Domingo, 24 Noviembre 2019 00:24

Pérdida del mercado interno obliga a renegociar los TLC: Aurelio Suárez

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El país terminó pagando con el IVA del 19% los costos del libre comercio y subsidiando la quiebra del aparato productivo.

Después de rubricar un verdadero relicario de acuerdos comerciales y hacerle la fiesta al libre comercio, Colombia desde 1991, como dirían muchos en las calles, optó por venderle el alma al diablo. Consideró en un marco neoliberal que era mucho mejor atomizar el empleo y reemplazarlo con importaciones. En la biblia aperturista el credo a seguir fueron las privatizaciones, yendo por el camino del modelo chileno sin observar que el país austral se estaba quedando sin activos y tan solo dependiendo de la minería, de las siembras de fruta y del salvavidas, en medio de la tragedia de la dictadura, del pino Pátula.

Hoy Chile, el paradigma que siguió Colombia, se desmorona, hoy el modelo económico visiblemente colapsó no solamente en Colombia sino en la región, nadie leyó, o no quiso leer que el Consenso de Washington sería la tragedia para los pueblos que lo acogieron porque legitimó contadas riquezas y sacrificó potenciales y opciones de desarrollo con cargo al exterminio de la clase media y las franjas populares. Muchos gobiernos se casaron con la idea equivocada del Fondo Monetario Internacional y de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, OCDE, que se atrevieron casi que de manera abusiva a hacer recomendaciones sin saber del hambre, de la muerte y de la tragedia económica y social de las comunidades. Los países de la región pensaron que ese humo vendido y comprado a un alto precio, que ese seudónimo de ricos era suficiente para acabar y destruir sobre pilares de engaño y despojo naciones en donde las personas son buenas y trabajadoras.

El encanto del capital, legítimo desde todo punto de vista, se confundió con las monarquías opulentas, terratenientes y corruptas del medioevo que con flagelar los pueblos y quitarles la mínima pertenencia, hasta el derecho a sonreír, para subsanar los errores y el gasto indebido, llevaron a la extinción la felicidad. Ese deber sagrado a trabajar, ahorrar y sembrar futuro fue condenado al cadalso en la América de hoy. Entre el modelo económico, fracaso total, y un voraz libre comercio, hecho al revés, se llevaron no solo empresas y puestos de trabajo, arrasaron con la dignidad, las ilusiones y los derechos fundamentales.

La pregunta que se hace hoy el país es de qué ha servido el libre comercio en Colombia después de la desgravación arancelaria de 1991 y luego de rubricar los TLC, negociados al acomodo americano o europeo, por citar dos casos, priorizando el afán antes que la inteligencia y el compromiso con la patria, unos convenios en donde se entregó casi todo a cambio de nada porque el país no se puede llamar a engaños, la oferta exportable de Colombia es un grano de arroz en el mar y para completar hubo mucho bla bla bla, mentiras y enlabios con las promesas competitivas en el famoso cuarto de al lado y una serie de políticas erradas que tienen al país hablando de comercio en medio de trochas e informalidad.

Para rematar el país se matriculó en la OCDE, el club de ricos en donde inexplicablemente aceptaron a Colombia, el país más desigual del mundo, uno de los más corruptos y quizás el territorio en donde la pobreza se acabó porque pasó a la miseria. Hoy la OCDE tendría que ponerse colorada, pero algo tienen los colombianos que hay que llevarlos a la exclusiva casa. Ojalá el tiempo no nos muestre que nos equivocamos porque en temas de modelo económico, el error no fue solamente de Venezuela, hoy la montaña aperturista se desploma dejando al garete el devenir de millones de personas.

