Domingo, 05 Enero 2020 00:03

El 2020 arrancó con sombras en el horizonte: Aurelio Suárez

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El experto asegura que lo hecho en 2019 en materia tributaria y Ley del Plan ponen el país en una palestra internacional incomoda puesto que hay reservas inclusive en las calificadoras de riesgo. Como de costumbre, más de lo mismo.

Con la llegada del nuevo año son más que anhelos, los mejores deseos por una Colombia feliz, justa, incluida, sana, prospectiva y llena de opciones. Eso lo exhortamos desde aquí, pues queremos ver inversión extranjera, pero no saqueo, queremos alta productividad, pero salarios justos, queremos una reactivación agrícola, pero con vocación exportadora e incentivada, no saturada de impuestos en donde el pobre productor paga por alimentar a la población y queremos ver industrias a todo vapor, con su capacidad instalada al límite y desde luego corriendo a los puertos a mostrar de lo que es capaz Colombia.

Todo eso se queda ahí, en el en anhelo y la esperanza porque tal y como están dadas las condiciones, la sonrisa seguirá opaca, las opciones seguirán estrechándose y las bienaventuranza en todas sus expresiones seguirá siendo una bella palabra en la atávica y extinta tarjeta navideña, pero nada que aplique en los campesinos, trabajadores, empresarios y gente de las clases medias o bajas. El tema es muy difícil porque cada vez está costando más sostenerse en las clase media e inclusive algunos ricos la están viendo complicada para mantener su estatus.

La respuesta es fácil, tenemos un estado facilista que apaga los incendios fiscales con recursos ajenos, a tal punto que está descapitalizando una sociedad que al paso en que va, no tendrá margen de demanda y así quienes ofrecen bienes y servicios tendrán que cerrar o buscar otras opciones en países más consecuentes porque en Colombia las posibilidades de gasto son menores pues pasamos del bluejean Lec Lee, Pepe, Levis, Seven Seven, Touché, Studio F y otras marcas al pantalón, la blusa y los zapatos chinos de menor costo, esa es una lamentable realidad.

Vuelve el dicho aquel a manera de mofa, pero muy certero a la hora de hablar del país económico, Colombia estaba mal y se dañó. Triste coincidencia, pero a la vez un momento justo para reflexionar y explorar modelos económicos hechos a la medida y quemar el Consenso de Washington como el año viejo que es porque se quedó en el tiempo de manera anacrónica, haciendo mucho daño.

En diálogo con Diariolaeconomia.com, el analista económico, Aurelio Suárez Montoya, aseguró que el crecimiento en la economía del 3,3 reportado en el tercer trimestre y uno consolidado, superior al tres por ciento es el resultado del crecimiento del sector financiero, del comercio, desde el punto de vista de la oferta, y del crecimiento de las importaciones desde la perspectiva de la demanda. Es decir que lo configurado en el contexto colombiano fue una expansión del consumo por la vía del crédito que absorbió bienes importados en mayores cantidades y a mayores precios de los reportados hace un año.

Indicó que no se puede dejar de agregar que hay un componente también de remesas de grandes grupos de migrantes colombianos en el exterior, que han completado el crecimiento de esa demanda y de ese consumo. La pregunta, dijo, es muy sencilla, ¿es eso sostenible para el 2020 y de allí en adelante?

Dijo que el gran interrogante es ese porque no hay quien diga cómo mantendrá el país un crecimiento sostenido en las actuales circunstancias porque al descomponer ese crecimiento económico, en la sumatoria entre la tasa demográfica, que puede estar en el 0,9 por ciento, y el ingreso por habitante, este se estaría ubicando en el 2,1 por ciento y si ese ingreso por habitante es llevado a dólar, con la tasa de cambio promedio, Colombia completará tres o cuatro años seguidos de reducción de ingreso por habitante, asunto muy difícil para sostener una economía dinámica.

Al hacer la verdadera comparación, anotó Suárez, no se trata de hacer parangones con otros países sino observar el crecimiento del ingreso por habitante que sigue muy endeble porque frente a otras latitudes en donde el poder adquisitivo y en dólar deja a Colombia por fuera del protagonismo porque allí el país no sobresale tanto como lo quieren hacer aparecer las autoridades económicas.

 

“Los encargados de manejar la economía colombiana fracasaron en su pronóstico porque muchos analistas ubicaron el crecimiento alrededor del tres o el 3,1 por ciento, pero el gobierno nacional habló del 3,5, razón por la cual el Banco de la República le pidió corregir a la baja. Hoy el gran derrotado es el pronóstico oficial, el pronóstico de Carrasquilla en el ministerio de Hacienda”, declaró el analista económico Aurelio Suárez.

