Sábado, 25 Abril 2020 00:14

… ¡Y volvieron a volar los impredecibles cisnes negros!

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… ¡Y volvieron a volar los impredecibles cisnes negros! Imagen tomada de El Barrete Blanco

 

El mundo se cierne hoy entre la incertidumbre y la expectativa pues lo improbable se hizo plausible y entre nubes oscuras siguen su volitar los cisnes negros que pronosticaron tragedias.

La situación día a día en medio de esta pandemia sigue generando vacilación y unas propuestas matizadas por el titubeo ya que no hay respuesta para una realidad pandémica que sigue matando por docenas y una economía que aún no encuentra la llave del ático en donde está encerrada pues no tiene la certeza de cómo salir y que puede estar esperándola afuera. Un contexto muy especial para el enorme Alfred Hitchcock y por qué no para la misma diva de la literatura Agatha Christie.

En la plática de hoy llegó como paradigma el ensayista libanés nacionalizado estadounidense, Nassim Nicholas Taleb, el mismo autor de “El Cisne Negro”, publicación de rotundo éxito puesta en el mercado en 2007 vendiendo tres millones de copias y siendo, según los expertos, la predicción de la crisis bancaria y económica de 2008. En ese best-sellers del New York Times quedó plasmada la tragedia financiera con epicentro en Estados Unidos dejando ver cómo lo diría después el analista y economista Xavier Sala i-Martin, afortunado invitado de esta casa, que lo impredecible siempre será posible y sobre todo en economía en donde han pasado por los cielos impredecibles muchos cisnes negros como por ejemplo la caída del muro de Berlín, la crisis europea y otros contextos en donde la probabilidad fue la cuota inicial de la tragedia y que sirvió para que muchos adoptaran políticas equivocadas.

Para Sala, indiscutiblemente es tenebroso cuando se descarta que en asuntos económicos o geopolíticos algo pueda ocurrir pues el mundo nos mostró, y no pocas veces, que las coyunturas arrancan súbitamente, pero igual muchas estaban dentro del listado de lo improbable.

Todo este entorno de citas y nombres memorables nos sirve de entrada para presentar a un invitado muy allegado y como los citados de amplio reconocimiento por sus libros, sus análisis y sus teorías. El autor que nos acompaña es reconocido en el ámbito asiático en donde leyó con precisión la situación económica, social y cultural, dándole herramientas para hablar con exactitud sobre el apasionante mundo oriental, sus fortalezas, sus logros y todo ese compendio de éxito. En esta ocasión y con ese conocimiento, el autor habla de la actual crisis y las posibles salidas.

Juan Alfredo Pinto Saavedra

En esta situación onírica y socioeconómicamente febril Diariolaeconomia.com, habló con el siempre ameno y buen amigo Juan Alfredo Pinto Saavedra, un ganador de la tribuna gremial pues dejó huella en la Asociación de Pequeños y Medios Industriales, ACOPI, pero igual exitoso en su gestión diplomática en donde aún es visible la estela de su encargo, dinámico y acertado pues dejó en alto el nombre de Colombia en Asia muy a pesar de los acontecimientos que fueron pretendieron soslayar la imagen superlativa de una respetable nación, defendida y definida por quien fuera embajador en su máximo contexto. En estos momentos el analista y consultor asegura que amén de la coyuntura hay espacio de maniobra y una salida para evitar que los saldos económicos en el territorio sean extremadamente devastadores, advirtiendo que los grandes males se veían venir.

Para Pinto, quedó ratificado el colapso de un modelo económico que pese a todo le da la oportunidad al país, a la región y al mundo de repensarse. Consideró que la vulnerabilidad económica sigue siendo muy alta en una sociedad como la colombiana, reconociendo el trabajo rubricado por el teórico del desarrollo organizacional y económico, Nassim Taleb, quien predijo la crisis financiera en su teoría del Cisne Negro, es decir la aparición inesperada de un fenómeno que altera el escenario económico brutalmente.

