Sábado, 18 Marzo 2017 23:58

Medicamentos en Colombia, un mal que no tiene remedio

La farmacia colombiana no fue ajena a la contracción de la economía y las ventas estuvieron impactadas, aunque a unas empresas el ejercicio les resultó mejor que a otras. Se avizoran liquidaciones y quiebras por crisis en el sistema de salud.

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El actual estado de las entidades prestadoras de salud (EPS) y las también precarias finanzas de las Instituciones Prestadoras de Salud (IPS) tienen al sector farmacéutico colombiano en alerta máxima toda vez que hay unas deudas muy grandes que no se honran y que podría dejar a muchos laboratorios cerca de la banca rota. El asunto es tan delicado que inclusive las firmas multinacionales de la farmacia no la pasan bien por este aspecto.

El presidente de la Asociación de Industrias Farmacéuticas Colombianas, Asinfar, Alberto Bravo Borda, indicó en Diariolaeconomia.com que las entidades prestadoras de salud de los regímenes privado o subsidiados hoy en liquidación se han vuelto un dolor de cabeza para el sector toda vez que los liquidadores de Saludcoop y de Caprecom hicieron la presentación de un panorama sombrío en la medida en que la corrupción y el mal manejo de las entidades, incluido un rediseño que se viene pidiendo sin eco alguno deja un mal sabor y mucha preocupación.

Dijo que las empresas farmacéuticas nacionales y las multilatinas que agrupa la Asociación apenas van a recuperar unos pocos centavos por cada peso que tienen en esas obligaciones no canceladas en la traumática liquidación de Saludcoop, empresa que a su vez le adeuda un dinero bastante importante al principal operador logístico que tiene el país que es Epsifarma que le debe a la industria algo más de 300.000 millones de pesos sin contar lo que puntualmente está debiendo Saludcoop.

Con el asunto de Caprecom aplica el dicho aquel de “Sálvese quien pueda” lo que ha generado inestabilidad y una aguda crisis de confianza de parte del sector farmacéutico y de todos los proveedores de salud en Colombia.

Apuntó que al país hay que hablarle con sinceridad y comentó que los altos costos de los medicamentos y de los insumos médicos en general, incluyendo la prestación de los servicios médicos que traen implícitos factores esenciales para la vida y la salud de las personas son exorbitantemente onerosos, muy a pesar de los controles que ha ejercido la Comisión Nacional de Precios de Medicamentos, porque hay empresas y entidades que buscan la manera de eludir dichos controles. Según Bravo no hay sistema en el mundo que aguante con dichos valores que son incentivados desde las nuevas formas de monopolio. “Ese es el principal problema de salud sin dejar de lado el de la corrupción”.

La realidad de las empresas farmacéuticas es tan cruda que muchas están en riesgo de no seguir en el mercado porque los dineros de las ventas no ingresan a la caja poniéndolas en riesgo de banca rota.

A la par con lo que ocurre con hospitales y clínicas, hay dos factores muy negativos y es que por una parte, solo el 18 por ciento de un reducido número de medicamentos absorbe el 80 por ciento del presupuesto que tienen todas las entidades de salud y el mismo estado para atender todos los requerimientos que tienen los colombianos.

El dirigente gremial explicó que esos medicamentos de alto costo y de enfermedades raras que sumadas a algunas tecnologías que no han demostrado su costo beneficio en relación a otras existentes en el mercado es lo que tiene postrado al sistema lo cual por más que se tenga identificado el problema, lamentablemente se ha encontrado de igual manera la forma de eludir las responsabilidades lo que significa que la participación de la industria nacional que es la única que puede regular los precios vía competencia se ve mermada en la medida en que la desconfianza va en aumento porque sus cuentas no se pagan en muchos de los casos más tratándose de entidades públicas y otras del sector privado sobre las cuales hay alerta naranja casi que llegando a roja porque se avizoran liquidaciones y quiebras.

