Domingo, 14 Agosto 2022 08:13

Reforma tributaria tiene buen derrotero, pero es recesiva: Sarmiento

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El analista expuso que para que las propuestas del Presidente Gustavo Petro, surtan efecto, requieren de un cambio en el modelo económico.

Por estas semanas la reforma tributaria es la protagonista en los temas económicos colombianos, sobre ella se ha conjeturado e inclusive han llovido críticas por un proyecto de ley que apenas fue radicado en el Congreso de la República. Algunos han expresado su distancia con una iniciativa que propone gravar bienes que sobre el papel no son esenciales como las bebidas azucaradas y la famosa comida chatarra, muchos se han rasgado las vestiduras ante semejante proposición, empero a nadie se le ocurrió reclamar por los elevados precios de la carne, el alza en los huevos, el salto en precio de la papa y la misma leche, por hablar de algunos productos realmente básicos en la canasta familiar.

Nadie ha dicho que gravar papas fritas o carnes frías, algunas de dudosa procedencia, no pesa en los bolsillos frente a la carestía palpable en los productos que a diario demandan las amas de casa para alimentar sanamente a sus hijos.

El tema debe ser más de fondo, ¿qué alcance tiene la reforma que propone ponerles impuestos a los recursos naturales, fruto de la extracción?, pues bien, para el caso del petróleo habría dos opciones, recurrir a la señalada sobretasa que grava un contrato petrolero 70-30 en donde, claro está, la mayor parte es para las empresas con actividad en Colombia, la otra opción sería retomar el contrato de asociación 50-50 y tener mayor control sobre los recursos de la Empresa Colombiana de Petróleos, Ecopetrol, la misma que vive del precio internacional del crudo, pero que adolece de un portafolio más variado que le permita ser mucho más sólida en tiempos de vacas flacas, no podemos olvidar que hace menos de dos años, los países productores estaban regalando el crudo puesto que valía más dejarlo en acopio.

Muchos han sugerido, con enorme coherencia, hacer una reforma al estatuto tributario en donde se tenga en cuenta, no solamente eliminar exenciones que cuestan un ojo de la cara, sino bajar tarifas de IVA, atomizar los cobros diferenciales, reducir el impuesto de renta y acabar con la evasión, solo así, inyectándoles competitividad a las empresas, y dándole oxígeno a las personas naturales, habrá formalización, mayor recaudo y una dinámica económica expresa en oferta y demanda de bienes y servicios.

El asunto es elemental, las economías que crecen y se proyectan son aquellas que fomentan el consumo, el gasto y el repunte de los indicadores, todo con empleo, reactivación de sectores productivos enterrados, y sencilla y llanamente con plata en el bolsillo, ojalá ganada con el sudor de la frente y no producto lamentable de un malsano asistencialismo que fomenta pereza y deterioro en la mano de obra, como dicen muchos, el mejor subsidio es un empleo. Lo dijo el Presidente Petro en su discurso de posesión, “a trabajar se dijo”.

 

 

En diálogo con Diariolaeconomia.com, el analista económico Eduardo Sarmiento Palacio, afirmó que el proyecto de reforma tributaria del actual Gobierno coincide con lo propuesto en la campaña en donde ya no se habla de 50 billones de pesos como se dijo en un determinado tiempo, sino 25 billones, la cuota inicial de un recaudo progresivo. A criterio del versado economista, la iniciativa, siendo acertada, puede ser recesiva en el tiempo.

Como es apenas consecuente, apuntó el experto, ese dinero será posible canalizarlo con el aumento de los impuestos, dejando claro que hay dos puntos críticos en la propuesta, los ingresos al trabajo para las personas con salarios de 10 millones de pesos y luego el alza a las tarifas para las empresas.

Reconoció que el Gobierno está cumpliendo con la promesa de elevar los ingresos tributarios para reducir en cierta manera las entradas de los sectores altos y trasladarlos a las capas más vulnerables de la sociedad. Recalcó que lo ofrecido en la campaña no se cumple en su totalidad porque el recaudo será menor, un 50 por ciento de lo proyectado.

Agregó que se vienen unas alzas en las tarifas de los ingresos laborales que se transfieren de unas personas a otras y los gravámenes al capital, dos propósitos de una política loable que busca a como dé lugar dineros de los más favorecidos a los menos favorecidos, una operación que tendrá dificultades, puesto que los mayores impuestos a las rentas laborales no solo golpeará el bolsillo de los que ganen 11 millones de pesos sino a los mismos colaboradores con salarios de 10 y ocho millones, un efecto similar a lo que vendrá con las empresas.

