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Sábado, 26 Marzo 2022 02:39

El dilema entre desarrollar el fracking o enterrar las reservas

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El dilema entre desarrollar el fracking o enterrar las reservas Imagen-de-drpepperscott230-en-Pixabay

En Santurbán se dejaron de extraer cerca de ocho millones troy onzas de oro que, a precio de hoy, estarían calculadas en 12.5 billones de dólares americanos.

Por Rene Sierra

He seguido juiciosamente la discusión que ha generado la idea de iniciar procesos de fracking en Colombia. Por una década me puse las botas y trabajé en la ejecución de esta técnica en no menos de 100 operaciones realizadas por Halliburton y Calfrac en Alberta, Saskatchewan y British Columbia, Canadá. De ahí que seré lo más objetivo posible en mi opinión.

El principal dilema del fracking en Colombia ha sido el temor por la posible contaminación de los acuíferos. Esto, si algo sale mal en la operación de la técnica o hay fracturación en el revestimiento del pozo. De ahí, que como sucedió en el páramo de Santurbán, ambientalistas y colombianos de a pie exponen que prefieren el agua a tomar riesgos. Es decir, se prefiere aceptar la incertidumbre energética a que el Estado aumente riqueza y reverse la curva de nuestras ya escazas reservas petroleras. En Santurbán se dejaron de extraer cerca de ocho millones troy onzas de oro que, a precio de hoy, estarían calculadas en 12.5 billones de dólares americanos. -Un millón troy onzas equivale a 31,103.4768 kilogramos- Esto, sin detenerme a calcular el precio de los 74 millones de onzas en plata y cerca de 4.0 millones en minerales adicionales en reservas estimadas. Hoy, años después, el páramo sigue reinante, el oro y demás minerales inferidos permanecen en la formación y el Estado no está en bancarrota.

La diferencia es que, en Santurbán, Greystar Resources, solo por nombrar a un operador, pretendió acabar con el agua de un solo plumazo mediante una operación de minería a cielo abierto. En el fracking la apuesta es diferente y la industria cuenta actualmente con los más altos estándares para reducir a casi cero el riesgo de filtraciones en formación y atender con prácticas responsables las eventuales fugas de metano en superficie.

Es cierto que se necesita de millones de litros de agua no potable para ejecutar cada operación, porque los recursos no convencionales (petróleo y gas) son el resultado de microorganismos expuestos a presión y calor intenso debajo de la corteza terrestre que, por su viscosidad y por estar atrapados en roca poco permeable, requieren de energía de empuje, labor que bien realiza la mezcla de altas cantidades de agua, químicos y aditivos que son bombeados a muy altas presiones. Sin embargo, el agua no se toma de los vertederos cercanos y los volúmenes utilizados son muchas veces inferiores a los que usan otras industrias más contaminantes.

Como empuje se podría usar gas, pero el riesgo sería más alto y la posibilidad de usar CO2 no creo se contemple en Colombia, porque los costos de capturarlo de fuentes de emisión son altamente costosos y el operador asociado no estará interesado el disminuir la ganancia bajo ninguna circunstancia. No obstante, advierto que presencie la eficacia del uso de CO2 en operaciones de fracking hechas por Halliburton en el año 2012 y sería interesante tenerlo en cuenta como alternativa al uso de agua.

Los riesgos, si bien son aún materia de studio, se contraponen a la posibilidad de obtener mejores resultados en operación y a proporcionar, de paso, un depósito subterráneo para enterrar CO2. Pero la realidad es que necesitamos hacer fracking si queremos extraer esos recursos no convencionales, que están ahí, que son monetizables y que sumarán reservas.

Sin embargo, no es de mi interés acá detenerme a promover o criticar el beneficio del fracking como técnica, porque ya se ha escrito mucho del tema y es claro que en Colombia se trata de implementar el fracking en momentos en que las políticas ambientales y de regulación de la industria ofrece todos los estándares para hacerlo de manera responsable y sostenible. La discusión recae en la gran cantidad de dinero que se va a gastar en el proceso de extracción de una fuente de energía que es contaminante y no renovable.

Los procesos de fracking iniciaron en la década de los 40’s y en Colombia inexplicablemente se convierten hoy en nuestra única tabla de salvación. La pregunta radica en si conviene o no gastar todo el dinero que se pretende gastar, habida cuenta de que, si bien es un proceso nuevo para Colombia, no lo es para la mayoría de países industrializados que hoy están girando el timón hacia fuentes de energía limpia y renovables. Sin embargo, lo que sí está en blanco y negro, es que hoy, maniatados, solo nos queda la posibilidad de sumar reservas mediante el uso de esta técnica agresiva de extracción, sin siquiera tener el tiempo para investigar cómo y de quién vino la idea de implementarla en nuestro subsuelo, en momentos en que esta práctica, aplicada mundialmente por 80 años ya está de recogida.

No hay discusión en que la curva de reservas de petróleo va peña abajo y no hay signos reales de un nuevo gran yacimiento descubridor que sume volúmenes en el corto plazo. Estamos a la merced de lo que por suerte resulte de la perforación permanente de nuevos pozos de desarrollo y a las prácticas de buen mantenimiento. Esto, porque sin ser un país petrolero dejamos pasar tiempo importante sin detenernos a mirar por otras alternativas de energía.

El país recordará a los senadores Serrano y Robledo advirtiendo en plenaria y comisión de Senado, en el 2003, de los riesgos de perder la autosuficiencia petrolera de no implementarse políticas claras en materia exploratoria.
Lastimosamente, con el paso de los años, el descubrimiento de nuevas reservas se ha convertido en algo comparable a ganarse un seco en una lotería. Desafortunadamente, el país no cuenta hoy con un plan B para sumar reservas reales a nuestra canasta energética y la discusión recae igualmente en la conveniencia de aprovechar de lo que hay, hasta que se aplane la curva de suministro y demanda mundial.

Entretanto, por 12 años, podríamos usar debidamente los buenos dividendos que generen las operaciones de fracking en el país e invertirlas en proyectos de energía renovable. De lo contrario, será como seguir teniendo todos los huevos en la misma canasta. No hay duda de que el fracking, si bien ha sido rentable para otros, es una respuesta tardía en nuestro país. Pero lamentablemente no tenemos de dónde cogernos.

Es preferible bailar con la novia fea que dar un salto al vacío sin conocer a dónde y cómo vamos a caer. Cerrar de un tajo la posibilidad de sumar reservas y decidir enterrarlas bajo el pretexto de descarbonizar la economía para lograr incentivos de transición será una apuesta riesgosa que cobrará la historia. Entretanto, el Gobierno Duque debe tomar muy en serio la advertencia hecha esta semana por el presidente ejecutivo de la Agencia Internacional de Energía (IEA), Fatih Birol, quien asegura que, como resultado de la terrible agresión de Rusia contra Ucrania, el mundo puede estar enfrentando su mayor shock de suministro de petróleo en décadas, con enormes implicaciones para nuestras economías y sociedades.

De ahí la necesidad incluso de implementar, en la menor brevedad posible, los 10 pasos sugeridos por la IEA en su apuesta por disminuir el consumo innecesario de combustible fósil. Esto es, implementar la reducción de velocidad en autopistas, promover el trabajo domiciliario en al menos tres veces por semana, reducir la movilidad de carros en la ciudad, abaratar los costos del transporte público para incentivar su uso, promover caminar y montar cicla, reducir los desplazamientos en avión e iniciar la implementación de vehículos eléctricos en nuestro parque automotor, entre otras.

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