Domingo, 14 Abril 2019 00:17

Café de Boyacá, lo mejor de un grano majestuoso para sumercé

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En Moniquirá hay un grano de especial condición que es comercializado a nivel regional porque quienes impulsan su venta quieren que Colombia tomé café nacional, pero de verdad.

Llegamos a la “Hidalga” ciudad de Tunja en medio de un sol abrazador, el mismo que nos despidió de Bogotá. Por una doble calzada y acompañados por un paisaje de montañas verdes que le dan forma a unos pequeños valles prósperos y fértiles fuimos avanzando hacia la intimidad de la caficultura boyacense. Hay que decir que al gran departamento se le conoce por sus minas de carbón, por sus aportes gigantes en agricultura y cría de ganado de leche, igual por sus bellísimas esmeraldas, por su turismo, su historia, su inmejorable gastronomía, por el acero y el trasporte y desde luego por su café.

Quizás no muchos relacionen las siembras de café en Boyacá, pero lo cierto es que después de darse por iniciada la producción comercial del bebestible en 1835 con escenario Norte de Santander, cuando el presbítero, Francisco Romero, en Salazar de las Palmas, incentivó las siembras a punta de indulgencias y absoluciones clericales, el cultivo tuvo una expansión importante que llegó a Santander, Boyacá y Cundinamarca. En un principio la aduana de Cúcuta reportó la exportación de 2.560 sacos de café, pero luego con una serie de acontecimientos los centros de exportación fueron llegando al interior hasta afianzar a Girardot como el puerto sobre el río Grande de la Magdalena como el de la salida masiva de grano excelso colombiano a los mercados del mundo.

Boyacá, Santander y Cundinamarca son regiones casi que hechas de lo mismo, los departamentos comparten historias y gustos muy afines, eso sí, aclarando que cada provincia maneja su sello y una identidad que brota por sus poros, amén de ese orgullo que llevan cada uno de sus hijos por la tierra, sus hazañas y bondades. En esa historia luenga, pero amena, está el café y este producto hace parte de esa sinergia regional que impulsó el crecimiento económico y el desarrollo de todo un país.

Al mirar con juicio la historia económica de Colombia y básicamente al observar con calma el café y su influencia en la nación, podemos concluir que este cultivo fue una bendición para muchas familias que le dieron fuerza e impulso al primer eje cafetero del que se tenga conocimiento, el eje de la cordillera oriental, ya que de esas montañas escarpadas, puntiagudas y complicadas afloraron los primeros cafetos que le dieron continuidad a un ejercicio nada fácil para algunos hacendados del centro del país, las exportaciones que ya impulsaban el crecimiento con las ventas importantes de quina, tabaco, cuero y ganado en pie.

Al llegar una expansión vertiginosa en la economía después de 1850 y con el desplome de los precios del café a finales del siglo XIX les llegó a los caficultores y agricultores de la época un lío grave que partía del desplome de los precios, como quién dice que ese lío o dolor de cabeza es más viejo que Matusalén. El tema no paró ahí, como si fuera poco vino la Guerra de los Mil Días desarrollada entre octubre de 1899 y noviembre de 1902, que no solamente dejó más de 100.000 muertos sino una nación en quiebra y arrasada pues muchos hacendados habían contraído deudas en el extranjero y el pago fue imposible por la coyuntura beligerante. Hay que decir que desde 1875 el escenario productivo ya había cambiado porque hubo mayor iniciativa por las siembras de café en pequeños núcleos productivos, esencialmente en Santander. De todas maneras esa transición del siglo XIX al siglo XX trajo todo tipo de vicisitudes y caos económico para la ruralidad.

En ese momento la caficultura experimenta una caída en las zonas de cultivo y logra estancarse en Cundinamarca y Antioquia. Boyacá mantenía una producción estable y sumaba a la oferta del centro del país. El cambio de siglo igual trajo cambios en la caficultura que pasó de 60.000 a 600.000 sacos de café de 60 kilos. En ese periodo de transición el 80 por ciento de café lo producían Santander y Cundinamarca.