 

“Esa operación de transferencia de recursos que fue anunciada y que a mi parecer se justifica y es correcta, tendrá sin duda efectos complicados sobre los ingresos laborales y las rentas del capital que probablemente se compensarán con una reducción del ahorro nacional que viene muy mal luego del Coronavirus y el manejo del Gobierno anterior. Esa baja en el ahorro, estimulado por la reforma tributaria, adicionado a lo que venía de atrás, va a ocasionar una fuerte recesión en la economía que, si no se evita con otras medidas complementarias, podría llevar a un fuerte choque en la producción nacional y conducir, como lo digo, a un estado recesivo, de manera que la propuesta es la indicada, pero con impactos en ahorro que solamente tendrá un antídoto con el cambio urgente en el modelo económico”, explicó Sarmiento Palacio.

 

Ese traslado de recursos de ricos a pobres recalcó el connotado analista, no es malo, debió hacerse hace muchos años, pero el calibre de la propuesta exige una política impositiva que funcione dentro de un marco de la economía en su conjunto, habida cuenta que en este caso las medidas producen una fuerte reducción en el ahorro que fácilmente puede redundar en un choque complicado sobre los agentes económicos y las cifras de crecimiento.

Sarmiento dijo que ese cambio en el modelo económico debe ser monetario y de comercio internacional en donde la reforma tributaria es un primer paso del ejecutivo que busca avanzar económica y socialmente porque es visible que Colombia experimentó un lamentable retroceso en la distribución del ingreso, sobre lo que no hay duda, de todas maneras, subrayó, genera inquietud la forma de llevar a cabo el ajuste en las tarifas tributarias porque subyuga el ahorro que tiene que enfrentarse con un cambio en el modelo económico que no se ha hecho.

 

“El propósito de la reforma es válido, pero sus efectos económicos dependen de que el Gobierno adopte un cambio de fondo para compensar los efectos de la reforma sobre la reducción inevitable en la alcancía o en esa reserva individual”, manifestó el muy respetable analista.

 

Sobretasa a las exportaciones extractivas tiene margen

 

 

Dentro del articulado del ya controversial proyecto de ley se contempla una sobretasa a las exportaciones de bienes extraídos como petróleo, carbón y oro. Sobre ese asunto, Sarmiento Palacio dijo que allí hay margen, al tiempo que reconoció que afectará las inversiones, esencialmente en hidrocarburos.

Ese efecto, puntualizó Sarmiento, no será muy grande, con seguridad, insistió, habrá un impacto, pero nada considerable. Argumentó que verdaderamente le preocupa más los efectos sobre los ingresos laborales que en este caso son gravados. Dijo que así sean los más altos ingresos, al imponerles un impuesto a las personas de mayores recaudos, el tema afecta los salarios, y finalmente, recae sobre todo el sector laboral porque puede haber una sustitución que a la postre tocará a todos los grupos laborales.

 

Una reforma nada dulce

Sobre los impuestos a los bienes azucarados, el economista expuso que lamentablemente esta medida recae sobre los sectores menos favorecidos que son quienes más consumen estos productos, una situación que tendrá un efecto negativo, es decir que la reforma en lo grande pasa la materia, pero en detalles se raja, pues suscita muchos problemas, de todas maneras, pase lo que pase, esa reforma solamente podrá ser evaluada cuando se conozca pormenorizadamente el destino de los recursos y de qué manera afectará a los diversos sectores.

En el Congreso, avizoró Sarmiento, vendrán varias pujas y cambios, a tal punto que la meta a recaudar puede tener un recorte estimable, ello sin contar las exigencias que vendrán por parte del legislativo en el sentido de mayores gastos para sus regiones a cambio de aprobar la reforma en los términos abocados por el Ministro de Hacienda y Crédito Público.

Destacó la presentación del paquete tributario en el Congreso y la intensión de darles más recursos a los pobres con traslados por parte de los más ricos, algo meritorio.

En opinión de Sarmiento Palacio, al igual que con el Coronavirus, las nuevas medidas pueden tener un efecto sobre el crecimiento económico y todo el funcionamiento de la economía, lo cual no está suficientemente estudiado y tendrá ajustes en el trámite o discusión de la reforma, no dejando de reconocer que la propuesta ataca la inequidad, pidiendo medidas paralelas que contrarresten la reducción en la tasa de ahorro.

 

“En el caso de la pandemia, hubo una caída fuerte en el ahorro nacional cuando se le dijo a la gente no podía trabajar y esa decisión provocó el desplome de la producción que todavía no se ha contrarrestado. Con la reforma vendría un impacto en el ahorro y en toda la economía, lo que obligará al Gobierno a buscar un eficiente antídoto”, declaró el señor Sarmiento.

 

Acabar exenciones no es una medida extrema, pero tiene sus consecuencias

 

 

Otro punto álgido de la reforma es el que tiene que ver con la eliminación de exenciones que le resulta muy oneroso al país. Según Sarmiento al tocar los intereses de los grupos más altos o empresariales las consecuencias son automáticas porque acaban reflejándose en todo el mercado laboral, es decir el traslado de los impuestos.

