Domingo, 28 Febrero 2021 02:15

Modelo económico, tres décadas de fracaso y desconsuelo: Sarmiento

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Para el analista económico, en treinta años, los colombianos perdieron activos, vieron crecer el endeudamiento, además asistieron a las exequias del agro, el empleo y el ahorro.

Para nadie es un secreto que el manejo de la economía colombiana es, no solo precario, sino carente de inteligencia, audacia y estrategia. En treinta años, lamentablemente no hubo un ministro de hacienda que viera media, quizás por ese leonino matrimonio con los entes multilaterales, los mismos que sin saber de Ciudad Bolívar, el Distrito de Agua Blanca, las comunas de Medellín, el eje de miseria a orillas de La Cordialidad en Barranquilla, Villa Rosa o El Pozón en Cartagena, por citar algunas fábricas de miseria, se atreven a trazar e imponer políticas que en lugar de llevar soluciones y oportunidades, sencillamente hunden en el fango de la miseria a hombres, mujeres y niños sin la más mínima piedad.

El país cayó en la trampa de un neoliberalismo que no conoce coherencia, que lleva a las naciones en vía de desarrollo a feriar sus empresas, a hacer concesiones, muchas corruptas y, como si fuera poco, puso en la economía primaria unos intermediarios que acabaron con la rentabilidad y que respaldados por el Banco Central impulsaron las importaciones, arruinando labriegos, atomizando empleo, llevando mano de obra a las zonas cocaleras y matriculando gente buena en grupos armados ilegales.

Parece mentira, pero en Colombia el término agricultor fue cambiado por “raspachín” y los valores quedaron empeñados y sin recibo, en las manos de los más violentos. Un asunto que no puede omitirse es que tanto o más daño le hizo a Colombia el adoptar un modelo económico que significó ruina, quiebras, desempleo y descomposición social. En treinta años de apertura y globalización, quedó afianzada una factoría de reformas tributarias que no sirvieron absolutamente para nada, alejando la inversión, sacando o cerrando empresas y arrinconando a los más pobres con mayores tarifas de IVA. Eso sí, el país no avanza, sigue con vergonzantes atrasos en infraestructura, y viviendo al parecer, cómodamente en el feudalismo, avaro, indolente y corrupto.

Algunos dicen que el país está a tiempo de sacar los pies del barro, pero solamente con el obligado cambio de chip, abriendo puertas y oportunidades, dejando atrás el modelo económico que fracasó, llevándose en el tsunami de equivocaciones, puestos de trabajo, industrias, agricultores y dignidad. El famoso consenso de Washington pignoró las economías y vulneró la soberanía, dejando graves consecuencias en abastecimiento y seguridad alimentaria. De todas maneras llama poderosamente la atención que los países pobres siguen equivocándose, posiblemente porque, en medio de su ignorancia, los prestamistas con ganas de más intereses los hacen ver, entre sínicas sonrisas, muy ricos. Qué vaina.

Eduardo Sarmiento Palacio

En charla con Diariolaeconomia.com, el analista económico, Eduardo Sarmiento Palacio, afirmó que la inconsistencia en el modelo económico es tremenda habida cuenta que fracasó desde hace mucho tiempo, dejando heridas muy profundas agravadas con la pandemia, factores que han creado una situación irracional en el sistema económico, de tal manera que el país llegó a un escenario de tan malas condiciones que no puede compensarles las enormes pérdidas y deterioro a los sectores pobres, enorme daño en la redistribución del ingreso que no puede arreglarse porque sencillamente no hay plata.

De otro lado, indicó, Colombia tampoco tiene recursos en la economía para sostener inversión, producción y empleo, es decir que hay una economía que cabalga con la inequidad y con un precario desempeño en productividad y generación de mano de obra, una consecuencia del modelo económico, defecto enorme que muchos no han querido entender.

 

“Una de la características y fallas graves de la economía generada por el mal recordado Consenso de Washington, fue la caída del ahorro, un indicador demasiado importante en el peculio y en las cifras del país para indexar crecimiento porque la reserva de capital es lo que queda del ingreso ya que lo demás se va en obligaciones y pagos perentorios. Este capital es lo que hace que lo que se tiene hoy guardado, pueda reproducirse mañana, sin duda la variable más importante de la economía y que en este estilo de manejo de doctrina fiscal, no se quiere reconocer”, comentó el señor Sarmiento.

