Domingo, 19 Agosto 2018 08:14

Pensiones: Con cara ganan los fondos y con sello pierden los jubilados

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Hay alarma por lo que podría ser una reforma pensional totalmente desfavorable para los cotizantes pues de desaparecer el régimen de prima media, el pago de la mesada sería irrisorio.

La pensión, esa anhelada y trabajada compensación que se recibe después de haber cotizado en el sistema de pensiones durante un buen periodo de la vida, 57 años en las mujeres y 62 en los hombres, es hoy motivo de debate, análisis y decisiones porque tal y como están las cosas es muy probable que venga una reforma pensional que desde ya recibe presiones de los fondos privados de pensiones, que como cualquier empresa, tienen sus pretensiones y sus políticas de cara al futuro.

Cabe precisar que en Colombia existen varios tipos de pensiones o razones para la jubilación, de un lado está la pensión por vejez, pensión de invalidez y de sobrevivencia.

El Sistema General de Pensiones con vigencia en Colombia, es regido y controlado por la Ley 100 de 1993 y garantiza a los nacionales el amparo contra las contingencias derivadas de la vejez, la invalidez y la muerte. Por medio de las pensiones y prestaciones.

La consultora en seguridad social Adriana Paredes, con una experiencia que supera los veinte años en el tema pensional, le dijo a Diariolaeconomia.com, que de plantearse una reforma pensional en los términos que proponen los fondos privados de pensiones, muy seguramente no habría lugar a una prestación económica futura, como quien dice que en este momento los colombianos están inmersos en la incertidumbre porque sienten que están abocados a no pensionarse.

En opinión de la experta, la propuesta de la Comisión del Gasto y de los voceros del sistema financiero en el sentido de ir marchitando paulatinamente el régimen de prima media sobre el pretexto de que este está generando un alto costo fiscal, y adicionalmente aumentar la edad de pensiones así como gravar las pensiones altas y modificar la forma de liquidar las prestaciones económicas que implica cambiar el ingreso base de liquidación sobre el promedio de salarios de toda la vida laboral.

“Prácticamente esa propuesta de marchitar el régimen público significaría que no habría prestaciones económicas porque quien está pagando pensiones y quien tiene los pensiones es la Administradora Colombiana de Pensiones, Colpensiones mientras que los fondos privados tienen una mínima parte que no alcanza ni siquiera el ocho por ciento de la población pensionada pues el 92 por ciento lo tiene Colpensiones, luego si son atendidas las insinuaciones y las propuestas presentadas por el sector financiero, muy probablemente no tengamos derecho a esa pensión”, señaló la señora Paredes.

Agregó que los fondos comparten también el tema que al ir desflorando el régimen público, se tendrán solamente las pensiones y los afiliados cotizantes de salario mínimo, pero que los pensionados o las personas con ingresos superiores al ingreso mínimo legal, coticen en los fondos privados de pensiones. Expuso que se ha observado que por muchos aportes o muy elevado que sea el salario, los fondos en promedio reconocen pensiones que no superan el 31 por ciento del último salario con el cual cotizó el afiliado.

Indicó que ante un revés económico que lleve a los fondos a una situación de quiebra, el estado será quien garantice esas prestaciones económicas porque justamente es el garante. A manera de ejemplo, la versada en el tema pensional dijo que suponiendo que el sistema privado llegara a la banca rota, hay unos bonos pensiones que tendrían que ser asumidos por el estado es decir que dentro de la normatividad siempre se contempló que el estado fuera el fiador o garantizador.

Para la consultora en seguridad social Adriana Paredes, lo grave del asunto es que en la medida en que se le entregó a los fondos privados un negocio, siendo una obligación y deber del estado el cubrir las contingencias de la vejez, convirtió este mandato en una industria y lo cierto, dijo, es que toda persona que tenga un negocio, tiene todo el derecho de lucrarse de él, pero lamentó que lo delicado es que hoy se habla de una población que ya no va a depender de su capacidad laboral y que por lo tanto lo que busca es ahorrar.

Sostuvo que a los fondos privados efectivamente lo que les interesa es ganar y eso hace deducir que a futuro no les interesa si una persona se queda sin pensión porque finalmente ya trabajó con el dinero del cotizante y lucró lo que debía lucrar, pero sin ese pilar solidario y sin ese amparo estatal que debe cobijar a un pensionado en todas sus dimensiones.
Analizando la ley 100 o de Seguridad Social, el tema pasa por lo absurdo y lo leonino porque al final del cuento, asegura la experta, lo que se hizo con la mencionada ley fue pagarle favores a la banca.

