hay precio y si no hay ánimo, sufre el comercio, la hotelería, los restaurantes, el transporte y muchos que perciben ingreso indirecto o directo de la bonita siembra.

Hoy hay mucha tristeza y descontento por los precios internos de compra que cuando son pagados a los productores provocan cierto desaliento y pena porque muchos labriegos van apenas con una mínima parte de lo que realmente cuesta romperse las costillas entre matas de café así llueva, truene o relampaguee. Si hay sol intenso, el trabajo no da tregua y si las horas se extienden para ganar tiempo y algo más de dinero, el reloj se tira. El momento del café en el mundo es de drama y lo más apremiante es que en este juego de mercados inexorables nadie tiene nada ganado, ni Brasil porque a este país le llegan temas intempestivos y hoy el mundo tiene muchas preguntas geopolíticas, económicas y de tendencia en la agricultura. Hoy el hombre prevé, pero no está en condiciones de frenar o parar un problema porque contra la naturaleza no hay lucha que salga avante y cuando hay que perder, a todos les llega el ratico así hoy esté de últimas en la terrible fila.

Algunos hablan de salir de la bolsa de valores de Nueva York, otros hablan de la falta de coherencia en la economía porque ninguna ley puede matar las familias de hambre o sacarlas de su techo para enviarlas a la calle, algunos con un grado mayor de alteración se preguntan porque no baja el precio del café en las góndolas de los supermercados si se supone que el consumidor final debe disfrutar de los bajos precios. Esas mismas personas aseguran que el comercio mundial debería establecer reglas para que los valores del sector primario se trasladen a la industria y desde luego al consumidor. Palabras más, palabras menos, “o todos en la cama o todos en el suelo”.

Las nubes negras siguen haciendo lamentable sombra sobre los caficultores, los precios siguen a la baja, en este momento a 660.000 pesos la carga de 125 kilos duramente trabajada e injustamente regalada. Las fórmulas son exploradas para salir de la crisis, pero como dicen los conocedores con 90 millones de sacos de café en el mercado no hay formula que valga. Brasil puso, mal contados, 70 millones de sacos y Vietnam el jugador joven unos 30 millones, es decir que entre dos países aguaron la fiesta cafetera.

En diálogo con Diariolaeconomia.com, el experto en temas cafeteros y otrora Representante por Caldas Ante el Comité Nacional de Cafeteros, Mario Gómez Estrada, sostuvo que hay una realidad de mercado muy dura que hace que la actual situación de los caficultores sea la peor es toda su historia. Apuntó que resulta espantosa y por fuera de los límites porque esos impactos no se vieron ni siquiera cuando cayó el Pacto Cafetero en 1989.

El momento no puede ser peor, expuso, y no hay medida que valga porque como en sus más aciagos momentos la caficultura hoy depende de algo increíble y por fuera de las ecuaciones y movimientos económicos, la caficultura literalmente está a la de Dios, esperando la llegada de un milagro como pasó en otros tiempos en que estando en el inframundo del mercado, algo pasaba intempestivamente y arreglaba los problemas.

“Vuelvo e insisto con la acertada frase de un gran amigo y hombre del café, Alfonso Palacio Rudas, el famoso Cofrade, el café es el único muerto que no se deja enterrar, esta es una cosa rarísima no se preocupe, decía. Eso es muy cierto, nunca pensé que el ex ministro tuviera tanta razón pues fue un hombre que supo leer la caficultura y sus momentos, por algo la frase, esa que decía con toda seguridad y con el dedo índice suspendido en el aire dando golpes hacia arriba y hacia abajo, hoy muchos nos aferramos a ese conocimiento”, afirmó el señor Gómez Estrada.

Dijo que a la bolsa de Nueva York solamente se le puede asustar si aparecen Brasil y Vietnam con compromisos serios, pero igual si aparece Colombia, Indonesia, Centroamérica en bloque y los países africanos, mejor dicho si aparece la caficultura de base respaldando una idea y defendiendo un mercado, de lo contrario la situación será supremamente difícil. Lo cierto es que con la producción cafetera esperada y con la devaluación campeando en favor de los caficultores, muy seguramente no van a darle espaldarazos a ninguna propuesta porque ellos, a criterio del analista, están muy bien.

Vietnam que hasta hace diez años producía diez millones de sacos de café para el próximo año aguarda una cosecha de 30 millones de sacos, un tema tajante porque el mercado está lleno de café y para bien o para mal hay una ley llamada oferta y demanda, y a esa estamos atados todos.

Gómez Estrada manifestó que hoy por el desespero hay ideas y cavilaciones utópicas, pero consideró dar espera y hacer las cosas de la mejor manera para cuando retorne la justicia a los cafetos colombianos que hoy siguen con un futuro muy opaco.