 

Foto Comfecámaras
Foto Comfecámaras

 

En una amena charla que Diariolaeconomia.com, sostuvo con el analista económico Aurelio Suárez Montoya, el docto indicó que el libre comercio en el país ha sido totalmente negativo para la nación porque se suponía que cuando Colombia entrara al libre comercio iba a capturar mercados externos con nuevos productos, con unos términos de intercambio muy favorables y la verdad, dijo es que el balance es lamentable porque el país no logró diversificar una canasta exportadora porque tristemente fue entregado el mercado interno agrícola e industrial, especialmente de materias primas y de bienes intermedios, Colombia se quedó sin una oferta exportable importante.

En esta fase equivocada de la economía, aseveró Suárez, el país tuvo dos periodos complicados, uno el de la revaluación y Enfermedad Holandesa en donde casi que quedaron aplastados, estériles o eunucos, los sectores fundamentales de la economía y un periodo de devaluación en donde como dicen los textos, Colombia debió volverse importadora lo cual no tuvo respuesta en exportaciones.

 

“La situación es tan grave que aún en un periodo de devaluación que en donde el dólar pasó de 1.800 pesos hace cinco años a 3.500 pesos, las exportaciones siguieron siendo inferiores a las importaciones porque la estructura productiva del país quedó constituida por bienes intermedios y materias primas que deben importarse para poder elaborar el producto final, luego como se tienen que importar el 20, el 30 por ciento y hasta el 50 por ciento de la estructura de costos en algunos casos, la exportación ya no es competitiva porque los insumos y las materias primas vienen con un dólar de 3.500 pesos”, explicó Suárez Montoya.

 

Dijo que Colombia está en una situación realmente negativa y en unas condiciones intrínsecas de esa naturaleza de la economía nacional en donde no es útil ningún tratado de libre comercio ya que tan solo han sido eficientes en la entrega del mercado interno. El tema es tan apremiante que en solo carne de cerdo el país está importando entre 500.000 y 600.000 animales al año aproximadamente, es decir que en Colombia el libre comercio acabó hasta con la porcicultura. Aquí sí se puede decir a la colombiana que el TLC resultó toda una “marranada”.

Suarez Montoya dijo que luego de hacer un balance sobre cuáles son las empresas líderes en el comercio al por mayor en Colombia, logró establecer que hoy el comercio mayorista lo dominan fundamentalmente importadores o firmas que se dedicaron a la internación de productos y de distintos bienes, incluidos alimentos, vestuario y otros con algún componente tecnológico, etc. Así las cosas, precisó, el país está en una situación de déficit comercial casi que recurrente y consideró que no ve, siquiera en el mediano plazo, la posibilidad que Colombia pueda revertir, bajo las actuales condiciones, el déficit comercial que se acarrea toda vez que no existen las condiciones para cambiar la tendencia y mejorar el entorno.

Aparte de ese análisis que hace pensar que los gobiernos aperturistas al querer jugar al tío rico confundieron el tablero y terminaron con la tabla ouija en las manos, dándole origen al mal, igual hay que ver que no es posible bajo las actuales circunstancias de los tratados de libre comercio dar un giro y salir de los problemas, situación que invita a denunciar o a renegociar los TLC porque a criterio de Suárez no hay ninguna posibilidad de recuperar el mercado interno, no de productos sofisticados, sino de un mercado doméstico de productos agrícolas de la dieta básica, de mercados internos de bienes intermedios y de otros sin ninguna complejidad tecnológica, es decir de las estructuras básicas de una economía.

 

Foto PixabayEstados Unidos, por ejemplo, tiene 16 industrias amarradas al clúster del maíz y en Colombia casi ni producimos maíz porque estamos importando el 85 por ciento del cereal, lo anterior sin hablar del 90 por ciento de la soya, casi que del cien por ciento del trigo con el que se hacen pastas y pan así como otros productos que se fueron sacando de la producción por las importaciones como fue el caso de la cebada con la que hacemos la cerveza y muchos que hoy son producidos por fuera de los campos colombianos”, declaró el señor Suárez.