En Tunja, muy cerca de la carrera once con calle 21, más conocida como la esquina de los churros en donde las filas son interminables está ubicado el comité de cafeteros de Boyacá. En este espectacular sitio en donde el urbanismos moderno con los balcones y la arquitectura añeja hacen exquisitas combinaciones está el sitio a donde acuden los caficultores boyacenses para expresar sus inquietudes, a agradecer un trabajo hecho desde la Federación Nacional de Cafeteros de Colombia o a solicitar apoyos en materia técnica y de buenas prácticas agrícolas.

En diálogo con Diariolaeconomia.com, el Director Ejecutivo del Comité de Cafeteros de Boyacá, Carlos Roberto Restrepo Rodríguez, sostuvo que en sus albores, la caficultura dio un paso acelerado después del impulso que le dio a esta actividad el padre Francisco Romero en Norte de Santander, en tiempos del Estado Federal de Santander, para llegar al sur de una región que iba a dividirse para abrirle campo al departamento de Santander. La ruta incluía a Cundinamarca y Boyacá, básicamente en su zona occidental en cercanías al río Magdalena. El occidente de Boyacá tuvo inicialmente dos grandes fincas productoras de grano aromático que lograron poner café en los mercados de Estados Unidos y Europa, los primeros destinos de exportación partiendo de la emblemática afluente. La tradición de Boyacá en el café supera los 150 años y en ese tiempo pudo consolidarse un común denominador, calidad, aroma, sabor y taza de excelencia.

Dentro de los datos del Comité, Boyacá cuenta con 10.500 hectáreas cultivadas con café aproximadamente aunque este departamento llegó a tener cerca de 16.000 hectáreas como en su momento, hace unos veinte años, lo reportó el Sistema de Información Cafetero. Hay que precisar que con la llegada de la roya muchos de estos cultivos fueron desapareciendo lentamente porque estaban ubicados en una zona marginal baja, es decir en unos 1.000 o 1.100 metros sobre el nivel del mar.

El lío lo agudizó la broca del café que redujo el área sembrada, pero todo esto llevó a que las siembras fueran hechas en menor extensión, pero eso sí, mucho más especializadas, lo que explica la calidad del café boyacense que casi por inherencia debió dedicarse al café especial porque las grandes extensiones estaban totalmente amenazadas por aspectos fitosanitarios cuando no por el de los precios que fue consolidándose como otra plaga porque muchos dejaron de lado un negocio que no daba plata y sí por el contrario la quitaba.

Actualmente hay 10.600 productores de café en el departamento y la particularidad de la caficultura de Boyacá es que se hace en minifundio o al equivalente de una hectárea por finca o 1,6 hectáreas por finca cafetera en promedio. La producción anual del departamento ronda los ocho millones de kilos de café pergamino seco, cifra que puede ser mayor.

“Algo interesante que se puede anotar es que el 80 por ciento de la caficultura del departamento es tecnificada y joven, menor de siete años. En los últimos tiempos han aparecido caficultores de mayor musculatura con más de cinco o diez hectáreas sembradas con café que si bien son pocos, han dinamizado la caficultura porque se trata de fincas que producen altos volúmenes de café con toda la tecnología que hay en este momento”, expuso el señor Restrepo Rodríguez.

Un tema que no debe pasar por debajo de la cerca es que los suelos de Boyacá no son los más apropiados para el cultivo de café por ser arcillosos, en su mayoría franco–arcillosos en donde no hay una capa muy grande de piso, pero que gracias a las condiciones climáticas le permitieron a los boyacenses producir café con unas calidades excepcionales de taza. El minifundio, explicó el directivo, conllevó a que el cultivo se haga en bajos volúmenes, pero con mucho cuidado en donde las exhaustivas selecciones siguen dándole mejoría a las tazas en los últimos años. El contexto cafetero de Boyacá hizo que los microlotes se impusieran desde hace ya mucho rato.

