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Domingo, 04 Septiembre 2022 01:40

Fraude e informalidad, el gran lío del sector asegurador: Gómez Martínez

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Se trata de un problema con radio internacional y con significativas pérdidas, pero de a poco van surgiendo herramientas y mecanismos para enfrentar un flagelo que castiga una industria dinámica.

La industria aseguradora tiene su desarrollo en las aguas del mediterráneo en plena edad media, pero según los investigadores este mecanismo de cobertura pudo aparecer hace 4.000 años en las mágicas tierras de Babilonia.

Mirando el sector asegurador en retrospectiva hay que viajar en alfombras mágicas hacia Irak, la pujante y colorida Babilonia milenaria en donde surge el Código de Hammurabi según los antropólogos, con 4.000 años de antigüedad ya que seguramente entró en vigencia en el periodo neobabilónico que se ubica entre 612 y 539 antes de Cristo. Esta norma contaba con 282 cláusulas en las que se hacía puntual referencia al otrora “préstamo a la gruesa Ventura”, una especie de seguro diseñado para los transportadores de mercancías vía marítima.

Según las disposiciones babilonias, la Ley dispuesta por el rey Hammurabi reconocía las indemnizaciones por accidentes de trabajo lo cual amparaba a la viuda y la descendencia del difunto, todo organizado a través de un sistema de mutualización.

El asunto era sencillo, el mercader o navegante se hacía acreedor a unos recursos para poder llevar mercancías a diversos puntos del mundo antiguo, con una particularidad, sino el barco se hundía o colapsaba, la deuda claudicaba. Ahora bien, si todo salía a pedir de boca, el empréstito tenía que honrarse con los respectivos intereses.

Llama la atención que por esos mismos tiempos los chinos apelaban estrategias encaminadas a reducir los riesgos para lo cual cambiaban productos con otras embarcaciones, de tal manera que, si un navío llegase a naufragar, todos los mercaderes perdían algo. Dos mil años más tarde el seguro en la poderosa Roma los seguros fueron organizados con un perfil más financiero y surge el diligente mercado de seguros marinos.

Después en Génova y Venecia dos prósperas ciudades portuarias de Italia, el negocio creció y logró alcanzar destacadas mejoras, una forma muy refinada de blindar económicamente a las flotas marítimas del Mediterráneo.

 

Una nueva historia

 

 

El siglo XVII le dio nuevas luces a la naciente industria, los seguros en consecuencia viven una nueva etapa, en la avanzada y creciente Londres, en 1687 el señor Edward Lloyd, apuesta por un emprendimiento que resultaría trascendental en el crecimiento del negocio asegurador. En ese año el sector de Tower Street, muy cerca a la zona de muelles, vio como abría sus puertas una enorme y amena cafetería que ofrecía aparte de café y té, el calor de la chimenea, el mismo que avivaba la charla, el corrillo y todo tipo de especulación en las golpeadas esferas sociales, políticas y económicas londinenses. La ciudad acababa de sacudirse de la Gran Plaga, uno de los últimos brotes de peste negra que apagó 70.000 o 100.000 vidas, una pesadilla que terminó en 1666. Igual estaba fresco el mega incendio que durante cuatro días y en septiembre del mismo año arrasó con buena parte de la urbe ya que el voraz fuego que inició en la inolvidable panadería del señor Thomas Farriner dejó sin casa a 100.000 personas que muy seguramente se apartaron de los mal recordados amasijos.

Fueron tiempos complejos, cayó un rey que dejó navegar marinos holandeses y temblaba de ira una nación que no soportó jamás su revés naval frente a las flotas francesas. Todo era motivo de debate, discusión, risas y diferencias en el entretenido café de don Edward Lloyd.

Un asunto que concitó en interés de los asistentes fue la navegación mercante, era común platicar de embarcaciones, mercancías y lo mejor hacer conjeturas sobre el destino de cada nave pues muchos decían que los marinos no llegarían a determinados destinos. La tendencia afianzó para ese entonces las apuestas que iban desde el destino de los cargueros con rutas complejas hasta las ejecuciones y otros hechos.