 

Agregó que lo cierto es que el modelo económico de libre mercado que viene de hace treinta años cuando impusieron la globalización, debilitó el poder de ahorro por el déficit en la balanza de pagos, por las políticas del Banco de la República, igual con cargo a las transferencias regionales que tan solo favorecen a los más ricos. Sarmiento insistió que ese modelo neoliberal que busca la liberación de los mercados y deprime el salario, condujo a una economía tremendamente desigual, pero con su manifestación más importante en la, tasa de ahorro.

La política neoliberal, recalcó el experto, languideció el ahorro, una situación que pasó desapercibida y luego llegó el Covid-19 que redujo drásticamente la capacidad de guardar reservas de dinero, haciendo que la economía quedara en una crítica situación y con unos recursos, o tesoro de los hogares, muy inferiores a las posibilidades de invertir, entonces el país primero debilitó la conservación de dinero en la economía y luego llegó el sometimiento de las cuarentenas que suprimió el consumo y la producción, atomizando el poco capital que el público tenía reservado.

 

“La economía quedó sin ahorro y una economía sin esta variable está muy expuesta porque no tiene como sostener la inversión y la producción. Ese fenómeno de postración del ahorro, acentuado con el Coronavirus le heredó a Colombia un estado enfermizo en el balance macroeconómico fundamental entre ahorro e inversión, factor indispensable que está llamado a funcionar en cualquier economía, capitalista o socialista. Una nación no puede tener una situación en donde el ahorro es menor que las necesidades de la inversión porque esa diferencia, como ocurrió aquí, provocó el desplome de la economía cuando se pensaba que eso no podía ocurrir en los siglos XX y XXI, que era un tema del siglo XIX, un problema que no volvería a tener el mundo, pero acontece que sí ocurre en el planeta con mayor grado en Colombia”, apuntó Sarmiento.

 

Si bien es fácil ver el inconveniente en varias partes del globo, en los países desarrollados no es grave porque ellos tienen exceso de ahorro ya que al ser ricos, tienen necesidades de consumo inferiores, de manera tal que cuentan con bastante capacidad de atesorar recursos una facultad que les permite manejar crisis como la actual con sobrantes de alcancía o reservas. Un ejemplo es Estados Unidos que ha gastado en ayudas a la gente algo así como la cuarta parte del producto nacional, una suma inimaginable.

Esa situación de atesoramiento, preciso Sarmiento Palacio, no es igual que en los países en desarrollo en donde hay una gran pobreza que hace que el ahorro en la economía sea bajo porque existe un grupo amplio de la población que por sus bajos ingresos no tiene como reservar recursos y caso opuesto gasta la totalidad de su salario para poder subsistir. En su análisis, el experto concluyó que en América Latina y básicamente en Colombia el acumular dinero a manera de prevención o proyección es insuficiente por los errores del modelo económico, ahora llevado casi a cero por la pandemia, factor determinante en que el país y la región mostraran una crisis económica mayor que en el resto del mundo.

Los números son lamentables, apuntó, la economía cayó siete por ciento en 2020, un hecho que no había ocurrido nunca en la historia del país, pues el desplome más grande se había dado en 1999 que fue una consecuencia retardada de la apertura económica. Ahora se ha disparado alarmantemente el desempleo, variable que no es mayor porque la gente ha dejado de buscar trabajo. Paralelo a eso hay un marchitamiento del ahorro que desequilibra la economía que conlleva a un derrumbe del PIB, contexto agudizado por la coyuntura sanitaria, pero que venía gestándose antes de la misma.

 

Economía en rojo una tendencia que podría ir hasta 2022

Para Sarmiento, la caída de la economía les hace más daño a los sectores extremadamente vulnerables de la población, pues con indicadores en el piso como crecimiento, empleo y un agudo deterioro en la distribución del ingreso hace que el problema sea mucho más visible en Colombia y en Latinoamérica que en Europa y Asia.