“Siempre lo he dicho, la ley 100 dejó un sistema con dos pilares, el régimen de ahorro individual y el régimen de prima media, pero todo el dinero se lo entregó a los fondos privados de pensiones y los pensionados quedaron con el Seguro Social, hoy Colpensiones. Palabras más, palabras menos, los fondos se quedaron con la carne y Colpensiones se quedó con el hueso. El tema fue igual al escenario lamentable de salud en donde el negocio quedó en manos de las EPS y las firmas internacionales mientras que el sida y el cáncer se perpetuaron en el desaparecido Seguro Social. El asunto es tan cierto que cuando el Seguro Social EPS fue liquidado, este debió asumir las enfermedades catastróficas generando una crisis en el sistema público de salud y una gran renta para los privados que tan solo disfrutaron de las mieles de un negocio que dejó a muchos con los bolsillos llenos y al estado pagando las cuentas onerosas”, apuntó Paredes.

Porcentualmente, el negocio de las pensiones muestra unas diferencias abismales ya que en Colpensiones por cada pensionado hay 1.8 cotizantes, es decir casi dos cotizantes están soportando un pensionado y en los fondos privados, por cada pensionado hay 47 cotizantes, lo que significa que Colpensiones tiene el 92 por ciento de los jubilados del país, algo así como 1´360.000 pensionados y solamente el 27 por ciento de los cotizantes que suman cerca de 2´800.000 personas activas. Los fondos privados tienen el ocho por ciento de los pensionados que no superan los 135.000 jubilados y el 73 por ciento de los cotizantes, es decir 4´630.000 afiliados activos.

Lo anterior corrobora que el sistema público se quedó sin los cotizantes, pero con la deuda por que es el que asume el pago de los pensionados en este momento.

Sin pensar en el interés de dos o más grupos, la consultora en seguridad social Adriana Paredes, consideró que la reforma pensional ideal sería aquella que fortaleciera el régimen de prima media que por sí mismo es solidario y que trabaja en cadena por generaciones por cuanto quienes hoy cotizan, pagarán las pensiones de quienes hoy tienen ese derecho, y en la medida en que cada quien vaya cumpliendo su ciclo, serán quienes vienen atrás los que paguen las pensiones de los hoy aportantes.

“Buscando un cambio justo y consecuente, una reforma pensional tendría que fortalecer el régimen de prima media, darle mayores garantías y generar una mejor y más sana competencia porque los fondos privados con los avales que tiene seguirán manejando los afiliados y las estrategias de venta y mercadeo. A la gente joven le dicen que lo más conveniente para ellos es ahorrar en un fondo privado de pensiones lo cual es una gran mentira porque el capital nunca será suficiente para garantizar una prestación económica en el futuro que se ajuste a su expectativa salarial”, comentó la consultora.

Adicionalmente a lo dicho, expresó, si todos los afiliados están cotizando en los fondos privados de pensiones, la pregunta que surge es ¿cómo se nutre el régimen de prima media?, que a la fecha se alimenta con los dineros que le da el estado desde el 2004 cuando las pensiones se empezaron a pagar con las reservas estatales que es lo cuestionan los voceros del sector financiero que aseguran que precisamente ahí está el hueco fiscal que genera el tema pensional.

Especificó que cuando nació la cotización a los seguros de invalidez, vejez y muerte que era así como se llamaba inicialmente desde el decreto 3041 del año 1966, la cotización era tripartita en donde aportaba el trabajador, la empresa y el estado, pero el estado preocupantemente nunca aportó y hoy con referente en 2004, el estado empezó a pagar lo que no hizo en treinta años. Esa deuda, señaló Paredes es gigante porque hay de por medio billones de pesos.

La consultora en seguridad social manifestó que adicionalmente cuando nació el sistema pensional era necesario hacer reajustes quinquenales en la tasa de cotización lo que nunca se dio porque era muy gravoso para la empresa y porque los sindicatos hacían oposición al incremento. Con la ley 100, afirmó la experta, se vinieron todos los ajustes y el país pasó de una cotización que antes de ley 100 era del 8.5 al 16 por ciento de hoy.