 

“Aquí lo que pasa es que el gran cisne negro, así algunos lo descarten, fue el coronavirus y lo que complica más las cosas, para el caso de Colombia, fue que se presentó una conjunción de fenómenos adversos. La caída de los precios del petróleo tras haber convertido al país en dependiente de los hidrocarburos y gravemente como se dijo anteriormente había unos efectos por la combinación entre apertura y revaluación así como la enfermedad holandesa que nos ocasionó el petróleo, situación que con el desplome abrupto arrasa con las finanzas públicas y con el desempeño de Ecopetrol, como primera compañía del país, golpeando preocupantemente la demanda”, exteriorizó Pinto Saavedra.

 

Además del tema petrolero, de una devaluación sin precedentes y de una contracción de la demanda interna como también del derrumbe de las exportaciones, llegó el Coronavirus y un lío probablemente más apremiante, y es que Colombia no ha podido salir del valle de bajo crecimiento en el que incursionó hace ya casi una década y el proceso de las demandas sociales que llegó a un punto máximo dejando ver lo que dicen los sociólogos, un hartazgo frente a la política y a lo público.

Foto Pixabay

Agregó que todo este tipo de temas congestionan la agenda y comentó que obviamente la economía colombiana pasa por un momento de dificultad porque entre otras cosas cambió el libreto súbitamente, obligando a repensar y actuar, reconociendo que el gobierno hace su mejor esfuerzo, igual algunos mandatarios locales como es el caso de Bogotá, pero la situación es muy difícil porque el país apenas está descubriendo muchos de los dirigentes y sus miradas económicas y sociales.

A criterio de Juan Alfredo Pinto, la informalidad no es una cifra estadística ni tampoco un enemigo porque contrario a lo que se decía en los foros gremiales que acusaban la urgencia de acabar con la informalidad, no observaron que el asunto no era atomizar sino la formalización de unos agentes que muy a pesar de estar al otro lado de la acera, igual hacen parte de un mercado y de una dinámica económica y social.

 

“Hablar de formalización implica abrir el espectro de las oportunidades que en este momento está muy cerrado para las empresas y para los actores del sector informal. Hay que imaginarse la suerte hoy de las personas que trabajan en salas de belleza y peluquerías, de quienes venden frutos en las esquinas o jugos frescos, hay que ponerse en el lugar del vendedor ambulante y de quienes tienen como actividad económica las apuestas permanentes, de quienes distribuyen comestibles, de quienes venden o surten en oficinas, de los proveedores de suministros, de quienes prestan servicios estéticos, de quienes viven del domicilio, de los sobanderos, que aún existen, de quienes hacen trámites y gestiones y una buena cantidad de formas de vida que fueron creando marginalidad”, afirmó el analista.

 

Explicó que la descomposición del campo, gran responsable de la Colombia amarga, usando un título de Germán Castro Caycedo, no obedeció al resultado del desarrollo económico y sino que fue el resultado del conflicto armado, del despojo y de la expulsión de los labriegos que fueron llegando a las ciudades sin tener claridad de su futuro generando traumatismo social porque el sector formal no tenía capacidad de absorción.

Esa gente, expuso Pinto Saavedra, es la que vive de comprar en Corabastos para revender o preparar jugos, partir trozos de fruta o empacar ensaladas. Está la población proscrita que acude al sector de San Victorino en Bogotá y a otros mercados de objetos elementales, fabricados en Oriente, de muy poca vida útil, para luego poner el trapo y vivir del agáchese y recoja pues si no hacen eso, no tienen forma de llevar comida a sus casas o inquilinatos, y esa es la informalidad que actualmente golpea al ser humano porque no se justifica que esté en una situación como esa.

 

La pyme como parte del engranaje económico amerita una mirada juiciosa

 

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El expresidente de Acopi, agregó que entrando en el plano de lo formal, las pequeñas empresas que son las generadoras por excelencia del empleo colombiano, haciendo una gran contribución, hoy ven como se le fueron cerrando puertas y ventanas, experimentando un encarcelamiento voluntario para salvarse de la pandemia, pero condenándose económicamente.

 

“Tenemos que tratar de resolver ese dilema entre seguir viviendo y cómo reiniciar de manera decente”, apuntó.