Justo allí en 1698 nace la famosa lista de Lloyd´s, una completa publicación que llevó a que en la cafetería se ofrecieran y vendieran barcos, el sitio, por ello, atrajo más personas, entre ellas capitales de las navieras que con mucho agrado narraban travesías y aventuras, como buenos lobos de mar. Dicen los historiadores que el obligado punto de encuentro se afianzó como el lugar ideal para asegurar los barcos a través de un contrato firmado por el asegurador.

 

 

El café de Lloyd´s manejo a la par y con mucho éxito apuestas y seguros, desde luego eran estimables las ventas de café y té, Pasaron 80 años luego de la fundación de la cafetería para que un selecto grupo de inversionistas y hombres de negocios afines con el emblemático sitio fundara una sociedad que llevó el nombre Lloyd´s, que con los años logró consolidarse como uno de los sellos más célebres y acreditados en la industria aseguradora.

La historia de seguros no termina allí, de ello es amplia y pasa por las gélidas montañas de los Alpes en donde los labriegos formaron sociedades de ayuda mutua, toda una expresión del capitalismo en favor de la comunidad campesina y productiva. Los seguros tuvieron así dos lecturas, la de Lloyd´s en donde se veía el riesgo como motivo de análisis y comercialización y las mutuales alpinas que lo concibieron como distributivo, muy para compartir.

Los seguros fueron llegando a grandes centros urbanos en Europa como Zúrich y Múnich, ciudades que catapultaron grandes compañías de seguros, luego vino la participación estatal en el negocio, herencia de las mutuales, modelo que les permitió fortalecerse y acopiar inmensos recursos, muchos de ellos destinados al financiamiento de guerras en una Europa que ya generaba inquietudes entre 1600 y 1700. Cayeron muchos almanaques y la industria salió de las manos de los gobiernos para ser una opción humana y práctica porque atendió con prelación riesgo en temas trascendentales como la vida, el envejecimiento, la discapacidad, las enfermedades y el desempleo entre otros frentes.

El negocio asegurador fue evolucionando, alcanzaron enormes avances en los siglos XIX y XX, entraron en muchos sectores de la humanidad siendo una razón de sosiego, pero igual un mecanismo importante en las economías que crecen apaciblemente y con buenos síntomas. La importancia de las pólizas es irrebatible, el aseguramiento como un todo, llevó confianza ya que cubre el tipo de cambio en las actividades de comercio exterior, blinda la agricultura, la banca con el pago de deudas y al ser un derivado financiero tiene unos alcances inimaginables como protección contra robo y exequial.

Actualmente en el mundo se ofrecen seguros de vida, de vida con ahorro, salud, accidentes personales, obligatorio de accidentes personales, (SOAT), contra incendio vinculado a créditos hipotecarios y anexos.

En los seguros patrimoniales existen los seguros de automóvil, ingeniería, multirriesgo, crédito, robo, transporte, incendios y responsabilidad civil. Siguen ganando terreno las pólizas de prestación de servicios como seguros de asistencia en viajes, muerte y defensa jurídica.

El seguro como tal es una cultura y eso permite ver que hay tremendas distancias regionales puesto que el seguro no logra posicionarse como un producto necesario y preventivo. Actualmente Europa es la región del planeta con mayor aseguramiento, un 36 por ciento, Norteamérica muestra una penetración promedio del 30 por ciento, Asia, sorpresivamente alcanza el 27 por ciento en tanto que Latinoamérica solo llega al tres por ciento, Oceanía y áfrica están de últimas en la fila con un raquítico dos por ciento.