 

Para el experto es también delicado que en otros campos las exportaciones estén ocasionando una tragedia social y económica porque en el sector textiles y confecciones, por hablar de uno de los tantos, las importaciones lleguen a cuatro o cinco billones de prendas de vestir. Ese panorama señaló que las cosas no están bien, que hubo errores colosales y que se hace urgente hacer una recuperación de la economía básica lo cual es imposible, recalcó, con las actuales condiciones estipuladas en los tratados de libre comercio.

El caso de Colombia es totalmente increíble y atípico porque en momentos de devaluación fue uno de los países que no exportó, algo para no creer y para refutar porque no hay derecho que en tempos de libre comercio no haya sido posible generar oferta exportable más allá de los commodities y de unas pocas ventas de valor agregado.

Según el conocedor y consultor formado como ingeniero industrial en la Universidad de los Andes, hay un tema que se maneja mucho y es la desindustrialización del país que está en la parte de bienes intermedios y en bienes de consumo final, pero igual en la desarticulación de cadenas industriales, pero indicó que bien vale la pena mencionar que al observar la evolución del valor agregado, del PIB industrial y de los activos industriales, muy a pesar de que se habla de desindustrialización, estos han venido creciendo en pesos constantes lo cual dice que más allá de la suspensión o pérdida de la industrialización lo que el país experimenta es una reestructuración de la industria en la cual Colombia adecuó el aparato empresarial o productivo a los bienes a los cuales se dedicó o terminó dedicándose y especializándose.

 

“Nosotros tenemos todo un Reficar y hemos creado una industria alrededor del petróleo, pero también hemos fundado industrias en torno de los bienes que los colombianos estamos exportando, situación que ha permitido establecer algunas industrias, pero al mirar en Colombia el valor agregado industrial, el 50 por ciento, es decir la mitad, está en manos de cinco subsectores que son petroquímica. Alimentos, bebidas, plástico y caucho e industria química. En ellos se concentra el 50 por ciento del valor agregado industrial, situación que explica porque se siguen teniendo activos, valor agregado y PIB industrial creciendo en pesos constantes aunque el país aparezca desindustrializado”, señaló el analista.

 

Insistió que la verificar la industria entre 2000 y 2019 los activos, los pesos constantes, el valor agregado y el PIB dejan ver cifras crecientes muy a pesar que se haya estancado el empleo, el asunto fue que una serie de industrias básicas y de medios intermedios desaparecieron, pero lograron sostenerse unas industrias que le apostaron a la restructuración, precisamente por los bienes o servicios en los cuales se especializaron, sin dejar de lado las industrias de maquila.

Suárez añadió que aparte de los problemas de comercio, de tasa de cambio, los saldos que dejó la Enfermedad Holandesa y otros, el país tiene una energía costosísima, un crédito elevado, un contrabando permanente y una corrupción que campea, permitiendo todo tipo de ilícitos que pasan por el contrabando técnico.

 

Vía IVA, Colombia está pagando los TLC

 

Foto PixabayRetomando el tema del libre comercio, Suárez Montoya dijo que aparte de que los tratados de libre comercio fueron negociados en condiciones muy asimétricas, el costo país, que es una variable que hay que empezar a manejar, es muy alto, no solo aquel dato que dice que llevar mercancías de Buenaventura a Bogotá es más costoso que de China al puerto sobre el Pacífico lo cual es sabido, el asunto real es que hay unos servicios públicos más caros, un flujo ilegal de mercancías que crece día a día y unos estándares ambientales y laborales que hacen imposible exportar.

 

“El tema del vestuario y del calzado chino, vietnamita y del sudeste asiático es un tema de dumping ambiental y laboral, pero con todo y eso el país permite que ese producto de comercialice en Colombia. Uno manda hacer unos tenis en China por once dólares, los lleva a zona libre de Colón a un valor de 60.000 pesos y luego entran a Colombia en donde cuestan 400.000 pesos en los centros comerciales de gama alta, luego se hace visible todo un mecanismo espurio que hace imposible prosperar”, puntualizó el experto.