De otro lado Asinfar denunció que la industria prácticamente duerme con el enemigo porque en Colombia hay una Superintendencia de Industria y Comercio que pareciera de bolsillo de leoninos intereses. Denunció que el Superintendente ejerciendo como abogado de las multinacionales se dedicó a perseguir a la industria nacional farmacéutica y a los campesinos de los valles de Cundinamarca y Boyacá con el agravante que jamás declaró sus conflictos de interés cuando en políticas públicas tiene que hacerlo.

“Ni que hablar del Superintendente Delegado para la Propiedad Industrial que es un funcionario de bolsillo de las empresas multinacionales que descaradamente salen a pedir que pongan a la industria en las listas de incumplimiento porque según ellas no se están honrando los compromisos estipulados en el TLC cuando las que no cumplen son las empresas exógenas que llegan a Colombia a abusar de un mercado generoso y de unas autoridades bastante laxas”, comentó el señor Bravo Borda.

México, ¿un problema?

Lamentó el vocero que ni el ministerio de Comercio, Industria y Turismo ni las entidades adscritas sean dolientes y defensoras de la industria colombiana porque solo saben dar bandazos para los titulares de los periódicos en dónde no se ve nada de fondo y en donde los programas de transformación productiva quedaron relegados al discurso mediático y vacuo que dice que hay que construir hoteles en las reservas naturales porque ese es el futuro.

“Estamos muy inquietos con el ministerio de Comercio porque su participación en las negociaciones que se hacen en la Alianza del Pacífico no muestran una clara defensa de los intereses nacionales y para infortunio nuestro los hermanos mexicanos, ahora tendrán que mirar más hacia el sur con los problemas que tienen con Estados Unidos y deberán ponerse en igualdad de condiciones para negociar porque desafortunadamente en cuanto a medicamentos y suplementos dietarios y otros puntos claves para remover obstáculos y que haya así un límite de comercio en la Alianza del Pacífico, los mexicanos tienen una posición imperial y dominante que los hace comportarse en algunos aspectos con el hemisferio como se portan los norteamericanos con ellos”, precisó el presidente de Asinfar

Si bien hay una preocupación por el caso mexicano, la industria farmacéutica colombiana es consciente de ese deseo de integración, pero dejó claro que esa intención debe cubrir a todos en la convergencia de manera ecuánime y no a una parte.

Asinfar cuestionó las políticas represivas en contra de México y consideró que las retaliaciones económicas carecen de fundamento porque muchas empresas mexicanas son de capital americano y eso no hace fácil endosarle un mercado que fue pactado al amparo de un convenio de comercio llamado Nafta a otros países o socios de menor tamaño porque se requiere de una figura contractual que remueva los compromisos. Lo anterior lo dijo el señor Bravo tras los rumores en el sentido de que Estados Unidos podría repartir el monto del mercado con México entre Costa Rica, Colombia y Perú.

Dijo que las empresas mexicanas de la farmacia y agroquímicas han entrado a Colombia desde hace más de cien años las cuales han compartido mercado con industrias colombinas también centenarias. Destacó los altos estándares de la farmacia colombiana que es vigilada en la producción como en la comercialización por el Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos, Invima, que aplica una de las más estrictas supervisiones a nivel internacional.

Bravo dijo que los Brexit y cualquier manifestación de proteccionismo resulta lo más impopular, pero dijo que de manera directa, estos movimientos nacionalistas les encuentra la razón a quienes construyeron industria y cuestionaron la apertura económica hecha sobre falsas promesas y argucias en vista de que se habló de inversión y de facilidad para llevar los productos a otros mercados resultando todo un fiasco porque para no ir tan lejos las exportaciones tradicionales con Estados Unidos siguen en franca caída.

A criterio de Alberto Bravo esos proteccionismos deberían llevar a América Latina a una verdadera integración porque la región cuenta con materia prima, mano de obra calificada en varios sectores sin hablar de la inmensa capacidad de producir alimentos y agua lo que podría ser un buen punto de partida para afianzar un mercado regional que adolece de voluntad política por los temores que surgen ante las represalias que pudieran venir más con esas voces internas que tanto daño hacen desacreditando y poniendo en riesgo las relaciones internacionales.