El café de Boyacá es de tan alta calidad que la taza ha llegado a superar los 85 puntos lo cual habla de unos cafeteros juiciosos y dedicados que hicieron una apuesta ganadora con un café de grandes condiciones y sembrado con tanta dedicación que garantiza las mejores tonalidades. Si bien hay calidad, comentó Restrepo Rodríguez, la dificultad está por el lado del volumen de café que producen las fincas, asunto para revisar porque muchos clientes de ese grano ven la parte cuantitativa como una limitante. Por fortuna y respondiendo a un mercado cada vez más exigente, en el último tiempo tomó gran impulso en Boyacá la asociatividad que permitió tener 1.100 productores asociados en más de 39 0 40 asociaciones en donde están estandarizando calidades, procesos y clientes a mediana y grande escala para poner en el mercado grandes volúmenes de café.

La firma Devoción Coffee ha comprado en menos de un año más de 60.000 kilos de café producido en Boyacá que si bien resulta ser una cifra pequeña, es de manera paralela un bálsamo ya que hasta hace dos años no había nada en materia de negocios y la situación deja ver un interés marcado por la calidad de café que aflora en el departamento en donde valoran el tipo de producción, la calidad del producto y el perfil de sus productores, asunto que invitó a que volvieran los caficultores que se habían ido.

En Boyacá hay un problema que es de todo el país y de todo el sector agropecuario y que tiene que ver con el envejecimiento de las personas del campo pues los hijos y los nietos se fueron para las ciudades dejando a padres y abuelos totalmente solos en las fincas, lo anterior da cuenta de una dramática disminución de productores de café, cifra que puede pasar del 15 por ciento en los últimos tres años en la poco grata merma. A criterio del Comité, por fortuna se quedaron en la caficultura esas gentes que creyeron en el negocio y que tienen sus familias alrededor de las siembras de café. En ese sentido resultó grato ver el florecimiento de empresas de gente joven que entraron a la comercialización mientras que los inveterados siguen al frente de la producción.

“Para hablar de café y vivir del café, sin duda alguna hay que estar dentro del café porque una finca cafetera requiere de una administración directa pues resulta muy complicado el sistema de administración indirecta desde la ciudad para el tema café o cualquier otro cultivo porque a diario la agricultura demanda labores y gastos que tienen que ser por obvias rezones los más eficientes”, declaró Restrepo.

Los cafés especiales que desde hace cuatro años se vienen desarrollando en el departamento insignia de Colombia por ese entorno histórico y de independencia han hecho que los microlotes muestren lo mejor de la caficultura boyacense en una muestra llamada “Aroma de Libertad”, precisamente en honor a la tierra libertadora y al venidero bicentenario.

El concurso de microlotes ha permitido que las personas empiecen a identificar clientes para pequeños lotes que por calidad y taza puede llegar a ser un excelente negocio, básicamente por la denominación de origen y las particularidades del grano que debe sembrarse y cosecharse con todo el cuidado, pero igual hacerle un beneficio que refleje lo mejor de las variedades colombianas. Solo así, indicó, el directivo, será posible obtener reconocimiento porque el valor agregado implica mucho más esfuerzo, pero igual mejor compensación.

En opinión de Restrepo Rodríguez, hay tipos de café de gran valor y que producidos en microlote llegan a ser unas pequeñas loterías porque hay compradores que pagan la calidad a valores realmente altos. En Boyacá se ha apostado por vender 60.000 kilos con un sobreprecio de 150.000 por carga para toda esa cantidad de café que ven en los microlotes la salida para la demanda de cafés especiales, pero manifestó que el café estándar tendrá que salir a través del mercado grande y fuerte que se apalanca en la Federación.