 

 

En charla con Diariolaeconomia.com, el presidente de la Federación de Aseguradores Colombianos, Fasecolda, Miguel Gómez Martínez, indicó que el fraude es uno de los problemas más serios en el sector asegurador y precisó que ese fenómeno está centrado en algunos ramos. Tradicionalmente, comentó, ha habido fraude en seguros de vida, personas que fingen su muerte para cobrar la póliza o casos de la historia criminal tales como gente cercana que asesina a otra para hacer efectivo el seguro, una práctica añeja.

Agregó que hay fraude en riesgos laborales, un ejercicio delincuencial del llamado “cartel del poste” en donde se ofrecen afiliaciones para trabajadores que requieren estar en esa área de la seguridad social y que resulta indispensable en caso de un accidente en el sitio de labores. En algunos casos, denunció Gómez Martínez, se roban directamente la plata y no afilian a la persona, otra modalidad es incorporar al interesado en la categoría de riesgo que no corresponde, es decir, hay nacionales que trabajan en alto riesgo y los señores del leonino aviso lo afilian en una categoría inferior, un hecho complejo porque cuando se produce el accidente el empleado se encuentra totalmente desprotegido.

Fasecolda recalcó que un fraude considerablemente alto está en el Seguro Obligatorio de Accidentes de Tránsito, SOAT, posiblemente el rango en donde la industria sufre más porque hay de por medio toda clase de prácticas en donde la atención médica de los heridos termina cargándose o saturándose excesivamente a las cuentas del SOAT que actualmente está en cuidados intensivos.

La gravedad es tal que probablemente este tipo de seguro sufra modificaciones o termine liquidándose en vista que está generando multimillonarias pérdidas, un diálogo que ya se hace con el ejecutivo en procura de que este mecanismo siga siendo viable. El SOAT salva muchas vidas, expresó el presidente de Fasecolda, no en vano atenderá este año 900.000 heridos, cerca de 3.000 lesionados por día en calles y carreteras, un número importante que salva sus vidas porque contó con asistencia médica oportuna.

El gremio asegurador insistió que al SOAT hay que salvarlo porque ha sido un instrumento de política pública en el campo de la salud muy eficaz.

Tener una cifra puntual de fraude en las aseguradoras es un tema complejo ya que se reportan casos en los que hay evidencias mas no pruebas para hacerlo. De todas maneras, el sector asegurador presentó al sistema judicial, fundamentalmente a instancias de las Fiscalía General de la Nación, operaciones fraudulentas con cargo a los recursos del SOAT por más de 450.000 millones de pesos, una cifra enorme que refleja el desangre en el sistema de salud, un detrimento para todos los colombianos.

 

Reaseguradoras cambiaron su percepción de Colombia

 

 

En un tiempo, no muy lejano, Colombia estuvo en calzas prietas y por consiguiente las aseguradoras que debieron asumir costos gigantes con cargo al terrorismo y la inseguridad, un ejercicio recurrente y oneroso que llevó a las reaseguradoras a contemplar no seguir en Colombia.

A la inquietud, Gómez ,Martínez señaló que el negocio del sector que representa tiene tres eslabones distintos, uno el asegurador que lo operan en Colombia las 35 compañías autorizadas por la superintendencia financiera, está toda la cadena de comercialización la cual incluye los intermediarios de seguros, un universo de agentes con diversas naturalezas en donde algunas firmas venden directamente y otras dejan el ejercicio en verdaderos expertos y finalmente existe el reaseguro que son los aseguradores de los aseguradores, compañías muy grandes a nivel internacional.

A criterio de Gómez Martínez, Colombia históricamente resultó un mercado interesante para el reaseguro y en los últimos años Colombia reportó siniestros titánicos, dos de ellos por tener una referencia, la refinería de Cartagena, Reficar, el siniestro más grande del mundo en 2018 y el más reciente, Hidroituango, una monumental obra que tuvo sus problemas, toda una alarma en los reaseguradores que empiezan a mirar algunos de los proyectos en el país con mucho más cuidado.