Aclaró que no se ve muy inmediato que prosperen iniciativas en ese sentido, pero aseveró que tarde o temprano hay que empezar a dar esas puntadas, además porque es legítimo que si unos apelan al proteccionismo, el hemisferio igual y por sentido común debe blindarse, como quien dice América del Sur o Latinoamérica deben estar en la onda o en la moda.

Asinfar consideró que el modelo económico es totalmente inconveniente en Colombia y consideró que las verdaderas soluciones deben venir a partir de los problemas domésticos y no de las recomendaciones que desde el confort de Washington dan las entidades multilaterales. Sobre el particular indicó que los resultados de las aperturas le dejaron a Colombia saldos catastróficos y muy deprimentes que se reflejan en la balanza comercial. El tiempo demostró según estimaciones del gremio, que todo fueron argucias, engaños y teorías amañadas en materia macroeconómica.

“Los indicadores no mienten, por fortuna están a la vista, son muy malos y quienes en su momento negociaron los TLC ahora cínicamente dicen que esos eran los riesgos y que nadie podía anticiparse a las crisis de los nuevos socios. Ahora debemos aterrizar de manera amable y en consenso con el sector privado, los sectores económicos del gobierno deben atender la situación sin esa pretensión permanente que tienen y sin ese gigantismo que hay en algunas oficinas internacionales que no hacen ningún trabajo. Colombia tiene oficinas comerciales inoperantes en donde hay mucha gente ganando buenos sueldos, pero sin resultados, lo que hace pensar que no tienen razón de ser. El gobierno y las empresas están en mora de sentarse y ver con objetividad en donde estamos y para donde vamos antes de que sea demasiado tarde y eso se hace cordialmente, sin arrogancia y pensando uniformemente en país”, dijo el presidente de Asinfar.

Luego de ver los precarios resultados de Colombia en los últimos años, enfatizó Bravo Borda, se puede decir que el modelo fracasó y que la economía prácticamente colapsó porque el país se volvió una fábrica de pobreza y un lugar en donde fácilmente se matan los sueños, los emprendimientos y las oportunidades. Para el dirigente empresarial, a los colombianos se les prohibió ser empresarios exitosos y se les cambió por la oferta externa sin ningún tipo de contemplación lo cual incluye al sector de medicamentos.

Así las cosas, se prefiere pagar lo más costoso y se deja de comprar lo que cuesta menos y es por eso que debe hacerse de manera perentoria un llamado a los organismos de control para que revisen la elección de los funcionarios que tienen que decidir compras públicas más en ese tejido enrarecido que tiene el sector salud. Manifestó que Colombia está saturada de siglas y de programas que supuestamente pueden arreglar los problemas, pero advierte que no pasa ni pasará absolutamente nada.

Bravo expresó su preocupación por la sepultura que se le dio al POS porque podría haber un favorecimiento a los monopolios que no han demostrado el costo beneficio de muchas nuevas tecnologías, asunto que es preocupación del ejecutivo también.

Las últimas tecnologías para hepatitis C muestran que el costo para el sistema de salud sería de 90 millones de pesos por paciente con la posibilidad que el precio aumente por posibles recaídas. En Colombia puede haber entre 300.000 y 400.000 personas con esta enfermedad en Colombia.

“Cuando el río suena piedras lleva y por eso hay que encender las alertas desde los organismos de control para evitar sorpresas y no replicar el dantesco caso Odebrecht en el sector salud porque no se puede admitir que se corrompan funcionarios y acabe con el estado de ánimo de los colombianos, Hay cosas muy sospechosas que demandan toda la atención del gobierno para no repetir las corruptelas de siempre, el país no puede seguir por esa senda y es urgente meter en cintura las irregularidades y los casos de corrupción que hay en el sistema”, expuso el presidente de Asinfar.