Aseguró que esa conjunción del modelo con la cuarentena fue una total catástrofe que derrumbó producción y empleo, una mixtura terrible que dañó la distribución del ingreso. El reconocido comentarista, dijo que de acuerdo a cifras de la Fundación para la Educación Superior y el Desarrollo, Fedesarrollo, la pobreza pasó de 36 a 50 por ciento, estadística que ratifica que Colombia tiene una de las peores situaciones de carencia y miseria, seguramente, de las más grandes del mundo, para completar, agregó, el Coeficiente de Gini, indicador de desigualdad, aumentó y por su parte cayeron los ingresos laborales.

En Colombia hay una tragedia económica y social por culpa del coronavirus, pero por encima de todo, por el pésimo desempeño y manejo de la economía, diseñada para el bienestar de una minoría y la precariedad de las clases medias y bajas, en donde el hambre y las necesidades campean sin que nadie haga algo. El asunto. Subrayó Sarmiento, es crítico porque la pérdida en el ahorro no permite compensar los daños en la equidad y en las personas menos favorecidas que tuvieron grandes deterioros en sus condiciones de trabajo y que no fueron subsanadas adecuadamente tras los quebrantos laborales. Adicionalmente, afirmó, no hay reserva en la economía para sostener la inversión y la producción, secuelas de un modelo económico que impide resolver la pobreza que generó la enfermedad, pero igual la falta de dineros impide sostener la dinámica económica y la mano de obra.

Actualmente Colombia importa muchísimo más de lo que exporta, agudizando un enorme lío con la balanza de pagos, todo por la política del Banco del República en el sentido de promover compras internacionales para bajar la inflación, destruyendo empleo y ahorro en la economía. También hay un dolor de cabeza con las transferencias porque el país montó un sistema de pensiones, de salud etcétera, que le transfiere los recursos del presupuesto nacional a los sectores de mayores ingresos.

Ese modelo, añadió Sarmiento Palacio, tiene su manifestación más grave en la caída del ahorro ya que lo hizo insostenible porque se trata de un patrón de manejo económico que agrava la distribución del ingreso, evitando producir y generar puestos de trabajo.

 

“Los resultados de hoy expresados en desigualdad y pobreza extrema con cargo al modelo económico están ahí, no se pueden negar. El intento de implantar una forma equivocada de conducir la economía que no corresponde a la realidad, dio lugar a un pésimo funcionamiento de la hacienda y el manejo fiscal, error que tiene su manifestación más dramática en la tasa de reserva, que en términos económicos es probablemente la variable bisagra, que une y relaciona todo el sistema económico, de manera que el error del modelo y los daños causados por la apertura, están claramente representados en la tasa de ahorro, que el año pasado cayó en 20 por ciento, desplome que sigue dándose en el arranque de 2021. La economía se desmoronó en 2020 y eso seguirá ocurriendo en 2021 y posiblemente en 2022, una destrucción total del aparato productivo y el empleo, fomentada por el equivocado manejo de las finanzas públicas y la repartición ecuánime de riqueza que aumentó la brecha de desigualdad y los índices de inopia”, dogmatizó el analista económico Eduardo Sarmiento Palacio.

 

Las propuestas laborales y tributarias son indecentes

Al hablar de las posibles soluciones para enderezar la economía, Sarmiento indicó que pretender bajar el tacaño salario mínimo en 20 por ciento es un total despropósito, aparte de una gran mentira porque como suele pasar en el país, las medidas transitorias suelen perpetuarse. Un aval en ese sentido, estimó, acabaría de hundir el consumo y terminaría siendo un espeto para la dinámica económica. La idea, declaró, aparte de indecente, carece de inteligencia y sentido común.

Aseveró que este tipo de planteamientos, ofensivos por demás, junto al total fracaso en el manejo económico, son la tesis de la incongruencia a la que llevó el modelo. Anotó que dentro de las soluciones que hoy tiene el Gobierno, está una reforma tributaria basada en el impuesto al valor agregado, IVA, que generalmente paga la clase media y que analizando a fondo el recaudo por esa vía, no resuelve el problema de la caída del ahorro.