“Colombia consume 1.8 millones de sacos de café, produce 14 millones de sacos, aclarando que este año la producción será de 13.5 o 13.6 millones de sacos lo cual deja ver un espacio muy grande entre el café que nos tomamos y el que se puede exportar, igual en cafés especiales, siendo algo muy bueno, Colombia está en promedio con una producción de cinco millones de sacos, lo cual muestra que aún seguimos muy lejos de tener un café de Colombia 100 por ciento como especial lo cual resulta muy favorable porque el valor agregado no sufre no por tasa de cambio ni por la bola de Nueva York, además que conlleva a un ejercicio de confianza entre quien lo produce y quien lo comercializa, lo cual es bien importante porque las ventas de café deben ser sobre la base de la sostenibilidad y la calidad permanente, y ni flor de un día porque al cliente se le debe respeto”, apuntó el Director Ejecutivo del Comité de Cafeteros de Boyacá.

Sobre renovación cafetera Carlos Roberto Restrepo manifestó que a la fecha predominan en Boyacá cuatro variedades, principalmente la variedad Castillo con la más alta proporción, un 68 por ciento, le sigue el caturra que está en un 15 o 16 por ciento aún, Típica con 1.800 o 1.900 hectáreas, cifra importante, igual hay Tabi, así como varietales que están incursionando, pero la gran mayoría, dijo, son los cafés resistentes a la roya, de alta sostenibilidad y muy competitivo.

Un problema que salta nuevamente a la palestra es la roya y lo delicado de todo este tema explicó el Comité, es que el control por hectárea cuesta más de un millón de pesos lo cual con los niveles de precios, hoy por debajo de 700.000 pesos es casi que imposible apostarle a una caficultura totalmente sana. Ese costo adicional, argumentó Restrepo, es un costo más y mucha menos competitividad para quienes siembran café.

Sobre los bajos precios del café, el dirigente comentó que tristemente los arábicos de Brasil entraron a competir con los suaves lavados de Colombia enmarcados en el famoso contrato C. Así las cosas, afirmó, hay una situación de oferta y demanda en donde gana la agroindustria del café, llámense tostadoras o procesadoras, porque en góndola los precios del café jamás bajan.

El tema a criterio del vocero es incontrolable porque se trata de una regla de mercado, razón por la cual hay que buscar mayor competitividad, especializar los granos con microlotes y ganar más mercados. Sustraer el café colombiano de la bolsa de Nueva York, es un tema imposible porque ello sería cederle el cupo a otros productores.

“Como lo dice el Gerente General de la Federación de Cafeteros de Colombia, Roberto Vélez Vallejo, lo que se busca es que el tostador y la industria entiendan sobre el gran esfuerzo de los productores puesto que en un negocio de muchos millones de dólares la rentabilidad es para unos pocos, pero los problemas, las quiebras y las dificultades económicas y sociales van con cargo al productor primario de café lo cual no es justo ni consecuente porque a nadie le cabe en la cabeza que el mercado y la industria remuneren un producto que ni siquiera cubre los costos de producción”, agregó Restrepo.

La situación es muy difícil porque luego de un estudio en el que participaron más de 2.000 fincas en Colombia logró establecerse que los costos, promedio país, de producción de café rondan los 780.000, asunto muy delicado al ver los precios de remuneración de hoy que al cierre de esta nota fueron fijados en 660.000 pesos por carga, un precio que saca a cualquiera de la actividad cafetera porque no es posible cubrir los costos para cosechar café.

Algunos registros aseguran que al libertador, Simón Bolívar a quién le encantaba el mute, la arepa de maíz pelado, la carne de res, el cerdo frito, la papa, las arepas de trigo, el plátano, y el vino tinto de burdeos, solía tomar café, bebida que le gustaba, solo que hay dudas si era café sembrado en suelo de la Gran Colombia o una importación europea en donde ya se tomaba café. Cabe anotar que después de señalamientos y prohibiciones, el café cautivó Europa luego de la bendición que le dio el papa Clemente VIII. En 1670 Berlín abre la primera cafetería y en 1700 los registros dicen que en Reino Unido ya había en ese entonces más de 2.000 cafeterías. Nada raro lo del gusto del Libertador por el café.

Lo cierto es que hay escritos enviados por el Arzobispo Virrey, Caballero y Góngora, a la corona en donde dice que en Boyacá había una producción de café en la zona de Muzo igual que en Girón en tierra santandereana.