En general, dijo, las reaseguradoras participan activamente del crecimiento de la industria en el territorio colombiano, aclaró que el hecho que haya preocupaciones por algunos sectores es relativamente normal y por ello Colombia tiene acceso al reaseguro mundial en condiciones de mercado lo que responde por qué es costoso o favorable en algunos momentos. Después del Covid, que impactó a todo el globo, es factible que las tarifas de las primas de seguros tengan durante algún tiempo una tendencia al alza.

Un tema nada ínfimo es la corrupción, un común denominador de los países latinoamericanos con mayor énfasis en algunos estados en donde las prácticas precarias de probidad hacen parte del sistema.

La corrupción, especificó Gómez Martínez, está excluida en los contratos de seguros y el flagelo, indicó, es un costo que infortunadamente asume todo el país. Las platas que se roban de las entidades y de los fondos públicos son activos de la nación, lo complejo es que en los sitios en donde campea la corrupción, el seguro tiende a desaparecer como pasa en Venezuela, en donde la actividad aseguradora se redujo al mínimo por efectos de la crisis económica, actos espurios en contra del patrimonio y, la inestabilidad que generó la transición en el vecino país. Lo cierto es que las buenas o malas prácticas terminan siendo un indicador de confianza que los operadores internacionales tienen en un país.

 

 

Los actores económicos, lo cual incluye inversionistas y desde luego aseguradoras, manifestó Gómez, observan el respeto por la institucionalidad, las fortalezas características de los gobiernos de mayoría, fraternidad, libertades y participación, así como los mandatos verticales y con oficio, por cuanto una democracia es un conjunto de principios, expresados en instituciones, algo que está en vilo en América Latina, fenómeno que no solo amenaza las democracias sino el voto de confianza del sector privado y las agencias internacionales.

 

“Este indicador sensible es mirado por los analistas de riesgo con mucha atención, por ejemplo analizan qué tan serias y estables son las autoridades monetarias, qué confianza ofrece el ministerio de Hacienda, qué tan circunspectos son los jueces y qué tan confiable es el sistema judicial, pero igual qué tan respetados son los derechos de propiedad, todo eso lo miran y si no les gusta empiezan a poner calificaciones negativas lo que se traduce en que los grupos de reaseguro se disminuyen”, declaró el señor Gómez Martínez.

 

Por tasa de cambio lo más aconsejable es la cobertura

La volatilidad del dólar hace que el indicador de nerviosismo se dispare en empresarios, productores del sector primario, importadores, exportadores y desde luego en las esferas gubernamentales.

En la teoría económica, agregó el presidente de Fasecolda, la tasa de cambio es de hecho un dolor de cabeza puesto que los más tozudos estudian y estudian, encuentran la lógica teórica, pero en la práctica todo se derrumba. Dijo que este ítem, tiene dos componentes grandes, uno, las cuentas derivadas del ingreso y salida de recursos del país, dejando claro que Colombia cuenta con un déficit comercial muy grande a lo cual se suma una insuficiencia fiscal de enormes proporciones, luego la sumatoria de esos dos desequilibrios debería llevar, a juicio del dirigente, a una conclusión, el peso debería ser débil y por lo tanto la tasa de cambio debería subir, empero, acentuó, no es lo que se observa en el mercado cotidiano, en buena medida porque el país recibe flujos de inversión y 9.000 millones de dólares de remesas que provienen de los cinco millones de colombianos, se calcula, viven por fuera del país.

Esos ingresos en divisa hacen que se pueda compensar en parte, de todas maneras, subrayó que todo eso reposa sobre la confianza que tengan los inversionistas en el país, si la gente pierde seguridad en el futuro de Colombia y en su capacidad de pago, con seguridad la tasa de cambió trepará, ¿Cuándo?, no se sabe y ¿Cuánto?, menos.