 

En opinión del experto en este 2020 empezarán a verse los efectos de la inicua reforma tributaria que les concedió enormes beneficios a los grandes contribuyentes del sector empresarial como del sector financiero, los grandes conglomerados y las más relevantes multinacionales, factor que tendrá una preponderante repercusión en la economía. Según el experto, el gobierno tendrá un gran reto y será poder mostrarle al país que al final del 2020, los efectos de esa reforma tributaria no se van a sentir, entre otras cosas porque de no llegar a concretar los pronósticos de crecimiento del producto interno bruto, PIB, con los que supuestamente se van a financiar esos beneficios, el país se verá abocado a grandes problemas como el perder su grado de inversión con las calificadoras de riesgo.

A lo anterior se suma una eventual demora en las diligencias de la Dirección Nacional de Impuestos y Aduanas Nacionales, DIAN, de traer equipos, tecnología y automatización para el control de evasión y de elusión, habrá una Colombia seriamente metida en calzas prietas.

 

“Lo dijo el exministro de Hacienda Mauricio Cárdenas y como igual lo advirtieron otras personas allegadas a instituciones internacionales, Colombia podría bajar o perder su grado inversión con las calificadoras de riesgo. El gobierno no debió recibir el 2020 con el debido sosiego sino con muchísima preocupación porque el reto que tiene es enorme”, dijo el experto.

 

Con la tributaria, explicó, por ningún lado cuadran las cuentas, porque cuando se toman todos los costos sociales, agregándole la colombina o el caramelo social representado en los tres días de IVA y la supuesta devolución del gravamen todavía sin precisar a cuantos millones de hogares, o al llamado lema de compensación a los más pobres entre los pobres, la reducción en los aportes a la salud de algunos pensionados, el asunto es muy difícil y abrumador. Además a eso, apuntó, hay que agregarle los beneficios tributarios para el primer año para las empresas que tendrá un impacto entre nueve y diez billones de pesos, asunto que genera una duda porque no está claro cómo se va a financiar ese propósito porque aún no hay nada despejado con el crecimiento del PIB, con la factura electrónica y los oficios de la DIAN y la eliminación de la evasión, todo eso sigue muy turbio y lleno de expectativa así como de incertidumbre.

Agregó por supuesto las calificadoras de riesgo al hacer su respectivo balance entre lo que evidentemente va a tener un costo fiscal y lo que podría conjurar ese elevado costo, no ven nada claro y por supuesto van a estar extremadamente vigilantes, entre otras cosas porque lo hecho en Colombia hace parte de una concepción de la economía y que consiste en que entre más beneficios se le otorguen a la cúpula y a la elite empresarial de un país, esa torre empresarial recoge los beneficios y los irriga en el resto de la estructura económica.

Indicó que no ha habido un solo país que pueda demostrar esta hipótesis y añadió que algunos economistas norteamericanos y algunos centros de análisis de ese país ya están mostrando que la supuesta recuperación económica de Estados Unidos no es fruto del recorte de la tasa impositiva a las corporaciones de ese país sino que el tema llegó acompañado de dos cosas muy claves, uno, el relajamiento nuevamente de la tasa de interés de la Reserva Federal, FED, y de un gasto fiscal adicional que el gobierno del Presidente Donald Trump, le ha ido introduciendo a la economía norteamericana, no solo a nivel federal sino a todos los niveles estatales, es decir jugando con un gasto público propositivo y proactivo para dinamizar la economía.

 

“Lo de Estados Unidos no es fruto de una aplomada estrategia y tiene apenas en sectores muy marginales lo que ha sucedido con la tasa de tributación corporativa. A criterio de Suárez, imitar el ejemplo norteamericano bajo una especie de ley, con poca mecánica, de lo que supuestamente pasó allí, puede poner en riesgo grave la economía colombiana”, señaló el señor Suárez Montoya.

 

Para el analista el flaco incremento en el salario mínimo es una muestra adicional que Colombia sigue haciendo con mucho juicio la tarea para tirarse la economía en vista que las condiciones están dadas para una aguda contracción de la demanda interna conllevando a raquíticos indicadores que amen de los desatinos hacen parte de una fiesta que no tiene razón de ser.