 

Otro lío que se suma al relicario es la manera como se vienen financiando las importaciones que llegan sin arancel o con bajo impuesto de ingreso que para algunos bienes manufacturados está en el ocho por ciento aproximadamente. Eso muestra que al importador le resulta muy barato traer mercancías por el bajo arancel, pero esos productos, especificó Suárez, cuando se les vende a los consumidores finales o intermediarios, estos últimos tienen que pagar IVA, es decir que Colombia reemplazó el arancel que no se les cobra a los importadores, como quien dice que los consumidores vía IVA, terminan cubriendo el costo fiscal que implica tener tratados de libre comercio con arancel cero.

El contexto fiscal es tan poco amable para empresarios y consumidores que al mirar cómo viene creciendo el IVA en los últimos 25 años, ese recaudo está casi igual o algo por encima del impuesto de renta, pero al mirar el IVA externo como se le conoce, ya suma casi ocho veces el recaudo frente a los aranceles. Con todo este manejo, escribió el analista, el colombiano de a pie terminó cubriendo el costo fiscal con IVA, eso sí abaratándole al importador el producto que trae de afuera con lo que a su vez quiebra la producción nacional.

 

“Al final los nacionales colombianos financian con IVA la banca rota de los productores colombianos, empero, lo grave es que ese desequilibrio comercial va a agravar el déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos y en ese sentido Colombia tiene una situación de déficit recurrente en la cuenta corriente que la ha tenido que cubrir con endeudamiento público. En el año 2000 el sector público no financiero debía 88 billones de pesos, hoy debe casi 600 billones, lo que muestra una política económica catastrófica”, indicó Suárez.

 

Anotó que precisamente las marchas y la protesta social no es más que ese sentimiento de expresar fracaso y frustración, pero igual, adujo, hay personas que sin marchar llevan esa angustia y esa sensación de dificultad por lo que se vivirá y por lo que se está viviendo. Lo grave de todo, opinó, es que no hay correctivos desde el ejecutivo.

Ya al final de la plática el reconocido analista dijo que Colombia, un país de reformas y reveses, prepara la tercera oleada de reformas que tienen que ver con asuntos laborales y pensionales, profundizando lo que ya fracasó.

Los saldos en empleo, informó Suárez Montoya, son muy preocupantes porque al hacer la comparación entre nuevos desempleados y empleos creados, de lejos ganan en número los nuevos desempleados, es decir que en ese frente el indicador igual es negativo sobre todo en los últimos cuatro años.

Hoy hay un fenómeno y es que se aceptan y se celebran crecimientos lánguidos del dos o el tres por ciento, es decir cada vez más raquíticos, pero sin generar empleo, lo cual es un crecimiento que se da sin utilizar todos los factores productivos que tiene el país. En Colombia, explicó, hay más ahorro que inversión, lo que deja claro que no se está aplicando todo el capital. Como si fuera poco hay un diez por ciento estructural de desempleados casi el once, un indicador que revela que no se está utilizando toda la mano de obra existente.

 

“El asunto es tenaz, los tres factores productivos expresados en capital, tierra y trabajo no se están empleando a fondo dejando ver que el potencial de la economía cayó. Antes hablábamos de un crecimiento potencial del cuatro o por arriba del cuatro por ciento y hoy decimos que ese crecimiento es del 3,5 por ciento. Es duro, pero cierto, hay mucha tierra sin cultivar, un considerable capital porque como dato adicional existen 55.000 millones de dólares de colombianos en el exterior y fuera de eso tenemos un alarmante número de desempleados y de informales porque el país no está poniendo a funcionar todas las alternativas productivas que deberían estar dinámicas y ayudando con la recuperación económica”, comentó Aurelio Suárez.

 

Sobre la OCDE, el experto dijo que es una entidad que viene reforzando todo lo que viene pasando mal. Sustentó que las famosas buenas prácticas de la OCDE se pueden resumir en lo siguiente, “Cómo hacer perfecto lo mal que está funcionando o mejor aún, cómo perfeccionar el fracaso”.