 

Algunos dicen que Colombia no ha gastado más de dos puntos del PIB en la atención que demanda el Covid-19 y cuestionan los manejos de las ayudas o auxilios que empezaron con pie izquierdo en vista que terminaron salpicados de corrupción y en una desviación de recursos para el reproche, ejemplo claro, personas muertas cobrando dinero para el socorro anunciado, una versión muy torcida y vulgar de los muertos vivientes.

Hoy los analistas ven que la salida de la nube negra será muy complicada y compleja de manejar porque se vislumbran quiebras, empresas cerradas, actividades clausuradas y desempleo en cantidades abrumadoras. Las pyme sin duda alguna hacen parte de ese engranaje llamado economía, quizás es el piñón más determinante y no resta más que pensar que si esa pieza no opera el resto como es consecuente, no funciona, alertando por mayores problemas.

Bajo esta premisa, el experto en temas económicos y sociales manifestó que el argumento es supremamente serio y tiene como particularidad que obedece a la realidad. Hoy las familias, expuso, hacen conjeturas y filosofía familiar preguntándose ¿cómo es posible que una cosa microbiana como el virus pusiera a la humanidad entera en una dimensión tan absolutamente terrenal y dramática pues se trata de un mal que no respeta opulencia, belleza, abolengos ni otras condiciones. ¿Cómo algo tan diminuto nos llevó a este nivel de dificultad?

En su disertación, Pinto aseveró que el papel de ese microbio que hoy tiene postrado y perturbado al mundo, es también el rol de la mipyme respecto del conjunto de la economía pues si la mipyme que no es anti-cíclica sino pro-cíclica, ayuda, pues la economía suele ir bien, y de otra forma, si macroeconómicamente el país va bien también caminarán tranquilas las pequeñas y medianas empresas. Empero cuando esa estructura que es el 97 por ciento del tejido empresarial colombiano y más del 50 por ciento del empleo que con la informalidad puede superar el 70 por ciento, si esa es la realidad, no se habla de un simple piñón sino del engranaje mayor que es la sumatoria de miles de pequeños engranajes que le dan dinámica al aparato económico.

 

“Lo que se está diciendo es de una gravedad infinita y preocupantemente es lo que puede pasar pues nadie dice que cuando vayamos a reactivar, las puertas se queden cerradas o que en el intento por retomar las actividades, los trabajadores ya no estén disponibles por el desvío al que los llevó otra forma de rebusque, distinta del empleo formal. Otra posibilidad es querer reanimar formas recreativas o turismo y encontrar que la gente ya no tiene dinero ni interés y que además están saturados de enormes prevenciones. Frente a eso la respuesta tiene que ser mucho más fuerte”, puntualizó el señor Pinto Saavedra.

 

Subrayó que el gobierno hace un gran esfuerzo y aclaró que fiscalmente no hay mucho margen, sin embargo especificó que después de leer a grandes analistas y autorizados como Carlos Caballero, Juan Camilo Restrepo y Amylkar Acosta, que advierten sobre la posibilidad de utilizar recursos del Banco Central, el tema da para pensar.

Dijo que dentro del relicario de observaciones y recomendaciones, están los que dice que en lugar de generar el encaje y pedirles inversiones forzosas a los bancos para que el ejecutivo reciba ese dinero, lo mejor para algunos es que el dinero canalice directamente esos recursos sin darle utilidad por intermediación a la banca y entonces surge la pregunta de cuál sería la mejor forma de sortear estos momentos.

 

“A un pequeño empresario que le digan confinemos una porción de aplicación de gasto público en cubrir parte de la parafiscalidad de las nóminas, que le indiquen que ponga el resto de circulante para cubrir proveedores e impuestos y que la banca cobre intereses nunca superiores a los de la inflación para hacer las novaciones o sustituciones de una obligación por otra y acceder a nuevos créditos. Solo así podría darse un trípode reanimador que los trabajadores además recibirían bien si a la vez les abrimos crédito por libranza una vez que reenganchen. Igual habría que superar otros aspectos con tarjeta de crédito y aquí mi propuesta es pagar los gastos a una sola cuota, pero no a 30 días sino a 60 días y sin intereses, eso sí con un control de gasto para evitar que la gente se desborde en el consumo, pero lo cierto es que hay que avivar la demanda agregada para salir de esta coyuntura”, declaró el versado en temas económicos.