Sin tapujos el analista manifestó que el ajuste en el salario mínimo sigue siendo tacaño y esquivo a la hora de pensar en reactivación de la demanda. Expuso que al analizar el diferencial entre el alza del seis por ciento y la inflación que puede estar en el cuatro por ciento, es visible que la diferencia marca un dos por ciento en favor de los trabajadores a quienes se les reconoce algo de productividad y aún sobre la productividad acumulada laboral, dejando entrever que dicho ajuste se está quedando bastante corto.

Indicó que en el año 2002 por cada cien pesos que había de ingreso en Colombia, 47 pesos iban a los salarios mientras que hoy de cada cien pesos que hay en Colombia, apenas 37 van a los salarios es decir que habido una evidente contracción en el ingreso de la base social colombiana, dejando ver que buena parte de lo que se ha pedido lo han captado las empresas financieras, algo las empresas no financieras y el gobierno nacional a través de impuestos indirectos porque los diez pesos que pierde la base social no hacen tránsito sino que van directamente a las cuentas de los otros agentes que participan en el ingreso nacional bruto como es el caso de las empresas no financieras, las empresas financieras y el gobierno a través de los gravámenes indirectos.

Sobre el panorama tributario de Colombia, Aurelio Suárez, indicó que este se torna incierto porque el país ha hecho muchas reformas tributarias sin que haya acertado en una pues cada vez son mayores las deudas las obligaciones y los faltantes de liquidez para cumplir con el andamiaje del país. Lamentablemente, expresó, entre más le quitan a la gente más grandes son los problemas porque la plata nunca es suficiente y en ese error se ha incurrido por décadas.

Afirmó que tal y como están las cosas el país no puede seguir pensando o escuchando malos consejos en ese sentido de bajar salarios o aumentar aún más el IVA porque ello sería como apagar un incendio con gasolina. Hoy no se tiene certeza que eso vaya a pasar, pero si las cuentas no dan y la fórmula llegase a ser esa habría una explosión social porque resultaría toda una provocación y un desconocimiento a lo que el país viene expresando.

Adujo que Colombia está viendo cada día más una economía política, claramente plutocrática, y dijo que hoy están manejando al país alrededor de quienes tienen la mayor riqueza y quienes sostienen contra evidencia que el problema del país son los altos salarios cuando lo que se ve en todos los demás países es una recuperación por la demanda interna, por los mercados internos, por los sectores de mayor enganche y que más jalonan la economía como sucede con la agricultura y la industria, empero en Colombia se sigue pensando en sentido contrario.

Reconoció el experto que dentro del crecimiento económico del país no pueden obviarse factores importantes como los giros que hacen los nacionales venezolanos a Colombia que empujan de manera considerable la demanda de bienes y servicios, pero igual hay que tener en cuenta factores como el narcotráfico que pone en el mercado unos flujos de capital ilegales o encubiertos. De todas maneras el analista comentó que al margen de las vicisitudes y de unas situaciones complejas, el verdadero problema de la economía colombiana radica en la política económica que decidió dejar de lado la coyuntura fiscal por la vía de favorecer los intereses y las peticiones, cada vez más ambiciosas, de la cúpula empresarial del país.

Indicó que paralelo a todo hay una política cambiaria que tiene al país al vaivén de la entrada y salida del mercado de divisas y una política monetaria que en ningún momento está tratando de ser proactiva a favor del empleo y la producción sino simplemente dedicada al mero ejercicio de la matemática monetaria y ese factor sin duda, analizó, favorece a unos y perjudica a otros, en el caso específico de Colombia es apenas visible el amparo o ayuda a los principales sectores económicos y de los grupos empresariales y en detrimento de las mayorías porque vale la pena mencionar, como se dice en la primera clase de economía, “no hay almuerzo gratis” pues lo que se le da a unos se les quita a otros, así de sencillo.

 

“Indiscutiblemente sigue teniendo vigencia la famosa frase de Voltaire que dice que la política tributaria consiste en cómo quitarles a unos para entregarles a otros”, dijo.

 

Para el experto en economía, el 2020 no solo arrancó con pie izquierdo sino con muchas sombras en el horizonte y con muchas dificultades por confrontar y enfrentar axiomas lo más pronto posible, con un gobierno que a juicio de Suárez, pareciera no estar escuchando ni auscultando con seriedad lo que está pasando con la serenidad que se requiere sino que además hay de por medio un problema creciente y lamentable como lo es el aumento del desempleo. En opinión del interlocutor es desconcertante para la sociedad colombiana escuchar al ministro de Hacienda cuando dice que él no sabe que es lo que está pasando con el desempleo y peor que no sabe cómo resolverlo.