Vendría entonces una caída en los ingresos laborales, lo que en el conjunto nacional implica una reducción preocupante ya que trastoca la distribución del ingreso y con ello la demanda de bienes, como quien dice una economía con el freno de mano.

El hecho de proponer y aprobar impuestos para los más ricos y castigar las empresas con nuevas tarifas o el desmonte de exenciones, razonó Sarmiento, podrá verse reflejado con el recorte de las inversiones en las empresas.

Hoy, enfatizó el analista, es necesario saber cuáles van a ser los programas que se adoptarán con base en los nuevos recursos, pues no hay gasto público sin ingreso y no hay ingreso público sin gasto.

Insistió, de cara a hacer las transformaciones sociales, en la necesidad de impulsar un cambio en el modelo económico que precisamente va en contra de las evoluciones, advirtiendo que lo que se gana, por un lado, igual se compensa por el otro.

 

Colombia debe trabajar en el reavivamiento del campo y la industria

 

 

Son muchas las inquietudes sobre el derrotero de la economía, de todas maneras, se sabe que el nuevo mandato apuesta por mayor productividad y eso se traduce en un sector primario más dinámico y unas empresas con mayor movimiento tanto para el mercado interno como para la oferta exportable.

El experto dijo que actualmente se tiene un sector externo totalmente agobiado porque la solución del Gobierno anterior y otros que pasaron por la Casa de Nariño, fue abrir totalmente las importaciones, las mismas que crecen a una tasa del 60 por ciento anual, es decir que el país dejó de producir, solamente para consumir producto importado, una determinación errónea que generó un déficit en la cuenta corriente de más de 5,5 por ciento del producto interno bruto, PIB, uno de los más altos del mundo.

 

“Esa fue una política totalmente inequitativa que se dio para acomodarse a las condiciones, pues se sustituyó el empleo nacional por importaciones y eso llegó a un límite puesto que son tan altas las compras en el mercado internacional que ese déficit que se tenía sobre los salarios se está manifestando a través del tipo de cambio, es decir una devaluación muy alta. Hoy el país cuenta con un sistema económico integrado en donde una falla en la cadena sobresalta al resto de los agentes. Esta reforma tributaria, justamente, está produciendo efectos en toda la economía, lo que no es tan grave con un modelo de más intervención del Estado y menos mercado”, señaló Sarmiento Palacio.

 

Sobre ese punto, acentuó, que, de tomarse medidas drásticas a partir del modelo de mercado, el mismo mercado se encarga de contrarrestar esas determinaciones, de tal forma que de entrada se observa como la reforma tiene un impacto en la economía, reduciendo el ahorro, una defensa del entorno contra las providencias. Ese efecto del mercado resaltó el analista, solo se puede cambiar con un nuevo modelo económico que eleve el ahorro mediante reformas al sector monetario y al sector externo, es decir retornar a una economía en donde la mayor parte de la producción se hace con valor agregado nacional.

 

 

Sostuvo que el país no puede seguir en esa tónica en donde el consumo tiene clara ventaja sobre la producción local, Colombia tiene hoy una economía en donde la demanda es mayor que la oferta y la reforma tributaria tiene esas restricciones como favorecer a los más vulnerables, pero todo dentro de un modelo que neutraliza los efectos a través de los incentivos económicos.

Para Sarmiento, este buen propósito de mejorar la distribución del ingreso, reduciendo las retribuciones de los ricos y elevando los de la Colombia más pobres, debe seguir adelante y remediarse con ese relevo en el modelo económico, con el consenso de Washington en el medio, repitió, toda buena intención termina resquebrajándose.

El país, manifestó debe caminar hacia una demanda agregada, totalmente por fuera de los lineamientos de la economía de mercado que tanto daño le hizo a Colombia en las últimas tres décadas, apartando una política distributiva y equilibrada con acciones discriminatorias y represivas.

Un problema, precisó Sarmiento, es que los bienes tropicales, exceptuando al maíz no tienen demanda mundial, es el caso de la yuca, la arracacha o el plátano. Con la apertura, infortunadamente se desmontó la proyección, llevando al país a especializarse en cultivos de baja productividad y pobre demanda internacional, responsable del precario indicador de déficit en cuenta corriente que hace 30 años era alrededor de cero a una estructura de comercio internacional con un déficit de 5.5 por ciento, todo un dilema para el Gobierno que deberá blindar sus políticas con otras medidas que garanticen que las decisiones distributivas no son compensadas por el mercado a través de diferentes medios como sería el aumento del déficit de la balanza de pagos y otros efectos.

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