“Una de las propuestas también de la Comisión del Gasto es incrementar la tasa de cotización al 18 por ciento, y a los que tengan ingresos superiores a los tres o cuatro salarios mínimos, se les aplicará unas cotizaciones adicionales, pero las cotizaciones de salarios más altos tendrán igualmente ajustes agregados sobre esa tasa de cotización”, detalló.

Hablando de las recomendaciones de los entes multilaterales de crédito, llama la atención que ante la insistencia de los gremios y de los bancos de presagiar un caos por bomba pensional, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, OCDE se caracteriza porque sus miembros aplican en promedio el 8.2 por ciento del producto interno bruto, PIB, de los fondos públicos para jubilaciones, en Colombia, dijo la señora Paredes, solamente se aplica el 3.9 por ciento, lo que dice que no se trata de presiones de los organismos multilaterales de una manera tan drástica.

La consultora dijo que si bien hay unas observaciones al tema pensional desde la tribuna multilateral, lo único cierto es que quienes están presionando con mayor fuerza son los bancos y los fondos privados porque en 2004 hubo una fuerte migración del Seguro Social hacia los fondos privados de pensiones, con el argumento que el Seguro moriría, que no había liquidez para cubrir las mesadas, que con el régimen privado había forma de pensionarse a cualquier edad, que si no cumplía con los requisitos de pensión, se haría entrega de una devolución de saldos, incluyendo el bono pensional, es decir un verso muy atractivo para el consumidor. En ese momento todo el mundo se fue del Seguro Social para los fondos privados.

Hoy en día acontece, observó la experta, todo lo contrario porque el país pasó de los gloriosos que tuvieron los fondos privados en 1994 a los dolorosos que se experimentan en el momento actual, donde ya se está viendo el reflejo de las cotizaciones que tenían que ir madurando con los años para que las personas tuvieran derecho a una pensión, pero preocupantemente se ve en últimas que no se alcanzan a reunir los capitales mínimos que exigen los fondos privados de pensiones.

Expuso que si una persona devenga un salario de dos millones de pesos, no alcanzará a reunir el capital para pensionarse y si logra algo, recibirá una pensión de salario mínimo, y si no alcanzó a reunir tampoco el capital el interrogante que surge es ¿qué va a pasar?

“Cuando hacemos los estudios pensionales y dicen que si una persona completó las 1.150 semanas, el jubilado tendrá derecho a la garantía estatal de pensión mínima, lo que no les cuentan a los afiliados es la letra menuda de esa garantía estatal que está contemplada en el artículo 85 de la ley 100 que establece una excepción: Todas aquellas personas que tengan ingresos superiores al salario mínimo, NO tendrán derecho a la garantía estatal de pensión mínima que es la que garantiza los derechos a las personas más vulnerables, a los de menos recursos”, anotó.

Si una persona no logró el capital, hablando de una mujer que en estos momentos tiene 57 años de edad para una pensión de salario mínimo, necesita 234 millones de pesos, si no reunió el capital y tan solo alcanzó los 180 millones de pesos, pero con las 1.150 semanas, el estado tiene que completarle el capital para poder financiar esa pensión de salario mínimo, pero si esa persona tiene ingresos superiores a un salario mínimo, la ley la excluye para que tenga esa garantía estatal.
Al ser la pensión un derecho irrenunciable, ese ingreso no es negociable, inconciliable, intransmisible, luego necesariamente los fondos seguirán trabajando con un capital significativo sin hablar también de las modalidades de pensión a las que están obligando a que se acojan los pensionados.

“Cuando nace la ley 100, inicialmente se habían generado tres modalidades de pensión, ya en estos momentos hay seis modalidades. Hay que decir que hay dos básicas que son la renta vitalicia y el retiro programado, y las otras que han venido surgiendo, hacen parte de una modificación a las dos primeras, pero si uno va a un fondo y pide una simulación con pensión de renta vitalicia, van a decir que ya consultaron con todas las aseguradoras del mercado y ninguna aseguradora cotiza una renta vitalicia y como no ofrecen la posibilidad de una pensión bajo la modalidad de renta vitalicia, prácticamente el afiliado queda obligado a pensionarse bajo la modalidad de retiro programado que es la más riesgosa del mercado. A tal punto que los mismos fondos entregan un formato para que el usuario firme la aceptación de ciertos riesgos que asume el pensionado y sus beneficiarios”, expuso Paredes.

La persona que entra en esa tónica del retiro programado, luego de firmar unas formas y acepta de manera libre y espontánea.