 

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De todas formas Pinto expresó preocupación al imaginar que en el momento de abrir algunas líneas de trabajo, la gente observe que hay puertas que continúan cerradas, o que simplemente los contratistas noten que los trabajadores o una porción de estos no llegaron o que el empresario esté revisando su inventario para salir de él evitando las operaciones abiertas, sería en conjunto, expuso, muy doloroso y demasiado triste.

En las discusiones sobre formalidad e informalidad, explicó Juan Alfredo Pinto, suele decirse que hay dos tipos de microempresa, la de acumulación que es aquella cuando la persona logra comprar o fabricar algunas cosas que tienen unos costos, es decir con un dinero elaboran una mercancía y obtienen un dinero-prima o más que el original con lo cual va acumulando y hay otro, dijo, que es el modelo de producción simple y sin acumulación que es tomar una plata, comprar un artículo y venderlo, es decir una economía muy simple como la compra de alimentos en abastos, del Madrugón en San Victorino y otros puntos en donde se adquieren bienes y en otros sitios de la misma ciudad se comercializan y en ese ejercicio a los comerciantes les queda lo que necesitan, es decir alimentación y otras necesidades muy básicas para subsanarlas y al siguiente día repetir la operación.

En su mirada sobre el devenir, el experto dijo que es muy preocupante mover el engranaje económico cuando no hay ni siquiera un ingreso elemental que invite a retomar la dinámica empresarial y comercial, pero de manera paralela retomar factores como oferta y demanda.

Ante la situación difícil y con el raquítico estado de la economía primaria y de la industria, el analista dijo que le correspondió al Presidente de la República Iván Duque, pasar a la historia por dejar unas políticas de estado para la agricultura y la industria porque solo así con estímulos, apoyos y acompañamiento, pero adicionalmente con reglas de juego claras y estables será posible quitarles el candado a muchas empresas, hacer que muchos consideren volver al campo y vigorizar la economía. Lo anterior dejó claro, sin muchas de las viejas prácticas como los créditos de redescuento, la intermediación financiera, el encarecimiento del dinero y las vetustas políticas de crear medidas transversales, eso con una mirada internacional, aseveró, no será suficiente.

 

“Colombia necesita una política industrial activa con dinamismo y progreso en la pequeña y mediana empresa. Necesitamos el desate de la reanimación de todas las mini-cadenas en las regiones y en lo local, incluso una propuesta a considerar sería que en los 850 municipios en donde no hay Coronavirus, pudiesen abrirse las puertas en esos sitios dándole opción al pequeño comercio como panaderías misceláneas, talleres de costura y otros sectores que bajo estrictos protocolos podrían abrir una operación envolvente de trabajadores y dinámica, pero evitando el tránsito de personas entre este tipo de municipalidades”, propuso.

 

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Otro tema a mirar es el de las mini-cadenas pues en cada municipio de Colombia hay una vocación productiva que caracterizó a las comarcas y en Acopi fue visible hace unos años cuando fueron impulsadas 50 mini-cadenas. Allí estaban las hamacas de Morroa en Sucre, el pan de arroz del pie de monte llanero, los calentanos y los bizcochos de achira del Huila y del oriente de Cundinamarca en donde se produce el sagú, las runas de Boyacá, los tejidos y los muebles de Puntalarga, las hamacas y mochilas de San Jacinto, Bolívar, los comestibles santandereanos, el mecato del Valle del Cauca y muchos otros productos que hacen parte de la vocación productiva y que hoy pueden reanimar el aparato productivo, advirtiendo que muchos requieren innovación y desempeño tecnológico.

Pinto afirmó que se hace necesario utilizar los parques o crear algunos que cumplan la función de paradores artesanales y de producción local para mejorar las tasas de empleo así como los indicadores de renta o acumulación. Igual y buscando el encadenamiento de proveedores, consideró, que hay que articular a la micro y pymes con las grandes empresas haciendo uso de la figura de políticas industriales activas que incluye compras estatales en favor de las pequeñas empresas.