“Lo que tiene al café colombiano fuera de mercado, fundamentalmente es el costo de la mano de obra, pues las variables que fijan el precio del trabajo no ayudan a los cafeteros pues tienen que acatar los mandatos del Banco de la República y un país que tenga dos puntos por encima de la inflación en salario básico, es un país caro, luego las variables que son determinantes en un abaratamiento de la producción en Colombia, no las manejan los colombianos, las maneja el estado en su conjunto, luego el tema es muy complicado. Yo nunca había visto una situación más horrible que esta, pues es mucho más espantosa que cuando hace diez o quince años, el café se ubicó en 42 centavos de dólar”, declaró Gómez Estrada.

Narró que hubo situaciones en donde no alcanzaron los análisis económicos, las conjeturas o los estudios, repentinamente, en una situación crítica apareció una sequía en el Brasil que nadie había pronosticado, ni los brasileros, y eso, apuntó el reconocido cafetero, enderezó las cargas, pero por cosas que no están en la economía y que no son producto de un análisis.

En su concepto, los brasileros con la devaluación que experimentan, son muy competitivos y como si fuera poco su producción estará por el orden de los 70 millones de sacos, es decir, dogmatizó, que cuando un solo país determina casi la mitad del café que consume el mundo, la cosa es compleja. El escenario para el café de Colombia es bien complicado, y es allí en donde hay que volver a recordar a Alfonso Palacio Rudas.

Con robustas o no, Colombia está en el peor de los mundos y lo cierto es que el gobierno ha ayudado, pero hay mucho por hacer para darle a las cosechas un punto de equilibrio y dejar que la actividad logre ganar unos pocos pesos, pero la diferencia es muy grande y el contexto cada vez más doloroso.

“Resulta poco serio salir a decir que la caficultura depende de la suerte o que está a la de Dios, pero lamentablemente eso es lo que ha pasado porque hubo momentos en los que por precios o por plagas uno decía, es imposible que con este escenario los caficultores sobrevivan, y apareció un fenómeno que le dio la mano a los productores. Lo cierto es que la tragedia ajena no fue tan así en Brasil porque el gobierno les dio la plata y al año siguiente los productores lograron recuperarse, pero de todas formas hay cosas de Dios”, escribió Gómez Estrada.

Los caficultores colombianos, comentó Gómez, están en medio de una realidad espeluznante y con la fría y descorazonada ley de oferta y demanda con la cual no hay nada que hacer porque el capitalismo es un hecho y no se caracteriza por tener un gran corazón. “Como dicen los curtidos en la vida, el que tiene plata mangonea”.

La caficultura es un patrimonio que hay que defender

A su turno el Delegado Municipal ante el Comité de Cafeteros de Santa María, Huila, Álvaro Camacho Feria, estimó que si bien la situación cafetera es extremadamente difícil, no cabe el dicho de pague y vámonos porque cerrar las persianas de la caficultura es condenar a más de 540.000 familias que devengan su sustento de la actividad cafetera. Si bien un precio de 660.000 pesos por carga de café de 125 kilos no es remunerativa y resulta todo un atentado contra la rentabilidad, lo real y tangible es que la caficultura es un motor que mueve la economía en todo el país porque está de por medio el comercio, las industrias, los servicios, la banca y otros renglones económicos que tienen dinámica si el café la tiene.

De este oficio dijo hay personas que trabajan con el café como es el caso de los andariegos que viajan por todo el país ofreciendo sus manos y sus fuerza para recoger las cosechas y permitir que fluya una tarea espectacular que aún en medio de los sufrimientos regala espacios para sonreír.

“Hace quince días Santa María, era un municipio desolado, pero ya desde hace ocho días y este fin de semana es posible ver las cantidades de personas que mueven la economía porque hacen uso de hoteles, de restaurantes, de transporte, de las discotecas y de otros frentes en donde están de por medio bienes y servicios”, especificó el caficultor.

Desde la vereda San Joaquín de la cafetera Santa María, considerada la cuna de los cafés especiales, Camacho Feria dijo que antes que cambiar de actividad, lo más consecuente es mermar las áreas sembradas y buscar menos volumen, pero eso sí, mucha más calidad. El tema, explicó, es bajar los costos, bajar las cantidades sembradas en la finca y sumar valor agregado.

La idea es bajar áreas sembradas para propender por mayor eficiencia porque hoy no es rentable sembrar en dos hectáreas sino en una y lo mismo usando equivalentes, es mejor sembrar en cinco y no en diez.

Al abordar el tema de la bolsa de Nueva York, el delegado afirmó, que es muy difícil salir porque se trata de un mercado de commodities en donde hay trazadas unas reglas de juego en donde el punto de partida es la famosa oferta y demanda, y dadas esas condiciones no es tan fácil dar un paso al costado cuando todos saben que ese es un mercado que reacciona y vuelve a poner las cifras en contexto.