La esmeralda le está haciendo campo al café

Una opción para todo el eje de la cordillera oriental es recuperar su caficultura porque hay potencial en el Pie de Monte Llanero, en el occidente de Boyacá en donde hay inmejorables suelos que tienen afinidad con los del Eje Cafetero pues tienen buena profundidad y unas condiciones climáticas excelentes para pensar en una buena producción cafetera. Hoy esos suelos, anotó el Comité, casi que están en potreros o en rastrojos. Igual, hay mano de obra porque mucha quedó por fuera del sistema producción por la guerra de las esmeraldas, pero que hoy paradójicamente y con las restricciones, la puerta del ingreso la vuelve a abrir el campo y de manera afortunada el café.

“Por fortuna la gente del occidente de Boyacá está volviendo al campo y puntualmente al café porque hay un pensamiento que en los demás municipios cafeteros no es muy claro porque hay oportunidad solo por el hecho de ser el café un mercado mundial, igual por el crecimiento en el consumo y por la institucionalidad cafetera que empuja el mercado y la economía.

"Hay muchos productos agrícolas que son inciertos a la hora de comercializar, pero el café es un negocio en donde se va a la fija porque hay ventas garantizadas. El punto es que los productores del campo se organicen, que tomen decisiones de conjunto y que tengan visión de futuro, pero en ello la Federación de Cafeteros ha dado ejemplo, lamentablemente los demás productores están muy lejos de todo esto y por eso quienes ganan son los comercializadores e intermediarios, pero la ruina se volvió una permanente en el campo que está llamado a repensarse como negocio”, aseveró Restrepo.

Resultó alentador saber los emblemáticos cerros de Fura y Tena así como el río Minero ya empiezan a regalar el aroma único del café, producto que de retornar a la zona esmeraldera, hoy en manos de empresas privadas, le dará una mano bien importante al desarrollo de una región que siempre tuvo vocación agrícola.

Moniquirá, la Casa del Gran Café

Al abandonar Tunja, salimos con mucho entusiasmo a la “Ciudad Dulce de Colombia”, ni más ni menos, a la bonita Moniquirá, un municipio fundado en 1825, pero con parroquia erigida en 1788.

Este muy amañador y grato pueblo con una temperatura promedio de 18 grados centígrados es muy rico en agricultura pues allí prospera la agricultura con productos muy puntuales como la caña de azúcar, muy útil para la elaboración de panela, café, maíz, igual hay siembras de frutas, pero en gran cantidad de guayaba de dónde salen dulces, bocadillos y otras preparaciones que hoy le pusieron sello y seudónimo dulce.

Otros cultivos importantes son los de frijol, naranja y yuca. Destacada también es su ganadería bovina y la cría de especies menores como también la de aves de corral.

Aparte del renglón agropecuario, Moniquirá es conocida por el turismo que ofrece ya que cuenta con una adecuada y generosa infraestructura hotelera que es muy ocupada por el encanto del destino, pero igual por sus diversas opciones de diversión y por la visible amabilidad de sus gentes.

Esta espectacular población de la provincia de Ricaurte en Boyacá fue habitada por aborígenes de la familia Muisca, pero igual estuvieron muy presentes culturas como los Muzos, Colimas, Guanes y Guicanes. Este tierra de clima agradable fue muy influenciada por el Cacique de Susa, poder que duró hasta 1755 cuando hicieron presencia los españoles.

Moniquirá es una población agradable por donde se le mire y en esta tierra que traducido en Chibcha significa “Lugar de Baño” pasa lo mejor de la caficultura en un departamento que la fortalece y no la abandona aún en medio de las no pocas novedades y circunstancias. Allí están las aguas termales del sector Salitre Es bueno anotar que este municipio puesto en la cordillera oriental a 1.700 metros sobre el nivel del mar es bañado por las aguas de los ríos, Moniquirá, Pómeca y Suárez.