La OCDE, concluyó, no es ningún club de países ricos, este organismo, dijo el analista, no es más que un nodo de la internacionalización, una tercera oleada de la terrible globalización que se cierne sobre Colombia.

Un argumento que compartió el docto es el de Juliana Londoño, que asegura que a través del posconflicto se pueden generar dinámicas económicas pues no en vano se han desembolsado seis billones de pesos a las víctimas del conflicto que se convirtieron en inversiones y compras de casas, carros y educación superior entre otras maneras de adquirir bienes y servicios en favor de una economía que urge de mayor eficiencia.

El mundo de los negocios, las inversiones y el capital no se pueden condenar, son necesarios y útiles para el desarrollo, los aborígenes y las culturas milenarias establecieron el comercio y el trueque para mejorar la calidad de vida, pero lo inexplicable es por qué se van de Colombia el oro, las esmeraldas, el ferroníquel y todo lo que es riqueza, a cambio de una inversión mínima que bien la podría hacer el empresariado colombiano.

Nos vendieron el cuento de la incapacidad, de ser menores e inútiles, pero todo por una razón, seguir con el saqueo y la venta de país. El asunto no es una crítica al gobierno sino a un sistema neoliberal que colapsó y que aún en medio de sus errores sigue diciendo que la pared negra es blanca. Hoy Colombia y América Latina le dicen sí a la inversión y a la economía abierta, pero solamente para aquellos productos que no producimos como tecnología, bienes de capital e innovación.

Resulta altamente grave autorizar importaciones de papa, cebolla, carne, ajo, cebada, trigo y de manera increíble café, un café de mala calidad que nos los venden como si fuera colombiano, dejando de lado la moral y la ley porque el engaño es delito.

Una cosa sí es cierta, los colombianos somos gente inteligente, innovadora, trabajadora y dueña de grandes talentos. El país está en la capacidad de hacer leyes y gobernar hacia adentro sin perder la perspectiva de comercio y de grandes sociedades que bien nos pueden suministrar todo aquello que no fabricamos sino que con transferencia de tecnología y conocimientos nos van a enseñar a ser más creativos y mucho más competitivos. No hay duda, podemos hacer cosas grandes y seguir mirando al mundo para que así mismo el mundo nos mire, pero sin sacrificar empresas, personas y territorio.

Colombia el país de los dos mares, las tres cordilleras, la llanura, las sabanas y los nevados, tiene más riqueza de lo imaginado y todo empieza por su talento humano, luego es hora de creer que podemos, que somos viables y que no basta entregar toneladas de oro a cambio de espaldarazos hipócritas y cáncer en la población, lo realmente viable es explotar lo que nos pertenece y hacer de nuestros recursos el verdadero banco del desarrollo para entrar por autopistas de inclusión y haciendo de lado todo lo que raye en abuso y explotación.

Cualquier norteamericano defiende esta tesis, cualquier país rico quiere ser más rico, pero eso sí no permitiendo que los de al lado se les entren al rancho, eso ni por equivocación porque las potencias son potencias por tener apego a la propiedad y por ese sentido admirable de pertenencia. Todo esto nos dice que podemos tener un mejor país y proyectar un mejor futuro, pero acogiendo las mesas de trabajo, de concertación, de análisis y de negociación al amparo de la inmarchitable institucionalidad, claro que sí.

A los señores de la OCDE y del FMI se les cursa una respetuosa, pero urgente invitación. Vengan a vivir seis meses en los cinturones de miseria de Bogotá o de otra ciudad colombiana, que puede ser cualquier barrio, tomen luego un descanso en el campo, eso sí, perdonaran la ruina por las enormes importaciones, y luego de eso, hagan conjeturas, antes no. Con todo respeto, ustedes saben de todo, menos de economía pues el éxito de la inversión no puede hacerse con cargo al caos humano. Es más la única manera correcta de disparar el crecimiento es fomentando el consumo de bienes y servicios lo cual es posible con un buen ingreso, allí si hay circulación de liquidez y todo el futuro.

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