Indicó que la otra salida consiste en vender ISA, operación que servirá para los gastos urgentes del gobierno, aclarando que no es nuevo ahorro porque lo entregado al ejecutivo implica una menor inversión que hará la Empresa Colombiana de Petróleos, Ecopetrol, y que tendrá que hacer el país por la venta de la estatal petrolera.

Sobre el particular, el analista dijo que los recursos de Ecopetrol, que deberían llegar al presupuesto nacional para distribuirlos adecuadamente, solo irán al Ministerio de Hacienda para pagar las ayudas que fueron totalmente insuficientes, como también para subsanar un déficit fiscal que ni paró la caída de la economía ni contribuyó a evitar los daños sobre la distribución del ingreso. Aquí tenemos un gran fracaso de modelo económico que en este momento no garantiza crecimiento económico, no ofrece empleo y que deteriora la entrega del dividendo que debe llegar a toda la gente por las riquezas que el país tiene y comercializa, todo sobre la base que los estados y sus ministerios, incluyendo Hacienda, no son dueños sino administradores de los bienes de la nación.

 

“Lo cierto es que el modelo hizo aguas y la única solución para reactivar la economía es resolver los graves problemas originados en una lamentable distribución del ingreso. Es necesario cambiar ese inconveniente modelo económico, una petición hecha hace treinta años, que se viene replicando para evitar la tenaz colisión a la que llevó una malsana terquedad. Actualmente hay dilemas muy fuertes porque si no hay correctivos seguirá el desplome financiero, mercantil y social, con la inevitable quiebra económica que arrastrará inexorablemente las cuentas estatales, ya averiadas. La caída vertical del aparato productivo, que venía sin pandemia, se multiplicó con ésta, poniendo en apuros a un Gobierno sin plata y sin condiciones de ahorro para que las empresas produzcan y generen empleo”, expresó Sarmiento.

 

El analista dijo que con ISA metida en Ecopetrol no hay renta, puesto que una cosa es buscar petróleo y otra muy diferente generar energía eléctrica. La operación, expresó Eduardo Sarmiento, terminará sacando la plata de la petrolera para llevarla a la caja del Gobierno, rebatiendo el principio de separación entre las empresas estatales y el Estado.

En el negocio no habrá utilidad ni beneficio para el país porque el dinero que canaliza Ecopetrol lo gira al Gobierno, una situación que unida al mal momento de las inversiones dejará al país en vilo. Ecopetrol que era experta en hidrocarburos ahora tendrá como misión vender electricidad porque el país igual fracasó en la explotación de los recursos naturales. El petróleo está con los años contados, tiene una desventaja y son los márgenes de ganancia, todo en la industria cuesta mucho y para completar no hay nuevos descubrimientos.

Hace cincuenta años había todo tipo de homenajes a los economistas que le permitían con su sabiduría mantener las economías en pie, evitando desplomes súbitos. La calamidad en las cifras de Colombia tiene respuesta, según Sarmiento, en un desafortunado modelo económico. Insistió en la retahíla de desaciertos y en la falta de un sólido diagnóstico para buscar soluciones.

 

“Hoy no tenemos un gobierno ni unos centros de estudio que nos digan cuales fueron las causas reales del desplome de la economía colombiana, no aferrados a una pandemia porque si bien sumó al caos, los errores mostraban riesgos desde hace tres décadas y hubo oídos sordos en una doctrina económica fracasada y mandada a recoger”, concluyó Eduardo Sarmiento.

 

Las cosas deben cambiar, Colombia sigue muriendo de hambre, la miseria es reina, la informalidad es casi una condición, y la esperanza sigue marchitándose como flores mustias. El país definitivamente fue derribado por un sistema económico que pasó por alto el mandato constitucional pues la injusticia brilla y la brecha social crece peligrosamente. Es hora de retomar fábricas, de sembrar campos con futuro y decirles a los millones de colombianos, hoy acompañados de venezolanos, que sí hay luz al final del túnel, quizás es tarde, pero hay tiempo, aún se puede volver a una primavera económica en donde todos, si hay voluntad, ganarán.

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