El café es un producto estrella en Moniquirá, y en medio de la complicada situación de precios, los productores saben que la caficultura ha tenido como parte de su historia un sufrimiento casi que inherente a la dura actividad.

El Gerente de la Compra-Venta de café La Cosecha, Gregorio Cárdenas Pardo indicó que hoy el común denominador de la caficultura es una banca rota absoluta en vista que los precios no son remunerativos y como si el lío no fueras mayor, los precios no cubren en lo mínimo los costos de producción. La situación es tan dura que el caficultor no tiene como cubrir los gastos de obreros, su manutención y el pago de deudas, asunto sumamente apremiante porque al paso en que van las cosas a muchos les resultará mucho más económico dejar el café en el árbol y perder mucho, pero menos que sacándolo de la finca.

“En este momento estamos en una caída libre y en picada, conllevando al desespero y a los problemas porque hay deudas y compromisos por cubrir, situación que le quita el sueño a muchos porque pueden venir embargos y una situación de ruina sin querer exagerar el tema”, expuso el comerciante.

Un problema paralelo que llega con este escenario es que al quedar las cerezas de café en los árboles vendrá un proceso de descomposición, pero igual habrá espacio para que llegue roya, broca y otros males que pueden afectar, ya no un cultivo, sino áreas enteras que hoy están en producción. Estas enfermedades y los inconvenientes fitosanitarios pueden llegar, no porque el caficultor quiera, sino porque matemáticamente no tiene plata para recoger su cosecha. En la charla con este medio, Cárdenas Pardo reveló que tristemente presenció el ofrecimiento de algunos caficultores que literalmente regalaron su cosecha.

Dijo que resulta muy triste liquidar café a precios tan bajos pues indicó que el café va a una exportadora que pone el café en otros países en donde los procesos de tostado y transformación dejan la verdadera ganancia del café, es decir que la riqueza va para otros países. Afirmó que es injusto que esos réditos no abracen al caficultor colombiano que ve en medio de la quiebra como parte su esfuerzo para otras latitudes en donde lo cobran a precios exageradamente altos.

En torno a los precios, este comprador y vendedor de café adujo que el café arábica, siendo uno de los mejores o el mejor por calidad y taza, debería tener una mejor remuneración porque aclaró que no es lo mismo vender café de gama alta que robustas baratos para mezclas. Agregó que en el café hay invertido dinero, tiempo, trabajo, conocimientos y disciplina que tienen como finalidad entregar el mejor café suave del mundo.

Hay angustia porque mucha gente está viendo opciones y una de las salidas es abandonar el café y cambiar de actividad, la otra es seguir en la caficultura, pero con menos inversión en calidad para que no duelan los humillantes precios que fijan en el mercado de Nueva York en donde por más ley de oferta y demanda, condenan a muchos a morir de hambre con sus familias, aspecto que pone a repensar la economía y sus efectos en la vida de los seres humanos.

Un factor que podría ayudar, aseveró, Gregorio Cárdenas, es sembrar en menos volumen para generar la necesidad de un café de calidad en el mercado y evitar así que le pongan precio irrisorio al café de marca mayor como si fuera un robusta sembrado en Vietnam en donde los costos laborales son casi de cero, es decir un indicador que pasan por alto los señores del “gran mercado”.

La idea es pasar de dos hectáreas de café a una y en el área que queda libre meter unas siembras rentables y sostenibles que le den viabilidad a la vida en el campo y a la ruralidad como negocio. A todo esto, manifestó, hay que agregar valor en el beneficio con mejores fermentaciones y con unos procesos limpios que lleven al mercado un café de muy buena calidad, es decir ubicar mercados de acuerdo a la taza.

“He escuchado de varias partes, igual no me consta, que hay grandes marcas de café en Colombia que venden café, pero traído de Brasil, de Perú, Ecuador y de Centroamérica, es decir que en el país del café no se toma producto excelso nacional sino unos cafés de muy mala calidad que tan solo sirven para enriquecer a unos pocos. Es triste porque en estos momentos de dificultad, las marcas deberían darle una mano al caficultor, pero como ya hemos visto la prioridad es lo más baratico. Es duro decirlo, pero con los precios de hoy la caficultura en Colombia y creo que en el mundo está en vía de extinción porque no hay nadie que pueda con esas cotizaciones, por barato que se produzca y por ayudas que vengan, un precio de ese calibre revienta a cualquiera”, apuntó Cárdenas.