“Dicen que la crisis cafetera va para cinco años, es decir un lustro de aquí en adelante, sin contar los daños que ya tenemos de meses atrás. Si las cosas estuvieran claras no habría consultas ni esperas, sencillamente las decisiones ya se habrían tomado. Yo propongo no salir de la bolsa de Nueva York porque de todas maneras ese grano ya está vendido, y esa garantía de bolsa no la da nadie más por fuera del mercado”, señaló.

Camacho pidió hacer uso eficiente de las herramientas que ya existen como es el caso de las cooperativas que son las encargadas de la compra y que podrían canalizar los cafés suaves a través de la logística que manejan para que la Federación abra nuevos mercados para cafés suaves y cafés especiales. El tema se reduce a lo obvio, seguir en la bolsa, pero explorando nuevos mercados y nuevas oportunidades.

“La Federación Nacional de Cafeteros ha hecho una tarea juiciosa en la investigación y en la búsqueda de nuevas variedades que serán muy útiles para enfrentar el cambio climático, hoy una dura realidad, pero es urgente que se sigan haciendo gestiones para ampliar la frontera de café suave colombiano y cafés especiales en otras latitudes a donde hay que llegar con una calidad excelsa reflejada en taza”, enfatizó el delegado.

Una salida a la crisis podría ser que el gobierno hiciera un esfuerzo y comprara la cosecha cafetera para ponerla a rentar de mejor manera porque finalmente lo que busca el caficultor es que le paguen su cosecha a un precio justo y rentable.

Los insumos, ¡qué problema!

Los caficultores tiene una queja generalizada y es el incremento desaforado en los precios de los insumos agropecuarios ya que para el caso del café es necesario hacer entre tres y cuatro aplicaciones. Igual se preguntan qué control tienen las autoridades para la importación y comercialización de fertilizantes y otras materias primas básicas para el campo.

Verbigracia, el fertilizante con referencia 25424 que hace un año costaba 56.000 pesos, hoy vale 82.500 pesos en la cooperativa de Santa María lo cual es considerado como un abuso y una exageración que va en total detrimento del agricultor y de la economía porque en la ruralidad como agro-negocio los sobrecostos los termina pagando el consumidor, todo por falta de control.

“Hay algo muy importante y es que si una persona dedicada al café no fertiliza en este momento pues sencillamente no come y no tiene nada. Es por eso que la familia cafetera tiene que bajarle a la alimentación, invertir menos en educación, vestido y calidad de vida, porque si no se abona nadie tiene nada”, dijo Camacho Feria.

El caficultor evocó que en tiempos de su señor padre, don Jesús Camacho, era fácil determinar qué se iba a hacer o en qué se invertiría la cosecha, por ejemplo trazar una compra, pagar una deuda o ampliar las posibilidades de la finca, hoy el cuento cambió y el destino de la cosecha es solo uno pagar, pagar y pagar, pero con el terrible problema que se queda debiendo.

Camacho decidió pasar de sus más de 20.000 palos de café a unos 8.000 o 9.000 a los que aspira dedicarles todo su tiempo para lograr un café de calidades muy altas en taza lo cual es una posibilidad que le da su finca en San Joaquín de cara a mayores rendimientos y mejores ingresos.

Los jornaleros están costando mucho dinero porque devengan un ingreso sin contar los alimentos que recibe (desayuno, almuerzo y comida). La paga es de 400 pesos por kilo, unos 50.000 pesos que devenga el recolector por una carga de café en promedio. El tema es que si hay que recoger entre 600 y 650 kilos el pago sería de 260.000 pesos más los alimentos, como quien dice mucho más arriba de los 300.000 pesos. Luego viene el ejercicio de la lágrima y el afán porque al vender café a 660.000 pesos, más de 300.000 pesos van a pago de jornales. Sin exagerar, dijo Camacho, plata no queda porque el poquito que logra salvarse hay que guardarlo para pagar créditos, para hacer compras y para volver a abonar.

La urea que fue lo que más compró la gente para hacer las mezclas físicas con potasio y fosforo igual se volvió imposible porque un bulto de urea pasó a valer 80.000 pesos, luego es mucho más eficiente comprar la mezcla lista.

“Las crisis son cíclicas, generalmente llegan y hacen estragos, pero de ellas se aprende y con buena actitud hay que superarlas. Para el tema de los insumos sería muy oportuno recibir una ayuda del gobierno, un incentivo para los caficultores que somos los que más generamos empleo y mercado a nivel nacional e internacional. Uniendo fuerzas también podemos apostarle a nuevos mercados para poder trabajar pensando en prosperidad y no como hoy pasa, en medio de lamentos”, apuntó.

Los costos de producción se llevaron prácticamente todo el ingreso cafetero y la única salida es seguir adelante mientras llega el anhelado punto de equilibrio, entre tanto y como dijo Mario Gómez Estrada, el tema está en las manos de Dios y de la Santísima Trinidad para que la caficultura por obra y gracia del Espíritu Santo logre su salvación… Amén.

Visto 1276 veces