Dijo que viene un gran reto para los alcaldes y gobernadores que hoy estrenan cargos a nivel nacional porque si no hay una respuesta de los recién posicionados funcionarios al tema del desempleo, el país va a tener gravísimas secuelas por la falta de acción del gobierno en ese campo.

 

Estados Unidos seguirá dando lora

 

Sobre el entorno geopolítico que enturbia la economía mundial, básicamente el diferendo comercial Estados Unidos y China, Suárez sostuvo que la humanidad no puede olvidar que la división del gobierno norteamericano es una decisión bipartidaria que busca limitar de cualquier manera el ascenso de China a través de distintos mecanismos, léanse comerciales, monetarios, políticos y otros.

 

“Yo creo que el Presidente Trump va a seguir en esa senda, en algún momento lo hará de una manera y en distintos momentos lo hará de otra manera, pero la política de agresiva contra la economía China, pero también contra otras economías, no va a cesar, entre otras cosas porque buena parte de esa iniciativa que tiende a tratar de solventar de alguna manera los problemas de la economía norteamericana, en buena parte esa iniciativa está enfocada su reelección presidencial”, aseveró el versado en economía.

 

Agregó que las cosas no serán fáciles porque se viene de igual manera un Brexit que trastoca a la Unión Europea, haciendo que los pronósticos económicos sumen más inquietudes e incertidumbre que optimismo y positivismo. No hay duda, recalcó el analista, la parte política pesará muchísimo en economía porque el mundo queda a la expectativa de cuáles serán las cartas que jugarán Trump y otras potencias para conquistar los votos y el terreno que demandan al interior de sus respecticos países o regiones, todo por la postura de superpotencia global.

 

El café es un tema que genera dudas

 

Al abordar el tema del devenir cafetero, Aurelio Suárez Montoya, persona muy conocedora del tema precisó que la caficultura es un tema muy incierto porque hay noticias sobre la disminución en la cosecha brasilera, pero ello no puede hacer perder de perspectiva que los agentes bursátiles de compra están apostándole a un nuevo juego, no del mercado futuro sino del mercado de corto plazo que de alguna manera apuesta contra el precio, dejando ver hasta dónde las tendencias del mercado se van a imponer con los nuevos mecanismos de los jugadores o compradores a través del manejo financiero o el manejo en las bolsas, de los fondos financieros y otros agentes del mercado.

Consideró que la manera de sobrellevar el mercado cafetero es una pregunta difícil de resolver porque habrá que esperar cómo se desarrolla la planteada contradicción entre los pronósticos de cosecha y quienes van a apostar por sistemas de especulación y de adelantamientos bursátiles. El asunto, apuntó, pasa por el pulso contra las circunstancias iniciales que el mercado pueda marcar.

Dijo que la oferta cafetera de Brasil y Vietnam que pasará de noventa millones de sacos de café es una situación que va a pesar en el mercado cafetero más teniendo en cuenta que en materia de robustas, Vietnam arranca el 2020 con su cosecha en los primeros meses del año nuevo con lo cual pondrá una pauta y Brasil, dijo, pondrá una buena contribución en materia de cafés robustas, pero al final de cuentas, indicó, los precios se definen en bolsa y el tema es cómo se va a dar el pulso entre producción y especulación.

 

“En materia cafetera y el manejo de las multinacionales hay un mercado inequitativo ya que deja muy poco al sector primario y en eso hay un poder dominante cada vez más errado de las firmas que están involucradas en las compras y en las transacciones bursátiles del café. La especulación es cada vez menor porque para todos es sabido que por ejemplo, las tres o cuatro principales compañías de los Estados Unidos y de Alemania pueden controlar hasta el 80 por ciento del mercado cafetero, luego no solamente estamos en una situación de ese pulso que se dará entre producción y especulación sino que además el carácter oligopólico del mercado cafetero, del pequeño grupo de grandes compradores, cada vez aprieta y dificulta el complejo mercado del café”, puntualizó Aurelio Suárez Montoya.

 

Sobre tasa de cambio, afirmó, hay un punto de encuentro con el exministro de Hacienda y Crédito Público, Juan Carlos Echeverry, con quien hay diferencias importantes en el pensamiento económico, dice algo que a criterio del analista es muy cierto: En el mundo hay dos tipos de bobos, los que apuestan por los precios del dólar y del petróleo, y otros los que les creen. “Dejemos eso hoy en las palabras de Echeverry”.

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