 

 

Enfáticamente dijo que este es el momento para que el país productivo, exportador e importador tome coberturas, muy a pesar de que a muchos no les guste asegurarse por temor, paradójicamente, a que la adversidad jamás llegue. En ese caso, expuso Gómez, nadie perdió plata, de manera responsable quien adquirió la póliza se blindó frente al riesgo.

Es increíble, afirmó, que muchas veces el factor codicia se interponga en el aseguramiento ya que hay personas que quieren ganársela toda siempre, obviando que los riesgos están presentes y que los males aparecen intempestivamente. Lo mejor, indicó, es dormir tranquilo y ganar así se sacrifique algo mínimo por esa calma.

 

Transporte masivo y vandalismo, otra pata que le sale al gato

Un sector que puede decirse está en crisis, es el transporte público porque hay evasión, la gente ingresa sin pagar al sistema y nadie dice nada, al parecer no existen dolientes. De todas maneras el problema fundamental es la infraestructura que se ha convertido en el blanco de todos los ataques de violencia y terrorismo, algo complicado porque cualquier manifestación termina en la destrucción de las estaciones de Transmilenio, simplemente porque esas estructuras se convirtieron lastimosamente en símbolos llamados incongruentemente a vulnerar y las aseguradoras pagan una, dos, tres y hasta 50 veces, solo que la tarifa sube cada vez más hasta que llega el momento que un reasegurador le dice al operador de seguros en Colombia, “ya no más”.

“En buena medida las autoridades no protegen esa infraestructura como es su responsabilidad pues apenas inicia el desorden es abandonada para que la quemen o la destruyan y no se puede olvidar que la misión del Estado es proteger la vida y la honra de los colombianos así como sus propiedades, de omitirse el mandato, con toda certeza, no hay seguro que resista eso, algo muy triste porque el entorno hace que en muchas ciudades del país los costos de las primas para la infraestructura de transporte sean muy altos y con todas las restricciones, hoy las reaseguradoras nos tienen con tarjeta amarilla”, ilustró Miguel Gómez Martínez.

La ola de paros le costó a la industria aseguradora 450.000 millones de pesos lo cual incluye cajeros, entidades bancarias, automóviles, camiones, buses y otros activos.

 

2021, un año en rojo por Covid-19

 

 

En opinión del presidente de Fasecolda, el 2021 fue el año más duro para la industria de seguros en su historia, fundamentalmente porque se tuvo el coletazo del Covid-19, ese periodo, sostuvo Gómez Martínez, fue de lejos el mayor siniestro en la historia de la industria aseguradora, todo porque fallecieron 170.000 colombianos, de ellos, la mitad con seguros de vida en plena vigencia, una situación que afectó considerablemente el ramo de este tipo de póliza.
Después, apuntó el directivo, la atención médica que está cubierta por los seguros de salud, igualmente se vieron afectados tal y como pasó con riesgos laborales porque aquellos que tuvieron complicaciones con el virus al ser contagiados en sus trabajos, fueron atendidos con cargo a este rubro.

Otro inconveniente se vio con el seguro de arrendamiento por cuanto aquellos que tenían dicho amparo, vieron como les desocupaban sus locales, apartamentos y otros inmuebles que el seguro tuvo que pagar. El seguro de desempleo también generó impacto ya que Colombia perdió aproximadamente 5.2 millones de puestos de trabajo y el seguro tuvo que salir a responder.

 

“Al sector asegurador, el Covid lo golpeó seriamente habida cuenta que a la industria le costó la letal virosis alrededor de 4.3 billones de pesos, es decir que el 2021 fue un año sumamente difícil y por fortuna el 2022 arrancó muy bien ya que las ventas medidas por primas emitidas están creciendo a razón de 19 por ciento, nueve puntos por encima de la inflación, una cifra afortunada por lo que esperamos que este año sea de recuperación”, declaró Miguel Gómez Martínez.

 

Este año, calculó el directivo, la industria aseguradora podría cerrar con ventas superiores a los 40 billones de pesos en primas emitidas, un crecimiento muy interesante porque el sector nunca antes había llegado a ese monto, algo que tiene que ver en gran medida con la recuperación de la economía.