A función de riegos: Declaro expresamente que entiendo y acepto que en esta modalidad de pensión, me corresponde como pensionado asumir enteramente los riesgos de mercado y de extra-longevidad, lo que significa que el monto de mi pensión estará sujeto al comportamiento de los precios de los títulos, valores o participaciones en que se encuentren invertidos los recursos de mi cuenta individual, así como al riesgo de que yo o mis beneficiarios vivan más allá de las probabilidades estimadas en las tablas de mortalidad emitidas por la Superintendencia Financiera.

De igual forma al aceptar esta modalidad de pensión, asumir los riesgos de mercado y extra-longevidad, acepto también de manera expresa, libre y espontánea que es probable que como consecuencia de la materialización de estos riesgos mencionados, se produzca el agotamiento total o parcial de los recursos de mi cuenta individual en el fondo de retiro programado, haciendo imposible continuar con el pago de la mesada pensional que me habría correspondido a mí o a mis beneficiarios.

Todo esto, manifestó Adriana Paredes es muy grave más si se tiene en cuenta que en ese sistema o modalidad se puede empezar con un valor de esa mesada pensional y con los años ir disminuyendo hasta llegar a una mesada de salario mínimo, lo que no ocurre en el régimen público porque la persona que logra pensionarse en Colpensiones, ve que su mesada es reajustada anualmente con el índice de precios al consumidor, IPC.

Es oportuno indicar que antes de que se aprobara la ley 100 de 1993, fue presentado el proyecto de ley 155 el cual buscaba que toda la nueva fuerza laboral fuera vinculada de manera obligatoria a los fondos privados de pensiones, lo cual buscaba acabar con el Seguro Social que es lo mismo que se pretende en estos tiempos.

“Probablemente pueda modificarse y ampliarse la restricción que hay para hacer relevos de régimen pensional. No serían extraño que subirán ese plazo de diez años que hoy rigen para hacer traslados antes de cumplir la edad de pensión, podría pasar que a partir de una reforma pensional digan que las personas que quedaron en determinado régimen no se pueden cambiar, estas son elucubraciones, pero en Colombia estamos”, afirmó Paredes.

Finalmente, y hoy cuando todos en Colombia están regresando a Colpensiones así sea acudiendo a la justicia, están viendo que resultaron engañados y que no todo era tan real porque había una letra muy menuda que se hace visible en detrimento del pensionado en este momento.

Lo alarmante es que los fondos hacen inversiones en donde ganan miles de millones de pesos o billones de pesos trasladando una porción ridícula al afiliado, pero cuando arriesgan en portafolio y hay pérdidas el cotizante lleva del bulto porque lamentablemente en Colombia la moneda pensional está muy definida, con cara ganan los fondos y con sello pierden los pensionados.

El Régimen de Prima Media con prestación definida ―RPM― es el mecanismo mediante el cual los afiliados o sus beneficiarios obtienen una pensión de vejez, invalidez o sobrevivientes o, en su defecto, la indemnización sustitutiva, también denominada “devolución de saldos”, según lo establecido en la ley.

Características del Régimen de Prima Media:

A este régimen serán aplicables las disposiciones vigentes para los seguros de invalidez, vejez y muerte a cargo de Colpensiones con las adiciones, modificaciones y excepciones contenidas en la Ley 100 de 1993 modificada por la Ley 797 de 2003.

Sus principales características son su perfil solidario en donde los aportes de los afiliados y sus rendimientos constituyen un fondo común de naturaleza pública, que garantiza el pago de las prestaciones de quienes tengan la calidad de pensionados.

Según Colpensiones, el Estado garantiza el pago de los beneficios a los cuales se hacen acreedores los afiliados y sus beneficiarios. El monto de la pensión, la edad de jubilación y las semanas mínimas de cotización están debidamente preestablecidos.

Lo cierto es que en los años 1945 y 1946, en tiempos lacónicos de mandato de Alberto Lleras Camargo nace el sistema de seguridad social en Colombia con la creación de la Caja Nacional de Previsión, Cajanal y el Instituto Colombiano de los Seguros Sociales, con el tiempo el sistema dio un paso, pero posiblemente al vacío porque a la fecha el tema de la seguridad social es el de las deudas y unos fantasmas terribles en pensiones que asustan a propios y extraños. Hoy la mesada, como muchas cosas en Colombia, está por desaparecer, y ahora ser abuelo, jubilado y sin opciones, es una razón más para mirar al pasado y vivir de las ilusiones.

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