Gregorio expresó que el negocio del café es indudablemente para las multinacionales, pero jamás para quien trabaja, para quien se moja bajo aguaceros intensos, menos para quien se enferma, para quien sufre, para quien se accidenta o para quién ha enterrado hijos o padres cogiendo café, para ese primario sufrido y golpeado, la rentabilidad no es un derecho según dictamina el mercado.

Este hombre con 30 años de caficultura, 25 de ellos desde la tribuna comercial asegura con cara larga y demasiado triste que jamás había visto una situación tan grave y de tanta postración como la actual. Lo anterior es muy duro porque el café tiene historia y el desarrollo de Colombia se debe al café, pero esa historia, aseguró Cárdenas fue tratada a las patadas.
Recalcó que destruye ánimo ver rostros de impaciencia y ansiedad cuando las manos manchadas con tierra y café cuentan unos pocos billetes que no representan ni siquiera lo de pagarle a los trabajadores. Hay solidaridad y lamento por la tragedia cafetera que hoy percibe ingresos de hambre, pero esa condición puede conjurarse en la medida en que los colombianos todos les compren a los productores regionales su muy buen café.

La calidad es para trabajarla y no para ponérsela de ruana

A su turno la fundadora y Gerente General de la Casa del Gran Café, Ángela Barona, indicó que su industria de tostar y transformar café ha dejado experiencias gratas por esa respuesta que hay en el público gracias a los valores agregados que venden los caficultores y que al hacer su conversión a taza hace que cada día la gente quiera tomar café de verdad y no desechos o cafés de pésima calidad.

La Casa del Gran Café maneja cuatro líneas de grano que son Moniquirá, Togüi, Santana y Chitaraque, de estas zonas son seleccionados los mejores cafés. La calidad del café es muy buena a tal punto que su aroma en empaque enamora e incita al paladar, este grano viene de regiones privilegiadas de donde salen unos cafés dulces, con notas muy apaneladas y por eso el caramelo que se siente en el gusto.

La empresa nació por esa necesidad de entregarle al productor, el café que con tanto esfuerzo siembra y cosecha, pues resulta lamentable que muchos productores venden su café y lo primero que hacen es comprar las marcas nacionales tradicionales que venden café, pero importado y de muy regular calidad.

“Nosotros empezamos esta empresa y esta marca con el propósito de que los caficultores conocieran del proceso y supieran a qué sabe el café que siembran, igual nos dimos a la tarea de seleccionar los mejores granos para pagarlos a un mejor valor”, afirmó la señora Barona.

Este nombre nace por la casa en donde se hace trilla y tostión, del Gran porque es una empresa de Gregorio y Ángela y café porque comercializar el producto es vender lo mejor del país, es poner en las mejores manos el sabor y la identidad de Colombia. El café es amor, compromiso y un tema apasionante que día a día involucra más porque los conocimientos en caficultura son un asunto que no para.

En este momento la empresa está concentrada en el mercado colombiano y en la región cuenta con más de 21 rutas. Las exportaciones están en la mira y son un propósito, pero la idea es afianzar producto, calidad y marca para luego dar ese salto al exterior sin dejar de lado el compromiso estrecho que hay con cada uno de los caficultores.

Para esta emprendedora y luchadora mujer lo realmente importante hoy para la caficultura es que el mismo colombiano demande café regional y deje atrás unas marcas y un producto que al medirlo con cafés especiales no dan la talla y dejarían a más de uno con los inventarios en bodega porque de manera paulatina los colombianos están empezando a saber que tomar café es bueno así cueste un poquito más.