El gremio recordó las sabias palabras del doctor, Germán Holguín en momentos en los que se negociaba el tratado de libre comercio con Estados Unidos y que advertía sobre el riesgo de limitar por costos el acceso a los medicamentos. Allí, recordó, Misión Salud, la Iglesia Católica y Asinfar lograron sensibilizar a los gobiernos porque de no haber sido así el país estaría en peores condiciones.

Para el gremio por excelencia de la farmacia en Colombia es lamentable que en el país esté aumentando la carga de enfermedad por la falta de políticas de prevención, por el cambio climático y por la resistencia bacteriana. El dirigente invitó a los colombianos a revisar su dieta y su entorno medioambiental para evitar ese aumento de carga de enfermedad, pero recalcó que los costos que imponen los monopolios hacen inalcanzables muchos productos, factor que sin duda es causa de muerte y de dolor.

“Ojalá que las multinacionales no traigan la receta para acabar con un sistema de salud que está llamado a transformarse pues eso se presume con lo que pasa en Estados Unidos en donde están desmontando el sistema de salud del Presidente Obama con cargo a los más vulnerables y más pobres. Ya nos trajeron desastres, ahora que no vengan con esa mixtura pues ahí si le tocará a la opinión pública dar su veredicto, pero en las urnas de manera pacífica y razonable”, dijo.

Asinfar le dio todo su espaldarazo al proceso de paz y a sus diligencias y recordó que esta se construye con diálogo, respeto justicia e inclusión en donde las empresas nacionales sean la base del tejido social y la reconstrucción de nación.

El mercado farmacéutico en Colombia podría valer entre nueve y diez billones de pesos teniendo en cuenta que las compras públicas conforman el 60 por ciento de la demanda en medicamentos. Cabe precisar que en unidades la industria nacional bajó su participación que era cercana al 70 por ciento por la contracción económica, pero no igual en valores.

Los casos en medicamentos se vienen complicando porque los casos de hemofilia se han multiplicado por diez y para rematar casos como Savia Salud EPS en donde hay 1.7 millones de afiliados en Antioquia acumula pérdidas en tres años de operación por más de medio billón de pesos porque la carga de la enfermedad de alto costo acabó con los presupuestos.

En esa entidad manejaban 80 casos de hemofilia y ahora estos van en 300 o 500 lo cual es grave para el sistema porque los costos por paciente son enormes.

El tema ético saltó a la palestra y Asinfar señaló que no tiene asidero el escándalo de la transnacional Novartis con los tratamientos para cáncer que en Colombia los cobraba hasta cinco veces más caros que en otras latitudes.

“Esa empresa amenaza con demandas y con señalamientos para procurar sanciones a las empresas colombianas y eso nos tiene cansados porque en el país priman los intereses de la salud”, anotó.

Por el manejo de la molécula Imatinib para tratar leucemia cuando no se hablaba de exclusividad, el precio promedio de la competencia era de 79 a 80 pesos por miligramo ahora con control el precio es cerca del doble, pero reconoció un avance porque cobraban según Bravo cinco veces el valor.

En los registros del gremio hay un preocupante incremento de patologías ligadas al cáncer y a enfermedades infectocontagiosas que parten por la falta de gestión de las entidades de salud y a la falta de prevención en los hogares lo que muestra una responsabilidad compartida.

Bravo insistió en el control, que debe ejercer el estado sobre los monopolios y sobre las mejoras que debe tener el servicio de salud para los colombianos porque la gente tan solo tiene acceso a la salud por las centrales de urgencias.

“Una parte esencial de este problema es el cuerpo médico y así lo ha reconocido el ex ministro, Jaime Arias, que es galeno, hoy representante de las EPS, la misma Academia Colombiana de Medicina y los representantes de sociedades científicas. Tenemos que recordarles sus obligaciones y responsabilidades a los médicos, más ahora que gozan de libertad de prescripción”, concluyó.