Otra labor por hacer, manifestó es el trabajo en agricultura digital o de precisión, la creación de precios en guía a través del teléfono celular para que el campesino sepa cómo están sus bienes y apostarle a la dotación porque el conflicto sin duda se robó las rentas públicas con las cuales se hubiesen hecho las adecuaciones necesarias para mejorar la oferta agrícola.

 

“Hay mucho trabajo por hacer porque una cosa es la emergencia y en emergencia es necesario dar liquidez, ser compasivo y bajo esa coyuntura deben tomarse riesgos y el estado tiene que profundizar, con responsabilidad, el ataque frontal contra la corrupción, igual hay que ahondar en déficit e invertir más. Lo que sigue es repensar la economía productiva y el empleo para que la economía pueda funcionar. Me ha llamado mucho la atención el planteamiento del engranaje porque si las bielas se quedan quietas y los que le dan pedal a ese elemento mecánico que son los pequeños y medianos empresarios, por Dios tenemos que llamarlos a que hagan su trabajo y facilitarles las condiciones porque de resto las grandes ruedas no se van a poder desplazar sencillamente porque la cadena de transmisión no va a poder operar y porque así haya muy buenos conductores, si no hay pedales o piñones engranando, será muy difícil retomar la productividad”, sostuvo Pinto Saavedra.

 

El tema es difícil, porque hay una economía frenada y un narcotráfico muy activo lo cual se puede ver en las fronteras en donde siguen reinando los colectivos del crimen que no es más que la más vulgar expresión de paramilitarismo que se financia con narcotráfico.

Hoy hay problemas en zonas de producción cocalera y como muchos dicen el país entró en una fase de “traquetización” de la cultura que no es otra cosa que perseguir el ventajismo casi que de manera enfermiza y buscando relaciones económicas con el estado con maniobras non sanctas y repletas corruptelas que invitan a la restauración de la ética social apalancada en el resurgimiento de la base productiva real y productiva que coloque a buen recaudo las otras cosas.

Un correctivo es sacar a la gente de las prácticas ilegales y de evadir responsabilidades porque algunos dicen que por vertical que sea su operación, la situación lo lleva a aprender las cosas refutables y eso en opinión de Pinto Saavedra es como el mal pecador quien no se intimida por su accionar pecaminoso sino porque lo identifiquen. Aparte de todo y de los líos del momento, el enderezar la economía debe ingresar a esa agenda porque la “traquetización” de la economía trae sus consecuencias.

Hubo un momento en el que Acopi llegó a tener 7.600 empresas afiliadas y con otras asociaciones y colectivos productivos quedaban otras 48.000, sumando cooperativas, pero ese tejido se redujo en términos de vinculación gremial formal a 1.500 o 2.000 empresas. El sector que en formalidad llegó a tener 180.000 empresas pequeñas, unas 10.000 o 15.000 medinas y cerca de 1.3 millones de microempresas por lo menos registradas mercantilmente. Hoy según Acopi están en juego entre 15 y 16 millones de empleos y si no hay blindaje será muy complicado mantener puestos de trabajo y la estabilidad económica nacional.

 

“Hoy enfrentamos dos virus porque por un lado está el Covid-19, y por el otro tenemos la virosis de la economía y con esa situación hay que, en primer lugar salvar vidas y luego empezar a animar el trabajo, pero si no se logra retomar el trabajo, habrá diferentes maneras de mortalidad porque como dijo el dramaturgo alemán Bertolt Brecht, hay muchas formas de matar un hombre y muy pocas figuran en el código penal”, concluyó Pinto Saavedra.

 

Cisnes Negros, Foto Pixabay

Cerramos retomando al Cisne Negro porque Nassim Taleb, el hombre de la bala en el pecho, fue claro al anotar que los mortales no aciertan en sus predicciones. Todo por no tener en cuenta lo más improbable, un hecho que no dejó prever el éxito de Google, el fatídico 11 de septiembre y la crisis financiera. El termino cisne negro es una expresión inglesa que hace alusión a que era imposible que algo pasara, algo tan improbable según los ingleses como la existencia de los cisnes negros, en ese entonces desconocidos.

En esta etapa del siglo XXI retornaron los gritos y las advertencias inimaginables, llegaron estridentes anuncios porque de nuevo en el cielo de lo imposible volvieron a volar masivamente los increíbles cisnes negros.

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