La caficultura regional tiene varias ventajas y es que se trata de un producto fresco, que no es almacenado por espacio de siete años o más. Para Barona el día que los colombianos sepan qué café toman, muy seguramente harán su traslado a las marcas nacionales que ofrecen café sembrado en Colombia y remunerado de mejor manera.

El buen café, dijo es vivir una experiencia de aroma y sabor en donde es posible sentir un sabor muy agradable al paladar, es saborear una acidez y llevar al gusto ese sabor residual. Tomar café muy negro, pasado de tostado y con mucho almacenamiento, no solo es desagradable, es también un riesgo de cáncer.

Con el nuevo proyecto de la Casa del Gran Café, que es la Tienda de Café, la firma busca enseñarle a la gente que un café claro trae muchos beneficios para la salud, que debe tomarse sin azúcar y que cada café es totalmente diferente al cambiar de sitio porque hay notas diversas que agradan los gustos de más alta crítica. Hay que decir que la empresaria es noble y obsecuente con el mercado porque invita a consumir café regional así no sea su marca porque el punto es promover la salud, la ingesta del mejor café y el sentido de pertenencia por los caficultores colombianos.

En tres años de empresa, Ángela ha sufrido el proceso de afianzar marcas porque de manera increíble a la gente muchas veces hay que convencerlas que no es buenos tomar marcas comunes o con mucho dinero invertido en publicidad porque no venden lo mejor y lo más desconsolador, venden café que no es colombiano. “Las marcas tradicionales no hacen inversión en Moniquirá y creo que no lo hacen en otras partes del país cafetero, luego hay que apoyar decididamente las marcas de las regiones en donde la plata se queda, en donde se fomenta empleo y en donde se le da vida a la caficultura”, concluyó la empresaria.

Ángela Barona, pese a las lágrimas que le saca el poco reconocimiento de muchos que hablan simplemente por hablar y la dificultad que implica fundar empresas, trabaja con mucho compromiso porque sabe que con el café y con su marca hay todo un ADN y un patrimonio regional y departamental del que todos en Boyacá y en Colombia pueden sentirse muy, pero muy orgullosos.

Un buen café de La Casa del Gran Café puede costar 10.000 pesos la libra, muy bajo frente a la calidad, pero igual la firma maneja cafés con trazabilidad desde 16.000 pesos. Un reto es trabajar duro en la producción de café natural u orgánico de taza óptima por el que pueden pedir hasta 70.000 y 80.000 pesos.

Luego de escuchar guabinas y torbellinos en las guapas instalaciones del Hotel Sion en donde el servicio, las habitaciones y la calidad humana invitan a regresar a la dulce Moniquirá, llegó a mi mente el recuerdo ancestral, más con ese tiple, con ese ese requinto y en con esa guitarra, cuerdas boyacenses y santandereanas únicas que vienen de la hoya del río Suarez con la magia del maestro, Jorge Ariza. Un poco apurado y acompañado por una llovizna pertinaz busque con algo de nostalgia la ruta de retorno. Al abordar el vehículo que me llevaría a Tunja, dejé ese abrigado y bonito sitio de la monumental Boyacá, es más hay que reconocer que quería seguir allí al amparo de un hotel muy familiar con estilo colonial de paredes y columnas blancas con vigas de madera, viendo gentes trabajadoras y escuchando historias de café y empuje regional.

Fue gratificante conocer de caficultura y de los retos que hoy el departamento libertador se traza en materia cafetera porque un asunto si tienen claro los boyacenses, van por más café y por mejor calidad porque saben que el mercado generalmente escoge lo mejor y ellos en sus plantaciones que tienen ese intenso y dulce olor a guayaba saben que querer es poder y ese propósito lo guarda con fe de cafetero, el campesino que ve contristado sus matas y las pone en manos de Dios pues el caficultor ingresa, se persigna en el nombre de la Santa Cruz y deposita esa convicción en la basílica menor de Nuestra señora del Rosario, pues no en vano la fe mueve montañas, las del café.

Gracias por su amabilidad, caficultores y pueblo de Moniquirá.

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