Según Gómez Martínez, el seguro no es muy visible para la gente, pero lo único cierto es que el aseguramiento está en todo, verbigracia en Fasecolda están los grandes aseguradores del Estado. El dirigente gremial informó que el 99 por ciento de los contratos que firma la nación o las entidades soberanas tiene el seguro detrás.

 

 

Destacó la dinámica del seguro para automóviles que va en crecimiento, a tono con la comercialización se vehículos en el país. Gómez, expuso que la gente entendió que estar asegurado no era un lujo y el Covid le mostró al país sus bondades frente al permanente riesgo que se presenta de manera súbita y de manera cruda.

Por todo lo que pasó, afirmó el economista, es más fácil vender seguros ya que se ven en el público como una adquisición necesaria, algo que no pasaba hace unos años y que muestra el cambio en la cultura frente a la protección. Las primas emitidas en el país, dijo, representan el tres por ciento del producto interno bruto, PIB, una cifra aún muy baja que deja ver un rezago en aseguramiento.

 

Seguro exequial, un producto que rompió mitos

Un asunto visible es que, en Colombia, los ciudadanos entendieron que la muerte es parte de la vida y como tal, demanda prevención y cobertura puesto que hay terceros que ante un deceso inesperado pueden quedar en el total desamparo. Al respecto, el presidente de Fasecolda dijo que el seguro exequial resulta útil y necesario pues en Colombia como en otras latitudes muchos debieron pasar por el drama para entender el valor del seguro.

Manifestó que la gente esperó que todo aconteciera, el incendio de la casa, el robo del carro, una lesión e inclusive el deceso de personas allegadas o familiares para comprender sobre la importancia de las pólizas. El Covid enseñó que en efecto es mejor estar asegurado en salud, en vida e inclusive en desempleo porque en plena pandemia, de la noche a la mañana, millones de colombianos quedaron en la calle y sin actividad productiva.

Lamentó la falta de eficacia en las campañas de comunicación en el sector asegurador frente a los siniestros, algo preocupante y lamentable.

Actualmente existen en Colombia 35 compañías de seguros autorizadas y allí hay de todo tipo, unas nacionales, un grupo importante de firmas internacionales en donde es fácil notar empresas francesas, alemanas, americanas y españolas, por citar algunas.

 

 

En Colombia funcionan a nivel seguros, empresas multi-ramo que maniobran muchos frentes, vida, propiedad, Seguro Obligatorio de Accidentes de Tránsito, SOAT y riegos laborales. De igual manera existen compañías que manejan un solo ramo, educación, seguro de crédito y demás. Gómez Explicó que las hay de todos los tamaños, la colombiana Suramericana, de gran tamaño y otras más pequeñas que se desempeñan en diversos nichos. La última aseguradora en ser autorizada en Colombia fue el grupo Keralty que es Colsanitas, firma que operó en el sector salud y que llega ahora al sector asegurador.

Miguel Gómez Martínez, una espectacular persona, llena de conocimiento, liderazgo y con vocación de servicio reconoció que el sector público lo mueve, amén de las limitaciones y concesiones, sin embargo, dijo que lo privado exacerba su temperamento porque igual la industria y el sector real de la economía permiten sumar para que Colombia mejore. El también magister en economía dirige con toda propiedad Fasecolda, el gremio asegurador fundado en 1976, en sus inicios se llamó Unión de Aseguradores Colombianos, nombre que cambió en 1997.

Cabe recordar que la primera aseguradora en Colombia apareció en 1874, fue la Compañía Colombiana de Seguros, Colseguros, la misma que en 1875 arrancó con la expedición de pólizas, en sus albores incendio y transporte. Entre 1920 y 1930 el seguro alcanza un mayor auge y surgen nuevas firmas que amplían el portafolio de seguros para auto, accidentes y colectivos.

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